No es tan raro que te sientes en ese banco del aeropuerto, siempre en ése, pues desde él lo controlas todo. No es tan raro que te sientas como en casa cuando en él te acomodas, y que cada vez más a menudo dejes tu mente volar. No es tan raro que allí te pasara lo que te paso aquel día… Aunque casi has borrado de tu mente a la persona que fuiste, alojando nuevas formas de hacer, a veces aquella persona pasa como un destello: en una palabra (siempre mágica…), en una risa, en un gesto. O, claro, en una mirada. Ella conoce el camino de regreso, pero tú pasas pacientemente la planta del pie por la arena que cubre sus márgenes, desdibujándolo… Y, sin embargo, aquel día, en aquel banco, saliste a volar. Descuidaste el camino. Y ella lo vio. El de regreso. Y cuando volviste y la viste con los ojos humedecidos por una sonrisa te enfadaste. Gritaste. Y borraste, de nuevo, el camino de regreso… Lo harás siempre, pues así son las cosas en el mundo que nos ha tocado vivir.

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Ismael Serrano – El camino de regreso