La lengua popular, gran AC

23/9/07

La lengua popular Me preguntaba Laura hace unos días que qué tal el último de Calamaro, y yo le decía que “psé”. Error, claro error. Ahora que le he dado un par de vueltas al disco (en casa, en la calle, en el metro, en el trabajo…), puedo decir que es lo mejor de Andrés desde Honestidad brutal. Lo maravilloso de Calamaro es que nunca le acabas de pillar el truco, nunca tiene el mismo patrón para hacer canciones. Eso supuso que no me encantara El palacio de las flores, que aunque sí tiene joyitas (Rosemary, Contigo aprendí, El compositor no se detiene…), es menor. Vamos con un repasito a La lengua popular:

  1. Los chicos: caña para empezar, un rollito hooligan pero semitétrico en el fondo dedicado a los que faltan [**]
  2. Carnaval de Brasil: Calamaro le canta a sus musas; bien hecho, la verdad es que ellas se han portado, así que qué menos que dedicarles unos versos… me gusta especialmente la música en el estribillo [***]
  3. Cinco minutos más (minibar): Posiblemente, la mejor del disco, impagable videoclip incluido; …tengo cada insensatez / y me puedo equivocar / si pudiera mataría por 5 minutos más / tengo abierto el minibar y cerrado el corazón…, ¡toma ya! [*****]
  4. Soy tuyo: Canción de amor positivo (no es que sea especialmente frecuente), sencilla y muy agradable [***]
  5. Mi gin tonic: Más que una canción, una historia, es una especie de sucesión de imágenes… me gusta mucho, sobre todo por la música y los trenes [****]
  6. La espuma de las orillas: Supongo que no le acabo de pillar la idea, y aunque es una de las canciones en que primero me fijé, la verdad es que se ha deshinchado [***]
  7. Cada una de tus cosas: Preciosa… Todos los días / todos los segundos / infinitamente / la alegría de vivir / el sentido que da la vida vivir contigo / en el cielo, en el suelo, en cada una de tus cosas… [****]
  8. Comedor piquetero: ¿Costumbrismo puro? No sobra, no mata [**]
  9. Sexy & barrigón: Autorretrato; la primera vez que oí hablar de ella, en una entrevista, me llamó la atención porque AC decía que había pedido ayuda a sus habituales (Urrutia, Sabina…), y que el Joaqui le había mandado una canción demasiado buena para usarla… ésta no está mal, pero tampoco mucho más allá de la mención a Homer y el ritmo canalla: divertida [**]
  10. De orgullo y de miedo: Lo mejor, el título… [**]
  11. La mitad del amor: Será grande en concierto, porque me da que pasará a habitual en sus recitales [**]
  12. Mi Cobain (superjoint): No me gusta… :( [*]

Por cierto, Pablo lo ha colgado aquí, pero no te lo bajes, eh…

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Canciones altamente imprescindibles

22/9/07

Lo decía hace un rato: me encanta la música. La música nos rodea y ya es poco concebible una sociedad sin ella. Al fin y al cabo, ¿qué es hoy en día una ciudad sino una acumulación de iPods? Lo mejor de la música es que no conoce de leyes. Hay tantos millones de canciones que quizá cada persona podría tener su favorita y no repetirnos. Pero, como toda manifestación artística, tiene sus iconos universales. Los míos, mis canciones altamente imprescindibles, son éstas, sin orden relevante:

Ésas son. ¿Y las tuyas?

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Cortázar, sus malditos cuentos

21/9/07

Me encanta la música. Es más, necesito la música. Uno de los muchos motivos porque me gusta es porque no me provoca envidia sana. Me explico… Es altamente improbable que algún día logre domar mis dedos hasta el punto de hacer que toquen, con coherencia, un instrumento. Así que vivo la música desde el punto de vista del espectador, cómodo. El problema, por ejemplo, es la literatura. Me encanta leer, pero me gusta escribir, así que muchas veces, cuando leo, comparo. Uno aspira a escribir algún día algo bueno, siendo bueno todo aquello que no provoque sonrojo cuando es leído semanas después, y no puede sino deprimirse cuando lee algo realmente bueno. Pensaréis que es un planteamiento estúpido, porque hasta a mí me lo parece… Eso sí, esa envidia sana no me quita de disfrutar de cosas como ésta:

Lucas, sus largas marchas

Todo el mundo sabe que la Tierra está separada de los otros astros por una cantidad variable de años luz. Lo que pocos saben (en realidad, solamente yo) es que Margarita está separada de mí por una cantidad considerable de años caracol. Al principio pensé que se trataba de años tortuga, pero he tenido que abandonar esa unidad de medida demasiado halagadora. Por poco que camine una tortuga, yo hubiera terminado por llegar a Margarita, pero en cambio Osvaldo, mi caracol preferido, no me deja la menor esperanza.

Vaya a saber cuándo se inició la marcha que lo fue distanciando imperceptiblemente de mi zapato izquierdo, luego que lo hube orientado con extrema precisión hacia el rumbo que lo llevaría a Margarita. Repleto de lechuga fresca, cuidado y atendido amorosamente, su primer avance fue promisorio, y me dije desesperanzadamente que antes que el pino del patio sobrepasara la altura del tejado, los plateados cuernos de Osvaldo entrarían en el campo visual de Margarita para llevarle mi mensaje simpático; entre tanto, desde aquí podía ser feliz imaginando su alegría al verlo llegar, la agitación de sus trenzas y sus brazos.

Tal vez los años luz son todos iguales, pero no los años caracol, y Osvaldo ha cesado de merecer mi confianza. No es que se detenga, pues me ha sido posible verificar por su huella argentada que prosigue su marcha y que mantiene la buena dirección, aunque esto suponga para él subir y bajar incontables paredes o atravesar íntegramente una fábrica de fideos. Pero más me cuesta a mí comprobar esa meritoria exactitud, y dos veces he sido arrestado por guardianes enfurecidos a quienes he tenido que decir las peores mentiras puesto que la verdad me hubiera valido una lluvia de trompadas. Lo cierto es que Margarita, sentada en su sillón de terciopelo rosa, me espera al otro lado de la ciudad.

Si en vez de Osvaldo yo me hubiera servido de los años luz, ya tendríamos nietos; pero cuando se ama larga y dulcemente, cuando se quiere llegar al término de una paulatina esperanza, es lógico que se elijan los años caracol. Es tan difícil, después de todo, decidir cuáles son las ventajas y cuáles los inconvenientes de estas opciones.

Julio Cortázar / Un tal Lucas

Impresionante…

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Regalo

20/9/07

El otro día me regalaron esto:

¡Me encanta!

Te quiero
aunque ahora no viene a cuento
aunque no te lo demuestro
te quiero

Te quiero
aunque parezca que me olvide
aunque creas que no es cierto
eso es lo que siento

Me gusta
pensar que me gustas
saber que te quiero
qué bueno, qué bueno

Me gusta
ser el dueño de tus celos
despertarme y darme cuenta
de lo mucho que te quiero

Quererte
quererte no es bastante
quererte es no entenderte
y que te siga queriendo

Quererte
quererte es acordarme
quererte es merecerte
más de lo que te merezco

Me gusta
pensar que me gustas
saber que te quiero
qué bueno, qué bueno

Me gusta
ser el dueño de tus celos
despertarme y darme cuenta
de lo mucho que te quiero

Te tengo, te pierdo
te agarro, te suelto
te vas y te espero
te busco, te encuentro
te acercas, me alejo
te escucho, te cuento
te compro, te vendo
te odio, te quiero
te dejas, me dejo
me besas, te muerdo
te lamo, te huelo
qué bueno, qué bueno

Te pido, te ofrezco
(te amo, te miento)
te abrazo, te aprieto
me duermo, te sueño
qué bueno, qué bueno

Te quiero
y lo que más echo de menos
es que no te quiera más
de lo mucho que te quiero

Te echo de menos
tu retrato en la pared
una cartita en el correo
para decirte que te quiero

Qué bueno, qué bueno…

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Al ladrón

15/9/07

Hola. ¿Te imaginas que lees esto? Quizá sería la manera de que me devolvieras ese trozo de mi vida que es mi teléfono móvil…

Anoche me robaron el móvil. Era viejo. Sin tonos reales, sin fotos de 3 megapíxeles. Eso sí, dentro llevaba algunas de las palabras de amor más bonitas que jamás se han escrito. Lo digo con todo el orgullo (y, ahora, la pena) del mundo…

Supongo que iré a la tienda y hasta saldré ganando: me devolverán mi número, tendré un teléfono mejor y una excusa para ir pidiendo números por la vida. Cuando se quema una casa la gente no suele llorar por los ladrillos, sino por las fotos que han ardido dentro. Siento que se me ha quemado un palacio…

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Lágrimas a ras de suelo

13/9/07

- Un chico salió de casa para dar una vuelta, y pasó por delante de un escaparate que enseñaba un par de zapatos preciosos. Se los llevó. Eran unos zapatos ideales, completamente ideales, y le hacían feliz. Pero un día pegó un estirón y, de repente, se le quedaron pequeños. Tuvo que dejar de ponérselos. No estaban rotos, no habían dejado de gustarle, simplemente no le encajaban. Tuvo que dejar de ponérselos… A veces, el amor es así, ideal hasta que alguien pega un estirón. Y lo más triste de todo es que en esos casos hay que quitarse los zapatos antes de que empiecen a hacer mucho daño…

- Entiendo. Y supongo que en estos casos lloran tanto los pies como los zapatos…

Ada P. / Cien ovejas y un lucero

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Anderguóter

12/9/07

O lo que es lo mismo, underwater

Nunca he acabado de sentirme cómodo en el agua. No he subido a muchos barcos, pero definitivamente soy de los que prefieren el avión. Quizá es absurdo sentirse más seguro a 10.000 metros de altura que a cuarenta de la costa, pero nadie dijo que fuéramos seres cien por cien racionales (espera… ¿o sí?)

El caso es que hace unos días recibí un bautizo: el de submarinismo. Una inmersión de quince minutos en aguas de la ma-ra-vi-llo-sa Costa Brava (Aiguafreda, para más señas) que cambiaron algunas de mis sensaciones sobre el medio acuático. Y mira que la cosa no empezó muy bien… Yo sabía que el momento de bajar me iban a atacar los nervios: ya lo he dicho, nunca he acabado de sentirme cómodo en el agua, así que me puse a hiperventilar como una parturienta. Superado el episodio, abajo. Y, joder… qué panorama. Es increíble ver cómo, a tiro de piedra de la orilla, hay tanta vida y tanta… cosa: peces, erizos, algas, rocas, ¡montañas!

La sensación corporal, la relativa ingravidez, el control sobre la sencilla (pero efectiva) maquinaria que cargas, la mínima (pero efectiva) capacidad de comunicación, el paisaje, la novedad, todo pone su granito de arena para que la experiencia sea más que agradable. El próximo paso, sí, es hacer el curso blablabla-nosequé (PADI Open Water Diver) para poder practicar submarinismo sin monitor. Será de cara a la primavera, pero ya tendré con quién ir porque hay dos (1 - 2) que se lo han tomado muy en serio… ¡¡¡Yaaaaaaaarrrrrhhh!!!

Creo que es la primera vez que sale una foto mía actual en este blog…

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