Meme (XV)

Buceante, Arnau, la patata gigante… llámalo como quieras. Él y sólo él me ha pasado este meme con aroma (inevitablemente) a siglo XX. Sí, amigos, uno tiene que recurrir a la centuria anterior cuando quiere echar mano a sus series favoritas. Aaaay… Seguramente me haya dejado alguna, pero mi memoria es así de maja. En cualquier caso, las 30 me gustan, y algunas incluso me encantan. ¿Las reconocéis?

Meme de series miticas

Mmm, bueno, hay algunas bastante recientes, las verdad. Por cierto… me hubiera gustado ilustrar el post con fotos mejor buscadas, más frikis, pero 30 fotos son muchas, qué palo… Como siempre, si alguien quiere recoger el meme, es todo suyo.

Las series de mi vida

No recuerdo cuándo me hice exactamente un fan de las series, pero a día de hoy puedo decir que juegan o han jugado un papel en mi vida. Algunas de las que sigo actualmente son, en mi opinión, obras infinitamente superiores a cualquier película o producción artística; otras, más antiguas, han sabido envejecer perfectamente. De modo que creo que todas ellas merecen un repaso…

La primera serie que recuerdo seguir con pasión, y que además con el paso de los años no me provoca cierto sonrojo (como sí lo hacen Padres forzosos, Salvados por la campana y demás joyas noventeras) es Aquellos maravillosos años, de la que ya he hablado en alguna ocasión. Sigo pensando que es de las mejores series de la historia de la televisión, y sigo esperando verla en DVD algún día de éstos. Donde sea, y en el idioma que sea… Como de ésta ya hay un post dedicado, paso de largo.

Bola de drac (no concibo Dragon Ball en otro idioma que no sea el catalán) es sin duda la mejor serie de animación que he visto nunca. Una serie de buenos y malos, con la curiosa condición de que los buenos siempre son buenos, pero los malos no lo tienen tan claro (excepto Freezer). No lo neguemos, los mejores personajes de Dragon Ball eran Satanàs Cor Petit (Piccolo) y Vegeta. Hasta el monstre Boo tenía su lado bueno. En realidad, no sé si era un malo con lado bueno o un bueno con lado malo… El caso es que la mezcla de acción, humor y épica era explosiva. Y como en toda gran serie, y más si llevaba el sello del maestro Akira Toriyama (véase también el Dr. Slump), la galería de personajes secundarios la llenaba de vida.

Quizá la siguiente etapa fue Ally McBeal. Me encanta como se escandaliza mucha gente cuando me declaro enamoradísimo del personaje que interpretaba Calista Flockhart… ¡Sí, estaba extremadamente delgada, pero no me gustaba su físico! ¡Sí, estaba como un cencerro, ¿y qué?! En fin… supongo que la serie me pilló en el momento justo. Recuerdo muchas noches hasta las mil, en aquella época en que Telecinco (supongo que lo sigue haciendo con otras series) disfrutaba emitiendo un capítulo de estreno a las 22.00 y varios centenares más acto seguido, hasta que Crónicas me mandaba a la cama. No hace mucho me dio un ataque de nostalgia y me hice con varios episodios de la serie. Digamos que no ha envejecido todo lo bien que debiera, pero Richard Fisk y Bizcochito siguen siendo dos personajes cómicos tremendos…

…y llegó Lost. Una de las mejores series que he visto nunca, tanto por su factura técnica e interpretativa, como por la calidad de sus guiones y, sobre todo, por el nivel de seguimiento que tiene. Un capítulo de Lost dura mucho más de tres cuartos de hora, y en mi caso, también por razones laborales, puede ser un ejercicio de teorización, discusión y debate. Piedra angular de Todoseries y Bharma, Lost ha merecido varios posts en este blog, y los seguirá teniendo. No hay duda: una de las tres series de mi vida.

¿Padre de familia o Los Simpson? Ambas podrían ser series de mi vida, pero la de los de Springfield se baja del carro por agotamiento. Es muy buena, pero no me ha marcado tanto, ni me ha hecho reír tantísimo, como las movidas de los Griffin. También ha tenido aquí su ración de posts, de modo que no insistiré. Pero certifico que la idiotez de Peter, la maldad de Stewie, la ingenuidad de Chris, la magia de Lois y el pesimismo de Meg me roban el corazón.

Rápido repaso a un trío de series made in Spain que, sin ser de mi vida, sí que me han tenido horas y horas cara a la televisión / ordenador: Los Serrano (defenderé ante quien haga falta que Fiti es uno de los mejores personajes cómicos de la televisión española), Hospital Central (en el fondo, cuando la empecé a ver, sabía que allí estaría Marian Álvarez) y Aquí no hay quien viva (guiones milimétricos, actores de campeonato)

Acabo con dos joyitas que aún están en emisión, seguramente menos conocidas que Lost, y que recomiendo encarecidamente. Un drama, Friday Night Lights, y una comedia, How I met your mother.

La primera narra la vida en un pueblecito de Texas donde lo más importante para la mayoría de la población es lo que sucede el viernes por la noche en el campo de los Dillon Panthers, el equipo de fútbol local. A través de lo que viven algunos de los jugadores, el entrenador y su familia y otros personajes de Dillon, vemos retratada la vida. No es un gran argumento, lo sé, pero hay algo en FNL que nos engancha irremediablemente. En mi caso, la mirada y la dureza del coach Taylor; la tremenda mezcla de firmeza y ternura de Tami, más capacitada que nadie para aunar errores y aciertos; la burbujeante relación entre Matt, quarterback de recambio y coleccionista de problemas, con Julie, que parece estar dando sus primeros pasos pero es toda una teenager; y el savoir faire de Lyla, y las ganas de manejar de Buddy, y el enorme personaje que, inesperadamente, acaba siendo Landry… Súmale una gran puesta en escena, un magnífico trabajo de cámara y una música perfecta. Voilà, Friday Night Lights…

En How I met todo es más relajado. Sólo hay que preocuparse de no perder el hilo de las rápidas bromas de Barney, personaje donde los haya. Después, y sólo después, podremos dedicarle un rato a Marshall, nenaza de los pies a la cabeza, y a su chica, Lily, un ángel bajado del cielo a patadas por su capacidad para gastar, entre otros pecados. Y al fondo, Ted y Robin. Prácticamente cada capítulo de How I met your mother (y digo casi porque los hay mediocres) es un genial ejercicio de coordinación, mezcla de gags, flashbacks, referencias a otros capítulos, a la cultura pop en general, y más gags. Como toda gran serie, presta mucha importancia a la correcta construcción de los personajes, y además tiene la gran virtud de meter todo es en poco más de 20 minutos. Un cóctel exquisito que hace que más de uno nos hagamos una pregunta: ¿importa realmente quién es la madre?

En fin… éstas son las series de mi vida, si no me dejo alguna en el tintero. Quizá no son las mejores series que he visto, seguramente no son las que más he visto, pero todas ellas son series que han marcado, aunque sea un poquito, mi manera de ver el mundo, de hablar, de pensar o de sentir.

Aquellos maravillosos años

Siempre que pienso en mi infancia llego a la conclusión de que fue bastante feliz. Quizá no por las condiciones en sí, pero tuve la suerte de contar con un entorno que me supo aislar de las cosas malas que pulularon por ahí. Porque haberlas, las hubo… Y no puedo dejar de pensar que, de alguna manera, aquéllos fueron unos maravillosos años.

Una de las cosas de esa época que recuerdo con más cariño es poner la tele con mi padre, La2 (para una inmensa minoría, decía el eslogan…), y sentarnos a ver Aquellos maravillosos años

Oír esa música, la voz de Joe Cocker… me pone la piel de gallina. La serie en general me toca la fibra de una manera especial.

Para quien no viera la serie, o para quien la quiera recordar, hay una mala noticia: no existe en DVD. Tampoco parece que ninguna cadena esté por la labor de reemitirla. Curioso cuando en las estanterías de, pongamos la FNAC, ves bodrios del tamaño de… bueno, hay tanta serie mala. O cuando las parrillas televisivas se llenan de ‘máquinas de la verdad’ y series que apenas duran un mes.

Aquellos maravillosos años era una historia de crecimiento y aprendizaje, de niños y de adultos, de sonrisas y lágrimas, y con una buena capacidad para envejecer. El protagonista era Kevin Arnold, que empieza la serie con 12 años. Junto a él, el resto de la familia Arnold: papá Jack, mamá Norma y sus hermanos, Karen y Wayne. Además de las tramas familiares, el otro gran centro de acción era el colegio, donde Kevin estudiaba junto a su mejor amigo, Paul Pfeiffer, y ‘su chica’: Winnie Cooper.

La serie no empezó con grandes pretensiones: la crearon Carol Black y Neal Marlens, una pareja de productores y escritores de televisión. Su idea no encontró demasiados apoyos en un principio, pero finalmente la ABC, con problemas de audiencia, decidió arriesgarse y contratar un episodio piloto para ver si la cosa triunfaba. Black y Marlens empezaron con el casting y las piezas comenzaron a encajar.

Para el personaje central, Kevin, todo el mundo les recomendó a Fred Savage. La decisión de contratarle fue inmediata y obligó a que el chico y toda su familia se mudaran de Illinois a California. Junto a Savage estaba un elenco de actores sin mucho nombre, pero que resultaron ideales. De pequeño me preguntaba si Dan Lauria (el padre de Kevin en la ficción) sería tan gruñón y áspero en su propia casa, o cómo el hermano de Kevin (Jason Hervey) lograba ser tan tocapelotas…

El episodio piloto contó con un gran empujón: se emitió después de la Superbowl, la final de la liga de fútbol americano, que acostumbra a ser el programa con más audiencia cada año en Estados Unidos. Así que fue un éxito, y la ABC encargó cinco capítulos más para la primera temporada.

El resto es historia. Carol Black y Neal Marlens dejaron la serie rápidamente, pero la dejaron en buenas manos. Bob Brush tomó las riendas y bajo su producción se rodaron cinco temporadas más. El final fue algo abrupto, y el futuro de los personajes se desvelaba en un epílogo que en absoluto era lo esperado para una serie americana: el padre de Kevin moría dos años después del último episodio, Winnie se mudaba a París para estudiar, Paul se graduaba en Harvard… Y los maravillosos años se esfumaban.

De entre los muchos acierto de la serie destaca la música. Cientos de canciones originales que para muchos debían de significar una vuelta al pasado, y para quienes no las conocíamos, una manera de descubrir buena música. En España contamos además con la suerte de disfrutar de un gran doblaje. Kevin tuvo dos voces, ya que la primera no acababa de encajar con su recién estrenada adolescencia… Como curiosidad, no está de más saber que esa primera voz la ponía una chica: Graciela Molina, habitual dobladora de Natalie Portman, Christina Ricci o Kirsten Dunst. Aunque quizá la voz más recordada sea la de Armando Carreras como narrador, papel que en la versión original desempeñaba Daniel Stern, o lo que es lo mismo, el ladrón alto de ‘Solo en casa’… Él fue el encargado de dar carpetazo a la serie con unas palabras en off.

Growing up happens in a heartbeat. One day you’re in diapers, the next day you’re gone. But the memories of childhood stay with you for the long haul. I remember a place, a town, a house… Like a lot of houses. A yard like a lot of other yards, on a street like a lot of other streets. And the thing is, after all these years, I still look back, with wonder…

Durante mi año de COU, Aquellos maravillosos años gozó de una reposición (¿en Antena 3?) a una hora infernal, sobre las siete de la mañana. Juraría que nadie más lo ha intentado. Yo creo que es un buen producto televisivo que te puede gustar más o menos, pero un buen producto televisivo al fin y al cabo. Su supervivencia, supongo, está en manos de las redes P2P. Si por casualidad encontráis el decimotercer capítulo, Coda, no dejéis escapar la ocasión de mirarlo…