1:47 am

Nuestras bocas ya han sido debidamente presentadas, los labios primero, después tímidamente las lenguas y finalmente, tirando el protocolo por la borda, han aparecido los mordisqueos, los juegos de jugos centrifugados, las narices clavando la bandera del triunfo en la cara ajena, las frentes enfrentadas, los ojos cerrados… Nuestros cuerpos se estudian, saben que son el uno pasto del otro, que más pronto que tarde intercambiarán calor y sudor. Las yemas de los dedos se preparan para recibir miles de sensaciones, y por eso tiemblan imperceptiblemente. Casi a ciegas, porque ya hemos dejado la luz para quien la necesite, porque ya nos hemos ido a las sombras, empezamos el ritual, ése que la Humanidad lleva siglos repitiendo pero que nunca nadie ha sido capaz de ejecutar como tú y yo vamos a hacerlo esta noche de verano. Fuera quizá llueva, o nieve, o incluso sea de día. Quizá caigan meteoritos o se extingan millones de especies. Quién sabe… el universo no puede quitar los ojos de donde estamos tú y yo, no es capaz de retirar la mirada de la cerradura por la que ya se ve cómo las camisetas yacen en el suelo, ellas, pobres, primeras víctimas, lentamente acompañadas del resto de la tela que nos alejaba, que nos escondía, que nos afeaba. En todos los rincones de la casa se te oye respirar, en todas las esquinas de la ciudad se puede notar la maraña de tu pelo. Perdemos la vista y el gusto, cerramos el caudal de nuestro oído y nuestro olfato de manera que sólo nos percibimos mutuamente, nos quedamos con la piel como único medio de expresión, el tacto cómo única manera de conocimiento, y nos sobra. Nos basta con saber que el tiempo no cotiza en este mundo que acabamos de crear, nos basta con no saber qué parte de mi cuerpo es ahora mismo más tuya que mía, nos basta con esperar la explosión, y con andar el camino que hasta ella hay saboreando cada paso. Subimos, subimos, y nunca caeremos. Hoy, ahora, nos aúpa la adrenalina del momento; mañana lo harán las risas.

Manel y Els millors professors europeus

Portada del disco de Manel, Els millors professors europeus

Es muy posible que ya haya hecho mi descubrimiento musical del año: Manel. Para quienes no los conozcáis, se trata de un grupo de Barcelona que canta en catalán (que nadie se eche atrás por el idioma) y que por suerte han puesto mucho más empeño en su música y sus letras que en bautizarse. Manel me daba pereza, me parecía el típico grupo que se pone de moda, del que hablan bien en todas partes y que hay que escuchar. Y no me daba la gana. Es una reacción muy propia de mí y, oiga, muy válida, siempre y cuando tuviera al menos la decencia de escuchar ni que fuera una canción para poder opinar con propiedad, cosa que nunca acostumbra a ser así. Al final escuché el disco entero, porque la alternativa era saltar en marcha de un Peugeot 307 en plena autopista. Y me gustó. No puse mucha atención a las letras, pero las melodías, los instrumentos, me llamaron la atención lo suficiente como para bajarme el disco de internet al día siguiente. Se llama Els millors professors europeus y contiene 12 canciones, de las cuales cinco son buenas, otras cinco son muy buenas y sólo dos son prescindibles.

Me encantan las Corrandes de la parella estable (ens ha costat déu i ajuda arribar fins aquí), que por lo que me han dicho es el tema que cierra sus conciertos. Me encanta Ceràmiques Guzmán (on has estat tot aquest temps?), que parece una experiencia religiosa pero que pasa cada día en cada lugar del mundo, mil veces por minuto. Me encanta Nit freda per ser abril (ell demà serà capaç, ella demà estarà més guapa), historia casi más común que la anterior narrada con envidiable gracia. Y sobre todo me encandilan Al mar! (així estirada se’t veu espectacular) y Ai, Dolors (res de tonteries, res de ser especials), dos canciones como la copa de un pino.

Un disco genial. Música y letras van de la mano, y ambas son originales, con un punto de surrealismo, pero terrenales a la vez. Evidentemente, el fin de semana me lo fui a comprar. Quizá mi inversión de diez euros sirva para que haya un segundo (éste es su debut). Aunque en realidad lo hice para lograr la sensación de darle una ficticia patada en la boca a Teddy Bautista…

BCN Blues

Suelo saltarme los semáforos cuando voy en bicicleta, pero ahora decido disciplinarme y me quedo en la línea de ruedas que espera el verde. No es civismo, es que acabo de ver una melena que bien podría ser la suya, asoma por debajo de un casco negro, negro con negro, y acaba casi en el asiento de esa moto negra, más negro, que ya ha arrancado, verde ahora, que ya se va. La sigo, claro que la sigo, aunque tenga que atravesar de derecha a izquierda la calle la sigo. La sigo cuando gira Balmes abajo, la veo entrar en Pelayo, la pierdo al llegar a Ramblas, pero intuyo que ha bajado de nuevo, que va hacia Colón, y así es, porque un semáforo me la acerca, y aunque sigo sin saber si es ella no paro de pedalear, y me subo a la acera, libre de semáforos y de buses rojos y de taxis antófilos y de otras motos que no son negras pero que también me dan miedo. Ya estamos en Colón, ya hemos dejado atrás Colón, ya llegamos a la Barceloneta, ya vuelvo a la calzada, ya se espesa el tráfico, ya serpenteamos entre los coches, ya me levanto en la bici para ponerme a su altura, ya me salto el ámbar, ya se escapa, ya me quedo en el suelo, ya sale el conductor del Ford con las manos en la cabeza, ya se oye la ambulancia. Y horas después, lo que se oye es silencio de hospital; y días después, lo que se ve es la luz del sol desde la quinta planta; y semanas después, lo que se huele es la rabia de la sala de rehabilitación; y un mes después, por fin, lo que se toca es el aire de Barcelona con la palma de la mano abierta. Mañana me compraré una moto. Porque ella tiene una bici, y quizá no tanta suerte como yo…