Hay canciones que llegan por la espalda, que se sacan de vete a saber dónde un dedo para darte unos golpecitos en el hombro (pssst-pssst). Canciones con el don de la oportunidad por bandera, que probablemente en otro momento de tu vida habrían pasado desapercibidas. Canciones armadas de una cámara de fotos, a través de las cuales ves de alguna manera instantáneas de tu vida, aunque en realidad es pura imaginación porque nadie compone para ti. Pero, click, click, click, cuesta negarlo, y te preguntas en qué momento dictaste esos versos, o cuándo fue que te los robaron. Porque la voz es tu voz, o la suya, o las dos peleándose; es la noche más larga, la noche más intensa, la noche más esperada e inesperada a la vez, la noche que nunca volverá, como todas las noches, que nunca vuelven. Siempre intentamos recuperar las noches, pero jamás seremos capaces de capturarlas de nuevo. Y mientras lo intentamos seguimos bailando, que los pies no paren, por favor, que los pies no nos fallen, que la vida nos deje enlazar una canción y otra, que podamos mecernos a placer. Pero hay canciones que llegan por la espalda, pssst-pssst, y vienen de la mano de las luces y del telón. Y las odias de la misma manera que odias a tu madre cuando tiene razón…
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