Islandia, día uno

Madrugar de vacaciones siempre es menos madrugar. Nos vamos a Reykjavík, la ciudad fea (nos habían dicho), la ciudad grande, la ciudad de la catedral. Bueno, pues… ni fea, ni grande, ni catedral. Es una ciudad normal, la catedral no aparece (tampoco la estamos buscando) y lo de grande… definámosla. Reykjavík: 120.000 habitantes. Más o menos como Dos Hermanas o Mataró. El área metropolitana reúne a 202.000 personas, las mismas que Alcalá de Henares y Sabadell. El país, en conjunto, no llega a los 320.000 habitantes. Islandia es Valladolid.

Ni un alma en las calles de Reykjavík un viernes por la mañana, ¿dónde anda la gente? Y lo que es más importante… ¿dónde está nuestro guía? Hoy tenemos un menú de actividades por la mañana: snorkel y espeleología (light). Evidentemente, nos acompañan un par de guías. El primero aparece con una furgoneta tan grande como el despiste que lleva encima, y será oportunamente bautizado como Tin (o Tim, o Tintin). Lleva gafas y un gorro de lana en la cabeza. Le acompaña otro guía, aparentemente más joven. Y luego… luego, a la hora de equiparnos con la ropa del snorkel, surge de la nada un señor calvo. ¿Otro guía? ¿De dónde sale? ¿Y dónde anda Tin? Resulta que son el mismo… ¿cómo puede cambiar tanto una persona al quitarse las gafas y el gorro?

Þingvallavatn

Las actividades son en la zona de Þingvallavatn, el lago natural más grande de la isla. Sus tranquilas aguas están a la agradable temperatura de cuatro grados centígrados. A nuestra ropa térmica añadimos, gentileza de Tin, una especie de monos acolchados y con forro polar interno que nos convierten por un momento en muñecos Michelín. Es tan calentito que yo me veo capaz de salir a dar un paseo espacial con él… Encima, mono impermeable, guantes, aletas, tubo, gafas…

El snorkel resulta ser una doble experiencia: lucha contra el impresionante frío y sorpresa por la tremenda nitidez de las aguas. Lástima que falte un poco de fauna… En el snorkel ya sabíamos a lo que veníamos; el segundo plato, la espeleología (light), nos pilla más peces. Algo menos de medio kilómetro de túneles subterráneos llenos de rocas, paredes de chocolate, vasos de cacao y frentes con luces. Lo mejor, sin duda, el momento de silencio y absoluta oscuridad en lo más profundo de la cueva. Sólo el agua, gota a gota, cayendo cada pocos segundos rompía el mutismo absoluto del grupo. Impagable…

Cuevas en Þingvellir

Geysir está apagado, o fuera de cobertura, o quizá sólo recuperando fuerzas (Islandia desgasta, en serio) para volver a escupir agua hirviendo a más de 50 metros de altura. Por suerte, como buena civilización nórdico-previsora, la islandesa siempre tiene un plan B y en esta ocasión se llama Strokkur. Un géiser modesto (20 metros, aproximadamente), pero eficaz, el más eficaz del mundo, parece ser. Siéntate media hora ante él y contemplarás cinco o seis explosiones de diferente tamaña e intensidad. Y no sólo el chorro de agua al cielo es espectacular: el momento antes, con el agujero del géiser en plena ebullición como una olla casera, es muy clave, porque la formación de la gran burbuja es casi más destacable que el propio chorro; y después, el agua expelida vuelve a caer, glups, el mismo agujero actúa como un retrete y se traga todo lo que le pongas por delante.

Géiser de Strokkur

Snorkel, cuevas y geisers. Un menú que nos derrota, por horas y por cansancio. Pero claro… ¿quién renuncia a Gullfoss? Un salto de agua prácticamente diseñado por un arquitecto: paisaje verde, altas opciones de ver el mejor arco iris de tu vida, doble cascada y un camino perfectamente habilitado para dejarte el índice en fotos. Seis de la tarde del primer día, menos de 24 horas en el país y primera declaración de amor: “El palizón del viaje merecería sólo la pena por un día como éste“. Sí, pero aún nos quedan ocho días más, por suerte.

Gullfoss

Kjöt og Kúnst, Hveragerdi. Un señor de mediana edad, feliz de poder sacar a relucir su escaso pero correcto (y divertido) castellano, nos presenta a unos amigos: pollo, cordero, cerdo… Sopar de cebolla casi prodigiosa (¿dónde estaba cuando salíamos del snorkel?) y una lata de Thule. Magia… Sólo faltará otra, un rato después, en Nupar. Hot tub, noche tomando poco a poco el relevo del día (las diez pasadas) y agua casi en estado de géiser para cerrar un día intenso. Islandia es todo lo que esperaba, y más…

* * *

Máxima: 10º
Mínima: 6º

12 comentarios en “Islandia, día uno

  1. Sí, las fotos son mías (nuestras). Molan porque llevábamos una buena cámara, y el paisaje de Islandia es muy fotogénico, y casi todas las hizo Naiara. Lo del mono… la verdad es que se hinchaba, y al entrar al agua parecíamos pelotas de playa de esas Nivea… pero si te apretabas y conseguías sacar el aire, al final dominabas tu cuerpo :p

  2. Pingback: Adiós, Islandia | xerop

  3. ¡Qué envidia! La verdad es que Islandia no es un lugar muy típico para unas vacaciones, no había conocido a nadie que hubiera ido. Por cierto, me ha hecho gracia que nombres mi ciudad natal al principio del post. Soy de Alcalá de Henares, aunque como ya sabes vivo en Valencia ahora, jejejjee.

    Saludos!

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