Nuevamente, siete de los mejores hombres del ejército de los Estamos Unidos tienen una misión: ¡que arda Xaló!
Conozco a una persona parcialmente brillante. Hablaremos de ella en masculino, ya que, convenciones de la vida, es el género por defecto. Tiene una faceta gris, que es la podríamos llamar pública. Al menos hasta donde yo sé (no nos conocemos demasiado) es alguien plano, quizá incluso anodino, con total seguridad uno de esos seres que pasa desapercibidos. No te provocará un giro de cuello cuando lo cruzas por la calle, y es muy posible que tampoco puedas recordarlo el día después de que hayáis sido presentados en aquella fiesta. Y, sin embargo, denle lápiz y papel… plop, metamorfosis. Junta letras y palabras de una manera descomunal, revela una mente privilegiada para la escritura, con una imaginación desbordante y un estilo marca de la casa. Una cascada de ideas… Y ahí sigue, a rueda de sí mismo, tapado por su propia sombra.
Hay gente así, con una brillantez que el mundo se pierde. Mi ejemplo es muy pequeñito, limitado, pero seguro que hay cientos y cientos de casos ahí fuera. Gente brillante que nunca descubriremos. Escritores en potencia, cantantes que nunca existirán, pintores condicionales. No queremos perdernos tu cuadro, tu canción, tu libro. No hablo de éxito, de dinero, ni siquiera de reconocimiento. No hablo de ti, sino de mí. No merecemos no oírte. ¡Sal y proclama tu brillantez!
Calculo que dentro de un mes estaré (estaremos) en algún lugar de la costa sudeste islandesa. Es de esperar que ya hayamos visto Geysir y Gullfoss, y muy posiblemente estemos a un día o dos de bañarnos en la zona de Myvatn. Ay, creo que llevo demasiado tiempo pensando en este viaje y lo que me queda hasta subir al avión se va a hacer larguísimo. Por suerte, Barcelona en agosto es simpática…
A lo que viene este post: plagiando a Marc (com ens agrada linkar-nos, eh?), me he comprado una Moleskine para ir anotando cosas del viaje y subirlas después aquí. Supongo que no haría falta, que en Islandia será fácil encontrar conexiones, pero no tocar una tecla también forma parte de las vacaciones. Así que la crónica del viaje será en diferido…
Repasando, creo que tenemos lo más gordo: vuelos, coche y alojamientos. Nos falta concretar del todo la ruta, un ritual que celebraré a golpe de mapa, post-its y Lonely Plantet en mi terracita alguna tarde tonta de agosto, y acabar de decidir las actividades. Snorkel y kayaks están la agenda, ¿alguna recomendación especial?
No hay nadie como Eduardo Mendoza para explicar qué es, cómo es Barcelona. Tanto si quieres conocer la ciudad porque nunca has estado como si vives en ella, Mendoza es tu hombre. Lo es a través de dos novelas: La ciudad de los prodigios y Sin noticias de Gurb.

La ciudad de los prodigios es una especie de historia de Barcelona entre los años de sus dos exposiciones universales: 1888 y 1929. Son los años de actividad de Onofre Bouvila, un chaval de pueblo que llega a la capital con una mano delante y otra detrás y acaba convertido en una de las personas más poderosas no solo de la ciudad, sino de todo el país. A través de ese ascenso conocemos de primera mano la evolución de Barcelona en esos 40 años. Mendoza mezcla realidad y ficción, y abarca aspectos políticos, sociales y culturales.
Sin noticias de Gurb es otro cantar: novela ligera (se publicó originalmente por entregas en El País durante un verano pre-olímpico), cargada de humor, aunque no por ello libre de crítica social. Gurb y su compañero, ambos alienígenas, aterrizan en Cerdanyola con la intención de investigar no-recuerdo-qué. El caso es que Gurb desaparece, y el protagonista se pasa todo el libro intentando dar con él. Cachondeo asegurado.
Ni uno ni otro tendrían sentido en otra ciudad que no fuera Barcelona. Los clichés burgueses, los lugares, la mezcla de pasado y futuro de la historia de Onofre Bouvila son muy barceloneses, mientras que en el segundo caso, personajes como el señor Joaquín y la señora Mercedes son imposibles en cualquier otro lugar. Volviendo al principio… posiblemente haya mejores cronistas de Barcelona que Eduardo Mendoza, quizá incluso las que yo digo no son siquiera las mejores novelas barcelonesas de Mendoza. Así que, por favor, se aceptan discrepancias. Pero eso sí, en cuanto tengáis un rato, leed a Bouvila y a Gurb.
Alguna vez he hablado aquí de papá. Pocas, y poco transparentes. Tampoco he sido muy extenso con mamá… aunque sí certero. Pero de quien nunca o casi nunca he hablado es de mis hermanos. Anna y Marc, Marc y Anna. Dos pre-adolescentes en plena etapa de descubrir el mundo. Quizá lo más grande que me ha pasado en la vida…
Mi hermana es la pequeña: a punto de cumplir 13 añazos. Estoy convencido de que tiene mucho de mi madre cuando era niña. Es extremadamente cariñosa, con un punto ingenuo que te hace partirte, soñadora, responsable, muy creativa. Una persona a la que adoras, sí o sí. Mi hermano es dos años mayor, así que con 15 se puede decir que es prácticamente una personita. Está en esa edad en que absorbes con rapidez todo lo que ves. Es un chaval muy inteligente, tremendamente intuitivo y curioso, y casi tan responsable como su hermana. Aunque él se ha quedado con la parte analítica de la herencia genética. Sigue siendo muy familiar, cosa que posiblemente esté a punto de cambiar.
Dentro de poco empezarán a vivir cosas muy nuevas. Su primer beso, su primera gran bronca con los hasta ahora idolatrados padres, sus primeras mentiras, su primer trabajo, sus primeras lágrimas en silencio, sus primeras borracheras, sus primeros viajes… Seguramente porque me convertí en hermano mayor bastante tarde me falte un poco la noción de ser realmente hermano mayor. Ahora que los dos encaran esta etapa, que dejan la niñez, me pregunto cómo afectará eso a nuestra relación. Supongo que cuesta hacerse a la idea de que un buen día esos mocos que no levantaban dos palmos del suelo son casi adultos…
Pues vale, igual tiene un carácter complicado, quizá es un fiestero, un egocéntrico, es posible que dinamite el vestuario y el verano que viene lo estemos vendiendo por la mitad… pero sólo pensar que puede meter un golito como éste:
36 kilos por Overmars, 35 por Saviola… ¡Bienvenido, Zlatan, has salido barato!
El tabaco dejó un trono vacío: molestar en el metro ya no es lo mismo desde que no se puede fumetear en cogote ajeno. Varias modas han intentado tomar el relevo del cigarro, pero normalmente flaqueaban y no eran capaces de asumir la responsabilidad. Hasta que llegaron ellos…
No es extraño ver en las películas (ochenteras) americanas la típica pandilla de bad boys con un radiocasette enorme al hombro. Ese mamotreto desprendía cierto aire de autoridad, y contagiaba tanto a quien lo cargaba como a los que estaban cerca. De la misma manera actúan hoy algunos en el metro, sólo que ellos van equipados con un mínimo aparatejo cuya principal función es mantener conversaciones a distancia, no escuchar música. La estética del radiocasette, vista hoy, está un poco desfasada; la del móvil a todo trapo es lamentable desde el minuto uno, y sin embargo no es nada extraño verlo cada dos por tres. Y claro, lo grave no es que haya un móvil escupiendo música, no… lo grave es que en el 99% de los casos esa música es mala. Mala de cojones. Básicamente reggaeton, aunque no siempre. Y también en el 99% de los casos, el mismo tipo de personaje: joven, en grupo y con esa cara de estar de vuelta de todo. ¿No conocen la existencia de los auriculares? ¿O es que disfrutan molestando a los demás? ¿Tanto placer proporciona exhibir tu analfabetismo en público?
En próximos capítulos de La vida en el metro: Te mataría por pegarte a mí para poder colarte y Nonono, ¿cómo me va a importar que leas mi periódico descaradamente?.
Hoy Sabina acaba disco, hoy he visto un cronopio, hoy he decidido que este blog es demasiado solemne (¿?), hoy era ayer. ¡Click!
Hoy ha empezado mi periodo intervacacional, es decir, las cinco semanas y media entre los viajes a Tenerife (hecho) e Islandia (finales de agosto). Dos viajes bien diferentes: el primero podríamos decir que casi improvisado, con el único y sano propósito de desconectar. Un poco de playa, un poco de piscina, bastante fiesta y muchas risas. Ocho días cambiando el ordenador por el periódico, lo cual ha sido un auténtico placer, ni os podéis imaginar cuánto… El segundo, planeado desde hace varios meses, aunque aún le faltan pequeños detalles. Tenemos el alojamiento, tenemos coche y tenemos vídeos como éste:
Posiblemente, el viaje con mejor pinta de toda mi vida, y el primero con el que podré empezar a tachar nombres de mi lista de deseos: Canadá, Islandia, Japón y Nueva Zelanda. Y, como el amigo Marc, también el primero del que espero poder escribir algo serio.
Aviones plateados, Guitarra y vos
Noches de boda, Prendí la flor
Todo se transforma, Caballo de cartón
Aquí no podemos hacerlo, Hagámoslo
El lado oscuro, Cinco minutos más
Carbón y ramas secas, Para no olvidar
Verdade, El universo sobre mí
Amo tanto la vida, 20 de abril
Prefiero el trapecio, Pájaros de Portugal
El fuego y el combustible, Mi enfermedad
Me voy, Rosa de Alejandría
Vendrán días, Calle Melancolía
Pájaros de barro, Lápiz y tinta, Incluso en estos tiempos
Papá, cuéntame otra vez, Esta boca es mía, Sin documentos
No woman no cry, Ruido, Quédate a dormir
Con la frente marchita, Sea, Así estoy yo sin ti
Sucedió en la antigüedad, Tierna y dulce historia de amor
Cruz de navajas, Flaca, Peor para el sol
Copa rota, Y sin embargo, Contigo
Limón y sal, Ahora que…, Cerrado por derribo
Déjame vivir, Aves de paso, Cien gaviotas
Agua, Fusión, El rocanrol de los idiotas
M, Paloma, Medias negras
Chiquilla, Media Verónica, Niña Candela
Querida Milagros, Hermana duda, Carolina
Princesa bacana, La flaca, Mi alma perdida…