El clima en Islandia es muy clave. Un viaje con mal tiempo y otro con bueno pueden ser tan diferentes como para acabar odiando o amando la isla. A nosotros el tiempo nos ha tratado de maravilla… hasta hoy. Así que no podemos, o no deberíamos, quejarnos de un día (uno) de lluvia. Pero el caso es que la lluvia nos ha estropeado uno de los planes más importantes: Vatnajökull.
Vatnajökull: 8100 km² de hielo, con un espesor medio de unos 400 metros, llegando a un máximo de mil. Para hacernos una idea más fácilmente: es el trozo de hielo más grande fuera de los polos, tiene tres veces el tamaño de Luxemburgo y pesa unos… tres billones de toneladas. La idea de aproximarnos a un gigante así (de grande y de bonito) es casi más motor que nuestro Vitara. Grand Vitara, perdón…

Una vez en Skaftafell, porrazo de realidad. Llueve, y va a seguir lloviendo durante mucho rato. Y probablemente mucha cantidad de agua… Al pie del Skaftafellsjökull hay un poco de decepción: tocar un glaciar o subirse a él no es tan sencillo como parecía. Hay un plan B, muy suculento, que consiste en sobrevolar el Vatnajökull en avioneta. Brutal, sí, y carísimo. Así que descartado. Plan C: acercarse al máximo posible al glaciar, aunque para ello toque hacer el cabra. ¿Sí? Sí. Para allá que nos vamos Sergio y yo…
Camino bastante impracticable entre rocas y más rocas, algunas resbaladizas, y con la amenaza del agua a menos diez mil grados a nuestros pies. Tengo que confesar que hubo un momento que me vi chapoteando allá abajo… pero una mano amiga siempre soluciona una crisis. La vuelta, entre el cansancio y la lluvia, elimina las ganas de iniciar una nueva ruta. Desde el estadio Vatnajökull, minuto 90, resultado final: Clima Islandés 1, Nosotros 0…
Pero las cosas siempre pueden ir peor. Si el Vatnajökull nos ha ganado por la mínima, Jökulsárlón nos ha goleado. Una lástima, porque todas las referencias eran espectaculares… Siento no poder ser más preciso, pero Jökulsárlón es una página en blanco en nuestro diario islandés. Siempre nos quedará internet para saber más sobre él.

Aunque, al final, Islandia siempre te da lo que te quita. Humarofnin (creo que se llama así…) es nuestra recompensa. Difícil expresar con palabras lo excepcionalmente exquisito que está el marisco en este pequeño restaurante de Höfn (pronúnciese como un hipo). Por si alguna vez vas allí, apunta: trozo de pan, hoja de albahaca, tomate crudo, colita de cigala, higado de cigala con black sauce, pink langostino sauce… y a comer. Atracón impresionante y postre a la altura. ¿Quién dijo que en Islandia se come mal?
Máxima: 14º
Mínima: 8º
Aquí la mano amiga. Para mí fue uno de los mejores días.