¡Soy un dibujo!

Pues nada, ahí estoy…

Comic de Todoseries

¿Conocéis al amigo Aza? Es un dibujante de cómics y fan de Lost, o al revés. Lo que está claro es que la unión de las dos cosas ha generado Pardillos. ¿Que qué es? El mismo Aza te lo cuenta:

Pardillos es un webcomic de humor paródico de la exitosa serie de televisión Perdidos (o Lost como dicen los yankis). El guión y los dibujos corren a cargo de Carlos Azaustre, AZA, y el transcurro de la historia esta basado en el guión original de la serie. (Así que si alguien muere, echarle la culpa a los guionistas). En este Webcomic podrás leer las aventurillas de los supervivientes del vuelo 3,1415 de Naufragic Airlines, un avión que se estrella en una remota isla del mar Mediterráneo. La isla parece tranquila pero en la noche de la catástrofe sucede algo que les hará preguntarse dónde están realmente ya que la isla esconde misterios que desconocen, un extraño ruido en la selva, Osos Amorosos…

En los links del primer párrafo tenéis acceso a la web personal de Aza y al blog en que cuelga las temporadas de Pardillos. La verdad, el webcomic es de lo más divertido, aunque evidentemente te tiene que apasionar Lost para pillar las coñas… Paralelamente, Aza dibuja también unas tiras bajo el epígrafe Zapping Series, en las que parodia el mundo de las series en general (123). Y nada, parece ser que también nos ha tocado a David y a mí (¡y a Rafa!)…

PD: si no ves Lost y no has pisado nunca Bharma, tranqui, es normal que no entiendas nada…

Vuelo 815

Ya hace quince días que, una vez a la semana, cojo el Vuelo 815. Se trata de una sección dentro del programa No són hores, en Onda Cero Catalunya. ¿De qué va? De series, por supuesto. Lost, Prison Break y How I met your mother nos han llenado el primer mes, están por llegar Heroes, Damages, Dexter, Galactica

Hacía muuuucho que no pisaba la radio, y la verdad es que me sigue pareciendo el mejor medio de todos. Si tenéis curiosidad, podéis escuchar el primer Vuelo 815 aquí:

Tissue saving

Hará cosa de unos quince años estaba con mi padre en Montjuïc. Creo que era en Montjuïc… el caso es que estábamos en un sitio con vistas al puerto de Barcelona, al puerto sucio, no al de los barcos deportivos, yates y otras maravillas, sino al de los mercantes y demás monstruos grises. Mi padre intentaba señalarme un barco, pero entre una cosa y otra (la distancia, mi daltonismo…) no nos entendíamos, así que me dijo el nombre. El nombre del barco. Nombre que él veía claramente y que yo no podía distinguir. Supongo que no tardé mucho en ponerme gafas…

Si nada falla, el 24 de noviembre será la última vez, al menos durante los próximo quince años (espero que más), que me ponga gafas. Si nada falla, esa tarde estaré un ratito en la clínica Teknon para que me practiquen, mediante la técnica del tissue saving, cirugía refractiva en ambos ojos que corrija de una tacada la miopía y el ligero astigmatismo que arrastro desde hace unos quince años.

Ya os contaré cómo ha ido el proceso. De momento me ha servido para descubrir que mis pupilas son algo grandes…

Algo pasa

Esta noche he visto un cachito de Algo pasa con Mary, la peli de los Farrelly en la que tres o cuatro tíos se pelean por conquistar a Mary, esto es, a Cameron Diaz. Al final se la lleva el prota, claro… El caso es que él, Ted, la había intentado llevar al baile de graduación cuando eran jóvenes y ahora, más de diez años después, ella vuelve a su vida.

El argumento (Ted reencuentra a Mary a través de un detective privado) me ha hecho pensar en los mecanismos que tenemos hoy en día para recuperar viejas amistades, quizá incluso viejos amores, historias que no cuajaron, o por las que nunca nos atrevimos a apostar. Antes la cosa era realmente fruto del esfuerzo (aunque contratar a un detective privado quizá es demasiado vehemente) o de la casualidad; ahora basta un golpe de click… Allí puedes descubrir a esa persona que creías estancada en la edad que la dejaste, y que evidentemente ha evolucionado tanto o más que tú. Te preguntas qué hace, cómo viste, si sigue hablando igual, si se ríe de las mismas cosas, si mantiene los mismos hobbies, si seguiría bajando la mirada por los pasillos. Te preguntas, claro, qué ha pasado en su vida desde el día en que os visteis por última vez, si se ha enamorado, si le gusta su trabajo, si respeta a la persona que era, si cierra los ojos al besar… y qué es lo que le hace llorar, y qué planes de futuro tiene, y qué viajes tiene en la cabeza, y cuáles ha hecho ya, y dónde te guarda, y cuánto tiempo se pararía en la calle contigo, y quién duerme en su cama…

Preguntas todas ellas que jamás tendrán respuesta. Cuestión de protocolo…

Tempus fugit

Recuerdo nítidamente una sensación que tenía hace muchos años, cuando iba a la escuela: escuchar a los mayores quejarse de lo poco que da de sí un día. No me entraba en la cabeza que pudieran echar de menos horas, porque mi mundo se regía perfectamente con las 24. Mis obligaciones y devociones cabían en un día, sin más.

Ahora me río de aquel niño. Cuando me suena el despertador, por la mañana, no tengo tiempo de despertarme comme il faut. Me salto el desayuno (no es lo mismo sin mi hermana…) y tiro recto a la ducha. En el trabajo, raro es el día que me voy sin la sensación de haber dejado cosas pendientes. Las tardes se vacían entre clases de inglés o partidos de fútbol, actividades tan voluntarias como necesarias. La vida social y familiar, el imperdonable momento de derrochar un rato ante la pantalla (maldito Facebook…), ciertas series o una encarnizada partida a Mario Kart Wii hacen el resto. El día acabó, quedan pocas horas de sueño por delante antes de volver a saltarme un desayuno.

¿Dónde está mi gramática francesa? ¿Dónde está mi Proyecto Adán? ¿Dónde la prometida actividad física? ¿Dónde mis libros? ¿Y tú, dónde estarás?

Otoño

Otoño

Ya está aquí el otoño, esa mezcla de sensaciones. De repente recuerdas que existen las prendas de manga larga, que la ventana de la habitación se puede cerrar de noche, que las mañanas tardan en despertarse. Septiembre es un aviso, octubre una bofetada. La noche le pega al día un mordisco del que tardamos demasiado en recuperarnos, y la deprimente sensación de salir del curro a oscuras es el pan nuestro de cada tarde.

Pero el otoño también tiene sus cosas bonitas… Probad a caminar de hoja en hoja, oyendo ese crujido. Mmm… O sacad la bufanda del armario para enseñorearos un poco. Otoño es también el momento en que Barcelona se da un respiro, después de meses de ajetreo. Algo así como cuando las madres acaban de acostar al niño.

Otoño. Y yo con estos pelos…

Nymphéas

Nymphéas, Claude Monet

Cuesta reconocerte, pero pasado un rato tienes la misma cara de siempre. El gesto, a veces duro, a veces ingenuo, con el que siempre lograste que conectáramos, con el que en pocos segundos me llevas de vuelta a la niñez. Es la misma cara de siempre, pero cuesta reconocerte. Y a ti a mí. Aunque de repente, cuando consigues escapar de la cárcel de tu cuerpo, te vienes a Barcelona conmigo. A Cáceres. A Pancar. A los inviernos, a las clases de inglés, a las meriendas y al frío.

Eres prisionera de ese cuerpo que siempre te trató tan bien, al que domaste hasta hace nada. Y que ahora nos castiga a todos… Tienes esa cara arada, surcada con tantos arañazos del tiempo que ni siquiera las lágrimas que has gastado podrían llenar los huecos. Un cuerpo que ya no es tuyo nos separa de la felicidad. Tu mente, o tu alma… tú en esencia, vas y vienes, en una penitente peregrinación que nadie podrá detener ya. Ojalá hubiera podido llevarme esa esencia conmigo. Lo intentaré con un cachito. Prometo no olvidarnos…

Abre las ventanas, salta
tierra adentro
la paz no es algo blanco
destino en mano
Pepito ardiendo
sólo será un momento…

Nueva York

Últimamente tengo claros cuáles son los países que quiero visitar. La lista no es muy larga, pero sí bastante ambiciosa: Japón, Nueva Zelanda, Islandia y Canadá. Las cuatro puntas del mundo, como quien dice… Estados Unidos estaba en un segundo plano, pero las circunstancias me han llevado allí este verano. No ha sido un viaje planeado con mucha antelación, como sí lo será el próximo (¿Islandia 2009?), pero la verdad es que nos hemos desenvuelto bastante bien. Sobre todo teniendo en cuenta que, a 48 horas de tomar el avión, no teníamos alojamiento en la Gran Manzana…

Marc y Dani en Nueva York

Pero como somos gente de recursos (oi, Marc?), lo solucionamos. A nuestra manera, pero lo solucionamos… Bueno, el caso es que con Marc pillamos la maleta y nos marcamos un atracón de vuelos: Barcelona-París-Boston, dos días en la capital de los Celtics, Boston-Nueva York, siete días en pleno Manhattan, Nueva York-Boston para cascarnos una mariscada histórica, y finalmente Boston-Amsterdam-Barcelona.

Boston es bonita, muy estética y cuidada. Una ciudad bastante europea, con sus casas antiguas (todo lo antiguas que pueden ser las cosas en USA), sus parquecitos, su pasión por el mar… Merece la pena dedicarle un par de días. Los campus de Harvard y del MIT son visita obligada, y supongo que aún más en septiembre-octubre, cuando el curso ya ha empezado. También la zona más cercana al puerto, con el Faneuil Hall y el Quincy Market, el parque Boston Common, o la siempre presente Little Italy, mucho más bonita que la de Nueva York. Casi obligatorio es pasarse por algún restaurante de los muchos que ofrecen seafood, es decir, marisco, y cascarse una señora langosta o, como en mi caso, un delicioso pastel de cangrejo. Tremendo…

Pero bueno, el plato fuerte del viaje no era ni la langosta ni Boston, sino Nueva York. Una ciudad a la que hay que ir, sin duda. ¿Qué tiene que la hace tan especial? Pues me pasa un poco como con Barcelona: que no lo tengo claro. Sé, por ejemplo, lo que me encanta de París: sus calles (desde los carteles hasta el diseño de los edificios, pasando por los adoquines), el olor que tiene por la mañana y la gente (sí, me gustan los franceses, qué le vamos a hacer…); con Nueva York no lo tengo claro. Quizá es la sensación de llevar dos días en la ciudad y sentirse casi-casi uno más, gracias a la gente, que es absolutamente educada y bastante acogedora, a la brillante disposición de las calles (yo tenía mis reticencias con eso de 42st St., 6th Av., etc, pero en menos de una semana ya sabes ubicarte perfectamente en una ciudad ocho veces mayor que Barcelona), a la tremenda multiculturalidad…

O quizá sea Central Park…

Central Park, versión selva

3,4 km2, con un lado largo de 4 km, 25 millones de visitantes al año, campos de beisbol, museos, estanques, enormes explanadas de cuidadísimo césped, castillos, Strawberry Fields…

Central Park, versión oooh, que bonito

Sorprende ver tanta naturaleza junta en medio del corazón del capitalismo, es realmente alucinante pensar cómo algo tan grande y jugoso permanece ajeno a la especulación inmobiliaria. Y se agradece, claro. Porque la sensación de meterse en mitad del parque y poder no oír ni ver coches y rascacielos es genial…

Imagine...

Más cositas, en breve:

  • Chinatown, y en especial Canal St., es espectacular de día. Supongo que es lo más parecido a un bazar turco que hay en los Estados Unidos…
  • La noche neoyorquina mola; más que por las discotecas (que a mí, limitado musicalmente, no me convencieron, aunque merece la pena conocer el percal), por el ambiente de pubs, de música en directo, de actuaciones…
  • …y es que de actuaciones saben un rato: en el metro, en un parque, en la calle, en el cumpleaños de una amiga, en cualquier sitio te puede saltar un americano con ganas de showtime, haciendo malabares, volteretas, ventrilocuismo, y siempre con una labia y un sentido del humor impresionantes… ¡puro showtime!
  • Tiendas, tiendas, tiendas… especial mención a los centros Apple, al Toys’r'us de Times Square y a la NBA Store
  • ¿Empire State Building o Top of the Rock? Top of the Rock, claramente; verás Central Park como nunca…
  • Ah, y se puede comer relativamente bien, sobre todo si te gustan las pizzas…

Escribir sobre Nueva York agota casi tanto como visitarla. Es una ciudad con montones de cosas sucediendo a la vez. Hay que ir a verla. Al menos una vez.

Por qué escribo

Pitos y flautas varias me han tenido lejos de mi blog. Ay, qué peniiiiita, que dirían algunos/as… Y hace unos días, resueltos los pitos (me quedan las flautas), prometí volver. Hubo un comentario:

Tener ganas de escribir es bueno, te mantiene ocupado y además, ejercita la mente

Creo que la primera parte de la afirmación es bastante correcta, la segunda es evidente, y la tercera es brillante. Ejercita la mente mucho. Y es que hace un par de días que trato de coger el ritmo de escritura y no lo logro. Me falta pillarle el tono al blog, qué cosas… Y mientras pienso y pienso en qué escribir, voy ejercitando la mente. El día que hile un par de ideas guays me saldrá humo, en serio… Porque ésa es otra: no escribir desejercita la mente, es decir, que cuanto menos escribes, peor escribes.

En fin… nada irreparable: desempolvaré algunos borradores que están criando telarañas y, hala, a pillar carrerilla. Siempre y cuando, claro, que el tiempo me lo permita. Ésas son las flautas. No sabéis lo que se llega a procastrinar todo durante el primer verano de emancipación…