Dosceroonce

Sería bastante estúpido esconderle a mi propio blog que 2011 ha empezado de la manera más descorazonadora posible, así que no lo voy a hacer. La Wikipedia, ese faro del siglo presente, habla de que en 2011 celebraremos el Año Internacional de los Bosques y el Año Internacional de la Química, que Pete Postlethwaite ha muerto, que la New Horizons llegará a Urano en su camino a Plutón y alguna que otra cosa más. Pero cada uno se hace su propio calendario, sus propios terremotos, y aquí no hay Wikipedia que valga porque la única luz la pones tú, hijo mío. Al folio en blanco que es cada año que descorchamos le pido que se deje escribir de mi puño y letra. Que no es poco…

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Orsai

Orsai

Ya está aquí, ya llegó Orsai. Con una portada sobria, con un marcapáginas amable y con tres meses por delante para demostrar qué es. ¿Qué es Orsai? Es una revista que compras a ciegas. Es una revista que cuesta quince periódicos del sábado. Es una revista de 200 páginas. Es una revista que huele muy bien. Es una revista capitaneada por el gran Casciari, por Hernán Casciari, por Espoiler. Es una revista que admite granitos de arena. Es una revista de papel grueso, muy legible, profusamente ilustrada. Es una revista medio argentina y medio española, pero con hueco para todos (un 0,5% de canadienses, un 0,2% de bolivianos, un 0,1% de húngaros…), porque es una revista de quien la compra y no de quien la edita.

Podrás leer de todo acerca de Orsai, el espectro es amplísimo. Desde el inmejorable post de José A. Pérez hasta quien diga (porque los habrá) que todo esto es un onanista ejercicio de periodismo fantasma. O similares. Da lo mismo, lo importante en realidad es que si quieres la puedes comprar.

Yo me he comprado una (y otra para Carmen, y otra para David) y la tengo encima de la cama. Me da un poco de miedo abrirla, porque no quiero que me decepcione. De momento solo he leído el marcapáginas, un delicioso marcapáginas que me impulsa a confiar en la suerte primero y a exiliarme a Canadá, Bolivia o Hungría antes de mediados de marzo.

También he leído el lema de la revista: nadie en el medio. Además de ser eufónico a rabiar, resume el espíritu de esto. De la cultura libre.

Me voy a leer Orsai…

Y Joaquín cantó

Sabina volvió el jueves a un radiante Sant Jordi para hacer lo que no pudo hace unas semanas: cantar. Y cerró la noche con dos horas y media de música, más cortas que la falda de la Magdalena. ¿Veredicto? Ay, Joaquín…

No he leído ninguna crítica (cuando acabe de escribir esto buscaré alguna), pero la sensación que me dejó el concierto fue de ay, Joaquín. Ay, qué mayores estamos. Ay, cómo cuestan algunas canciones (y lo digo claramente por La del pirata cojo, cortada y descafeinada). Porque sí, porque te vi algo encorsetado, te vi disfrutar poco de la noche, te vi con ganas de hacerlo bien, pero sin tanta pasión como otras veces. No sé si era porque echabas de menos al Nano, o si los grandes escenarios ya no tocan. Pero faltó un pelín de algo.

De todas maneras, como muy poco de Sabina es igualmente mucho, y como la fila dos es un auténtico lujo, la noche fue como para no quejarse. El Joaqui pasó de puntillas por Vinagre y rosas: Tiramisú, Embustera, Clicquot, Praga y creo que ya está… Yo eché de menos a Carmela, pero la verdad es que todos íbamos allí por los grandes clásicos. Y los hubo, claro: Princesa, Quién me ha robado el mes de abril, Por el bulevar de los sueños rotos, Aves de paso… Eso sí, ni rastro de Calle Melancolía y Ruido. ¡Imperdonable! Para compensar, se sacó alguna joyita de la manga. Qué grande ese Ganas de…, qué buenísimas las Pastillas para no soñar, qué redonda es Peor para el sol, qué grata sorpresa El caso de la rubia platino, qué guiño ese Contigo iniciado en catalán…

Eché también de menos a Olga Román. La nueva, Mara Barros, tiene voz y descaro, pero está un poco sobreactuada y sobre todo le falta la clase de Olguita. Especialmente en Una canción para la Magdalena… El resto de la banda estuvo correcta, y ya pueden ponerse las pilas porque por desgracia Sabina cada vez delega más. García de Diego se atrevió con Amor se llama el juego, una canción que tiene que cantar el Joaqui, sí o sí.

Por lo demás, magia pura. Sólo por oír cantar Medias negras, Noches de boda o Rosa de Lima a dos palmos ya merece la pena el año de espera, la cancelación y lo que se ponga por delante. Cuarenta y veinte son los que son, Joaquín, y se notan sobre todo en las miradas. Me quedo con tus ojos empañados al despedirte.

Ay, qué bueno eres

Hawaii

…y llegó el día.

A finales de febrero estaba en la FNAC haciendo un test (más de 50 preguntas multiopción) sobre la serie Lost. El 5 de marzo cambiaba un billete de tren destino Castellón (Madalena, festa plena!) para poder participar en la segunda fase. El 9 de marzo, mail:

He intentado localizarte en el teléfono pero no he podido. Te escribo para comunicarte que has ganado el sorteo del viaje a Hawai del concurso Perdidos. Por temas formales, necesito que me confirmes que aceptas el premio contestando al email.

Y mañana, a primerísima hora, avión. Por fin llegó el día de volar hasta Hawaii, el escenario real de la ficción más poderosa de los últimos años, Lost. Un destino lleno de leyenda, al menos para mí. Y encima con todo pagado, hotel de lujo, clases de surf, visitas a los escenarios (que queden en pie) de la serie… en fin, una delicia. Y, last but not least, acompañado de la persona que me animó a presentarme al concurso, la que ha hecho esto posible. Bueno, La vida es bella también ha echado un mano…

Os dejo con una canción de Israel Iz Kamakawiwo’ole, uno de los hawaiianos más famosos (con permiso del rey Kamehameha I). El vídeo contiene imágenes del día de su funeral. Piel de gallina…

Don Andrelo

Dos años más tarde, volvía Andrés

Andrés Calamaro en concierto

Calamaro hace lo que le da la gana. Un día se borra el twitter de manera incendiaria, al siguiente se enfrenta al público de Razz mientras se casca un buen concierto. No excelente, sí bueno. Muy bueno por momentos. Pero.

Pero con fallos gordos, como empezar más de 20 minutos antes de lo previsto. Toda una grata sorpresa para los que llegan antes, pero una gran jodienda para el resto. Con un estado mental evidentemente alterado, por decirlo mojándome sólo el meñique (fue él quien dijo “ketamina”), Calamaro no tuvo su mejor noche vocal, no recorrió su repertorio como éste merece y no acertó a hacerse entender. El público, parte de él, tampoco ayudó. Pero bueno, dejemos la política y los toros de lado, que esto es mucho más importante. E interesante…

Muy bueno por momentos, decía. Los chicos y Tuyo siempre (deliciosa) fueron las primeras grandes coreadas; yo tuve mi momento con El día de la mujer mundial, una canción que siempre acabo perdiendo en los bolsillos, y rescato, y acabo perdiendo en los bolsillos de nuevo. Y me reconcilié con AC cuando versionó la canción: No woman, no cry. No era complicado mejorar el crimen de El salmón, pero he de reconocer que me gustó mucho que la tocara. Habrá quien maldiga las versiones en los conciertos, pero para los que no pudimos ver al tío Bob en directo se agradece poder disfrutar de ese himno en vivo…

Calamaro salió a los bises como al concierto: desconcertando. Mágicas Estadio azteca y Flaca, inesperada (pero oportuna, por aquello del reciente Argentina 4 – 1 España) versión de las Cuatro rosas de Gabinete Caligari, y anticlimática Canal 69. Y adiós.

La acústica de Razz roza lo cochambroso. Y Calamaro es mejor en los conciertos cuando olvida la guitarra y se parapeta tras el teclado. Pero aún así, con todo, Calamaro es grande. Y toca Todavía una canción de amor como nadie. Y canta Paloma

Este agosto en Barcelona

Los agostos en la oficina siempre son una buena opción para los que se quedan en ella. Agosto es un mes muy raro, como el verbo ser o el número cero, un mes al que solo los otros once dan sentido. Aunque en última instancia tú decides lo que haces con él, si lo pones a la derecha o a la izquierda del uno, si le das valor o lo dejas languidecer. Si lo mandas a la izquierda tienes a mano el discurso de la primera frase, muy socorrido y posmoderno.

La realidad es otra. La realidad posiblemente es que estés dejando escapar esa sensación que es agosto. Quizá no puedas hacer mucho, porque los auténticos agostos mueren jóvenes. Empacho de dibujos, remojo, comida rápida, partida de Risk, de Trivial o parchís, pelotazos, más remojo, estrellas, una perfecta partida de escondite. Y un beso que por suerte que nunca llega porque cuando lo haga ya no habrá más primeros. Agosto son coches, risas, orquestas y camisetas de encargo. Es playa porque sí, es la sala de espera de un aeropuerto, es preguntarte qué coño le ven al duty free. Es césped, es el codo apoyado en la ventanilla, son escotes, son picaduras, chanclas, casas vacías, polvos perlados de sudor, melón y café a lengüetazos, canciones mudas que de repente florecen, bicicletas, escarabajos azules, grillos tenores. Son trenes vistos desde el andén, y viceversa. Son cartas, postales que nunca llegan, y tabaco rubio en los ojos, y arena en los bolsillos, y paredes heladas, y eternas proclamas fugaces, y mitos y leyendas y recuerdos…

Héroes caídos

Fútbol y alrededores. El culebrón de cada verano no se lo llevan este año ni Barça ni Madrid. Se lo llevan los medios: la SER, la Cope y aledaños. Es triste que los medios sean noticia en los medios por motivos tan barriobajeros…

Todo empezó con una reunión previa al Mundial 2010, entre Paco González y directivos de la Cadena SER. Reunión en la que las diferencias entre ambos bandos llevaron al director de Carrusel Deportivo a decir adiós a su casa durante 23 años. Paco estuvo en Sudáfrica con Telecinco y de cara a la Liga 2010/11 escuchaba ofertas. Hubo muchos rumores, y al final una decisión: González a la Cope. Y con él, medio equipo del que era el programa líder en su franja. Del posiblemente mejor programa deportivo de la radio. Una fórmula radiofónica casi perfecta.

Apunta: Pepe Domingo Castaño, Juan Antonio Alcalá, Joseba Larrañaga, José María Minguella, Emilio Pérez de Rozas, Miguel Rico, Manolo Oliveros, Tomás Guasch, Poli Rincón, Antonio Martín Petón, Miguel Ángel Paniagua, José Francisco Pérez Sánchez… Estos, otros menos famosos y algunos más que seguramente me dejo es lo que la Cope pesca en la SER, que deja el Carrusel Deportivo en manos de Javier Hoyos como director y Juanma Ortega como animador, con Laura Martínez y Antonio Romero también fortalecidos. Con todo, me atrevería decir que lo único potente que mantiene la SER es la voz de Manolo Lama, un auténtico animal audiovisual, el mejor narrador de la radio de calle.

Lo del post, sin embargo, no va por esto. Va por los aledaños, por los daños colaterales. La Cope, queramos o no, es la Cope. La radio de la Iglesia, lo cual ya es toda una declaración de principios. Decía Paco González que jamás hubiera hecho lo que ha hecho si Losantos siguiera allí. Bueno, vale, de acuerdo. Pero la Cope sigue siendo la Cope. Lo grave es que todo esto ha evidenciado que la SER también es la SER. Cito parte del comunicado emitido tras el fichaje de medio Carrusel por la competencia:

El objetivo de la radio de los obispos consistía en desmantelar la redacción de la Cadena SER compuesta por más de 600 profesionales, entre periodistas, productores y técnicos. Escasamente han logrado fichar a un reducido grupo de 20 individuos entre técnicos, productores, becarios y colaboradores, pertenecientes al programa Carrusel Deportivo. Para ello han prometido contratos que multiplican por cuatro los salarios más elevados del mercado en el seno de una empresa, como la Cadena Cope, en pérdidas y sometida a un ERE, para despedir a 200 trabajadores y una reducción lineal de los salarios del 15%.

Dudo que se pueda destilar más bilis sin caer abiertamente en el insulto. Hay más:

Paralelamente, la dirección de la Cadena SER tenía decidido renovar el equipo de Carrusel Deportivo por el evidente agotamiento de algunos de sus integrantes y la necesidad de incorporar profesionales más preparados para la era digital.

O sea, es aquello de no te vas, te echo yo… Otras voces autorizadas de la emisora de Prisa han alzado la voz para soltar perlas de este calibre: “¿Qué pensarán los párrocos de los pueblos que malsobreviven [sic] con una pequeña asignación económica al conocer esos contratos millonarios?”, dice uno; “Pepe Domingo Castaño es un grandísimo profesional y un tipo encantador, pero ha cumplido ya una edad muy importante y a lo mejor algún día tiene que pensar en dejarlo”, afirma otro. Elegantísimo. A la Cope, como respuesta, no se le ha ocurrido sino fichar a más gente. La nieve en la bola de nieve… Y volviendo a la reunión del principio, no puedo dejar de pensar en Paco González defendiendo a Jorge Hevia por lo sucedido durante la Superbowl 2010.

Desde luego que no sé cómo será esta Liga en lo deportivo, pero la batalla en la radio se presenta brutal. Y habrá más héroes caídos…

Islandia, año uno

Hace justo un año me iba al (hasta ahora) mejor viaje de mi vida: Islandia. A uno de los cuatro lugares del mundo que no me quiero morir sin pisar y con una compañía espectacular. Islandia sigue siendo un recuerdo maravilloso, un país que siempre estará ahí, y al que espero volver por lo menos una vez. Es un país especial. La historia de Jón Gnarr lo demuestra

Jón Gnarr es actor, humorista y, desde el 15 de junio, alcalde de Reykjavík. El vídeo de arriba es un cachito de su campaña electoral, basada en una premisa: da igual lo que prometamos, no lo vamos a cumplir. Un poco como los políticos de verdad, pero sin pelos en la lengua. En cualquier otro lugar del mundo probablemente Gnarr no hubiese pasado del centenar de votos; pero en la Islandia seriamente sacudida por la crisis financiera, desengañada y valiente (habrá quien diga inconsciente), su Best Party logró la mayoría en las elecciones a la alcaldía. Se hizo con 20.666 votos, casi el 35%, y con ellos obtuvo seis escaños que le dieron la palabra para negociar.

Gnarr había prometido en su programa electoral sandeces del tamaño del Vatnajökull: toallas gratis en las piscinas públicas, un Disneyland a las afueras de Reykjavík, liberar de drogas el Parlamento (pero en 2020, eh, sin prisas…), un oso polar para el zoo de la ciudad (¿?), exiliar a los delincuentes financieros en un barco anclado en medio del mar… Y cuando la gente le votó, cuando llegó la hora de pactar con los partidos de verdad, no se detuvo. Lanzó otro órdago, negándose a pactar con todo partido cuyos miembros no hubieran visto The Wire, la serie de David Simon. Y aquí cito al maestro Casciari, porque yo (perdona Hernán, perdona Jón) tampoco he visto The Wire:

Un visionado de The Wire debería ser obligatorio. Una serie que es mucho más que una serie: es un tratado sociológico acerca de la corrupción humana desde las ópticas del tráfico de drogas, las aduanas portuarias, la enseñanza, la Justicia y los medios de comunicación. La vida misma, en cinco entregas

Echo de menos Islandia…