No sé si estará hecho (probablemente sí), pero allá voy: programas que para ti son estándares.
- Mozilla Firefox (navegador web)
- AIMP2 (reproductor multimedia – música)
- BS Player (reproductor multimedia – vídeo)
- Video LAN (reproductor multimedia – vídeo)
- FTP Rush (gestor FTP)
- Adobe Photoshop (edición de imagen)
- Notepad ++ (no sé muy bien cómo definirlo…)
- Win RAR (des/compresor de archivos)
- MSN Messenger (mensajería instantánea)
- eMule (redes P2P)
- BitComet (redes P2P)
Creo que no me dejo nada, puesto que no uso clientes de correo y nunca me he decidido entre la suite Office de Microsoft o el Open Office que apadrina Sun… Ah, eso sí: descarto apasionadamente Windows Media Player y WinZip.
¿Quién sigue? ¿Quién me crucifica por no usar iTunes, Explorer…?
Nunca os compréis un Meizu…
Yo lo hice. Lo hice a través de Pixmania, una buena web que vende malos productos, como por ejemplo los reproductores MP3 Meizu. Adquirí uno pasado el verano. Dos gigas, finito, pantalla enorme y facilidad de uso. Una especie de iPod chino, vamos… El caso es que en pocas semanas tuve que cambiarlo. Fue fácil porque previamente había pagado unos euros por un Contrato de Compra Tranquila de Pixmania, según el cuál tenía derecho a la devolución de mi dinero (para volver a gastarlo en la tienda virtual, evidentemente…) si el cacharrito se cascaba durante el primer año. Claro, el invento está muy bien porque se aseguran de que les compres a ellos, y además es muy probable que apuntes más alto: yo volví a picar con Meizu (tropezando dos veces con la misma piedra…), pero esta vez en lugar de dos gigas me fui a por cuatro. Cling, cling, más eurillos para Pixmania.
Ahora que se me ha vuelto a escacharrar el bicho se me abren dos alternativas: caer en las garras del imperio iPod o tirar por otra vía. He visto tres opciones interesantes, a saber:



El primero tiene buena pinta, más capacidad, pero la marca me es tan desconocida como Meizu. Con los otros dos iría sobre seguro; el Creative tiene radio, y eso es un punto a favor, aunque pone que no acepta más allá de USB 1.1 (cosa que me extraña), es decir, un coñazo… El Sony cumple con la pantalla, la batería y parece que hasta los cascos, aunque es un poco más caro.
¿Alguna recomendación?
Actualizado: al final ha caído el Creative Zen… pero de 8 Gb : )
Yo guardo un guiño para cuando sé que te sacaré una carcajada
Tú sabes colocarte el pelo para que parezca vivo
Yo entrecierro la mirada para adivinarte
Tú acaricias el lóbulo de tu oreja con infinita gracia
Yo hincho las aletas de la nariz cuando me haces suspirar
Tú sacas la lengua justo antes de ruborizarte
Yo juego con las manos en el aire
Tú…
Primero fue ITnet, luego la COM y después Línia Les Corts. O sea, trabajo. Ahora ya es también placer: me voy a vivir al barrio de Les Corts. A una calle que se llama Mejía Lequerica, curioso nombre y más curiosa biografía:
De momento me llevo a otro bloguero en la maleta, y a medio plazo se vendrá por lo menos otro más… ¡Nens, esto va a ser genial!
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Llegó el día en que la Maga borró su cara, y eso me dio fuerzas. La Maga tenía el solemne poder de hurgar en los corazones como un niño que descubre la maleabilidad de la plastilina. No se trataba de mala intención, sino de los efectos colaterales de un gran poder. A mí, por ejemplo, la Maga me cambiaba el tamaño de la cama. Suena estúpido, pero era así… Podía disminuir su superficie de tal manera que no me quedaba otra que estirarme recto como una vela y estar quieto, muy quieto, a riesgo de precipitarme por los afilados acantilados (centenares de metros de caída libre) que se habían abierto a cada lado si me movía lo más mínimo. En esas ocasiones la angustia no me dejaba dormir, y únicamente me calmaba mirando al techo e intentando buscar las estrellas que estaban detrás. Otras veces, la Maga era capaz de agrandar la cama, y entonces yo tampoco conciliaba el sueño; aún sabiendo que a la mañana siguiente todo volvería a la normalidad, la vastedad del colchón me apretaba alguna tecla en algún lugar del subconsciente, y aterrado empezaba a gatear en la oscuridad buscando el linde de aquella pesadilla, y siempre acababa exhausto, sediento, hambriento, repitiendo su nombre como si eso me diera más fuerzas… Otras veces, las menos, acortaba la altura de la cama y la rodeaba de siseantes fogatas, poco a poco, forzando mi postura; entonces yo intentaba juntar las rodillas con la barbilla, y me rodeaba las espinillas con los brazos buscando el refugio fetal.
Benditas magas…
Quizá recuerde una de las primeras veces que fuimos a tomar algo, un verano. Mi vida era medio caos y las horas se eternizaban entre aquellas cuatro paredes. Ahora, que rebobino y suspiro de alivio por haber soltado tanto lastre, echo la vista atrás y veo que las etapas de la vida encajan con una suave precisión. Son cosas que sólo se aprecian con la perspectiva que te da el tiempo…
Papá me dijo una vez que venimos a esta vida a aprender. Me pareció una gran idea; desde entonces la he hecho propia. De ti he aprendido muchas cosas, y creo que el gran valor es el cómo me las has enseñado: ni una palabra. Todo lo que he absorbido de ti ha sido por observación directa. Y me encanta llevar aquí, en esta precisa línea, más de diez minutos intentando verbalizar tus virtudes y no poder hacerlo. Supongo, sé, que forman parte de los sentimientos, y eso no se puede explicar.
Me encanta poder presumir de ti en unos tiempos en que la amistad está en la cuerda floja. Me encanta poder presumir de ti a la vez que enumero mentalmente tu lista de defectos. Me encanta poder presumir de ti y de todo lo que te rodea. Me encanta poder presumir de mi bombín, que es culpa tuya; él simboliza el quitarme el sombrero cuando me sorprendes, el taparme la cara cuando me avergüenzas, el mendigarte algo cuando lo necesito…
Soy pésimo escribiéndote, así que te daré mi regalo: un punto y seguido…
No, no hace falta que sea en Denver…
Hoy, mañana, dentro de tres semanas… digamos que dentro de poco, en un futuro muy próximo, te levantas un lunes y sabes que vas a morir esa misma noche. Irremediablemente. ¿Qué haces? Mi lista…
- Dejar que toda la familia se vaya de casa, intentando no perturbar su normalidad
- Ducharme con agua bien caliente, apoyar los brazos contra la pared y dejar que el chorro me martillee la nuca
- Coger un libro, uno especial, y subirme al autobús
- Llegar a la oficina, dar un paseo por cada uno de sus espacios y volver a irme
- Desconectar el teléfono móvil
- Coger otro autobús y visitar un par de rincones de Barcelona
- Escribir media docena de postales, y enviarlas
- Comer
- Coger de nuevo un autobús y despedirme con un beso de las personas indicadas
- Subir Las Ramblas
- Olvidar deliberadamente algunas posesiones (libro, mp3…) en lugar públicos
- Cenar
- Buscar mis últimas risas
- [Espacio para la improvisación]
¿Y vosotros?

Dicen que lo dijo Antoine de Saint-Exupéry: Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección. Desamar, pienso yo, debe de ser lo mismo. La única diferencia está en ese detalle que la foto no capta: las manos entrelazadas. Paz…
Si creyera en mi horóscopo quizá estuviera mirando qué decía hoy el periódico… Es curioso, por lo inexplicable, cómo se mueven y relacionan las piezas de la vida. Lástima que sólo podamos tocar unas cuantas, ¿no?
Hoy, lo veis, es un día de cambios. No he acabado de acondicionar la nueva casa de mis palabras, pero es un buen comienzo. Me quedan cosillas como los comentarios, algunas listas y chorradas varias, pero no tengo prisa…
juega a esconderse entre el mundo
saldrá algún día a prender la llama
y a parar la vida un segundo
Ayer se extingue con maña
aprieta un puño, extiende el otro
nunca me muestra sus cartas
nunca me encuentro en la foto…
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Es una pena que Jarabe dosifique sus joyas…
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Y así podemos seguir contando hasta que nos cansemos, porque un año es largo para contarlo. Y sin embargo, corto para vivirlo… cada vez más.
Esta noche, de vuelta a casa, me ha asaltado una canción en mi mp3, una canción que yo no puse voluntariamente pero que está ahí, en mi PC, y por tanto de vez en cuando también en mi Meizu. Me ha sorprendido escucharla, me ha sorprendido sonreír con ella, pero sobre todo me ha encantado hacerlo. Se llama Verdade…
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Es bonita, ¿no?