Sí, toca hablar de fútbol. De lo de Sudáfrica. Y como es algo que debe ser escrito en caliente… allá vamos, antes de que pase más tiempo.
Mi primer recuerdo de un Mundial es Italia ’90. Apenas recuerdo partidos o jugadas concretas, son más bien imágenes mentales de aquella tele, de aquel verano, de cómo recreábamos los enfrentamientos en un pequeño trozo de césped, de cómo me llamaban Maradona (por el pelo rizoso, no os engañéis), de cómo Italia cayó con Argentina en semis… De España poco: la falta que nos mete Stojković y ya está. En USA ’94 ya recuerdo la colección de cromos, el gol de Goiko, la cagada de Salinas (con audio, por favor…), el cabreo de Luis Enrique, las rastas de Larsson, etc. Eso sí, recuerdo que no vi el partido de cuartos de final. Debía de estar jugando a fútbol…
Francia ’98 me pilló a medio camino entre Barcelona e Irlanda. Antes de irme me dio tiempo a despedir a España, que hizo las maletas en la primera fase pese al 6-1 a Bulgaria. En Dún Laoghaire recuerdo los goles de Francia, pero sobre todo la semi entre Holanda y Brasil. En 2002, llegaron los madrugones y la rabia de los penaltis, y en 2006 el lado profesional. Y ahora, 2010. Un Mundial al que no sólo llegábamos, como siempre, con buenos jugadores, sino con el posiblemente mejor equipo del mundo. Jugadores, además, acostumbrados a ganar todos ellos, tanto con la selección como con sus clubes. Una generación de oro.
No podemos decir que hemos ganado el mejor Mundial de la historia. La final, sin ir más lejos, debió de ser bastante insufrible para los no implicados. Nuestra media goleadora, por otro lado, no ha sido para tirar cohetes: 1-0 en los cuatro choques de eliminatoria directa. Y el juego en general ha estado dos peldaños por debajo del de la Eurocopa.
Pero, bendito Boskov, fútbol es fútbol, y a la hora de ganar lo demás se suele retirar de la mesa. Además, España ha sido posiblemente la mejor selección del torneo, junto con la inesperada (aunque eso es mucho decir de los que según Lineker siempre ganan) Alemania. Ha tenido un delantero excepcional con Villa, desgraciadamente apagado en el tramo final; ha superado la complicadísima situación de Torres; ha vuelto a colocar los focos en el mediocampo; ha hecho suspirar a medio planeta por una pareja de centrales; ha confirmado que Casillas sigue siendo el rey; y ha dado la alternativa a los que serán los jefes mañana: Busquets, Llorente, Pedro…
Hace mucho, creo, que los Mundiales no emocionan del todo. El torneo de este año tenía que ser el de Messi, porque una ley no escrita de los Campeonatos del Mundo es que necesitan un rey. Pelé es la máxima expresión del idilio futbolista-Mundial, pero otros como Cruyff tuvieron su momento (abortada por Alemania, claro), y la jugada de todos los tiempos de Maradona aún resuena en muchas cabezas.
Quizá el rey de este año sea una Reina…