18 de Enero
2008
Quizá recuerde una de las primeras veces que fuimos a tomar algo, un verano. Mi vida era medio caos y las horas se eternizaban entre aquellas cuatro paredes. Ahora, que rebobino y suspiro de alivio por haber soltado tanto lastre, echo la vista atrás y veo que las etapas de la vida encajan con una suave precisión. Son cosas que sólo se aprecian con la perspectiva que te da el tiempo…
Papá me dijo una vez que venimos a esta vida a aprender. Me pareció una gran idea; desde entonces la he hecho propia. De ti he aprendido muchas cosas, y creo que el gran valor es el cómo me las has enseñado: ni una palabra. Todo lo que he absorbido de ti ha sido por observación directa. Y me encanta llevar aquí, en esta precisa línea, más de diez minutos intentando verbalizar tus virtudes y no poder hacerlo. Supongo, sé, que forman parte de los sentimientos, y eso no se puede explicar.
Me encanta poder presumir de ti en unos tiempos en que la amistad está en la cuerda floja. Me encanta poder presumir de ti a la vez que enumero mentalmente tu lista de defectos. Me encanta poder presumir de ti y de todo lo que te rodea. Me encanta poder presumir de mi bombín, que es culpa tuya; él simboliza el quitarme el sombrero cuando me sorprendes, el taparme la cara cuando me avergüenzas, el mendigarte algo cuando lo necesito…
Soy pésimo escribiéndote, así que te daré mi regalo: un punto y seguido…
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Tags: en primera persona
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