27 de Agosto
2009
Con Goðafoss tan cerca, la primera cosa tras desayunar está clara: visitar la cascada de los dioses. Cuenta la leyenda que en el año 1000 el lögsögumaður (una especie de cargo relacionado con el mundo del derecho) Þorgeirr Ljósvetningagoði decidió que Islandia debía abandonar los ritos paganos escandinavos y convertirse al cristianismo. Como muestra, lanzó sus estatuas con las figuras de los dioses nórdicos cascada abajo, y de ahí el nombre. Nosotros no hemos lanzado nada: visita corta con una de las pocas fotos de equipo… y rumbo a Mývatn.

El nombre de esta región tampoco es gratuito. En islandés, mý significa mosca, y vatn quiere decir lago. Ni os imagináis la cantidad de insectos que rondan la zona, y lo pesados que son… El lago en sí es quizá lo menos atractivo de Mývatn; sus alrededores nos han servido para dar un paseo por una especie de parque con forma de laberinto que casi logra su objetivo, aunque al final hemos conseguido salir y volver al coche para ir a una de las zonas más espectaculares de la isla: Krafla.
Si la luna tuviera un infierno sería bastante parecido a Krafla. Desértico, pero con la constante amenaza de que algo bajo el suelo reviente. Krafla, al fin y al cabo, es una de las áreas de la isla que conservan actividad volcánica. Entre 1975 y 1984 hubo una media de una erupción volcánica al año, y aún hoy en día es perfectamente visible que algo se mueve ahí abajo. De todos los minivolcanes que pueblan la explanada nosotros hemos subido al Hverfell, una breve ascensión en la que cada uno ha marcado su propio ritmo…

Y, ahora sí, quizá dos de los momentos más espectaculares de este viaje. El primero ha sido bastante casual, ya que yendo en coche hemos empezado a ver unas pequeñas columnas de humo saliendo del suelo. Al bajarnos para chafardear hemos comprobado que se trataba de vapor, muy caliente, saliendo desde las abundantes grietas que rompen el suelo de la zona. La sensación es muy curiosa: un frío matador aún a pleno sol del día y, acercándose a medio metro de las grietas, clima mediterráneo al calor del vapor. Con la experiencia de sentirnos mejillones por unos momentos nos hemos puesto en ruta hacia Hverir.

Hablando en plata, y perdonad la franqueza, Hverir es un campo de mierda y barro. En realidad mierda no hay, pero el olor que flota en el ambiente casi hace desear que la haya. Hverir es una especie de congreso de bombas fétidas, un festival de la peste, un sitio donde agradeces llevar bufanda… para taparte la cara. Los sulfuros y alguna sustancia más de las que, literalmente, hierven en charcos como el de más arriba son las responsables del hedor a huevos podridos que reina en todo momento. Más allá de esto, la verdad es que es muy impresionante contemplar que la Tierra está viva, que bajo nuestros pies tenemos una fina capa firme pero debajo hay un movimiento constante, y los minilagos de barro de Hverir son ventanitas a ese mundo subterráneo. Por cierto: ojito si visitáis la zona porque es peligrosa, no seríais el primer turista que sufre quemaduras graves por hacer el tonto y acercarse demasiado a estas calderas. Ah, atentos al siguiente vídeo y a las onomatopeyas de los guiris…
Después de medio día de caminatas, subiendo y bajando, ha llegado el turno del relax en los Mývatn Nature Bath, unas bañeras naturales al aire libre con agua a casi 40 grados. Claro que Mývatn no iba a dejar tranquilas a nuestras narices tan fácilmente: el olor ambiente es bastante similar al de Hverir. Bueno, en realidad es mucho menos intenso, pero a mí me dan arcadas por momentos… El agua es de un azul turquesa intenso, y justo al lado hay una sauna para ir combinando un rato de remojo con otro de sudor.

Los baños de Mývatn no son los más importantes del país: los del Blue Lagoon, a tiro de piedra de Reykjavík, no sólo son el triple de grandes sino que además se les considera como la principal atracción turística de la isla. Y, por tanto, la más masificada. Por eso nosotros elegimos en su día venir a Mývatn en lugar de al Blue Lagoon, aunque la experiencia ha sido tan genial que planeamos repetir en la capital.
El estado de relax en el que dejamos los baños nos acompaña hasta Akureyri, la segunda ciudad más importante de Islandia. Allí seguimos llenando la bolsa de los souvenirs, probando capuccinos y chocolates calientes y decidiendo qué seríamos cada uno si en lugar de humanos fuésemos frutas, animales o colores. Hacemos noche, muy cerca del núcleo urbano de Akureyri, en un super-cottage con barbacoa, hot tub y un salón enorme. Hay tiempo para un rato de lectura y para una partida de Uno con regalo incluido: fregar los platos.
El tiempo islandés se agota…
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Máxima: 13º
Mínima: 8º
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Tags: islandia, viajes
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