De los 13.058 kilómetros de carreteras que tiene Islandia, sólo 4.397 son asfaltados. En los 8.661 restantes no hay ni rastro de alquitrán. Así que una cosa inevitable, pero interesante a la vez, de un viaje como éste es tener que cambiar los planes sobre la marcha. Improvisar. La idea de hoy era visitar Hekla, pero está demasiado lejos. Así que nos vamos a Laki. En cualquiera de los dos casos toca someterse a los requerimientos de una carretera marcada con una F… y aquí creo que toca hablar un poco del sistema viario islandés.
Islandia tiene una gran carretera: la Hringvegur. Da la vuelta al país en forma de círculo y es lo más parecido a una autopista de las nuestras, aunque depende mucho de la zona, ya que hay tramos que aquí no pasarían de comarcal… La Hringvegur conecta las ciudades más importantes, y una pequeña red de bifurcaciones da acceso a otras ciudades menos importantes y pueblos. Dato curioso: no existen líneas de ferrocarril en Islandia, pero hay casi un centenar de aeropuertos (la mayoría con pistas sin pavimentar) que colocan al tráfico aéreo como la gran alternativa al coche. Y, a veces, en invierno, como la única manera de llegar a la otra parte del país.
Más allá de la Hringvegur y sus ramales, que forman lo que podríamos llamar carreteras convencionales, hay una gran cantidad de pequeños caminos sin asfaltar a los que los vehículos sin tracción a las cuatro ruedas no tienen permitido el acceso: son las carreteras F. Sabiendo esto iniciamos el viaje a Laki. El camino es un examen (y de los duros) tanto para nuestro coche como para nuestras conciencias. Bueno, para algunas más que para otras… Porque sí, meter al Grand Vitara en caminos de cabras vale, pero cuando de repente tienes un río delante, por pequeño que sea, la cosa cambia. Sobre todo si en el salpicadero tienes un aviso bien grande que pone que está terminantemente prohibido cruzar ríos con un coche de alquiler…

Pero bueno, ¿a qué hemos venido? Cuando nos damos cuenta, Sergio ya está con la primera puesta y si no nos subimos al carro tocará cruzar el río a pie. Después de ese río vendrá otro, y luego otro, y luego… pero claro, ¿en qué momento das media vuelta? Nada, nada, sigamos hasta Laki. La ruta son kilómetros y kilómetros de piedras, los ya mencionados ríos que vadear, ovejas, praderas veeeeeeerdes… y claro, no podía faltar una cascada. Hoy toca Fagrifoss, las más salvajes de cuantas hemos visto.

Una caída de agua preciosa, abandonada en medio de la nada y justo pegada a una pradera de musgo islandés, mullido como media docena de colchones, ideal para lanzarse a la piscina o croquetear un rato. El camino a Laki tiene de todo menos civilización, claro. Ni un síntoma de explotación turística, bendito gobierno islandés.
Dejado el coche, Laki es una pequeña caminata con premio: las vistas en la cumbre. Cráteres por todas partes. Al leer las guías, el entorno asusta. Aquí se juntan unos 130 cráteres que entre 1783 y 1784 emitieron unos 14.000 millones de metro cúbicos de lava, causando la erupción más importante de la que se tiene registro en la Historia Mundial (y lo pongo así en mayúsculas porque acojona más). En Islandia murió una de cada cinco personas, además del 80% de las ovejas y el 50% de los caballos, pero los efectos se sintieron en todo el planeta. Cuenta la leyenda que el pueblo de Kirkjubæjarklaustur, muy amenazado por las coladas de lava, estaba reunido en la iglesia escuchando el eldmessa, el sermón del fuego que el párroco local Jón Steingrímsson predicaba. El río de lava se detuvo justo a las puertas de Kirkjubæjarklaustur…
En la cima, a día de hoy sin rastro de actividad tectónica, una serie de mini-volcanes en fila india nos lleva la vista, de nuevo, al gran glaciar Vatnajökull. Realmente es casi imposible levantar la cabeza en esta zona de la isla sin toparse con esta bestia de hielo.

De vuelta a nuestra base, la zona de Skeidararsandur (Mordor para los amigos) sigue tan desértica como siempre, pero con el añadido del viento. Que se lo digan a la caravana que ha volcado y que encontramos custodiada por la policía… ¡qué inhóspita puede ser esta tierra! Suerte que el progreso nos permite cerrar el día con una deliciosa trucha (tercer día y primer rastro de pescado) y una sesión de hot tub y sauna. Buenas noches. Mañana, Vatnajökull…
Máxima: 15º
Mínima: 6º