De los 13.058 kilómetros de carreteras que tiene Islandia, sólo 4.397 son asfaltados. En los 8.661 restantes no hay ni rastro de alquitrán. Así que una cosa inevitable, pero interesante a la vez, de un viaje como éste es tener que cambiar los planes sobre la marcha. Improvisar. La idea de hoy era visitar Hekla, pero está demasiado lejos. Así que nos vamos a Laki. En cualquiera de los dos casos toca someterse a los requerimientos de una carretera marcada con una F… y aquí creo que toca hablar un poco del sistema viario islandés.
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Islandia, día dos
Una pena irse de Nupar, realmente una casa muy bonita. Hemos podido dejar nuestra firma en el libro de visitas, una costumbre muy propia de las casas de alquiler en este país. Es curioso echarle un ojo y ver la de gente que ha pasado por aquí. Mucho idioma ininteligible (¿islandés, noruego, danés?), mucho holandés escribiendo en inglés, pocos españoles… Algún dibujo y alguna recomendación útil con restaurantes y demás. Y hasta alguna luna de miel. Curioso…
Islandia, día uno
Madrugar de vacaciones siempre es menos madrugar. Nos vamos a Reykjavík, la ciudad fea (nos habían dicho), la ciudad grande, la ciudad de la catedral. Bueno, pues… ni fea, ni grande, ni catedral. Es una ciudad normal, la catedral no aparece (tampoco la estamos buscando) y lo de grande… definámosla. Reykjavík: 120.000 habitantes. Más o menos como Dos Hermanas o Mataró. El área metropolitana reúne a 202.000 personas, las mismas que Alcalá de Henares y Sabadell. El país, en conjunto, no llega a los 320.000 habitantes. Islandia es Valladolid.
Islandia, día cero
Me compré una Moleskine. La he llenado con unas 500 líneas de texto y media docena larga de partidas de Uno. Son todo ideas sobre Islandia, y desde Islandia. Islandia es el país más bonito que he visitado nunca. Tiene unos paisajes espectaculares, muy variados, con mucho verde y con mucho desierto volcánico, con litros y litros de agua en costas, ríos, géisers, baños, piscinas y cascadas, con ovejas y caballos… Islandia es naturaleza en la palma de la mano, sin peajes, vallas, cobros, chiringuitos, controles, aglomeraciones, esperas. Un país amable y cómodo, y aunque su clima no deja de ser complicado, es muy tolerable en verano. Me ha gustado casi todo lo que he visto y espero volver dentro de diez años o así. Me sobran los motivos.
Mi primera toma de contacto real con Islandia no podía ser otra: un periódico. Fréttablaðið, gratuito, el diario con más difusión del país. La única colección que hago (tuve una de pins, más o menos por aquella época en que todo el mundo, o al menos toda Barcelona, coleccionaba pins, y luego empecé con tarjetas telefónicas, durante los pocos años en que se pusieron de moda) es precisamente de eso, de periódicos. Periódicos de cualquier sitio. Si viajáis por ahí, ya sabéis… En fin, que me desvío. Primera toma de contacto, Fréttablaðið. Siempre me ha divertido leer periódicos en idiomas que no conozco, pero es que el islandés ni tan siquiera se intuye. Da lo mismo, al saco. La segunda (la segunda toma de contacto) es la claridad. Una de las cosas que más atraen de Islandia cuando te planteas visitarla es la opción de vivir en un día casi perpetuo. A finales de agosto, por desgracia, la cosa ya flaquea y las horas de luz son, hora arriba, hora abajo, las mismas que en Barcelona. Desde la ventana del vuelo de Iceland Air podemos ver al fondo una penumbra prometedora. Me gustaría pasar un año allí (aún es allí, aún estamos volando por encima de la superficie del Atlántico… brrr, me aterra sobrevolar océanos, mucho más que sobrevolar tierra firme; creo que pocas cosas me darían más miedo que caerme en medio del mar, a kilómetros de la costa). Me gustaría pasar un año allí y probar los efectos del exceso y defecto de sol. Veranos con sol de medianoche, inviernos de luz apagada… Digo un año porque no creo que pudiera aguantar más, me considero bastante fan de la regularidad. Así que aquí estamos, a bordo de un avión lleno de azafatas vikingas, camino a la luz, Laura, Naiara, Sergio y yo.
Islandia nos ha recibido con una señora bofetada. No sólo hace frío o mucho frío, o mucho-mucho frío: hace viento. Viento polar. Gélido. Toda una experiencia salir de la terminal y cruzar el aparcamiento con uno de los mayores fríos de nuestras vidas antes de meternos en el calor del Grand Vitara que nos servirá de segundo hogar durante los próximos diez días. Y toda una experiencia llamar por teléfono a un señor mayor, que nos sale a buscar a bordo de su ranchera blanca en medio de la nada y nos lleva hasta casa, cuatro tímidas paredes de madera que, sin embargo, están perfectamente equipadas para las noches islandesas. Al menos las de verano, claro… Y fuera, en el porche, una especie de piscina (más bien un jacuzzi sin los chorros) que invita al baño, por mucho que sean casi las doce y bufe un viento impresionante. Hace exactamente doce horas que subíamos al taxi dirección El Prat… no está mal. Hora de dormir, arrullados por el viento, que parece decirnos algo así como soplaré, soplaré y tu casa tiraré. Tenemos un fabuloso coche, tenemos coronas, tenemos los mejores nórdicos del mundo y un gran plan para mañana. ¡Sí!
Máxima: 6º
Mínima: 6º
Lýðveldið Ísland
Ahora sí…
Xaló!
Nuevamente, siete de los mejores hombres del ejército de los Estamos Unidos tienen una misión: ¡que arda Xaló!
Islandia
Calculo que dentro de un mes estaré (estaremos) en algún lugar de la costa sudeste islandesa. Es de esperar que ya hayamos visto Geysir y Gullfoss, y muy posiblemente estemos a un día o dos de bañarnos en la zona de Myvatn. Ay, creo que llevo demasiado tiempo pensando en este viaje y lo que me queda hasta subir al avión se va a hacer larguísimo. Por suerte, Barcelona en agosto es simpática…
A lo que viene este post: plagiando a Marc (com ens agrada linkar-nos, eh?), me he comprado una Moleskine para ir anotando cosas del viaje y subirlas después aquí. Supongo que no haría falta, que en Islandia será fácil encontrar conexiones, pero no tocar una tecla también forma parte de las vacaciones. Así que la crónica del viaje será en diferido…
Repasando, creo que tenemos lo más gordo: vuelos, coche y alojamientos. Nos falta concretar del todo la ruta, un ritual que celebraré a golpe de mapa, post-its y Lonely Plantet en mi terracita alguna tarde tonta de agosto, y acabar de decidir las actividades. Snorkel y kayaks están la agenda, ¿alguna recomendación especial?
Family guy
Alguna vez he hablado aquí de papá. Pocas, y poco transparentes. Tampoco he sido muy extenso con mamá… aunque sí certero. Pero de quien nunca o casi nunca he hablado es de mis hermanos. Anna y Marc, Marc y Anna. Dos pre-adolescentes en plena etapa de descubrir el mundo. Quizá lo más grande que me ha pasado en la vida…
Mi hermana es la pequeña: a punto de cumplir 13 añazos. Estoy convencido de que tiene mucho de mi madre cuando era niña. Es extremadamente cariñosa, con un punto ingenuo que te hace partirte, soñadora, responsable, muy creativa. Una persona a la que adoras, sí o sí. Mi hermano es dos años mayor, así que con 15 se puede decir que es prácticamente una personita. Está en esa edad en que absorbes con rapidez todo lo que ves. Es un chaval muy inteligente, tremendamente intuitivo y curioso, y casi tan responsable como su hermana. Aunque él se ha quedado con la parte analítica de la herencia genética. Sigue siendo muy familiar, cosa que posiblemente esté a punto de cambiar.
Dentro de poco empezarán a vivir cosas muy nuevas. Su primer beso, su primera gran bronca con los hasta ahora idolatrados padres, sus primeras mentiras, su primer trabajo, sus primeras lágrimas en silencio, sus primeras borracheras, sus primeros viajes… Seguramente porque me convertí en hermano mayor bastante tarde me falte un poco la noción de ser realmente hermano mayor. Ahora que los dos encaran esta etapa, que dejan la niñez, me pregunto cómo afectará eso a nuestra relación. Supongo que cuesta hacerse a la idea de que un buen día esos mocos que no levantaban dos palmos del suelo son casi adultos…
La vida en el metro (I)
El tabaco dejó un trono vacío: molestar en el metro ya no es lo mismo desde que no se puede fumetear en cogote ajeno. Varias modas han intentado tomar el relevo del cigarro, pero normalmente flaqueaban y no eran capaces de asumir la responsabilidad. Hasta que llegaron ellos…
No es extraño ver en las películas (ochenteras) americanas la típica pandilla de bad boys con un radiocasette enorme al hombro. Ese mamotreto desprendía cierto aire de autoridad, y contagiaba tanto a quien lo cargaba como a los que estaban cerca. De la misma manera actúan hoy algunos en el metro, sólo que ellos van equipados con un mínimo aparatejo cuya principal función es mantener conversaciones a distancia, no escuchar música. La estética del radiocasette, vista hoy, está un poco desfasada; la del móvil a todo trapo es lamentable desde el minuto uno, y sin embargo no es nada extraño verlo cada dos por tres. Y claro, lo grave no es que haya un móvil escupiendo música, no… lo grave es que en el 99% de los casos esa música es mala. Mala de cojones. Básicamente reggaeton, aunque no siempre. Y también en el 99% de los casos, el mismo tipo de personaje: joven, en grupo y con esa cara de estar de vuelta de todo. ¿No conocen la existencia de los auriculares? ¿O es que disfrutan molestando a los demás? ¿Tanto placer proporciona exhibir tu analfabetismo en público?
En próximos capítulos de La vida en el metro: Te mataría por pegarte a mí para poder colarte y Nonono, ¿cómo me va a importar que leas mi periódico descaradamente?.
Vacaciones 09
Hoy ha empezado mi periodo intervacacional, es decir, las cinco semanas y media entre los viajes a Tenerife (hecho) e Islandia (finales de agosto). Dos viajes bien diferentes: el primero podríamos decir que casi improvisado, con el único y sano propósito de desconectar. Un poco de playa, un poco de piscina, bastante fiesta y muchas risas. Ocho días cambiando el ordenador por el periódico, lo cual ha sido un auténtico placer, ni os podéis imaginar cuánto… El segundo, planeado desde hace varios meses, aunque aún le faltan pequeños detalles. Tenemos el alojamiento, tenemos coche y tenemos vídeos como éste:
Posiblemente, el viaje con mejor pinta de toda mi vida, y el primero con el que podré empezar a tachar nombres de mi lista de deseos: Canadá, Islandia, Japón y Nueva Zelanda. Y, como el amigo Marc, también el primero del que espero poder escribir algo serio.