A ti, Maga
19/1/08 Guardado en Pensado |
Llegó el día en que la Maga borró su cara, y eso me dio fuerzas. La Maga tenía el solemne poder de hurgar en los corazones como un niño que descubre la maleabilidad de la plastilina. No se trataba de mala intención, sino de los efectos colaterales de un gran poder. A mí, por ejemplo, la Maga me cambiaba el tamaño de la cama. Suena estúpido, pero era así… Podía disminuir su superficie de tal manera que no me quedaba otra que estirarme recto como una vela y estar quieto, muy quieto, a riesgo de precipitarme por los afilados acantilados (centenares de metros de caída libre) que se habían abierto a cada lado si me movía lo más mínimo. En esas ocasiones la angustia no me dejaba dormir, y únicamente me calmaba mirando al techo e intentando buscar las estrellas que estaban detrás. Otras veces, la Maga era capaz de agrandar la cama, y entonces yo tampoco conciliaba el sueño; aún sabiendo que a la mañana siguiente todo volvería a la normalidad, la vastedad del colchón me apretaba alguna tecla en algún lugar del subconsciente, y aterrado empezaba a gatear en la oscuridad buscando el linde de aquella pesadilla, y siempre acababa exhausto, sediento, hambriento, repitiendo su nombre como si eso me diera más fuerzas… Otras veces, las menos, acortaba la altura de la cama y la rodeaba de siseantes fogatas, poco a poco, forzando mi postura; entonces yo intentaba juntar las rodillas con la barbilla, y me rodeaba las espinillas con los brazos buscando el refugio fetal.
Benditas magas…
26/1/08 a las 19:58
Gracias por este cuento… espero que la Maga no venga esta noche a perderme en mi colchón…besos de miel.
26/1/08 a las 20:00
Gracias por este cuento… espero que la Maga no venga esta noche a perderme en mi colchón…besos de miel.
27/1/08 a las 18:52
La Maga también tiene sus cosas buenas, pero no caben en un post : )