xerop

Tú sin viento, yo sin vela
yo escribiendo, tú, mi cena
yo de luto, tú con tacto
un minuto, ahora bajo

Tú en domingo, yo en patera
no es lo mismo paz que guerra
tú en camino, yo en la cola
mal Cupido, va a su bola

Escrito el 28.3.2007
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“¡Sal a la calle y tráeme una noticia!”

Cuenta la leyenda que éste era el grito en las redacciones de periódicos hace ya mucho tiempo. La información viajaba despacio, las agencias de noticias estaban en pañales y el redactor de turno tenía que salir a la calle a buscar algo que fuera publicable. Lo bueno del sistema era que si el periodista encontraba algo, solía ser un contenido propio, exclusivo. Y por tanto, un contenido de valor.

Hoy, entre internet, ruedas de prensa, convocatorias, e-mails y demás maravillas de la tecnología, el periodista ya no sale a la calle a ver qué pasa. El contenido exclusivo depende casi únicamente del contacto con las fuentes. Pero algo no ha cambiado: tener una noticia en exclusiva es garantía de éxito. Y en los medios on-line, más:

:: El poder del link ::
El telediario dura media hora y se va, y los periódicos caducan. Pero internet y los links permanecen. Elaborar un contenido propio y exclusivo no sólo nos garantiza lecturas per se, sino que además provocará que se hable de nosotros en la red. Los contenidos exclusivos nos generan links, y eso significa más visitas y reconocimiento.

:: En internet hay más ruido mediático ::
Más o menos todo el mundo tiene un esquema mental con las principales cadenas de televisión, emisoras de radio, periódicos y revistas que existen en su región, y sabe dónde buscar la información. En cambio, la red es una selva, y hacerse un hueco dentro de la cabeza de la gente es difícil. El contenido manda, y tener noticias exclusivas no sólo ayuda a aumentar las visitas de manera puntual, sino que puede provocar que la gente nos recuerde. Y eso es importante, porque de la misma manera que el televidente tiene su telediario (si lo ve en Telecinco, lo suele ver cada día en Telecinco), el usuario de internet acostumbra a visitar asiduamente las mismas páginas (ya sean medios o blogs) para estar al día. De manera que los contenidos exclusivos nos ayudan a distinguirnos de entre la masa mediática que es internet.

:: Frente al ‘vía’, contenidos propios ::
La gran crítica a los blogs: son repicadores de contenido, no son medios, sólo copian de los medios de verdad… Por definición, un blog no es eso. Se puede hacer un blog de calidad con contenido propio, y de hecho los grandes blogs se nutren de contenidos suyos. Una web basada en refritos de otras webs puede ser interesante (porque es más cómodo leerlo ahí que entrar a decenas de sitios), pero eso no es un medio. Los contenidos exclusivos nos separan de los pseudo-medios.

:: Compartir (2.0) ::
Esa milonga de la web 2.0 también tiene su aplicación en este mundillo de los medios on-line. ¿Alguien se imagina a cualquier revista del corazón compartiendo unas fotos escandalosamente exclusivas? ¿O a una cadena de televisión cediendo a la competencia una entrevista imposible de conseguir? Pues en internet no sólo existe eso, sino que hay que hacer eso. Especialmente, los medios pequeños y medianos.

Consolas.com

Éste es el tráfico de Consolas.com durante los tres últimos meses. ¿A qué se debe esa subida? A dos cosas. En primer lugar, a que se publicó un contenido en exclusiva mundial: las primeras imágenes de la nueva versión de Xbox 360 que prepara Microsoft. Dentro del contexto de los medios on-line del gremio (consolas y videojuegos) es una bomba, ya que las exclusivas casi siempre son cosa de webs americanas o japonesas.

En segundo lugar, y tan o más importante, una vez publicado el contenido éste fue remitido vía mail a otros “medios 2.0″ (peces gordos), para que ellos también lo publicaran. ¿Para qué? En el caso de Consolas.com, esa noticia no sólo sirve para provocar un pico de tráfico, sino que puede dejar un colchón de futuros usuarios. Al mismo tiempo, para los peces gordos no es contenido exclusivo, pero sí muy interesante, y por tanto publicable.

En internet, donde manda la inmediatez, un contenido exclusivo tiene la desventaja de que se tiene que cocer a fuego lento, pero no hay duda de que invertir tiempo en investigar, en buscar, en pedir, etc, da sus frutos. El éxito en los pequeños medios on-line no está publicar mucho, sino en publicar bien, y nada como un contenido propio para eso.

Escrito el 26.3.2007
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Corazón

Cuando alguien dice ‘te quiero’, empieza la cadena. Esas dos palabras desatan una espiral de cambios orgánicos, mentales y sociales que muchas veces son independientes de la consciencia de quien los está sufriendo. Y es difícil valorarlos. En algunas ocasiones, ni siquiera hace falta que el ‘te quiero’ sea pronunciado: el lenguaje del cortejo habla por sí solo. En cualquier caso, lo que viene después de que el gatillo se apriete tiene, como todo en esta vida, su parte buena y su parte mala. Una persona que te quiere y que además te dice que te quiere está regalándote un pedazo de su vida, que no es poco, y un pedazo de futuro. Quizá minutos, quizá siglos; pero un pedazo de futuro. Te está regalando ilusión y pasión, o tranquilidad, puede que hasta paz interior. Te está regalando sentido a ciertos actos cotidianos y un motor para las cosas nuevas. Te está regalando una pizca de ego social, un puñado de ideas para sentir más y mejor, y una tarjeta de socio de esos exclusivos clubes para dos. Te está regalando mil cosas más, de golpe, y la oportunidad de descubrir otra nueva cada día, en un goteo de intensidad. Al mismo tiempo, te está regalando miedo. Te está regalando, posiblemente, un cierto odio hacia la idea de ti sin esa persona, y te está regalando una responsabilidad muchas veces mal entendida. Te está regalando cosas que un día puedes perder y pérdidas que, desgraciadamente, no se pueden cosificar porque son maravillosamente etéreas. Te está regalando motivos para no dormir, andenes en los que esperar y expectativas. Te está regalando plantas que, sí, hay que regar. Y jardines a los que un descuido puede llenar de malas hierbas. Pero la ecuación es clara y todos jugamos la carta ‘amor’ cuando podemos. Y si por algún motivo no podemos, quizá es porque estamos palpando esa imperfección, esa horrible capacidad del amor para fallar cuando aparentemente todo encaja.

Imagen :: mayuh / SXC.hu

Escrito el 20.3.2007
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La vida en la cuerda floja
la vida que cierra el puño
la vida que no está rota
la vida en que nunca huyo

Escrito el 17.3.2007
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Moi je n’étais rien
Et voil qu’aujourd’hui
Je suis le gardien
Du sommeil de ses nuits
Je l’aime mourir
Vous pouvez détruire
Tout ce qu’il vous plaira
Elle n’a qu’ ouvrir
L’espace de ses bras
Pour tout reconstruire
Pour tout reconstruire
Je l’aime mourir

Elle a gommé les chiffres
Des horloges du quartier
Elle a fait de ma vie
Des cocottes en papier
Des éclats de rire
Elle a bâti des ponts
Entre nous et le ciel
Et nous les traversons
À chaque fois qu’elle
Ne veut pas dormir
Ne veut pas dormir
Je l’aime mourir

Elle a dû faire toutes les guerres
Pour être si forte aujourd’hui
Elle a dû faire toutes les guerres
De la vie, et l’amour aussi
Elle vit de son mieux
Son rêve d’opaline
Elle danse au milieu
Des forêts qu’elle dessine
Je l’aime mourir

Elle porte des rubans
Qu’elle laisse s’envoler
Elle me chante souvent
Que j’ai tort d’essayer
De les retenir
De les retenir
Je l’aime mourir
Pour monter dans sa grotte
Cachée sous les toits
Je dois clouer des notes
À mes sabots de bois
Je l’aime mourir

Je dois juste m’asseoir
Je ne dois pas parler
Je ne dois rien vouloir
Je dois juste essayer
De lui appartenir
De lui appartenir
Je l’aime mourir

Elle a dû faire toutes les guerres
Pour être si forte aujourd’hui
Elle a dû faire toutes les guerres
De la vie, et l’amour aussi
Moi je n’étais rien
Et voil qu’aujourd’hui
Je suis le gardien
Du sommeil de ses nuits
Je l’aime mourir

Vous pouvez détruire
Tout ce qu’il vous plaira
Elle n’aura qu’ ouvrir
L’espace de ses bras
Pour tout reconstruire
Pour tout reconstruire
Je l’aime mourir

Francis Cabrel / Je l’aime mourir

Traducción

Escrito el 16.3.2007
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Globo

A veces, en la vida, encontramos un globo. Está ahí, y nuestras reacciones pueden ser muy diferentes al ganar consciencia de su existencia, pero algo está claro: está ahí, y nosotros delante, compartiendo espacio. El globo puede ser verde, rojo, amarillo… quizá cambie de tono a cada momento. Sea del color que sea, un buen día empezaremos a hincharlo, unas veces sin querer, otras con todas nuestras fuerzas. Y cuanto más soplamos, más hinchamos, y mientras vamos soplando vamos dándonos cuenta: al hinchar no sólo estamos quedándonos sin aire, sino que además el globo nos está quitando espacio. El globo crece. Y aprieta. A veces duele, a veces asfixia, a veces sólo notamos su tacto blandito y únicamente nos apetece seguir soplando…

Convivir con el globo no es fácil, pero no queremos que explote. Queremos cuidarlo. Seguir hinchando es nuestro deber y deseo, y en ello ponemos nuestro empeño. En no soplar con demasiada fuerza, en no babear demasiado la boquilla, en no dejarnos vencer por el agotamiento y ver como, débiles, se nos escapa de las manos formando círculos en el cielo…

Un día, llega el día. El día del globo. El día en que el globo saldrá de nuestras vidas. Y entonces sabremos si nos ha reventado en la cara o si por contra hemos sido lo bastante buenos como para coger el nudo que teníamos en la garganta y colocarlo en el rabillo del globo para después, entre felices y expectantes, y con otro nudo en el estómago, dejarlo ir. Directo a las nubes.

Pero no quería contaros esto, que todos ya sabéis. Sólo quería recordarlo para ahora preguntarme si el destino del globo lo marcamos nosotros o ya está escrito.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Imagen :: juliaf / SXC.hu

Escrito el 15.3.2007
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No es un sitio frío, no es caliente, no es pequeño, no es grande, el idioma te hace sentir extraño pero a la vez puedes comunicarte, suena a moderna pero huele a antigua…

Preciosa vista de Amsterdam

Schiphol. Bonito nombre, con las dos ‘h’ repartiendo juego… Es un aeropuerto feo, pero funcional, que al fin y al cabo es lo que cuenta. Es la primera vez que estoy en un país cuyo idioma no conozco, pero sé (y compruebo) que no será un problema. Todo el mundo habla un correctísimo inglés, desde el personal del mismo aeropuerto hasta el colectivo homeless en pleno. Algo que me hace pensar en cómo es posible que en España, segunda potencia mundial en eso de recibir turistas extranjeros, el conductor de un autobús que hace el recorrido entre el centro de Barcelona y el aeropuerto no sepa ni decir las horas en inglés…

Bandera de Amsterdam; me gusta

Damrak. La primera calle que piso es una avenida turística en la que localizo el primer McDonald’s de la tarde. ¡Bien, Nuggets a dos euros! Luego me siguen llegando estímulos a montones: a) el mar está en todas partes, lo que supongo que a su vez provoca que no haya mucho metro y sí tranvía, aunque no acabo de entender si éste es un medio de transporte o un método para controlar la inmigración; me explico: uno, barcelonés de adopción, está acostumbrado a torear en las calles con pocos peligros, siendo los más gordos i) los trileros y ii) las cagadas de perro, y por fortuna a ambos colectivos, con años de práctica, se les acaba identificando e incluso evitando (aunque a veces las cagadas de perro te atrapan cual arenas movedizas…), de manera que un ataque súbito de tranvía puede resultar mortal de necesidad para el recién llegado; b) la gente es muy guapa, y no estoy hablando sólo de las chicas; además, cuando van en pareja, los neerlandeses y neerlandesas (que así deben llamarse) son una especie de dioses nórdicos bajados del cielo, y para colmo los puñeteros y las puñeteras van siempre muy bien vestidos; el toque multirracial, una curiosa mezcla arabeasiática, abre las puertas a quienes que no quieran un armario de 1,90 en casa, o piensen que los ojos excesivamente claros son síntoma inequívoco de enfermedad crónica y contagiosa; y de paso, una buena noticia para mí, ya que esa mezcla étnica ha bajado (supongo) la media de altura nacional, con lo que no me sentí un enano entre tachenkos; eso y mi sentido arácnido me han hecho volver sano y salvo a casa evitando morir aplastado por un neerlandés ebrio o arrollado por un tranvía… Al final de Damrak se llega a Dam, una plaza que no está exactamente en Amsterdam, sino que aparece súbitamente cuando estás en Amsterdam: te la puedes encontrar en cualquier momento, siempre está allí. Muy curiosos sus bancos, con tableros de ajedrez dibujados encima. Las fichas las pones tú…

Vista aérea del centro de Amsterdam

Bicicletas. Bicicletas de una persona, bicicletas de dos personas, bicicletas de seis personas (lo juro), bicicletas sin persona (éstas estaban aparcadas), bicicletas-taxi, bicicletas de alquiler, bicicletas de paseo, más bicicletas de paseo, bicicletas con señor, bicicletas con señora, bicicletas y más bicicletas… a veces uno tiene la sensación de estar en la peli ‘Pájaros’. Nunca había visto tantísima bicicleta junta… Así, no es de extrañar que una tienda, no recuerdo en qué calle, tuviera en su puerta un rótulo con la frase ‘No bikes here!‘, un aviso que en España sería surrealista. Me recordó a aquel momento en que Guido le dice a Giosuè que pondrán en su librería un cartel impidiendo la entrada a arañas y visigodos…

Bicicletas...

Agua. Si una cosa hay en Amsterdam en mayor cantidad que bicicletas, es agua. Agua por todas partes y puentes por doquier. El conjunto es muy agradable y, qué narices, no me digas que no es mejor ir a buscar a tu novia en barco que en coche… Creo que es principalmente el agua lo que le da un toque especial a la ciudad. Y los edificios. Amsterdam tiene unos edificios preciosos de principio a fin. Me encantan…

Mapa de Amsterdam

Rincones. ¿Alguien estaba esperando que dijera algo del Barrio Rojo? Vale, pues llega el momento. Antes tengo que explicar que no planeé en absoluto este viaje; con esto quiero decir que no sabía nada de Amsterdam hasta que lo vi con mis propios ojos. Y una vez allí, lo único que hice fue comprar un mapa. Y, armado con él, echar a andar. Por suerte, rápidamente se distingue lo que es visitable de lo que no, esto es, las zonas residenciales del casco antiguo. Como en toda buena ciudad que se precie (y que tenga mar, claro), la vidilla está cerca del puerto. En ese sentido, Zeedijk (1) y alrededores son el punto neurálgico del viejo Amsterdam, de la ciudad pesquera de ayer, y también del Amsterdam liberal (prostitución y consumo de marihuana) de hoy. Repito: yo no sabía donde estaba el Barrio Rojo. Así que paseando, me metí de repente en una calle. Tiene guasa porque en teoría buscaba una iglesia y la calle tenía nombre de santa (C/ de Santa Ana – Sintannenstraat), cuando de buenas a primeras veo una casa normal, con una puerta normal, con una ventana grande (hasta el suelo) pero normal… y una señorita en tanga y sujetador dentro. ¿Mi primera reacción?: “Joder, ¿qué hace esta tía medio en pelotas en casa?” ¿Mi segunda reacción?: “Hostia, qué tonto eres…” Y eso, el resto de la calle, un verdadero escaparate de carne. Francamente, mejor así que en una esquina… Más insigne que las señoritas de Amsterdam es Anna Frank. Sinceramente, no sabía que su famoso diario había sido escrito en esa ciudad, perdonen la incultura. Así que pasee un buen rato por delante de ese pedazo de historia (2). En los puntos (3) y (4) están quizá los rincones que más me gustaron de Amsterdam. El primero es un patio de vecinos, formado por unas 30 ó 40 casitas, en pleno centro comercial. De hecho, está a tiro de piedra de la calle Kalverstraat, la más cara del Monopoly neerlandés y llena de tiendas-globalización de principio a fin. Pues bien, esta comunidad forma parte de lo que antiguamente fue una congregación de beguinas (no tenía ni idea de lo que era eso hasta que lo vi allí…), y realmente es como un remanso de paz en medio del jaleo, además de conservarse en un muy buen estado. Un rincón precioso. El punto (4) no tiene tanta historia: es, sencillamente, un banco. El sol de marzo, las magníficas vistas al Binnen Amstel y un poco de música hicieron el resto… Y para pasear, nada como la zona (5) conocida como 9 Straatjes, una ensalada de puentes, canales, gente, tranvías, tiendas… Amsterdam en estado puro.

Anochece

Cuantas más ciudades conozco, menos entiendo Barcelona…

Escrito el 14.3.2007
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Escrito el 11.3.2007
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El 30 de agosto de 1991 se disputó en el estadio Olímpico de Tokio la final masculina de salto de longitud de los campeonatos del mundo de atletismo. Dos participantes eran favoritos al título: Carl Lewis, apodado ‘Hijo del viento’, y Mike Powell, ambos estadounidenses. El primero, con 30 años cumplidos, llegaba a la cita, los terceros mundiales de la historia, con el honor de haber ganado la longitud de las dos primeras ediciones del evento (Helsinki ’83 y Roma ’87), además de estar en posesión de los dos últimos títulos olímpicos de la especialidad: Los Ángeles ’84 y Seúl ’88. Eso sin hablar de más medallas en 100 y 200 metros y en el relevo corto. Por su parte, Powell estaba únicamente centrado en la longitud y su mayor logro había sido la plata olímpica tres años antes, pero sin duda era el gran rival de Lewis. Durante aquella tarde tokiota se realizaron algunos de los mejores saltos de la historia. Seres humanos capaces de despegarse del suelo durante casi nueve metros, capaces de dejar a Bob Beamon en segundo plano.

Carl Lewis y Mike Powell

La competición empezó con Carl Lewis saltando unos magníficos 8.68, record de los campeonatos. Mike Powell empezó frío: 7.85. En el segundo intento ya se acercó, con 8.54, a su gran rival, pero entonces empezó el baile: tras un segundo salto nulo, Carl Lewis voló hasta los 8.83


Lástima del viento… Con más de dos metros por segundo de viento a favor, la IAAF, máximo organismo mundial del atletismo, no homologa ninguna plusmarca, aunque sí admite los registros para la competición. Así que con esos 8.83 Lewis parecía tener a mano el título de campeón del mundo. Powell no encontró respuesta en su tercer intento (8.29), ni tampoco en el cuarto, ya que su vuelo fue sancionado por los jueces:


El salto de Powell no valía, pero estaba claro que rondaba los 8.80, una marca de alto nivel que llevó a Lewis un paso más allá. Unos once centímetros más allá, para ser exactos…


¡8.91! Palabras mayores, sin duda. De nuevo invalidado como record por la excesiva velocidad del viento a favor, el vuelo de Lewis superaba los 8.90 de Bob Beamon en 1968 y, con dos saltos más por delante, le permitía reafirmarse en su papel de gran favorito. Pero, como diría Kevin Arnold, entonces sucedió…


El estadio explotó con los 8.95 de Mike Powell, una marca estratosférica sin apenas viento a favor (+0.3m/s) que, ahora sí, enterraba a Beamon… Lewis tuvo dos oportunidades para recuperar el trono, pero no pudo hacer nada. Se quedó en unos increíbles 8.87 y 8.84, y, como se puede ver en el vídeo, hizo sufrir a Powell hasta el final. No en vano, el ‘Hijo del viento’ era famoso por la calidad de sus últimos saltos y por ser especialista en remontar. Es más: logró los 8.87 con viento en contra y 16 años después esos dos saltos siguen siendo (sin contar el 8.95 de Powell) los mejores de la historia en condiciones legales de viento y a baja altitud.

Mike Powell, que en cuanto su rival acabó de saltar dio rienda suelta a su alegría abrazándose incluso a un incrédulo juez japonés que no podía sino reír, ponía fin así a la mítica imbatibilidad de Carl Lewis en el salto de longitud: diez años y 65 pruebas consecutivas sin abandonar el primer puesto. Se entiende así que no encajara precisamente bien la derrota…

Carl Lewis y Mike Powell

La tarde del 30 de agosto de 1991 fue, creo, la mejor de todos los tiempos para el salto de longitud. Y sucedió en una ciudad poco idónea, dada su altitud, para esta disciplina. Pero lo cierto es que cuando Lewis abrió fuego con los 8.68 de su primer salto, sólo tres atletas habían llegado más lejos en algún momento de la historia. Un rato después, aquél sería el peor salto de la tarde para el ‘Hijo del viento’ y sólo le valdría para conseguir la plata. Larry Myricks, bronce, se quedó en 8.42

Pero Lewis sí se llevó oro de Tokio. Y records mundiales. Se puede decir que ganó con relativa facilidad las pruebas de velocidad en las que participó: los 100m y el relevo 4×100. En esta disciplina, el equipo estadounidense paró el crono en 37.50, mientras que en el hectómetro Lewis protagonizó una de las mejores carreras de la historia (de nuevo), con un tiempo de 9.86, dos centésimas mejor que su compatriota Leroy Burrell. Cuatro corredores más bajaron de los diez segundos. Lo mejor para Lewis es que por primera vez batía el record mundial de los cien metros lisos ‘en directo’; la vez anterior había tenido que esperar a la descalificación de Ben Johnson…

Con 9 oros olímpicos y 8 títulos mundiales, Lewis es uno de los mejores atletas de todos los tiempos, aunque muchos consideran que desarrolló su carrera en el momento justo: antes de los masivos controles antidopaje. Como curiosidad, Lewis fue en su día seleccionado para dos de las grandes ligas de sus país en el año 84. Los Chicago Bulls le escogieron en el puesto 208 del draft de la NBA y los Dallas Cowboys, en la 12ª ronda del de la NFL. Naturalmente, nunca jugó en esos equipos. Su carácter queda resumido en lo que hizo durante el funeral de su padre. Puso en sus manos la medalla de oro de los 100 metros de Los Ángeles ’84 para que lo enterraran con ella y le dijo a su madre que no se preocupara. Conseguiría otra

Escrito el 8.3.2007
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Siempre que pienso en mi infancia llego a la conclusión de que fue bastante feliz. Quizá no por las condiciones en sí, pero tuve la suerte de contar con un entorno que me supo aislar de las cosas malas que pulularon por ahí. Porque haberlas, las hubo… Y no puedo dejar de pensar que, de alguna manera, aquéllos fueron unos maravillosos años.

Una de las cosas de esa época que recuerdo con más cariño es poner la tele con mi padre, La2 (para una inmensa minoría, decía el eslogan…), y sentarnos a ver Aquellos maravillosos años

[youtube -CZRudxD-NQ]

Oír esa música, la voz de Joe Cocker… me pone la piel de gallina. La serie en general me toca la fibra de una manera especial.

Para quien no viera la serie, o para quien la quiera recordar, hay una mala noticia: no existe en DVD. Tampoco parece que ninguna cadena esté por la labor de reemitirla. Curioso cuando en las estanterías de, pongamos, la FNAC ves bodrios del tamaño de                 , o cuando las parrillas televisivas se llenan de ‘máquinas de la verdad’ y series que apenas duran un mes…

Aquellos maravillosos años era una historia de crecimiento y aprendizaje, de niños y de adultos, de sonrisas y lágrimas, y con una buena capacidad para envejecer. El protagonista era Kevin Arnold, que empieza la serie con 12 años. Junto a él, el resto de la familia Arnold: papá Jack, mamá Norma y sus hermanos, Karen y Wayne. Además de las tramas familiares, el otro gran centro de acción era el colegio, donde Kevin estudiaba junto a su mejor amigo, Paul Pfeiffer, y ‘su chica’: Winnie Cooper.

La serie no empezó con grandes pretensiones: la crearon Carol Black y Neal Marlens, una pareja de productores y escritores de televisión. Su idea no encontró demasiados apoyos en un principio, pero finalmente la ABC, con problemas de audiencia, decidió arriesgarse y contratar un episodio piloto para ver si la cosa triunfaba. Black y Marlens empezaron con el casting y las piezas comenzaron a encajar.

Para el personaje central, Kevin, todo el mundo les recomendó a Fred Savage. La decisión de contratarle fue inmediata y obligó a que el chico y toda su familia se mudaran de Illinois a California. Junto a Savage estaba un elenco de actores sin mucho nombre, pero que resultaron ideales. De pequeño me preguntaba si Dan Lauria (el padre de Kevin en la ficción) sería tan gruñón y áspero en su propia casa, o cómo el hermano de Kevin (Jason Hervey) lograba ser tan tocapelotas…

El episodio piloto contó con un gran empujón: se emitió después de la Superbowl, la final de la liga de fútbol americano, que acostumbra a ser el programa con más audiencia cada año en Estados Unidos. Así que fue un éxito, y la ABC encargó cinco capítulos más para la primera temporada.

El resto es historia. Carol Black y Neal Marlens dejaron la serie rápidamente, pero la dejaron en buenas manos. Bob Brush tomó las riendas y bajo su producción se rodaron cinco temporadas más. El final fue algo abrupto, y el futuro de los personajes se desvelaba en un epílogo que en absoluto era lo esperado para una serie americana: el padre de Kevin moría dos años después del último episodio, Winnie se mudaba a París para estudiar, Paul se graduaba en Harvard… Y los maravillosos años se esfumaban.

De entre los muchos acierto de la serie destaca la música. Cientos de canciones originales que para muchos debían de significar una vuelta al pasado, y para quienes no las conocíamos, una manera de descubrir buena música. En España contamos además con la suerte de disfrutar de un gran doblaje. Kevin tuvo dos voces, ya que la primera no acababa de encajar con su recién estrenada adolescencia… Como curiosidad, no está de más saber que esa primera voz la ponía una chica: Graciela Molina, habitual dobladora de Natalie Portman, Christina Ricci o Kirsten Dunst. Aunque quizá la voz más recordada sea la de Armando Carreras como narrador, papel que en la versión original desempeñaba Daniel Stern, o lo que es lo mismo, el ladrón alto de ‘Solo en casa’… Él fue el encargado de dar carpetazo a la serie con unas palabras en off.

Growing up happens in a heartbeat. One day you’re in diapers, the next day you’re gone. But the memories of childhood stay with you for the long haul. I remember a place, a town, a house… Like a lot of houses. A yard like a lot of other yards, on a street like a lot of other streets. And the thing is, after all these years, I still look back, with wonder…

[youtube oykOSd8ElK8]

Durante mi año de COU, Aquellos maravillosos años gozó de una reposición (¿en Antena 3?) a una hora infernal, sobre las siete de la mañana. Juraría que nadie más lo ha intentado. Yo creo que es un buen producto televisivo que te puede gustar más o menos, pero un buen producto televisivo al fin y al cabo. Su supervivencia, supongo, está en manos de las redes P2P. Si por casualidad encontráis el decimotercer capítulo, Coda, no dejéis escapar la ocasión de mirarlo…