Una pena irse de Nupar, realmente una casa muy bonita. Hemos podido dejar nuestra firma en el libro de visitas, una costumbre muy propia de las casas de alquiler en este país. Es curioso echarle un ojo y ver la de gente que ha pasado por aquí. Mucho idioma ininteligible (¿islandés, noruego, danés?), mucho holandés escribiendo en inglés, pocos españoles… Algún dibujo y alguna recomendación útil con restaurantes y demás. Y hasta alguna luna de miel. Curioso…
Nos vamos a Stokkseyri, quizá el pueblo más bonito que hemos visto hasta ahora. Para nosotros, el pueblo de los kayaks. Dos horitas remando: cansancio, disfrute, soledad marina… o la peor experiencia de nuestras vidas. Es cuestión de enfoque. En medio del agua (helada) piensas: “Una costa pelada, al norte de todo, sin apenas vida animal, un clima cuanto menos gris… ¿qué narices le vio a esta isla el primero que llegó?” Porque de aquella no había maravillas como los hot tub, o como nuestro premio al acabar de remar: piscina a 29º con tobogán incluido, minipiscina a 39º y micropiscina a 41º. Y los cuatro convertidos en bolsitas de té en compañía del superhombre de Boston (que ayudó a remolcar a un miembro del equipo, no diremos nombres…) y su hijo. Se entiende que aquí los centros de reunión sean más las piscinas que las terrazas en medio de la plaza del pueblo…

Las cascadas son muy habituales en Islandia, al menos en la parte sur de la isla. Urrigafoss, Seljalandsfoss y Skógafoss son las tres que hemos visto del tirón, y lo mejor es que cada una tiene su punto de espectacularidad. La primera es la más fea, seguro que también la menos vista, pero a la vez la más caudalosa. La segunda es, probablemente, la mejor cascada del país. Ninguna de nuestras guías la destaca especialmente, así que encontrárnosla de cara no sólo ha sido una grata sorpresa sino un descubrimiento… propio. Seljalandsfoss es un salto de agua en el que se puede cumplir el literario reto de ponerse detrás. Existe, de hecho, la opción de atravesarla, directamente, pero es más cabal ir por el camino lateral, y rodearla completamente. Un bonito baile de 360º con una maravilla de la naturaleza. Skógafoss sí es una referencia en las guías, pero en nuestro caso no pasó de anécdota. Hemos estado más influidos por el Circo del Sol que atentos a sus 62 metros de caída…

Vík, dicen, es la capital de los puffins, o frailecillos. Son unos pajarracos, al parecer, bastante graciosos, pero de momento no hay ni rastro: no hemos sido capaces de verlos en este pueblo, totalmente azotado por el viento y perfectamente visible, en su totalidad, desde la colina en la que se levanta la iglesia. Parada corta: toca cruzar Mordor…

Mordor es la parte sur de Islandia, en concreto la que te lleva de Vík hasta Höfn. Unos 300 kilómetros de carretera digna, pero con un desolador paisaje volcánico que impresiona, especialmente, por la presencia inevitable del gran glaciar: Vatnajökull. Son kilómetros y kilómetros de llanura, con piedras y musgo, ríos de agua recién derretida que van a buscar el Atlántico… Que nadie se confíe con la gasolina, que nadie busque un restaurante, pero que nadie se salte un atardecer aquí, aunque sea circulando con el coche…
Máxima: 15º
Mínima: 7º
Cuando leo tus crónicas me vienen ganas de escuchar heavy metal con tanto nombre nórdico
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