Este agosto en Barcelona

Los agostos en la oficina siempre son una buena opción para los que se quedan en ella. Agosto es un mes muy raro, como el verbo ser o el número cero, un mes al que solo los otros once dan sentido. Aunque en última instancia tú decides lo que haces con él, si lo pones a la derecha o a la izquierda del uno, si le das valor o lo dejas languidecer. Si lo mandas a la izquierda tienes a mano el discurso de la primera frase, muy socorrido y posmoderno.

La realidad es otra. La realidad posiblemente es que estés dejando escapar esa sensación que es agosto. Quizá no puedas hacer mucho, porque los auténticos agostos mueren jóvenes. Empacho de dibujos, remojo, comida rápida, partida de Risk, de Trivial o parchís, pelotazos, más remojo, estrellas, una perfecta partida de escondite. Y un beso que por suerte que nunca llega porque cuando lo haga ya no habrá más primeros. Agosto son coches, risas, orquestas y camisetas de encargo. Es playa porque sí, es la sala de espera de un aeropuerto, es preguntarte qué coño le ven al duty free. Es césped, es el codo apoyado en la ventanilla, son escotes, son picaduras, chanclas, casas vacías, polvos perlados de sudor, melón y café a lengüetazos, canciones mudas que de repente florecen, bicicletas, escarabajos azules, grillos tenores. Son trenes vistos desde el andén, y viceversa. Son cartas, postales que nunca llegan, y tabaco rubio en los ojos, y arena en los bolsillos, y paredes heladas, y eternas proclamas fugaces, y mitos y leyendas y recuerdos…

Héroes caídos

Fútbol y alrededores. El culebrón de cada verano no se lo llevan este año ni Barça ni Madrid. Se lo llevan los medios: la SER, la Cope y aledaños. Es triste que los medios sean noticia en los medios por motivos tan barriobajeros…

Todo empezó con una reunión previa al Mundial 2010, entre Paco González y directivos de la Cadena SER. Reunión en la que las diferencias entre ambos bandos llevaron al director de Carrusel Deportivo a decir adiós a su casa durante 23 años. Paco estuvo en Sudáfrica con Telecinco y de cara a la Liga 2010/11 escuchaba ofertas. Hubo muchos rumores, y al final una decisión: González a la Cope. Y con él, medio equipo del que era el programa líder en su franja. Del posiblemente mejor programa deportivo de la radio. Una fórmula radiofónica casi perfecta.

Apunta: Pepe Domingo Castaño, Juan Antonio Alcalá, Joseba Larrañaga, José María Minguella, Emilio Pérez de Rozas, Miguel Rico, Manolo Oliveros, Tomás Guasch, Poli Rincón, Antonio Martín Petón, Miguel Ángel Paniagua, José Francisco Pérez Sánchez… Estos, otros menos famosos y algunos más que seguramente me dejo es lo que la Cope pesca en la SER, que deja el Carrusel Deportivo en manos de Javier Hoyos como director y Juanma Ortega como animador, con Laura Martínez y Antonio Romero también fortalecidos. Con todo, me atrevería decir que lo único potente que mantiene la SER es la voz de Manolo Lama, un auténtico animal audiovisual, el mejor narrador de la radio de calle.

Lo del post, sin embargo, no va por esto. Va por los aledaños, por los daños colaterales. La Cope, queramos o no, es la Cope. La radio de la Iglesia, lo cual ya es toda una declaración de principios. Decía Paco González que jamás hubiera hecho lo que ha hecho si Losantos siguiera allí. Bueno, vale, de acuerdo. Pero la Cope sigue siendo la Cope. Lo grave es que todo esto ha evidenciado que la SER también es la SER. Cito parte del comunicado emitido tras el fichaje de medio Carrusel por la competencia:

El objetivo de la radio de los obispos consistía en desmantelar la redacción de la Cadena SER compuesta por más de 600 profesionales, entre periodistas, productores y técnicos. Escasamente han logrado fichar a un reducido grupo de 20 individuos entre técnicos, productores, becarios y colaboradores, pertenecientes al programa Carrusel Deportivo. Para ello han prometido contratos que multiplican por cuatro los salarios más elevados del mercado en el seno de una empresa, como la Cadena Cope, en pérdidas y sometida a un ERE, para despedir a 200 trabajadores y una reducción lineal de los salarios del 15%.

Dudo que se pueda destilar más bilis sin caer abiertamente en el insulto. Hay más:

Paralelamente, la dirección de la Cadena SER tenía decidido renovar el equipo de Carrusel Deportivo por el evidente agotamiento de algunos de sus integrantes y la necesidad de incorporar profesionales más preparados para la era digital.

O sea, es aquello de no te vas, te echo yo… Otras voces autorizadas de la emisora de Prisa han alzado la voz para soltar perlas de este calibre: “¿Qué pensarán los párrocos de los pueblos que malsobreviven [sic] con una pequeña asignación económica al conocer esos contratos millonarios?”, dice uno; “Pepe Domingo Castaño es un grandísimo profesional y un tipo encantador, pero ha cumplido ya una edad muy importante y a lo mejor algún día tiene que pensar en dejarlo”, afirma otro. Elegantísimo. A la Cope, como respuesta, no se le ha ocurrido sino fichar a más gente. La nieve en la bola de nieve… Y volviendo a la reunión del principio, no puedo dejar de pensar en Paco González defendiendo a Jorge Hevia por lo sucedido durante la Superbowl 2010.

Desde luego que no sé cómo será esta Liga en lo deportivo, pero la batalla en la radio se presenta brutal. Y habrá más héroes caídos…

Islandia, año uno

Hace justo un año me iba al (hasta ahora) mejor viaje de mi vida: Islandia. A uno de los cuatro lugares del mundo que no me quiero morir sin pisar y con una compañía espectacular. Islandia sigue siendo un recuerdo maravilloso, un país que siempre estará ahí, y al que espero volver por lo menos una vez. Es un país especial. La historia de Jón Gnarr lo demuestra

Jón Gnarr es actor, humorista y, desde el 15 de junio, alcalde de Reykjavík. El vídeo de arriba es un cachito de su campaña electoral, basada en una premisa: da igual lo que prometamos, no lo vamos a cumplir. Un poco como los políticos de verdad, pero sin pelos en la lengua. En cualquier otro lugar del mundo probablemente Gnarr no hubiese pasado del centenar de votos; pero en la Islandia seriamente sacudida por la crisis financiera, desengañada y valiente (habrá quien diga inconsciente), su Best Party logró la mayoría en las elecciones a la alcaldía. Se hizo con 20.666 votos, casi el 35%, y con ellos obtuvo seis escaños que le dieron la palabra para negociar.

Gnarr había prometido en su programa electoral sandeces del tamaño del Vatnajökull: toallas gratis en las piscinas públicas, un Disneyland a las afueras de Reykjavík, liberar de drogas el Parlamento (pero en 2020, eh, sin prisas…), un oso polar para el zoo de la ciudad (¿?), exiliar a los delincuentes financieros en un barco anclado en medio del mar… Y cuando la gente le votó, cuando llegó la hora de pactar con los partidos de verdad, no se detuvo. Lanzó otro órdago, negándose a pactar con todo partido cuyos miembros no hubieran visto The Wire, la serie de David Simon. Y aquí cito al maestro Casciari, porque yo (perdona Hernán, perdona Jón) tampoco he visto The Wire:

Un visionado de The Wire debería ser obligatorio. Una serie que es mucho más que una serie: es un tratado sociológico acerca de la corrupción humana desde las ópticas del tráfico de drogas, las aduanas portuarias, la enseñanza, la Justicia y los medios de comunicación. La vida misma, en cinco entregas

Echo de menos Islandia…