xerop

¿Qué tienen en común las marcas Kleenex, Bimbo y Polaroid? Exacto: pese a ser nombres comerciales, se usan tan frecuentemente para designar a sus genéricos (pañuelos de papel, pan de molde y cámaras instantáneas, respectivamente) que casi deberían aparecer en el diccionario. Son tres casos muy famosos de marca que deviene nombre. Curioso, ¿no? Hay algunos ejemplos más, muchos de ellos conocidos (chupachups por casi cualquier caramelo de palo… ¡menos los Kojak!, tampax por cualquier tampón, walkman por cualquier reproductor de casettes, etc), pero otros no tanto…

  • El aparatito ese que usan los presentadores del telediario para leer las noticias… sí, el teleprompter; es en realidad una empresa (TelePrompTer) fundada en los años 50 por Fred Barton Jr., Hubert J. Schlafly e Irving Berlin Kahn
  • La vaselina es una marca registrada por Robert Chesebrough, inventor del producto en en 1872; ahora vaselina es en general cualquier derivado del petróleo usado en farmacia y perfumería (además de un tipo de disparo en el fútbol…)
  • El rímel, tal y como lo recoge la RAE (“cosmético para ennegrecer y endurecer las pestañas”), es en realidad Rimmel, una marca de cosméticos
  • La empresa de juguetes Wham-O registró la marca Frisbee para sus discos voladores; hoy todos estos juguetes, da igual de qué compañía sean, se conocen como frisbees
  • Jacuzzi no sólo es el nombre de una marca, sino que además proviene de una familia de italianos que emigró a EEUU; eran siete hermanos que fundaron una empresa (Jacuzzi Bros., originales ellos…) que, entre otros negocios, acabó fabricando las famosas bañeras que hoy se conocen, genéricamente, como jacuzzis, y que la RAE define como “bañera para hidromasaje”; vale la pena decir que la idea partió de Candido Jacuzzi, aunque según la mitología erótico-festiva su invento sea de todo menos cándido…
  • ¿Ping-pong o tenis de mesa? Tenis de mesa, porque ping-pong es una marca registrada por J. Jaques & Son Ltd desde hace… 105 años
  • ¿Alguna vez habéis hecho Ouija? Bueno, pues que sepáis que se escribe con mayúscula porque es una marca registrada de la compañía Parker Brothers (sí, los del Monopoly y el Risk), que ahora se usa incluso para designar aquella ‘tabla’ de espiritismo hecha en casa, con un folio de libreta y un rotulador…

Todo esto, claro, sólo en España. Cada país tiene sus propias marcas. En Rumanía, por ejemplo, es normal que las zapatillas deportivas se llamen ‘adidas’, independientemente de la marca, con lo que (supongo que) van a las tiendas a pedir… “unas adidas Nike del 43, por favor”.

¿Alguien conoce alguna más? Yo diría que la próxima de la lista será el iPod, que casi mucha gente usa ya para designar cualquier reproductor MP3, ¿no? ¿Sucederá lo mismo con Google para los buscadores? ¿O con Ikea para las tiendas de muebles?

Escrito el 30.11.2006
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Si ce soir… j’ai pas envie d’rentrer tout seul
Si ce soir… j’ai pas envie d’rentrer chez moi
Si ce soir… j’ai pas envie d’fermer ma gueule
Si ce soir… j’ai envie d’me casser la voix
Casser la voix, casser la voix…

Patrick Bruel / Casser la voix

Escrito el 29.11.2006
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Vivimos en una sociedad que rechaza cierto tipo de drogas pero que sin embargo es altamente tolerante con otras. Me refiero al alcohol. Creo, sinceramente, que es la peor de todas, aunque sólo sea por una cuestión estadística y porque los usos sociales nos han convertido en algo muy permeable a ella. Está en todas partes.

Yo bebo, pero no soy un bebedor. Soy, como supongo que la inmensa mayoría de los jóvenes (desde los diecialgo hasta los… ¿veintimuchos? ¿treintaypocos?), bebedor de fin de semana. Últimamente, abonado casi siempre a la cerveza. Y sin embargo, en una discoteca de esas cuya entrada lleva copa incluida, me da siempre por pedir un combinado (oséase, cubata), mira tú qué cosa…

A todo esto, tengo un amigo que ha empezado una guerra santa contra los destilados. Y leyendo su primer post sobre el tema, me ha sobrevenido un ‘problema’ que arrastro últimamente: nunca sé qué pedir en una discoteca. ¿Me lo parece a mí o todo el mundo tiene siempre un combinado fijo del que apenas se mueve? Pues yo no…

Así que la pregunta es: ¿qué pedís vosotros?

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Escrito el 28.11.2006
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Ver un programa de Lorena Berdún, sea el ‘Me lo dices o me lo cuentas’ o más tarde ‘Dos rombos’, o incluso el mítico ‘En tu casa o en la mía’ de radio, era garantía de espectáculo. Sí, porque al menos una vez por programa la pobre chica tenía que torear con una pregunta incómoda, resolver una situación comprometida o lo que fuera, bien por teléfono, bien en directo con la gente del público. Recuerdo, sin ir más lejos, una llamada de un tío que afirmaba tener un problema con la masturbación: decía que la practicaba unas 50 veces… al día. No podría asegurar el número exacto, pero si no me equivoco era una media de dos cada hora. O sea, ¡¡imposible!! Pero yo creo que el momento “más-mejor” es éste:

[youtube Jdfug2NkvBs]

Qué papelón… Cómo remarca, ahí, donde más duele: “¡Con-los-dientes!” ¡¡Haciendo amigos!!

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Acabo de leer en Microsiervos una frase de aquellas que te hacen pensar. La pronuncia, ni más ni menos, que un matemático, un tal Marvin Minsky (que yo, sinceramente, desconozco), pero que sin duda está avalado por ser profesor del MIT:

Es ridículo vivir cien años y ser capaces de recordar únicamente treinta millones de bytes. Recordamos menos de lo que cabe en un disco compacto. La condicion humana se está volviendo realmente obsoleta a cada minuto que pasa.

¿Realmente necesitamos recordar más de treinta millones de bytes cuando precisamente tenemos discos compactos para ello? Aprender es lo más bonito que hay en este mundo, pero no creo que sea medible en bytes…

Escrito el 27.11.2006
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Cuando volví de Londres tuve unos días un poco malos, que me hicieron escribir de esa manera en que escribo yo cuando me toca escribir lo que me gustaría en realidad decir. No importa. El caso es que me dejé en el tintero enseñaros el cachito de Londres que me traje:

West Yard - Camden - Londres

Es la zona de Camden, y concretamente una especie de plaza que (creo) se llama West yard. ¿Qué tiene de especial? Pues lo mismo que Las Ramblas: todo y nada. Unas cuantas paradas con comida multiétnica (Venezuela, Marruecos, Francia, etc), muy en plan tenderete, unas pocas tiendas (sólo entramos a una deliciosa librería de segunda mano), un canal… y mucha gente. Una plaza con encanto dentro de un bonito barrio de una inmensa ciudad…

Escrito el 25.11.2006
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Para los que tengáis tales cuitas, que sepáis que ya hay, al menos, una mínima respuesta. Patifuso me declaro, que diría Forges…

Escrito el 22.11.2006
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Hace un rato he terminado de engullir la segunda temporada de Padre de familia. 28 episodios que en su mayoría me han hecho reír mucho, e incluso a veces sentirme mal de tanto reír… Los que conozcan el humor de la serie entenderán el porqué.

Padre de familia

La serie, para quien no la haya visto, nos habla de la vida de la familia Griffin, de sus vecinos, sus lugares de trabajo, su ciudad… sí, muy en la línea de Los Simpson, otra pedazo de serie. De hecho, siempre ha habido críticas sobre si aquélla era una copia de ésta. Pero los Griffin, a diferencia de los Simpson, son seis. Peter es el padre, y a su lado Homer es poco menos que un cerebro andante. A sus 42 años, el patriarca Griffin trabaja en una fábrica de juguetes como supervisor, y es un apasionado de la televisión y la cerveza Pawtucket Patriot. Peter está casado con Lois, ama de casa y profesora de piano, inteligente, atractiva y dotada de dosis sobrehumanas de paciencia. Si Marge destaca por su inverosímil peinado, de Lois llama la atención su pintoresca nariz, con la que Peter se mete en algún que otro momento. Y es que sí, el ácido humor de la serie no entiende de matrimonios…

Los Griffin tienen tres hijos. La mayor es Meg, adolescente a la enésima potencia. Enamorada de Luke Perry, es todo lo contrario a lo que se suele denominar ‘chica popular’. Intenta gustar a todo aquél que se le ponga por delante, pero sólo el nerd Neil Goldman le hace caso. A veces, incluso su familia tiene bastante mala leche con ella…. El segundo hijo de Peter y Lois es Chris, regordete como su padre y con un nivel intelectual sobradamente inferior. Las reacciones de Chris, que vive permanentemente en su mundo parelelo, suelen ser dos, la risa (con su característica carcajada) o la semidepresión (plasmada en un “Oooh…” marca de la casa). Especialmente dotado para el dibujo, vive aterrorizado por el malvado mono que vive en su armario y que sólo él ve. La gran pasión de este mono, por otro lado, es aparecer de vez en cuando con una sonrisa maligna, enseñando los dientes, y señalar a Chris con un gesto de odio. Pero nunca ha ido más allá…

El benjamín de la casa es Stewie. Pese a su corta edad (cumple su primer año durante la primera temporada), el bebé de los Griffin tiene ya un objetivo en la vida: asesinar a su madre, a la que tacha de tirana y otras lindezas. De nuevo pese a su corta edad, Stewie es capaz de inventar máquinas de tiempo y armas de destrucción masiva (para los fans del Dr. Slump: es una especie de Turbo, pero en malo…), y es el personaje con un lenguaje más rico, quizá únicamente igualado por el bohemio Brian, que resulta ser… el perro. Stewie ama (y domina) profundamente el arte del insulto y la vejación, y al menos un par de veces en cada capítulo amenaza de muerte a su madre o califica de “gordo seboso” a su padre. Sin embargo, el mundo de los adultos no ve más que “cosas de niños” en las palabras del bebé; o sea, todos pasan de él… Aunque pocas, Stewie sí tiene realmente algunas “cosas de niños”, como por ejemplo caer hipnotizado con una serie similar a los Teletubbies o rendirse sumisamente al influjo adormecedor del chupete. Pero generalmente parece un adulto… Además, es un verdadero pozo de contradicciones, pese a que parece el personaje con el carácter más forjado.

El último de la fila es Brian, el perro bípedo de los Griffin. Brian es eso, un perro, y todo el mundo es consciente de ello. Sin embargo, habla y se relaciona con los demás como si fuera un humano. Separado de su madre al nacer para que pudiera tener “una vida mejor”, Brian ha ido a la universidad, visita asiduamente al psicólogo y es un amante de los martinis y de cualquier bebida (alcohólica) en general. Si es leyendo el periódico, mejor… Está enamorado de Lois, pero se contiene por respeto a Peter, su mejor amigo. Los demás personajes de la serie son tanto o más brillantes que la familia Griffin. Quagmire, Joe y Cleveland son los tres vecinos y amigotes de Peter. El primero es un soltero muy salido, cuya única función en la serie es tirar la caña de la manera más animal posible; Joe, pese a ir en silla de ruedas, es policía y el héroe local, además de tener a su mujer en un estado permanente de excitación (y de embarazo); Cleveland aporta la cuota afroamericana del cuarteto y se podría decir que es el más normal de todos… La lista de secundarios es muy extensa: los ácidos presentadores de las noticias locales, Tom Tucker y Diane Simmons, la mismísima muerte, el alcalde ¡Adam West! (sí, el Batman más freak de la historia, aquél de los “Kapow!)…

Un par de aspectos más hacen de la serie algo grande, además, claro está, de su humor, a veces negro, a veces en la línea Drebbin, a veces incluso ‘inteligente’… Esas dos cosas son, por un lado, la tremenda calidad de los doblajes, y por otro, el recurso de los flashbacks. Los doblajes, y más en series con tantas referencias a la cultura pop de EEUU, son complicados. En este caso, se resuelven de manera correcta pero van algo más allá de la media gracias a las voces de algunos personajes. El malhumor de Stewie aumenta gracias al autoritarismo de su tono, la risa de Peter es impresionante, Cleveland y Brian se definen casi tanto por sus voces como por su comportamiento… y Lois y Chris tienen un doblaje sencillamente genial. Hay una cosa que sí se ha perdido en el doblaje: el acento de Stewie, claramente británico, algo incomprensible y precisamente por eso muy propio de la serie…

Respecto a los flashbacks, son el punto más descabellado e incongruente en una serie en que eso ya es de por sí la tónica general. Nos sirven para ver a las decenas de antepasados famosos de Peter, para conocer cómo era este o aquel personaje en sus años mozos, etc. Cada vez que alguien dice “¿Recuerdas aquella vez que…?”, el buen fan se frota las manos ante un flashback.

En resumen… ¡larga vida a Padre de familia! Y, como siempre, más info en la Wikipedia

Escrito el 21.11.2006
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Bueeeno, pues después de un post tan poético como el anterior, ¡vamos a romper la magia!

¿Qué es poesía?
dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul
¡Qué es poesía!
¿Y tú me lo preguntas?
Poesía eres tú…

He aquí una definición de poesía que, vaya por Dios, no nos aclara si esto que sigue es poesía:

  • ¡Señora! ¡Le cambio a su hija por un piano y así tocamos los dos!
  • ¡Dime quién es tu ginecólogo para chuparle el dedo!
  • ¡No te lo vas a creer, pero yo hace 30 segundos era maricón!
  • ¡No tengo pelos en la lengua porque tú no quieres!
  • Bueno, ¿qué? ¿Digo alguna tontería o me la chupas aquí mismo?

Fuente :: Trixxi

Escrito el 20.11.2006
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Cerca del ayuntamiento de París (el ‘Hôtel de Ville’) se tomó la que seguramente es una de las imágenes más icónicas del S.XX. Se llama Le Baiser de L’Hôtel de Ville, y realmente su historia tiene miga.

Le Baiser de L'Hôtel de Ville

La leyenda urbana cuenta que la pareja protagonista no era consciente de estar siendo fotografiada, que en realidad no eran pareja-pareja sino amantes, que la popularidad de la instantánea provocó un gran problema a la chica cuando su pareja oficial la vio y que posteriormente demandaría al fotógrafo, Robert Doisneau. Bien, pues nada de eso es cierto. De hecho, el propio Doisneau demostró muy buen ojo en 1992, cuando declaró esto en una entrevista: “Jamás me habría atrevido a fotografiar a una pareja así en la calle. ¿Amantes besándose en público? Raramente tienen una relación legítima…”

La historia real empezó en 1950, cuando Doisneau estaba sentado en la terraza de un café buscando la inspiración para cumplir con lo que acababa de pedirle la revista Life: un reportaje sobre los ‘amoureux‘ de París. Doisneau vio a una pareja pasar y les abordó. Resultaron ser dos estudiantes de arte dramático: Françoise Bornet y Jacques Carteaud. Les preguntó si estarían dispuestos a posar y de ahí salió la famosa fotografía. ¿Verdad que pierde magia cuando uno sabe que no es una imagen espontánea? Por otro lado, la gana porque la pareja nos hace creer que son ajenos a la cámara.

Con esta y un puñado más de fotos, Doisneau publicó su trabajo y la primera parte de la historia acabó. ‘Le Baiser de L’Hôtel de Ville’ se quedó durante más de tres décadas en un cajón, de ahí que si Bornet hubiera tenido otro novio o marido, como afirmaba la leyenda urbana, para éste hubiera sido difícil ver la imagen. No fue hasta mediados de los ochenta cuando alguien tuvo la feliz idea de convertir la fotografía en poster, transformándola en un superventas del mundillo. Si lo normal es que una buena foto llegue a vender alrededor de 15.000 copias, ésta ya ha sobrepasado el medio millón.

Y con la fama llegó la segunda parte de la historia. Varias parejas reclamaron ser las protagonistas de la imagen. Jean y Denise Lavergne tuvieron incluso el morro de presentarse en un programa de televisión en el año 1992. Ojo, porque estamos hablando, como mínimo, de sexagenarios… Entre tanto jaleo apareció la verdadera besada (o besante), Françoise Bornet, y lo hizo con la fotografía original que Doisneau le remitió en los 50, zanjando así el asunto. El último capítulo también lo escribió ella: Bornet decidió subastar la foto en 2005 para financiar una productora cinematográfica junto a su marido… que no es Carteaud, embarcado en la producción de vinos durante su vida y ya fallecido. Sin embargo, el affaire de la fotografía sirvió para que se reencontraran. Ah, y para ganar 155.000 euros, que es lo que un ciudadano suizo pagó por el beso y toda la historia que tiene detrás, que también lo vale…

Uno mira la foto y no puede dejar en cierta manera de suspirar y de entender que sí, que se merece un sitio en alguna parte, aunque quizá no por 155.000 euros… La posición de Doisneau, en cierta manera voyeur semiescondido, la gente pasando como si el mundo no se estuviera parando, el gris inmenso, el pelo despeinado de él, la dispersa silueta de París al fondo, la forma en que ella desmaya el cuerpo, una mano que pende y la otra que sujeta segura, la silla vacía, el obsoleto romanticismo del cigarro entre los dedos… Uno ha besado en París, que queréis que os diga…

Escrito el 19.11.2006
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