Dices que dormir boca arriba te produce pesadillas, y yo busco la manera de darte la vuelta para que cojas esa posición fetal de medio lado, que te hace derramar babilla en la almohada recién lavada, pero no me llega la mano desde aquí, y tampoco puedo recurrir al truco de frotarte con los pies helados, producto de una última visita a la nevera, furtiva, nocturna -claro- y perlada de cierto sentimiento de culpa por la incipiente tripa que tú, bendita, normalizas a base de besos y caricias, unos pies que helarían los tuyos sino fuera por la lana con que te los has tapado, dos cachitos de tela que esconden unos dedos -lo sabes- autónomos, y mientras espero que dejes de enfocar al techo pienso en darte la mano y apretarla con suavidad, para hacerme un hueco onírico a tu lado y colarme en tu noche, en tus pesadillas. Y convertirlas en sueños…