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Escoger un momento en los más de cien años de historia del fútbol es imposible. Pero, sin duda, en los candidatos al título estaría esa final de la Champions League ganada por el Manchester United…
Mayo de 1999, Camp Nou, Barcelona. Manchester United y Bayern de Munich se ven las caras en el partido de fútbol más importante del mundo en años impares. Los ingleses, sin Roy Keane y Paul Scholes, buscan su segundo título; los alemanes el cuarto. Lothar Matthaus, capitán del Bayern, quiere ganar más que nadie: perdió su primera Copa de Europa en 1987 (ya llevaba el brazalete), en una final contra el Oporto que los alemanes ganaban a falta de un cuarto de hora. En un suspiro, en los minutos 78 y 80, Madjer y un tal Juary se llevarían la copa a Portugal.
No pinta mal la noche para Matthaus: Mario Basler marca en el minuto 6 y el Bayern está justo donde quiere. Con el capitán y cuatro más atrás (Babbel, Kuffour, Linke y Tarnat), y el doble pivote Jeremies-Effenberg, Hitzfeld cede la iniciativa al United. Pero los ingleses no están afinados de cara a puerta. En la última media hora, Ferguson mueve ficha. Saca a Teddy Sheringham y a Ole Gunnar Solskjaer, dos delanteros, dos cambios cruciales para la historia de esa noche. Ellos van a dar la vuelta al marcador, ellos van a grabar a fuego los minutos 91 y 93 en la memoria de los aficionados de ambos equipos.
La otra parte de la historia es Clive Tyldesley, uno de los locutores deportivos con más nombre en el Reino Unido. Él puso voz al partido para la cadena ITV, dejando algunos de los mejores comentarios que recuerdo…
Podéis ir directamente al minuto 89:45 de partido, momento en que el cuarto árbitro anuncia tres minutos de prolongación. Momento en que la hinchada del United ruge con un saque de banda inofensivo. Momento en que algo se pone en marcha. Beckham, Neville, corner. Los ingleses lo celebran como si fuera gol. Tyldesley, premonitorio, se pregunta: Can Manchester United score? They always score! Effenberg resopla. Schmeichel, el portero danés del United, sube a rematar el centro de Becks. Ni la huele, pero Giggs, quién sabe cómo, acaba metiendo un balón al área que Sheringham acierta a rematar. Empate a uno, 36 segundos por encima del minuto 90, qué gol más feo…
Al saque del Bayern, el Manchester responde con un robo rápido y un pelotazo arriba de Neville que recoge Solskjaer. Tapado por Kuffour, no se lo piensa dos veces y saca un centro. “O la meto a la olla, o se va a corner”, se dice. Pues eso, a la esquina. Se repite la escena: Beckham bota el corner, pero esta vez no buscará a Schmeichel porque, claro, el portero se ha quedado en su área. Y entonces, Tyldesley: Is this their moment? Beckham… into Sheringham… and Solskjaer has won it! Después, 17 segundos de silencio, magnífico silencio para oír las voces de miles de ingleses, para ver la celebración de Schmeichel y la cara de los alemanes. Y luego, la frase: Manchester United have reached the Promised Land.
El resto es imaginable. Kuffour, quién lo iba a decir, llora; un metro y noventa y tres centímetros de Jancker también. Atónito, Lennart Johansson, presidente de la UEFA, ordena cambiar los adornos de las orejas de la Copa, que ya lucían los colores del Bayern. Lothar Matthaus, sustituido en el minuto 81, se muere un poco en la banda. Aguantará una temporada más en el club, con la idea de ganar, por fin, la Champions, pero el Real Madrid será demasiado rival en las semifinales del año 2000. En 2001 el Bayern sí ganará la Copa, pero Matthaus ya estará en el retiro dorado, en el Metrostars de la MLS.
El Manchester United tiene su pedazo de historia imborrable, y Tyldesley también. ¿No sería justo que mañana nos tocara a nosotros?
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Gracias…
Aquest any… sí?

Hace un par de años que este blog no habla de fútbol. Reconozco que soy bastante ventajista con el tema: vibro como el que más cuando mis equipos (Real Oviedo y FC Barcelona, y por este orden) ganan, pero no me quita el sueño que pierdan. Y la verdad, llevaba mucho tiempo adormecido, posiblemente desde que la chispa de Ronaldinho se marchó vete a saber dónde. Es decir, bastante antes de que se fuera a Milan…
Pero este año es diferente. Este año, sí. Este año me vuelve el fútbol…
Hoy el Barça le ha metido cuatro al Bayern de Munich, quizá el equipo potencialmente más peligroso contra el que hemos jugado esta temporada. Y me explico. Hasta ahora, la verdad, no nos hemos cruzado con ningún coco. El Real Madrid vino al Camp Nou a mancharse el escudo, la Copa no nos ha cruzado con nadie relevante y la Champions, todos lo sabemos, acaba de empezar. Como seguro que dicen los que saben de fútbol, el verdadero nivel del Barça se verá en este tramo final. Con la visita al Bernabéu, con los últimas rondas europeas, con la final de Copa ante un equipo extraordinariamente motivado… De momento estamos respondiendo bien a todo: a la presión resultadista merengue, al rodillo mediático de la capital que se empeña en alargar la Liga, a un bache de resultados ante rivales significativos. Hoy, quizá, era la primera prueba de fuego, y se me antoja difícil un escenario mejor.
El Bayern, decía antes, es quizá el equipo potencialmente más peligroso contra el que hemos jugado esta temporada. El Barça era el gran favorito, pero sinceramente creo que sin las bajas de Lucio, Klose, Lahm, y Van Buyten, y el invento de Klinsmann de meter a Butt por Rensing, la cosa podría haber cambiado. Al menos hubieran aguantado mejor el arreón inicial y tenido más fe en algún contragolpe durante la primera mitad.
Pero seamos claros, no ha sido así. El Bayern ha jugado con lo que tenía, el Barça también, y durante 45 minutos de evangelización hemos triturado cualquier resistencia. Lo que más me gusta de hoy es tener bien claro que arriba estaban Henry, Eto’o y Messi, que un poco más atras estaba Iniesta, pero que seguramente mañana no tendré ni la más mínima idea acerca de la defensa. ¿Qué cuatro jugaban atrás? No lo sé, no los he visto. Bueno, corrijo: no los he mirado.
Lo único malo de este Barça es que acaba los partidos en la primera parte, y la segunda sobra. Guardiola, además, se entesta en hacer los cambios muy tarde, cosa que evita un lucimiento de 14 en lugar de 11. Ya me dirás si hoy no era oportuno sentar a Messi en el 60 para darle media hora a Bojan, o cambiar a Iniesta (que el de arriba nos lo cuide hasta final de temporada…) por quien sea en el descanso mismo. Oye, hablemos de Iniesta… Andresito también tiene, como el equipo, un solo defecto: es blanco. Esa similitud con el máximo rival es lo único negativo del que ahora mismo es, sin duda, el mejor jugador del mundo. Si Iniesta chutara un poco mejor anotaría el doble de goles y estoy convencido de que le quitaría mucho brillo a Messi, Eto’o y compañía. Pero es mejor así. Si Casillas decía aquello de “No soy galáctico, soy de Móstoles”, Iniesta responde con un aún mejor “Pues yo de Albacete”…
Y así están las cosas. A la Liga y a la Copa les falta el último remate; es hora de ponerse el babero y de centrarse en la Champions. De viajar a Munich con el mismo planteamiento que aquí para meter un gol rápido y obligar al Bayern a rendirse ante la perspectiva de tener que enchufarnos seis. De esperar luego al Chelsea en semis: el 1-3 de Anfield creo que deja poco lugar a la discusión. Y de, si pasamos, cruzar los dedos. No para ganar, eso ya es mucho pedir, sino para poder tener una preciosa final contra el Manchester. Creo que merecemos jugarnos esta Champions contra el mejor…
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Ya se sabe desde hace algunas semanas: Santiago Segurola ha fichado por Marca. Segurola es uno de los mejores periodistas deportivos de España y lo ha demostrado desde las páginas de El País durante muchos años. Su fichaje coincide con la que para mí está siendo la peor etapa de Marca, sin duda el mejor diario deportivo durante buena parte de los 90 pero caído en el cutrismo desde hace ya bastante tiempo. Sólo hay que ver cómo trataban las crónicas de los partidos últimamente, con una columna dedicada al partido en sí y tres consagradas a esas anécdotas tan graciosas, al más puro estilo Qué…
Segurola se incorporará como adjunto al nuevo director de Marca, Eduardo Inda. Volverá así a los deportes, que dejó tras el Mundial de Alemania para asumir el cargo de redactor jefe de Cultura y del suplemento Babelia en El País.
Siempre me ha parecido muy triste que el mejor periodismo deportivo se haga en la prensa generalista. Y siempre me he preguntado por qué nadie es capaz de atreverse a editar un buen periódico deportivo. Marca es una desgracia, Sport y Mundo Deportivo también son malos con ganas (y eso que soy culé…), y As tiene calidad pero es tan antibarcelonista que no puedo con él. Y eso que me río (y mucho) con el amigo Roncero (1 – 2 – 3).
A ver si la llegada de Segurola no es sólo una operación de ‘qué buenos somos’ y se nota en el día a día del periódico. A ver si realmente es un paso adelante…

Hace unos meses que dejé mi relación profesional con el fútbol, y la verdad es que me he quitado. Es muy raro que vea un partido y lo de leer prensa o escuchar programas deportivos lo tengo apartadísimo. Pero entonces el Liverpool llega a una final de la Champions y me apetece empaparme de fútbol inglés…
La historia del Liverpool FC está hecha a base de nombres propios: Bill Shankly, Anfield, Bob Paisley, Heysel, Ian Callaghan, The Kop, Ian Rush, The Boot Room, Kenny Dalglish, Joe Fagan, Hillsborough… como todas las grandes historias, hechas por lugares y personas.
El Liverpool es el mejor equipo inglés, el mejor club del país que inventó un deporte. ¿Sus credenciales? Pues, a grandes rasgos, 18 ligas, 7 copas, 7 copas de la liga, 15 supercopas, 5 copas de Europa, 3 copas de la UEFA y 3 supercopas europeas. En todos estos trofeos es, además, el club inglés más exitoso (excepto en la copa y la supercopa inglesa, ya que el Manchester United suma 11 de cada)
Los reds cuentan también con otro ingrediente necesario para hacer grande a un club: un eterno rival. En este caso, el vecino Everton, aunque el United no se queda atrás. Pero la relación con el Everton viene de lejos, y pica un poco. La historia es la siguiente: el Everton, fundado en 1878, jugaba en el campo de Anfield hasta que el dueño del terreno, John Houlding, decidió subir el alquiler de buenas a primeras, circunstancia que llevó a los toffees a buscarse la vida en Goodison Park, su feudo desde entonces hasta ahora. Así que Houlding, con campo pero sin equipo, tiró por lo fácil y fundó uno, el Liverpool FC, en marzo de 1892. Desde entonces se han jugado 205 Merseyside derbies, con 79 victorias para el Liverpool, 65 para el Everton y 62 empates.
Pero el Liverpool dejó de ser un club más cuando su historia quedó atada para siempre a un nombre: Bill Shankly. Futbolista escocés ligado durante casi toda su carrera al Preston North End, Shankly llegó en diciembre del 59 al banquillo de Anfield. El panorama era desolador, con el equipo en Segunda, pero Shankly renovó al equipo y fundó la Boot Room junto a tres miembros del staff técnico: Joe Fagan, Reuben Bennett y Bob Paisley. La Boot Room determinó una manera de dirigir a un equipo que se prolongó más allá de la era Shankly, y contribuyó a forjar el camino del éxito para el club durante los 25 años siguientes. Shankly no es el entrenador con mejor palmarés del club, pero su forma de entender el fútbol construyó lo que es el Liverpool hoy en día.
En el momento de su adiós al banquillo de Anfield, sin embargo, su herencia no estaba tan clara, de modo que la decisión, no sólo por temida sino por sorprendente, provocó un terremoto. El equipo quedó en manos de Bob Paisley, que resultó ser el técnico más laureado de los reds. Entre 1974 y 1983, Paisley ganó 3 copas de Europa, 1 UEFA, 6 ligas y 3 copas inglesas, entre otros trofeos, quedándose en blanco únicamente en su primera temporada. Tras Paisley llegó otro miembro de la Boot Room, Joe Fagan (1983/85), que logró la cuarta copa de Europa del club y dejó su sitio en el banquillo a una serie de ex-jugadores, Kenny Dalglish primero (1985/91) y Graeme Souness (1991/94) después. El último técnico británico que ha tenido el Liverpool fue Roy Evans (1994/98), curiosamente también el último licenciado de la Boot Room post-Shankly.
Con cien años ya cumplidos, el Liverpool sentó en el banco de Anfield al francés Gérard Houllier, manager entre 1998 y el año de la llegada del primer (creo) español en Anfield: Rafa Benítez, el boss desde 2004. En tres temporadas, Benítez ha logrado una copa, una supercopa inglesa y otra europea y una Liga de Campeones; y aún puede ganar otra de esas dentro de unos días.

Supongo que al menos una vez en la vida hay que ir a Anfield. Tiene que ser impresionante oír a toda esa gente cantar el You’ll never walk alone antes y después del partido… You’ll never walk alone es una canción a priori sin ninguna vinculación con el fútbol, pero la versión grabada por Gerry & the Pacemakers en 1963 se convirtió rápidamente en el himno del club. No es exclusiva del Liverpool, ya que la usan otros clubes como el Celtic, el Ipswich Town, el Rapid Vienna, el Dinamo Zagreb, el Twente, el Feyenoord, el Borussia Dortmund, el AEK Atenas, el FC Tokyo, el Hellas Verona, etc. La letra dice así:
When you walk through a storm
Hold your head up high
And don’t be afraid of the dark
At the end of the storm there’s a golden sky
And the sweet, silver song of a lark
Walk on through the wind, walk on through the rain
Though your dreams be tossed and blown
Walk on, walk on with hope in your heart
And you’ll never walk alone
You’ll never walk alone
Quien quiera saber más sobre el YNWA, puede pasearse por aquí o por aquí; yo no puedo sino poner este vídeo, que resume la magnífica y mágica temporada 2004/05 al ritmo de la canción en la garganta de decenas de miles de voces:
[youtube MiK_lqmtEnI]
Pero la historia del Liverpool también sangra. El club ha estado inmerso en dos grandes tragedias: Heysel y Hillsborough. La primera tuvo lugar momentos antes de la final de Copa de Europa de 1985, que enfrentaba a los reds con los italianos de la Juventus. Antes de empezar el partido, aficionados ingleses cargaron contra la hinchada rival y provocaron la caída de un muro que sepultó la vida de 39 personas, casi todos italianos. A posteriori, se habló de que Heysel no era un estadio seguro, que se cometió el error de permitir que las aficiones se mezclaran y que el alcohol hizo el resto. Lo cierto es que pese a las muertes y al más de medio centenar de heridos, el partido se jugó. La Juve ganó 1-0. El Liverpool fue expulsado de las competiciones europeas durante seis años, y el resto de clubes ingleses durante cinco.
Pero si Heysel resultó dramático, Hillsborough fue peor.
En 1989, Liverpool y Nottingham Forest se jugaban el pase a la final de la Copa en una de las semifinales. El partido se celebraba en campo neutral: el Hillsborough Stadium del Sheffield Wednesday. La afluencia fue masiva y la caótica organización provocó un espectacular cuello de botella en la entrada del estadio. La policía decidió abrir las puertas, lo que desembocó en una avalancha que llevó a los aficionados que ya estaban en sus localidades a ser aplastados contra las vallas de seguridad. Murieron 94 personas, todos hinchas del Liverpool, y otros 766 resultaron heridos. Cuatro días más tarde moría en el hospital un niño de 14 años, mientras que cuatro años más tarde fallecía la 96ª víctima, en coma desde el día de la tragedia.
La conmoción en Inglaterra fue enorme, y el diario The Sun puso un asqueroso toque de mierda periodística. El periódico publicó un presunto reportaje modestamente titulado “La verdad”, y lo acompañó de tres frases bien grandes a modo de subtítulos: “Algunos aficionados robaron monederos de las víctimas”, “Algunos aficionados orinaron sobre los cadáveres”, y “Algunos aficionados golpearon a los policías mientras éstos hacían el boca a boca a los heridos”. Las ventas de The Sun en Liverpool jamás de han recuperado de tamaña mentira…

Fuente :: Wikipedia
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Lo dijo Víctor Hugo Morales: la jugada de todos los tiempos. Maradona coge la pelota en cancha propia y recorre 62 metros en 10 segundos, sortea a Hoddle, Reid, Sansom, Butcher, Fenwick y al meta Shilton, y marca un gol después de doce toques con el pie izquierdo, ninguno con el derecho y un genial giro justo al inicio de la jugada. Aunque como se dijo en su día, nada hubiera sido posible sin la asistencia que le brinda Héctor Enrique, ‘El Negro’…
Bromas aparte, lo mejor del gol es el contexto: cuartos de final de un Mundial y partido entre enemigos íntimos cuyos países, cuatro años atrás, estaban en guerra. Y la guinda. La voz del uruguayo Víctor Hugo Morales…
[youtube izl-oDZP1TM]
Anoche fue el turno de Leo Messi. El gol que le marcó al Getafe fue muy similar al que hizo Maradona, aunque el escenario fuera menor: Copa del Rey ante el Getafe.
[youtube nIdO3qKdFcU]
Argentinos, de menos de 1.70, esos locos bajitos… ¿Tú de quién eres?
El 30 de agosto de 1991 se disputó en el estadio Olímpico de Tokio la final masculina de salto de longitud de los campeonatos del mundo de atletismo. Dos participantes eran favoritos al título: Carl Lewis, apodado ‘Hijo del viento’, y Mike Powell, ambos estadounidenses. El primero, con 30 años cumplidos, llegaba a la cita, los terceros mundiales de la historia, con el honor de haber ganado la longitud de las dos primeras ediciones del evento (Helsinki ’83 y Roma ’87), además de estar en posesión de los dos últimos títulos olímpicos de la especialidad: Los Ángeles ’84 y Seúl ’88. Eso sin hablar de más medallas en 100 y 200 metros y en el relevo corto. Por su parte, Powell estaba únicamente centrado en la longitud y su mayor logro había sido la plata olímpica tres años antes, pero sin duda era el gran rival de Lewis. Durante aquella tarde tokiota se realizaron algunos de los mejores saltos de la historia. Seres humanos capaces de despegarse del suelo durante casi nueve metros, capaces de dejar a Bob Beamon en segundo plano.

La competición empezó con Carl Lewis saltando unos magníficos 8.68, record de los campeonatos. Mike Powell empezó frío: 7.85. En el segundo intento ya se acercó, con 8.54, a su gran rival, pero entonces empezó el baile: tras un segundo salto nulo, Carl Lewis voló hasta los 8.83…
Lástima del viento… Con más de dos metros por segundo de viento a favor, la IAAF, máximo organismo mundial del atletismo, no homologa ninguna plusmarca, aunque sí admite los registros para la competición. Así que con esos 8.83 Lewis parecía tener a mano el título de campeón del mundo. Powell no encontró respuesta en su tercer intento (8.29), ni tampoco en el cuarto, ya que su vuelo fue sancionado por los jueces:
El salto de Powell no valía, pero estaba claro que rondaba los 8.80, una marca de alto nivel que llevó a Lewis un paso más allá. Unos once centímetros más allá, para ser exactos…
¡8.91! Palabras mayores, sin duda. De nuevo invalidado como record por la excesiva velocidad del viento a favor, el vuelo de Lewis superaba los 8.90 de Bob Beamon en 1968 y, con dos saltos más por delante, le permitía reafirmarse en su papel de gran favorito. Pero, como diría Kevin Arnold, entonces sucedió…
El estadio explotó con los 8.95 de Mike Powell, una marca estratosférica sin apenas viento a favor (+0.3m/s) que, ahora sí, enterraba a Beamon… Lewis tuvo dos oportunidades para recuperar el trono, pero no pudo hacer nada. Se quedó en unos increíbles 8.87 y 8.84, y, como se puede ver en el vídeo, hizo sufrir a Powell hasta el final. No en vano, el ‘Hijo del viento’ era famoso por la calidad de sus últimos saltos y por ser especialista en remontar. Es más: logró los 8.87 con viento en contra y 16 años después esos dos saltos siguen siendo (sin contar el 8.95 de Powell) los mejores de la historia en condiciones legales de viento y a baja altitud.
Mike Powell, que en cuanto su rival acabó de saltar dio rienda suelta a su alegría abrazándose incluso a un incrédulo juez japonés que no podía sino reír, ponía fin así a la mítica imbatibilidad de Carl Lewis en el salto de longitud: diez años y 65 pruebas consecutivas sin abandonar el primer puesto. Se entiende así que no encajara precisamente bien la derrota…

La tarde del 30 de agosto de 1991 fue, creo, la mejor de todos los tiempos para el salto de longitud. Y sucedió en una ciudad poco idónea, dada su altitud, para esta disciplina. Pero lo cierto es que cuando Lewis abrió fuego con los 8.68 de su primer salto, sólo tres atletas habían llegado más lejos en algún momento de la historia. Un rato después, aquél sería el peor salto de la tarde para el ‘Hijo del viento’ y sólo le valdría para conseguir la plata. Larry Myricks, bronce, se quedó en 8.42…
Pero Lewis sí se llevó oro de Tokio. Y records mundiales. Se puede decir que ganó con relativa facilidad las pruebas de velocidad en las que participó: los 100m y el relevo 4×100. En esta disciplina, el equipo estadounidense paró el crono en 37.50, mientras que en el hectómetro Lewis protagonizó una de las mejores carreras de la historia (de nuevo), con un tiempo de 9.86, dos centésimas mejor que su compatriota Leroy Burrell. Cuatro corredores más bajaron de los diez segundos. Lo mejor para Lewis es que por primera vez batía el record mundial de los cien metros lisos ‘en directo’; la vez anterior había tenido que esperar a la descalificación de Ben Johnson…
Con 9 oros olímpicos y 8 títulos mundiales, Lewis es uno de los mejores atletas de todos los tiempos, aunque muchos consideran que desarrolló su carrera en el momento justo: antes de los masivos controles antidopaje. Como curiosidad, Lewis fue en su día seleccionado para dos de las grandes ligas de sus país en el año 84. Los Chicago Bulls le escogieron en el puesto 208 del draft de la NBA y los Dallas Cowboys, en la 12ª ronda del de la NFL. Naturalmente, nunca jugó en esos equipos. Su carácter queda resumido en lo que hizo durante el funeral de su padre. Puso en sus manos la medalla de oro de los 100 metros de Los Ángeles ’84 para que lo enterraran con ella y le dijo a su madre que no se preocupara. Conseguiría otra…
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Navidad, ¿época de memes? Mi jefe me pasa uno, de modo que voy a responderlo. Se trata de anunciar los propósitos que uno tiene para el año que llega dentro de nada: 2007. Propósitos, no confundir con deseos (ésos serían otros). A ver qué sale…
1. Integrar el deporte en mi vida por una (casi) alarmante cuestión de salud
2. Lograr escuchar música por puro placer
3. Colocar mi economía en su sitio
4. Subir mis niveles de lectura y viajes
5. Querer cumplir 26
6. Volar del nido
7. Mimar más este blog
Me han salido siete, no está mal. Si para dentro de doce meses he tachado cuatro, me doy por satisfecho…