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Hemos palmado, el Inter nos ha metido tres. Han jugado mejor que nosotros (mucho mejor) y las semis se ponen cuesta arriba. Cuando Piqué se casca los últimos 20 minutos siendo la referencia en ataque, algo va mal, y es que sentar a Ibra y sacar a Abidal es un suicidio si luego no sacas a Henry o Bojan. Gente con capacidad para rematar las pocas opciones que puedas tener ante un Inter encerrado. En fin, el análisis es sencillo: toca remontar, ganar de dos en casa. No es imposible, y menos contra un equipo que vendrá a cerrarse lejos de su afición y que con un gol pronto puede venirse abajo. Pero este post no sólo quiere hablar del partido, como se puede deducir desde el título…
El otro día fui con mi hermano al Camp Nou a ver el Barça-Depor. Bojan marcó en el minuto 15 y a la media hora el Barça había generado tanto juego, y tan bueno, que el 1-0 se quedaba muy corto. El Depor apenas había pasado de medio campo y Riki, la única referencia en punta, hacía llorar. Es decir: Barça on fire, rival desinfladísimo y una segunda parte para sentenciar disfrutando. ¿Estaba ganado el partido? No, claro. Nunca hay un partido ganado. Sencillamente, pintaba bien. Pero al lado de mi hermano, el dodotis culé: un señor de ¿50 años? que tras el 1-0 pedía calma, exigía más goles para estar tranquilo, recriminaba cada fallo del Barça… en lugar de disfrutar del fútbol y animar, que es lo que hay que hacer en un campo de fútbol.
Mi generación, los culés nacidos en los 80, hemos sido afortunados: no recordamos Sevilla y para nosotros la varita mágica de Cruyff, extendida luego a Rijkaard y Guardiola, ha estado siempre ahí. No hemos vivido las malas épocas, por mucho que tragar con tres Champions merengues fuera duro. El mejor equipo del siglo XXI probablemente sea el Barça, así que para nosotros confiar en nuestro equipo debería ser natural.
En lugar de eso, el dodotis se hereda. La inmensa mayoría de culés saca pecho tras el pitido final, pero agacha sistemáticamente la cabeza antes de cada gran cita. ¿Vamos al Bernabéu? Uy, palmamos seguro. ¿Semis contra el Inter? Nos follan fijo. Y así siempre. Pues no, señores. Podemos perder, porque nadie es infalible, pero antes del partido somos favoritos como el que más y tenemos que aprender a comportarnos como tal. Desde el respeto, Guardiola style, pero si no aprovechamos este impresionante momento del Barça para presumir de equipo… apaga y vámonos.
Fuera dodotis. ¿Vamos a ganar al Inter? Pues no lo sé, pero espero, creo y confío en que sí. Y si me equivoco no pasa nada. El ya dije yo que palmábamos me sirve de tan poco…
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Escoger un momento en los más de cien años de historia del fútbol es imposible. Pero, sin duda, en los candidatos al título estaría esa final de la Champions League ganada por el Manchester United…
Mayo de 1999, Camp Nou, Barcelona. Manchester United y Bayern de Munich se ven las caras en el partido de fútbol más importante del mundo en años impares. Los ingleses, sin Roy Keane y Paul Scholes, buscan su segundo título; los alemanes el cuarto. Lothar Matthaus, capitán del Bayern, quiere ganar más que nadie: perdió su primera Copa de Europa en 1987 (ya llevaba el brazalete), en una final contra el Oporto que los alemanes ganaban a falta de un cuarto de hora. En un suspiro, en los minutos 78 y 80, Madjer y un tal Juary se llevarían la copa a Portugal.
No pinta mal la noche para Matthaus: Mario Basler marca en el minuto 6 y el Bayern está justo donde quiere. Con el capitán y cuatro más atrás (Babbel, Kuffour, Linke y Tarnat), y el doble pivote Jeremies-Effenberg, Hitzfeld cede la iniciativa al United. Pero los ingleses no están afinados de cara a puerta. En la última media hora, Ferguson mueve ficha. Saca a Teddy Sheringham y a Ole Gunnar Solskjaer, dos delanteros, dos cambios cruciales para la historia de esa noche. Ellos van a dar la vuelta al marcador, ellos van a grabar a fuego los minutos 91 y 93 en la memoria de los aficionados de ambos equipos.
La otra parte de la historia es Clive Tyldesley, uno de los locutores deportivos con más nombre en el Reino Unido. Él puso voz al partido para la cadena ITV, dejando algunos de los mejores comentarios que recuerdo…
Podéis ir directamente al minuto 89:45 de partido, momento en que el cuarto árbitro anuncia tres minutos de prolongación. Momento en que la hinchada del United ruge con un saque de banda inofensivo. Momento en que algo se pone en marcha. Beckham, Neville, corner. Los ingleses lo celebran como si fuera gol. Tyldesley, premonitorio, se pregunta: Can Manchester United score? They always score! Effenberg resopla. Schmeichel, el portero danés del United, sube a rematar el centro de Becks. Ni la huele, pero Giggs, quién sabe cómo, acaba metiendo un balón al área que Sheringham acierta a rematar. Empate a uno, 36 segundos por encima del minuto 90, qué gol más feo…
Al saque del Bayern, el Manchester responde con un robo rápido y un pelotazo arriba de Neville que recoge Solskjaer. Tapado por Kuffour, no se lo piensa dos veces y saca un centro. “O la meto a la olla, o se va a corner”, se dice. Pues eso, a la esquina. Se repite la escena: Beckham bota el corner, pero esta vez no buscará a Schmeichel porque, claro, el portero se ha quedado en su área. Y entonces, Tyldesley: Is this their moment? Beckham… into Sheringham… and Solskjaer has won it! Después, 17 segundos de silencio, magnífico silencio para oír las voces de miles de ingleses, para ver la celebración de Schmeichel y la cara de los alemanes. Y luego, la frase: Manchester United have reached the Promised Land.
El resto es imaginable. Kuffour, quién lo iba a decir, llora; un metro y noventa y tres centímetros de Jancker también. Atónito, Lennart Johansson, presidente de la UEFA, ordena cambiar los adornos de las orejas de la Copa, que ya lucían los colores del Bayern. Lothar Matthaus, sustituido en el minuto 81, se muere un poco en la banda. Aguantará una temporada más en el club, con la idea de ganar, por fin, la Champions, pero el Real Madrid será demasiado rival en las semifinales del año 2000. En 2001 el Bayern sí ganará la Copa, pero Matthaus ya estará en el retiro dorado, en el Metrostars de la MLS.
El Manchester United tiene su pedazo de historia imborrable, y Tyldesley también. ¿No sería justo que mañana nos tocara a nosotros?
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Gracias…
Aquest any… sí?

Hace un par de años que este blog no habla de fútbol. Reconozco que soy bastante ventajista con el tema: vibro como el que más cuando mis equipos (Real Oviedo y FC Barcelona, y por este orden) ganan, pero no me quita el sueño que pierdan. Y la verdad, llevaba mucho tiempo adormecido, posiblemente desde que la chispa de Ronaldinho se marchó vete a saber dónde. Es decir, bastante antes de que se fuera a Milan…
Pero este año es diferente. Este año, sí. Este año me vuelve el fútbol…
Hoy el Barça le ha metido cuatro al Bayern de Munich, quizá el equipo potencialmente más peligroso contra el que hemos jugado esta temporada. Y me explico. Hasta ahora, la verdad, no nos hemos cruzado con ningún coco. El Real Madrid vino al Camp Nou a mancharse el escudo, la Copa no nos ha cruzado con nadie relevante y la Champions, todos lo sabemos, acaba de empezar. Como seguro que dicen los que saben de fútbol, el verdadero nivel del Barça se verá en este tramo final. Con la visita al Bernabéu, con los últimas rondas europeas, con la final de Copa ante un equipo extraordinariamente motivado… De momento estamos respondiendo bien a todo: a la presión resultadista merengue, al rodillo mediático de la capital que se empeña en alargar la Liga, a un bache de resultados ante rivales significativos. Hoy, quizá, era la primera prueba de fuego, y se me antoja difícil un escenario mejor.
El Bayern, decía antes, es quizá el equipo potencialmente más peligroso contra el que hemos jugado esta temporada. El Barça era el gran favorito, pero sinceramente creo que sin las bajas de Lucio, Klose, Lahm, y Van Buyten, y el invento de Klinsmann de meter a Butt por Rensing, la cosa podría haber cambiado. Al menos hubieran aguantado mejor el arreón inicial y tenido más fe en algún contragolpe durante la primera mitad.
Pero seamos claros, no ha sido así. El Bayern ha jugado con lo que tenía, el Barça también, y durante 45 minutos de evangelización hemos triturado cualquier resistencia. Lo que más me gusta de hoy es tener bien claro que arriba estaban Henry, Eto’o y Messi, que un poco más atras estaba Iniesta, pero que seguramente mañana no tendré ni la más mínima idea acerca de la defensa. ¿Qué cuatro jugaban atrás? No lo sé, no los he visto. Bueno, corrijo: no los he mirado.
Lo único malo de este Barça es que acaba los partidos en la primera parte, y la segunda sobra. Guardiola, además, se entesta en hacer los cambios muy tarde, cosa que evita un lucimiento de 14 en lugar de 11. Ya me dirás si hoy no era oportuno sentar a Messi en el 60 para darle media hora a Bojan, o cambiar a Iniesta (que el de arriba nos lo cuide hasta final de temporada…) por quien sea en el descanso mismo. Oye, hablemos de Iniesta… Andresito también tiene, como el equipo, un solo defecto: es blanco. Esa similitud con el máximo rival es lo único negativo del que ahora mismo es, sin duda, el mejor jugador del mundo. Si Iniesta chutara un poco mejor anotaría el doble de goles y estoy convencido de que le quitaría mucho brillo a Messi, Eto’o y compañía. Pero es mejor así. Si Casillas decía aquello de “No soy galáctico, soy de Móstoles”, Iniesta responde con un aún mejor “Pues yo de Albacete”…
Y así están las cosas. A la Liga y a la Copa les falta el último remate; es hora de ponerse el babero y de centrarse en la Champions. De viajar a Munich con el mismo planteamiento que aquí para meter un gol rápido y obligar al Bayern a rendirse ante la perspectiva de tener que enchufarnos seis. De esperar luego al Chelsea en semis: el 1-3 de Anfield creo que deja poco lugar a la discusión. Y de, si pasamos, cruzar los dedos. No para ganar, eso ya es mucho pedir, sino para poder tener una preciosa final contra el Manchester. Creo que merecemos jugarnos esta Champions contra el mejor…
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Lo tengo decidido: en cuanto Nike saque las camisetas del Barça para la temporada 2007, me compro una de 2006 con el nombre de Belletti a la espalda. Lo que pasó ayer en París fue muy bestia para los culés, pero es que el gol de Belletti no tiene nombre. Vale más una imagen…

Belletti se tapaba las manos la cara… quién le iba a decir a él, que no había marcado ningún gol esta temporada, que en sus pies dormía una Copa de Europa. Junto al defensa, dos bestias: Eto’o y Larsson. Lo del sueco no tiene nombre… jugar apenas media hora y dar dos asistencias como dos soles, pim-pam. Qué gran adiós al fútbol de elite.
Ayer por la tarde me preguntaban que cómo veía el partido, y yo decía que ni idea. Que quería o bien una goleada o bien un partido de sufrir mucho. Pero no me apetecía un 2-0, una final sin suspense… porque lo bonito del fútbol es sufrir un poco, ¿no? El final del partido fue tremendo porque hasta París echó una mano y tapó su cielo para que empezara a llover. Las imágenes del abrazo de los jugadores, empapados y borrachos de gloria, ponen los pelos de punta.

Mucho ruido en las calles, eso ha sido hoy Barcelona. Yo anoche estuve dando vueltas por el centro y vi lo que nunca pensé ver. Impresionante la de gente que había: con camisetas azulgrana, con camisetas amarillas, con bufanda, sin camiseta, tocando el claxon, cantando, gritando, riendo… Y en estos momentos, la fiesta sigue en el Camp Nou. Reacciones así no debería generarlas sólo el fútbol…
PD – Sigo enganchado a los ‘trends’: el punto A es el fichaje de Belletti por el Barça, y… ¿podría ser que al final se noten los efectos del gol de ayer?

¡¡Belletti presidente!!
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Buena parte del día me la paso leyendo, hablando o escribiendo de fútbol (es parte de mi trabajo), pero no me considero un forofo. Miro algún partido y poco más, aunque sí procuro estar lo más informado posible. Me gusta, pero creo que vivimos una época de perversión deportiva… en fin, no es tema del que quiero hablar. Quiero hablar de Larsson.

Hoy sí estaba viendo el partido: Barça-Depor. Oía también al amigo Puyal, y durante la retransmisión han ofrecido una estadística realmente impresionante. Henrik Larsson, delantero esporádico del Barça, lleva 705 minutos en Liga, con 7 goles marcados. Poco menos de un gol por partido, una media fantástica… pero además han revelado que en esos 705 minutos ha chutado 22 veces, 11 de las cuales a puerta. Eso quiere decir que sólo ha fallado 4 de los tiros que ha encuadrado entre los tres palos. Una media, por si alguien no se hace a la idea, tremenda.
Larsson tiene 34 años y está jugando sus últimos partidos importantes. Sus clubes, hasta ahora, habían sido Feyenoord y Celtic, grandes en sus países pero poco relevantes en el circo europeo (aunque ambos hayan sido campeones de Europa), por lo que no sería de extrañar que Henrik quisiera despedirse de la elite con una Champions. Es veterano, experto, y además marca goles… ¿por qué no iba a reclamar protagonismo? ¿Por qué no iba a ir de diva, él que en Glasgow metió 35 goles en 37 partidos de Liga?
Pues no, prefiere callar. Salir, jugar, dar la pelota cuando toca y marcar cuando puede. Las estadísticas lo dicen: no sólo es efectivo, sino que da la impresión de que apenas chuta cuando ve que no debe. Para mí, todo un ejemplo. Y eso se nota en el Camp Nou, que se levanta y aplaude cada vez que el sueco entra o sale del campo.
Su carácter es muy diferente al de Eto’o, que marca casi tantos goles… pero que no sé si dispondrá del talante adecuado el día que deje de marcarlos. Y Henrik también me hace pensar en el Real Madrid, y en la tormenta que se ha instalado en el Bernabéu. A los galácticos les sobra ego y de nuevo Larsson sería el mejor ejemplo a seguir. Él ya ha anunciado que este verano toca hacer las maletas, que quiere volver a Suecia. En el Helsingborgs IF, club donde ya jugó de joven, acabará su carrera. ¡Suerte y gracias, Henke!
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