2/12/07

El viernes por la noche tocaba Jorge Drexler en un pequeño teatro de L’Hospitalet. Fui a ver un buen concierto y salí habiendo vivido el mejor directo de mi vida…
Drexler es muy sobrio en el escenario. Guitarra y unos aparatejos en el suelo con los que graba antes de cada tema unos ritmos de apoyo. Hay fragmentos de canciones en los que incluso prescinde de instrumentación, más allá de su voz (y la del público). Lo bueno y lo grande de su estilo, de la música desvestida que le caracteriza, es que en directo es muy fácil vestirla. Y suena muy bien. Y, joder, hace magia con los dedos en las cuerdas…
Vamos al concierto: empezamos con Un país con el nombre de un río, seguimos con Polvo de estrellas y saltamos hasta La vida es mas compleja de lo que parece, temas consecutivamente de sus tres últimos discos. La cuarta canción despliega triple magia: unos pies que preparan la pócima, unas manos que masajean la guitarra y una voz que combina catalán (muy decente, por cierto) y castellano en La edad del cielo; tremendo guiño, gran comunión, complicidad… Y lo mejor de todo: acabar el tema enganchando un par de frases de Salvapantallas.
Drexler habla bastante con el público, y éste con él. Le piden canciones, como la Zamba del olvido. Luego canta Eco y toca el cielo con Guitarra y vos. Absolutamente inhumana en directo. Más declamada, con más diferencias entre el estribillo y el resto del texto. La siguiente, al ritmo del serrucho, es Cara B, y después la Milonga del moro judío. Seguidamente, Drexler musica un parte médico. Suyo, claro. Una fractura del escafoides del pie derecho. Deliciosamente surrealista…
Equipaje y turno para algunas rarezas, como una versión de un tema de Luigi Tenco, Lejos, lejos. O cuando censura las palmas del público al son de Inoportuna para pedir un acompañamiento más acorde a la canción. Solución: chasquido de dedos. Ahora le toca el turno a Cohen: Dance me to the end of love, magnífica convertida en milonga por Drexler.
Más dance, más guiños… versión del Dance, dance, dance de… oh, sorpresa, Marlango. Coros a cargo de, entre otros, la indescriptible Leonor Watling. La he visto reír a tres metros y eso ha hecho aumentar su nivel de indescriptibilidad… Después del guiño a su chica, Drexler vuelve a su fusión con el público: El pianista del gueto de Varsovia, cantada a dos voces (él y nosotros) y Fusión, claro. Colofón: Todo se transforma, en este caso manchada por la gente; prefería habérsela escuchado únicamente a Drexler, lástima.
Turno de los bises: Horas, 12 segundos de oscuridad y Sea, magnífica Sea, sorprendente y maravillosamente introducida por unos versos del Stay de Maurice Williams. Segunda despedida. Ovación y reaparición. Drexler cierra con una sola canción: Flores en el mar. Desnudísima.
Id a ver a Drexler. En serio.
Imagen :: Paula Marina
Bonus :: Guitarra y vos
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