Adams, Poughkeepsie, Sacks…

25/10/06 Guardado en Leído |

Leo en Microsiervos: Scott Adams recupera el habla gracias a las rimas. Como habréis leído si habéis abierto el enlace, Scott Adams es el autor de las tiras cómicas de Dilbert. Explica Alvy:

[Adams] sufre desde hace un par de años dos curiosas enfermedades cerebrales. Por un lado, distonia focal que le impide dibujar a mano, y por otro disfonia espasmódica, que le impide hablar normalmente y aclara que no sabe si las traducciones de los nombres de las enfermedades son correctas, porque las leyó en inglés; luego sigue. Lo curioso del caso, que nos enseña una vez más lo misterioso y asombroso que es el cerebro humano, es que consiguió “engañarse a sí mismo” para dibujar utilizando una tableta gráfica con el ordenador en vez de hacerlo a mano. Pero los doctores le dijeron que no podría recuperar el habla normal y que no había esperanza alguna recuperación. Los síntomas eran también dignos de un episodio de Anatomía de Gray: podía hablar en público en conferencias, pero no en privado a un volumen normal. Podía hablar estando solo, pero no por teléfono, con gente delante o si había ruido, cosas así (lo cual es distinto de un problema de timidez o “ansiedad social”, porque por ejemplo sí que podía cantar delante de la gente). Lo asombroso, tal y como cuenta en su blog, es que el otro día se dio cuenta como por arte de magia de que podía hablar con la gente, a un volumen normal, si lo hacía empleando rimas: Jack be nimble, Jack be quick / Jack jumped over the candlestick

Eso es lo que se puso a repetir una y otra vez, totalmente asombrado. Poco a poco, luego empezó a poder hablar normal otra vez sin usar rimas. No al cien por cien como antes, pero casi. Cuando su voz volvía de decaer, repetía las rimas y la voz normal resurgía. No se sabe si esto será permanente, pero ahora puede hablar bastante bien otra vez. Como él mismo dice: gracias a las rimas, parece que remapeó su cerebro. Es apasionante la forma en que la mente humana almacena y procesa la información y cómo pone en marcha las funciones más básicas, por no hablar de cómo puede recuperarse en caso de problemas.

Una historia sorprendente. Me ha recordado, supongo que influenciado por las reposiciones de Cuatro estos días, a la serie Ally McBeal. Uno de los dos fascinantes jefes de Ally, John Bizcochito Cage (el otro es el aforístico Richard Fish, doble de Ariel Rot; ambos son los mejores personajes de la serie), tiene una seria tendencia a perder los nervios en público: tartamudea y le silba la nariz. Algo fatal para un abogado, claro… Uno de los trucos que usa para controlar la tartamudez es pronunciar la palabra ‘Poughkeepsie‘, aunque la mayoría de veces termine tartamudeándola también… “Po-po-po… ¡Poughkeepsie!”. Una táctica como cualquier otra para engañar al cerebro, igual que Adams y sus rimas.

Decía Confucio que conocer a alguien es sabiduría, pero que conocerse a sí mismo es sabiduría superior. Algo así debe de pasar con el cerebro, nuestra vía de obtención de conocimiento, para que a día de hoy siga siendo ese gran desconocido, ¿no? Si tenéis un rato libre, pasaos por la biblioteca y leed al menos un par de historias del libro ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’, de Oliver Sacks (el médico de la película Despertares; bueno, más bien al revés: el médico de la película Despertares es él… por cierto, curiosidad: la enfermera que más sale en la película, no recuerdo el nombre pero es la que más intima con el doctor Sacks, es la voz de Marge Simpson, entre otros personajes de esa serie que Antena 3 se empeña en exprimir, maltratar, desangelar…), especialmente la que relata cómo un hombre, en apariencia sano (”muy culto, simpático, que hablaba bien, con fluidez, que tenía imaginación, sentido del humor”, dice Sacks), confundió realmente a su esposa con un sombrero. Una alteración en las zonas visuales del cerebro le llevaba a ‘ver mal’ aunque sus ojos estuvieran bien, de modo que reconocía a las personas por la voz. Pero sin estímulos sonoros, podía perfectamente confundir a su mujer con un sombrero (y pretender ponérsela en la cabeza) o a un sombrero con su mujer (y querer besarla o darle la mano). El cerebro, ese misterio…

3 comentarios a la entrada “Adams, Poughkeepsie, Sacks…”

  1. Sacks es un grande!! Totalment recomanable tot el que escriu aquest bon home!

    Salut!

  2. Me sonaba el título del libro este. Tendré que leerlo, vaya por dios.

    Realmente es curioso todo lo que envuelve el cerebro. Lo que también me sorprende es como poco a poco la ciencia ficción se está haciendo realidad en el tema de protesis que siguen, con cierta torpeza actualmente, las ordenes del cerebro pudiendo así realizar un montón de funciones.

    Entre esto, los transplantes y la genética creo que cada vez nos parecemos más a coches que van al mecánico.

  3. joanda dice:

    ya tengo excusa!!!

    Jajajja…

    es que la confundi contigo, y ella se dejo besar!
    es que creia que era una muneca inchable…
    Lo peor, el dia que me folle el orinal creyendome que es otra cosa…

    Interessant el post, dona per pensar

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