
A veces, en la vida, encontramos un globo. Está ahí, y nuestras reacciones pueden ser muy diferentes al ganar consciencia de su existencia, pero algo está claro: está ahí, y nosotros delante, compartiendo espacio. El globo puede ser verde, rojo, amarillo… quizá cambie de tono a cada momento. Sea del color que sea, un buen día empezaremos a hincharlo, unas veces sin querer, otras con todas nuestras fuerzas. Y cuanto más soplamos, más hinchamos, y mientras vamos soplando vamos dándonos cuenta: al hinchar no sólo estamos quedándonos sin aire, sino que además el globo nos está quitando espacio. El globo crece. Y aprieta. A veces duele, a veces asfixia, a veces sólo notamos su tacto blandito y únicamente nos apetece seguir soplando…
Convivir con el globo no es fácil, pero no queremos que explote. Queremos cuidarlo. Seguir hinchando es nuestro deber y deseo, y en ello ponemos nuestro empeño. En no soplar con demasiada fuerza, en no babear demasiado la boquilla, en no dejarnos vencer por el agotamiento y ver como, débiles, se nos escapa de las manos formando círculos en el cielo…
Un día, llega el día. El día del globo. El día en que el globo saldrá de nuestras vidas. Y entonces sabremos si nos ha reventado en la cara o si por contra hemos sido lo bastante buenos como para coger el nudo que teníamos en la garganta y colocarlo en el rabillo del globo para después, entre felices y expectantes, y con otro nudo en el estómago, dejarlo ir. Directo a las nubes.
Pero no quería contaros esto, que todos ya sabéis. Sólo quería recordarlo para ahora preguntarme si el destino del globo lo marcamos nosotros o ya está escrito.
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Imagen :: juliaf / SXC.hu
quiero diferentes rimas con botella ejemplos ella paella doncella algo asi pero quiero +