Maus

Hay que leer Maus

Maus es un cómic, pero no tienes que asustarte: no es oscuro y friki. Maus habla sobre la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, los nazis y los judíos, pero no tienes que asustarte: no se parece a nada de lo que has visto o leído antes.

Maus es la historia de Vladek Spiegelman, judío polaco. De su familia, de su esposa, de sus amigos. A través de Vladek no sólo veremos una historia más (verídica) de las miles y miles que hay que contar de aquella época, sino que además conoceremos qué hay después de esas historias. ¿Qué queda después de Auschwitz, de Birkenau, de los ghettos, de meses y meses de vivir bajo una constante vejación y con la muerte volando sobre tu cabeza? Nada bueno. No queda nada bueno. El Vladek Spiegelman superviviente es una persona posiblemente muy diferente de la que cabría esperar. O no

Maus se narra en dos tiempos: vemos a Vladek en su día a día contemporáneo en Nueva York mientras le cuenta a su hijo Art, el autor, su vida en los años 40. La relación entre ambos es tremendamente significativa. No quiero estropear nada a quien todavía no lo ha leído, pero sí diré que el cómic incluye dentro otro, muy breve, que os dejará los pelos de punta.

La verdad es que Maus es un libro que uno no puede dejar, ni siquiera para dormir. Cuando dos de los ratones hablan de amor, te conmueve; cuando sufren, lloras. Poco a poco, a través de este relato compuesto de sufrimiento, humor y los desafíos cotidianos de la vida, uno queda atrapado por el lenguaje de una antigua familia del este de Europa, y es arrastrado por su ritmo suave e hipnotizador. Y cuando uno acaba Maus, se siente triste por haber abandonado ese mundo mágico…

Umberto Eco

Eco habla de ratones, ahora os explicaré el porqué. Spiegelman representa cada nacionalidad o etnia mediante una raza de animal diferente. Así, los judíos son ratones, mientras que los alemanes son gatos: la metáfora, claro, no es gratuita. Los polacos son cerdos, no sé si expresando su perfil rural o su traición. Muchos polacos no judíos denunciaron sistemáticamente a sus compatriotas judíos frente al invasor alemán… Los americanos son perros, los franceses ranas, los ingleses peces… Y, rizando el rizo, Spiegelman usa caretas, por ejemplo cuando un ratón (judío) se hace pasar por polaco (cerdo).

El dibujo de Maus, completamente en blanco y negro, es magistral. Las caras de los personajes, especialmente de los ratones, son apenas cuatro trazos sin expresión alguna, con unos ojos simplificados al máximo. Y, sin embargo, transmiten muchas más emociones que cualquier película…

Maus es un estremecedor relato en paralelo: el horror nazi y las heridas dejadas por éste, casi medio siglo después, en una tortuosa relación paterno-filial. Maus habla de ese horror, pero deja lugar a la esperanza: lo veréis cuando conozcáis la vida de Art Spiegelman.

Hay que leer Maus

3 comentarios en “Maus

  1. Un “must have” como una catedral.

    Por si todavía queda alguien que considera que el comic es cosa de niños o de freaks, no tendrá mejor oportunidad para quitarse esas ideas de la cabeza.

    Si lees Maus, Watchmen y Sandman se acabaron los perjuicios contra este arte menospreciado.

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