Pongo el dedo en la tecla y me digo
“ahora sí, es la última, amigo”
pero siempre doy más
pero siempre es lo mismo
tantas vueltas voy dando
que estaré mareando
a su alteza Viterbo.Soy de lejos, distancia manda
(es lo sano), soy digital
como al principio y tal
email n-mil, joder, ¿dónde anda?
me tiro del pelo por ir de parranda
y dejarme la flor clavada en el pecho
ventana de blog que nos ata
rincón pa gritar tan estrecho
esperando al ojito derecho
aliño de fresas con nataMe voy a chivar al juez, exijo ver al pollito
por la tecla muere el pez
por la boca el compromiso
¿será la última vez?
no me juego ni una miga
cincuenta kilos que abrigan
pareja de ojos que ríen
boquita con vida propia
manazas que exhalan poesía
al ritmo de piezas blancas
al ritmo de piezas negras
‘Me voy’ a poner la canción,
mi princesa portuguesa…
Este post toma hoy una nueva dimensión. Eres un cínico, Dani, qué desilusión.
Me acariciaste el corazón estando en Lisboa y me revolviste el estómago ya en Barcelona.
Você nem vai me reconhecer
quando eu passar por você
de cara alegre e cruel
feliz e má como um pau duro
acendendo-se no escuro
cascavel
eriçada na moita
concentrada e afoita
eu já chorei muito por você
também já fiz você chorar
agora olhe pra lá porque
eu fui me embora
você nem vai me reconhecer…
Por cierto, peso 45 kilos.
Esto es lo que es y dice lo que dice, ahora y siempre. No tiene un ápice de cinismo. Sólo yo sé cómo siento, y lo siento.
Es agradable saber que un par de (o cien) lágrimas transformadas en torpe verso acarician corazones. Lástima del retraso…
45 no rimaba…