Gabriel Ramírez Lozano

Hace unos meses me agregó al Facebook un tal Gabriel Ramírez Lozano. Ni idea de quién era, pero chafardeando un poco vi que tenía relación con la literatura, así que acepté. Ahora conozco su blog, que os recomiendo, y he leído cosas como ésta.

El bebé se había dormido y aproveché para sentarme en un banco a leer tranquilamente. No es habitual tener una oportunidad así, había que aprovechar. Casi al mismo tiempo, una mujer mayor (decir que era muy anciana es más exacto) se acomodó a mi derecha. “Qué suerte tienes, hijo, yo hace años que no puedo leer por la dichosa vista”. “Si quiere puedo hacerlo en voz alta”. Asintió, cruzó las manos apoyándolas en el regazo y esperó. Volví a abrir el libro por la primera página. “Enterrar a los muertos” de Ignacio Martínez de Pisón. Narra el asesinato de José Robles (poeta, ilustrador, traductor y profesor republicano) y el intento de aclarar el asunto por parte de John Dos Passos. Excelente obra. El bebé dormía, ella escuchaba, yo leía. Llegamos a la página cincuenta y uno. Guzmán se había despertado demandando algo de atención. Quise regalarle el libro. “Así se lo podrá leer un hijo o algún nieto”. “Vivo sola, guapo. Mis hijos vienen a verme de pascuas a ramos. Vivo más sola que la una”. Salimos juntos del parque. Se agarró de mi brazo y caminamos despacio hasta la puerta de la calle Menéndez Pelayo. Fue un rato estupendo. Me contaba, parando a cada poco, que ella vivía en Madrid cuando sucedió lo que Martínez de Pisón cuenta en su libro. No lo recordaba bien. La memoria apenas alcanzaba para poder rememorar el dolor de tripas cada noche por la falta de una cena abundante, a veces de una cena a secas. Un hermano pequeño, que murió antes de acabar la guerra, se llevaba buena parte de las raciones de los mayores. Once hermanos el año treinta y seis. Cuatro el treinta y nueve. “Ves que fácil es hacer feliz a una persona mayor. Sólo hay que hacer como si existiéramos, dejar que recordemos y escuchar un ratito”. Aunque me puse algo pesado, no dejó que le acompañase hasta su casa. Hemos quedado en vernos los domingos, en el mismo banco, a la misma hora. Quizás el próximo le pregunte su nombre. No estoy seguro de quererlo hacer porque el vínculo será un poco mayor. En casos como este, no se puede fallar. No me lo perdonaría. De todos modos, quiero pensar que este no será el único libro que leamos juntos. Y es que llevo un par de días pensando que los ancianos existen aunque nos hagamos los locos. Y lo peor de todo es que nos estamos perdiendo lo mejor. Eso es seguro.

2 comentarios en “Gabriel Ramírez Lozano

  1. Jo tenia un projecte amb una persona gran… escriure la seva biografia. Vaig arribar tard, quan ja havíem planificat una rutina de dinars i gravacions, va decidir marxar. I jo de cop i volta, em vaig trobar amb un full en blanc i moltes llàgrimes.

    Ara, ja només em queda l’àvia, que viu el seu dia a dia, però això no treu que no vagi un cop per setmana a fer una partideta a la brisca amb ella i la seva companya d’habitació a la residència. I la veritat que l’agraïment que veus en els seus ulls és colpidor.

    Un dels més grans tresors d’una persona és la seva joventut, i molts d’aquests ancians la van veure convertir en una prova de supervivència. Només per això, es mereixen tot el meu respecte i admiració.

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