Despegue

…y es el olor de tu pijama, que aún flota por la cama, lo que me sube otra vez arriba, después de oír esa historia que nadie debería contar en primera persona, esa historia que en el fondo siempre es la misma, y que nosotros nunca haremos nuestra porque no nos gusta, así de sencillos somos, así de lógicos y básicos y primarios, no nos gusta y no la queremos porque nos pone plomos en la cintura y nos manda al fondo, y subo otra vez arriba, estaba diciendo, algo achispado por las estrellas, las de la noche y las otras dos, subo ahora que el viaje va a empezar y que no sabemos dónde anda la pista de aterrizaje, ni nos interesa, porque ya vendrá, porque lo único que queremos es flotar en el aire para ver las cosas desde el cielo, o en el agua para verlas desde el fondo, pero siempre lejos del ruido del suelo que nos tiñe de gris, que nos envenena, que nos desespera.

Cenizas

Siempre lo he dicho: los cambios de theme son la medicina ideal para hacer revivir un blog cuando las cenizas ya casi apagan el fuego. Dos meses son mucho robo de oxígeno para cualquier fuego, así que rediseño en mano vamos a limpiar cenizas y avivar esto. Cenizas como las de Islandia, que están volviendo locas a media Europa…

Nos hemos saltado, nada es gratuito, marzo. Con su efemérides. Cinco añitos de blog…

Decepcionar

Hacer perder las ilusiones, dice la RAE. ¿Tienes presente la última vez que decepcionaste? Hablo de decepcionar en serio, y en concreto a decepcionar a alguien querido. Una de esas cagadas gordas, vamos… Yo tengo presentes, ahora mismo, unas cuantas. En estos días, no sé bien por qué motivo, me gustaría purgar una y no encuentro la manera. A veces las decepciones se quedan tan bajo la piel de la otra persona que no hay manera de recuperarlas… En este caso concreto, una batalla perdida, me gustaría poder sacar esa decepción de debajo de esa piel (estoy seguro que está bajo la piel, podría quizá hasta señalarla con el dedo, trazando un círculo) y llevármela un rato a casa.

Adiós, Islandia

Último post islandés, el del adiós a la gran isla.

Iceland: su nombre no es gratuito

Noveno amanecer en Islandia. Hoy es 29 de agosto y nos toca visitar, esta vez en serio, Reykjavík, que hemos dejado para el final. Será un día de compras y de relax, porque la experiencia de Mývatn nos ha convencido de que debemos probar el Blue Lagoon. Así que de buena mañana nuestro Grand Vitara se para ante el primer y último peaje que abonaremos al gobierno islandés, justo a las puertas de la capital. No repetiré las dimensiones de Reykjavík, ya sabemos que es una ciudad pequeña. En busca de souvenirs damos con la principal calle comercial, Laugavegur, que desemboca al oeste cerca de un pequeño lago, el Tjörnin. A su alrededor están algunas universidades, el ayuntamiento y, un poco más allá, el parlamento nacional. En Laugavegur compramos y comemos, dejando luego atrás Reykjavík rumbo al Blue Lagoon con la sensación de que es una ciudad maja. Nos queda una asignatura pendiente: probar su afamada vida nocturna. Queda como deberes para otro viaje…

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Islandia, día ocho

Penúltimo día completo en Islandia, que se inicia con un empacho de coche. Casi seis horas de Grand Vitara que nos llevan desde la parte central del norte (Akureyri) hasta el medio oeste, en la península de Snæfellsnes. Una zona dominada por Snæfellsjökull, volcán y glaciar protagonista de la novela de Julio Verne Viaje al centro de la Tierra. En ella, un profesor alemán, guiado por las escrituras del sabio islandés del siglo XII Arne Saknussemm, se aventura a adentrarse en el volcán islandés acompañado de su sobrino y de un guía local, en busca del centro de la Tierra.

Empacho de coche

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Islandia, día siete

Con Goðafoss tan cerca, la primera cosa tras desayunar está clara: visitar la cascada de los dioses. Cuenta la leyenda que en el año 1000 el lögsögumaður (una especie de cargo relacionado con el mundo del derecho) Þorgeirr Ljósvetningagoði decidió que Islandia debía abandonar los ritos paganos escandinavos y convertirse al cristianismo. Como muestra, lanzó sus estatuas con las figuras de los dioses nórdicos cascada abajo, y de ahí el nombre. Nosotros no hemos lanzado nada: visita corta con una de las pocas fotos de equipo… y rumbo a Mývatn.

Goðafoss

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Islandia, día seis

Dettifoss

¿Desayuno islandés? Cascadas. Ración doble con Hafragilsfoss y Dettifoss. Esta última es quizá la más espectacular de todas las que hay en el país (en realidad cada una tiene un la más que la hace especial). Dettifoss es fuerza bruta, agua sucia… explicar lo que transmite es complicado, una mezcla de estímulos para la vista y el oído difícil muy especiales. Con los datos en la mano, Dettifoss es la cascada más caudalosa de Europa. No es especialmente alta (44 metros), pero sí ancha (100), arrastrando una media de 200 metros cúbicos por segundo, con picos de hasta 500 en épocas de deshielo. La espuma que levanta, dicen, se puede ver a un kilómetro de distancia. Hafragilsfoss es más discreta, pero mucho más accesible. Casi como un tobogán gigante.

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Islandia, día cinco

El hotel de la pasada noche ha resultado bastante flojo, la verdad, pero nos ha permitido consultar el pronóstico del tiempo para lo que nos queda de viaje. Vale, no es para tirar cohetes, pero por lo menos hoy Islandia nos respeta. Así que… tira millas. Nos vamos al lago Lagarfljót (el Ness islandés, con monstruo y todo) y al Hallormsstaðarskógur, aparentemente, la única acumulación de árboles en toda la isla con la suficiente entidad como para ser llamada bosque. Ah, y por supuesto a una cascada: Hengifoss. Sí, estamos en lo de siempre, puede parecer que Islandia es sólo cascadas, y en cierta manera es así (las palabras clave son cascada y oveja), pero nunca te cansas. El lago y el bosque no matan. Acostumbrados a bosques de verdad, a bosques frondosos, Hallormsstaðarskógur es bastante chiste. De hecho, hay uno que dice así: “¿Qué debes hacer si te pierdes en un bosque islandés? Ponerte de pie…” Es una idea bastante aproximada de lo poco que te marcan aquí los bosques. Digamos que Hallormsstadarskógur no es Lothlórien…

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Islandia, día cuatro

El clima en Islandia es muy clave. Un viaje con mal tiempo y otro con bueno pueden ser tan diferentes como para acabar odiando o amando la isla. A nosotros el tiempo nos ha tratado de maravilla… hasta hoy. Así que no podemos, o no deberíamos, quejarnos de un día (uno) de lluvia. Pero el caso es que la lluvia nos ha estropeado uno de los planes más importantes: Vatnajökull.

Vatnajökull: 8100 km² de hielo, con un espesor medio de unos 400 metros, llegando a un máximo de mil. Para hacernos una idea más fácilmente: es el trozo de hielo más grande fuera de los polos, tiene tres veces el tamaño de Luxemburgo y pesa unos… tres billones de toneladas. La idea de aproximarnos a un gigante así (de grande y de bonito) es casi más motor que nuestro Vitara. Grand Vitara, perdón…

Vatnajökull

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