El vaso en que bebo no es grande, pero es mío
Alfred de Musset
vorágine
(Del lat. vorāgo, -ĭnis)
1. f. Remolino impetuoso que hacen en algunos parajes las aguas del mar, de los ríos o de los lagos.
2. f. Pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos muy intensos.
3. f. Aglomeración confusa de sucesos, de gentes o de cosas en movimiento.
Vorágine… Aparte de otorgar un mínimo de doce puntos en el Scrabble (salvo ficha blanca) y de ser preciosa (intermitencias vocal-consonante, uve y ge, una a con tilde ahí metida…), la palabra vorágine no tiene nada de especial. Hoy tampoco hubiera tenido nada de especial si no hubiese sido, precisamente, una vorágine.

Qué pena que a veces hasta mi blog se quede afónico…
Cosas del trabajo, esta tarde me he ido al Casino de Barcelona a las II Master Classes de Póquer organizadas por 888.com, el patrocinador de ese equipo que me cae aún peor que el Atleti… La idea en esta clase de eventos para periodistas es simple: nosotros te invitamos, te damos de comer y beber, quizá un regalito (pesebrín, en argot) y tú te vas con una imagen impecable de nosotros. No es un mal trato, la verdad…
Así que tras pasar la puerta y bajar a la sala inferior, poblada (supongo) por los participantes en el World Heads’up Poker Championship que se celebra esta semana en Barcelona, me he metido en lo que suele ser la discoteca del Casino y me he encontrado con un puñado de periodistas y otros tantos organizadores, además de un par de croupiers muy cachondos. La clase estaba dirigida por un poquerista profesional, Juan Manuel Pastor, que realmente tampoco nos ha dado demasiadas pistas sobre el juego, sino que ha preferido hablar sobre la imagen distorsionada que se suele tener del póquer: whisky, puros, “me juego el coche”, “me juego a la mujer”… Un tío muy cachondo, también.
Después de sus diez minutillos de palique, hala, a jugar. Primero en dos mesas con seis jugadores cada una y luego, cuando han ido cayendo los primeros jugadores (si te quedabas sin fichas, a la calle), nos hemos fusionado en una sola. Poco a poco, hemos ido quedando cinco, cuatro, tres… y al final dos: una de las chicas de prensa de la organización y un servidor. Cuando estábamos ya solos no nos han dejado jugar (¡llevábamos dos horas en total!), sino que nos hemos disputado el honor (porque claro, las fichas eran ficticias…) completamente al azar: croupier repartiendo cartas descubiertas y a ver quién ganaba. Yo he ligado una pareja y ella una señora escalera. Oooh… Eso sí, como ella era de la organización, yo me he llevado el premio:

Un maletín bien majo con el que espero desplumar, esta vez en serio, a cualquiera que acepte una timba. ¡¡Muaaahahahahahaahahaaahahaa!!
Da la vuelta el calendario
voy saliendo del armario
pero algo falla cuando somos tres
y Pena me interrumpe
la terapia antiderrumbe
de la vida sin “bebés”Cada vez cae más arena
por el cuello de botella
pero algo falla cuando somos tres
y Rabia me obnubila
y me encharca las pupilas
cuando nadie me veMal que bien ya soy consciente
de la lógica evidente
pero algo falla cuando somos tres
y Nostalgia me devora
siempre afina mi memoria
y me pone del revés
No puedo dejar de ponerlo: mi admiración por el niño alemán es enorme y lo de Lost no tiene nombre. La suma, claro, es suprema. Ahí queda eso:
No lo veas si no vas al ritmo de emisión de EEUU
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Viernes de ceniza, las musas están en los bares y la mayor poesía que me puedo permitir es -volvemos a la pub- ésta. Que no es poca…
[youtube 3EtqkDLgC-E]
El Atlético de Madrid es uno de los equipos que menos me gustan, pero sabe hacer anuncios como ningún otro.
Desde siempre me han gustado los anuncios, los buenos anuncios. Puede parecer un error decirlo, porque todos nos quejamos de la cantidad de publicidad que emiten las cadenas (o las revistas, o los carteles por la calle), pero pasa como con todo, y opino lo mismo de partidos de fútbol, la comida o las excursiones al campo: me gustan los buenos. En fin, que creo que un buen anuncio es una pequeña obra de arte.
Y creo que uno de los más recientes ejemplos es éste:
Nieve
curvas imposibles y una obra sin razón
jabones
una vaca sorda y carteles sin comprensión
superhéroe herido
rocas en reproducción
ciclistas que distraigan
y Richard Clayderman en su piano sin control[¿Algo más? - Sí, una maratón]
Y una maratóooooon…
Tremendo… ¿Rocas en reproducción? ¿Ciclistas que distraigan? ¿¡Richard Clayderman!? ¡¡Viva lo kitsch!! La verdad es que no lo he visto por la tele, así que… bendito YouTube, una vez más:
[youtube nSl0KKvv8rs]
Señores publicistas, me compraré un Megane. Y me bajaré la canción. Y la escucharé en el coche, la cantaré y la pondré de melodía en mi móvil. Lo prometo…
Acabando: Canal+ nos dejaba año tras año un programa especial con lo mejor del festival de publicidad El Sol; no sé si Cuatro ha seguido con la tradición, pero en el link que os he dejado se podrán ver algunos de los mejores anuncios. Y bueno, que siempre nos quedará YouTube (y el archivo de este blog: 1 – 2 – 3)
Seguimos con el repaso a esos temazos veraniegos que, año tras año, nos colocan entre el odio y la irresistible tentación del baile y que se conocen como canción del verano, después de una primera entrega a caballo entre los 80 y los 90.
1994
Octavo de EGB (¿EGB? ¿ezo qué é?), viaje de final de curso, mucho walkman y dos temazos: Saturday night, de Whigfield, y Johnny Techno Ska, de Paco Pil. Dos mitos de la música discotequera que durante un tiempo hasta salieron juntos. Yo recuerdo especialmente en infame baile de la canción de ella y algún que otro verso impagable de la de él, como por ejemplo aquello de sus padres son pastosos, pero eso de la igual… También hubo una tercera en discordia, una versión de un tal Machito Ponce de Short dick man. Calidad a raudales, vamos…
1995
Si hasta Clinton la bailaba… ¿cómo se le puede discutir a la Macarena y a Los del Río el título de canción del verano del 95? La oposición era dura (Scatman, de Scatman John, El tiburón, de Proyecto 1, El venao, de Los cantantes), pero la novia de Vitorino los tenía bien puestos. Tanto que hasta intentó ser canción del invierno. Básicamente era lo mismo, pero con campanas navideñas de fondo…
1996
Recuerdo haberla oído sonar hasta bajo tierra: María, de Ricky Martin. Me gustaba, sí, ¿qué pasa? Ahora hubiera tirado por la más gamberra Mucho mejor, de Los Rodríguez. Coque Malla está un poco frito en el vídeo; por cierto, diría que fue en 1996 cuando salieron de gira Los Rodríguez con Joaquín Sabina. Es triste saber que te has perdido el mejor concierto de la historia… ¡Uy, casi me dejo el Wannabe de las Spice Girls!
1997
La flaca, La flaca y La flaca. Aunque decir verdad, yo no descubrí la grandeza de Jarabe de Palo hasta el año siguiente, y aquel verano oí más la psicodélica El toro y la luna, de Los Centellas, o la repetitiva Laura no está, de Nek. Pero Pau es Pau y La flaca es un temazo.
1998
Año flojo: recuerdo La copa de la vida, otra de Ricky Martin, que fue el himno del Mundial de fútbol en Francia… y diría que ya está.
1999
En cambio, en 1999 hubo una gran cosecha. Desde la versión de Libre de El Chaval de la peca (ayudada por la masiva campaña de lanzamiento de Amena), hasta el Salomé de Chayanne, pasando por los cachondos abueletes de Triana Pura, que se lamentaban por el Probe Migué… Sin embargo, me quedo con Mambo No. 5 y Lou Bega. Yo es que los alemanes rumbosos con sombrero blanco…
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Mi blog es mi espejo
Mi blog es la vela que espera al viento
Mi blog es lo que hay bajo la gabardina
Mi blog es lo que nunca seré
Mi blog es mi trampa
Mi blog es el único sitio donde mando
Mi blog es mi última esperanza
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