Les Corts!

27/1/08

Primero fue ITnet, luego la COM y después Línia Les Corts. O sea, trabajo. Ahora ya es también placer: me voy a vivir al barrio de Les Corts. A una calle que se llama Mejía Lequerica, curioso nombre y más curiosa biografía:

Mejia Lequerica (Quito 1776-Cadiz 1813) fue un político y patriota ecuatoriano, que vino a España a realizar un estudio sobre los monumentos y la historia de la antigüedad. Fue diputado en las Cortes de Cadiz de 1810, en representación de una de las naciones que constituían España. Se manifestó defensor de las ideas liberales y contribuyó con sus argumentos y discursos a la supresión de la Inquisición.

De momento me llevo a otro bloguero en la maleta, y a medio plazo se vendrá por lo menos otro más¡Nens, esto va a ser genial!

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Más Bicing

28/9/07

El otro día hablaba de mi relación con el Bicing, el servicio público del ayuntamiento de Barcelona que pretende introducir la bicicleta como medio de transporte habitual. En la maravillosa Wikipedia hay un completo artículo en catalán (que podéis traducir aquí si lo necesitáis) sobre el Bicing, no sólo con una buena descripción del servicio, sino además con una cronología del mismo, una enumeración de los problemas que presentaba y aún presenta y una sección de estadísticas muy curiosas de leer.

Barcelona, claro, no es la única ciudad con un servicio similar. El invento surgió en Dinamarca (el frío estimula las neuronas, tiene que ser eso…) a finales de los 80 y principios de los 90. No debió de ser fácil empezar, o al menos eso se desprende del programa piloto llevado a cabo en Cambridge, Reino Unido: las 300 bicicletas (todas) fueron robadas el primer día.

A través de la propia Wikipedia se puede acceder a información de otros sistemas en muchas ciudades del mundo, parece ser que principalmente europeas, todos prácticamente iguales pero con matices. La entrada más completa pertenece a la Wikipedia francesa. Os dejo con unas fotitos, que está bien eso de comparar qué bici mola más

Vélib’ (Paris)

vélo’v (Lyon)

HKL Citybike (Helsinki)

Stockholm City Bikes (Estocolmo)

bycyklen københavn (Copenhague)

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Bicing, 159 días

25/9/07

Hace unos meses que el ayuntamiento de Barcelona implantó el Bicing, un sistema de alquiler de bicicletas que pretende convertir al vehículo de las dos ruedas en un transporte público más. Por una cuota de 24 euros anuales (6 para los que nos inscribimos durante las semanas promocionales) se puede hacer uso de la red de bicicletas casi de manera gratuita. Para más información, mejor la web oficial.

El caso es que buscando información sobre próximas aperturas de nuevas estaciones me he encontrado con que se pueden consultar las estadísticas personales. Así, veo que llevo usando el Bicing durante 159 días, en concreto desde el día 19 de abril. En total he pillado 79 bicicletas (¿habré repetido?), lo que hace una media de casi un uso cada dos días.

Lo más curioso es chafardear las horas de uso. Resulta que he cogido / dejado bicicletas a todas las horas del día excepto a la una (de la madrugada), a las tres (de la madrugada) y a las ocho (de la mañana). Eso significa que me he puesto a pedalear a horas tan intempestivas como las cuatro de la madrugada, por ejemplo. Y ojo al día de junio en que cogí una bici a las 06:27 y la dejé a las 06:31. Debieron ser cuatro minutos en los que me convencí de que no era el mejor momento para hacer equilibrios…

Mi tiempo total de uso es de 20 horas y 55 minutos, con una plusmarca de 1h 30m consecutivos en pleno mes de agosto. El trayecto más corto, sí, es ése de cuatro minutos que menciono más arriba, pero tengo otro de 5 (a las siete de la tarde) y varios más de seis.

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Agosto

8/8/07

xerop

Hace un año también era agosto, y también llovía, como lo ha hecho esta noche durante un rato. Barcelona es lo que tiene, que con poco se ahoga…

Hace un año también había palabras, y también éramos, y nacía Varcelona.

Hace un año, Lázaro quiso levantarse. Ahora me toca a mí.

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Vueltas

25/7/07

Lavadora

Tengo la teoría de que hay momentos en que Varcelona cobra vida y me quiere morder el culo, como hacen los perros en los dibujos animados. Por suerte tengo un carnet de bicing y puedo sortear mandíbulas a cierta velocidad (confieso que hoy, con los auriculares puestos, valiente rebeldía…), pero no está de más dejar de tentar a la suerte. De manera que me cojo los bártulos y me voy de vacaciones unos días, con lo que este blog quedará temporalmente huérfano.

Para que no se diga: os dejo la lavadora encendida (es la primera por la derecha), quizá a alguien le apetezca mirarla. También, of course, una canción…

Imagen :: stevec77

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Amsterdam

14/3/07

No es un sitio frío, no es caliente, no es pequeño, no es grande, el idioma te hace sentir extraño pero a la vez puedes comunicarte, suena a moderna pero huele a antigua…

Preciosa vista de Amsterdam

Schiphol. Bonito nombre, con las dos ‘h’ repartiendo juego… Es un aeropuerto feo, pero funcional, que al fin y al cabo es lo que cuenta. Es la primera vez que estoy en un país cuyo idioma no conozco, pero sé (y compruebo) que no será un problema. Todo el mundo habla un correctísimo inglés, desde el personal del mismo aeropuerto hasta el colectivo homeless en pleno. Algo que me hace pensar en cómo es posible que en España, segunda potencia mundial en eso de recibir turistas extranjeros, el conductor de un autobús que hace el recorrido entre el centro de Barcelona y el aeropuerto no sepa ni decir las horas en inglés…

Bandera de Amsterdam; me gusta

Damrak. La primera calle que piso es una avenida turística en la que localizo el primer McDonald’s de la tarde. ¡Bien, Nuggets a dos euros! Luego me siguen llegando estímulos a montones: a) el mar está en todas partes, lo que supongo que a su vez provoca que no haya mucho metro y sí tranvía, aunque no acabo de entender si éste es un medio de transporte o un método para controlar la inmigración; me explico: uno, barcelonés de adopción, está acostumbrado a torear en las calles con pocos peligros, siendo los más gordos i) los trileros y ii) las cagadas de perro, y por fortuna a ambos colectivos, con años de práctica, se les acaba identificando e incluso evitando (aunque a veces las cagadas de perro te atrapan cual arenas movedizas…), de manera que un ataque súbito de tranvía puede resultar mortal de necesidad para el recién llegado; b) la gente es muy guapa, y no estoy hablando sólo de las chicas; además, cuando van en pareja, los neerlandeses y neerlandesas (que así deben llamarse) son una especie de dioses nórdicos bajados del cielo, y para colmo los puñeteros y las puñeteras van siempre muy bien vestidos; el toque multirracial, una curiosa mezcla arabeasiática, abre las puertas a quienes que no quieran un armario de 1,90 en casa, o piensen que los ojos excesivamente claros son síntoma inequívoco de enfermedad crónica y contagiosa; y de paso, una buena noticia para mí, ya que esa mezcla étnica ha bajado (supongo) la media de altura nacional, con lo que no me sentí un enano entre tachenkos; eso y mi sentido arácnido me han hecho volver sano y salvo a casa evitando morir aplastado por un neerlandés ebrio o arrollado por un tranvía… Al final de Damrak se llega a Dam, una plaza que no está exactamente en Amsterdam, sino que aparece súbitamente cuando estás en Amsterdam: te la puedes encontrar en cualquier momento, siempre está allí. Muy curiosos sus bancos, con tableros de ajedrez dibujados encima. Las fichas las pones tú…

Vista aérea del centro de Amsterdam

Bicicletas. Bicicletas de una persona, bicicletas de dos personas, bicicletas de seis personas (lo juro), bicicletas sin persona (éstas estaban aparcadas), bicicletas-taxi, bicicletas de alquiler, bicicletas de paseo, más bicicletas de paseo, bicicletas con señor, bicicletas con señora, bicicletas y más bicicletas… a veces uno tiene la sensación de estar en la peli ‘Pájaros’. Nunca había visto tantísima bicicleta junta… Así, no es de extrañar que una tienda, no recuerdo en qué calle, tuviera en su puerta un rótulo con la frase ‘No bikes here!‘, un aviso que en España sería surrealista. Me recordó a aquel momento en que Guido le dice a Giosuè que pondrán en su librería un cartel impidiendo la entrada a arañas y visigodos…

Bicicletas...

Agua. Si una cosa hay en Amsterdam en mayor cantidad que bicicletas, es agua. Agua por todas partes y puentes por doquier. El conjunto es muy agradable y, qué narices, no me digas que no es mejor ir a buscar a tu novia en barco que en coche… Creo que es principalmente el agua lo que le da un toque especial a la ciudad. Y los edificios. Amsterdam tiene unos edificios preciosos de principio a fin. Me encantan…

Mapa de Amsterdam

Rincones. ¿Alguien estaba esperando que dijera algo del Barrio Rojo? Vale, pues llega el momento. Antes tengo que explicar que no planeé en absoluto este viaje; con esto quiero decir que no sabía nada de Amsterdam hasta que lo vi con mis propios ojos. Y una vez allí, lo único que hice fue comprar un mapa. Y, armado con él, echar a andar. Por suerte, rápidamente se distingue lo que es visitable de lo que no, esto es, las zonas residenciales del casco antiguo. Como en toda buena ciudad que se precie (y que tenga mar, claro), la vidilla está cerca del puerto. En ese sentido, Zeedijk (1) y alrededores son el punto neurálgico del viejo Amsterdam, de la ciudad pesquera de ayer, y también del Amsterdam liberal (prostitución y consumo de marihuana) de hoy. Repito: yo no sabía donde estaba el Barrio Rojo. Así que paseando, me metí de repente en una calle. Tiene guasa porque en teoría buscaba una iglesia y la calle tenía nombre de santa (C/ de Santa Ana - Sintannenstraat), cuando de buenas a primeras veo una casa normal, con una puerta normal, con una ventana grande (hasta el suelo) pero normal… y una señorita en tanga y sujetador dentro. ¿Mi primera reacción?: “Joder, ¿qué hace esta tía medio en pelotas en casa?” ¿Mi segunda reacción?: “Hostia, qué tonto eres…” Y eso, el resto de la calle, un verdadero escaparate de carne. Francamente, mejor así que en una esquina… Más insigne que las señoritas de Amsterdam es Anna Frank. Sinceramente, no sabía que su famoso diario había sido escrito en esa ciudad, perdonen la incultura. Así que pasee un buen rato por delante de ese pedazo de historia (2). En los puntos (3) y (4) están quizá los rincones que más me gustaron de Amsterdam. El primero es un patio de vecinos, formado por unas 30 ó 40 casitas, en pleno centro comercial. De hecho, está a tiro de piedra de la calle Kalverstraat, la más cara del Monopoly neerlandés y llena de tiendas-globalización de principio a fin. Pues bien, esta comunidad forma parte de lo que antiguamente fue una congregación de beguinas (no tenía ni idea de lo que era eso hasta que lo vi allí…), y realmente es como un remanso de paz en medio del jaleo, además de conservarse en un muy buen estado. Un rincón precioso. El punto (4) no tiene tanta historia: es, sencillamente, un banco. El sol de marzo, las magníficas vistas al Binnen Amstel y un poco de música hicieron el resto… Y para pasear, nada como la zona (5) conocida como 9 Straatjes, una ensalada de puentes, canales, gente, tranvías, tiendas… Amsterdam en estado puro.

Anochece

Cuantas más ciudades conozco, menos entiendo Barcelona…

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Un post viral

21/12/06

Soy el 9 del Barça

¡y marco contra el Madrid!

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