Qué bien se lo pasan Vladimir y Silvio…

Anna Politkóvskaya apareció muerta a balazos en el ascensor de su casa, en Moscú. La asesinaron, parece ser, el día del cumpleaños del presidente ruso, Vladimir Putin, cosa que cuanto menos es significativa. Uno de los encargados de investigar el caso era Alexander Litvinenko, envenenado con polonio-210. Son dos de las presuntas víctimas del régimen de Putin.

Vladimir Putin y Silvio Berlusconi

Politkóvskaya era periodista.

Putin parece ser bastante amigo de Silvio Berlusconi. En esta foto están de rueda de prensa, se supone que delante de decenas de periodistas. Uno, o una, de ellos, o ellas, tuvo la idea de preguntar a Putin si era cierto que se está divorciando. El ruso se incomodó, y Silvio, apodado -no lo olvidemos- Il Cavaliere, se esforzó en distender el ambiente con una bromita. Con el gesto que veis en la foto…

Qué broma más estúpida…

Imagen :: AFP

World Press Photo

Fotografía de Todd Heisler (Rocky Mountain News / Polaris Images)

Un día, un guante blanco (fina ironía) llamó a la puerta de Katherine Cathey. Era el Mayor Steve Beck. Cuando tienes 23 años y el padre de tu futuro hijo está en Irak, lo último que quieres es la visita de uno de sus superiores. Ya sabes lo que significa…

Hasta el domingo, en Barcelona, el CCCB acoge en una de sus salas el World Press Photo, el mayor y más prestigioso concurso anual de fotografía en prensa. Merece la pena echar un ojo. De entre todas las fotografías es complicado destacar una, aunque se puede decir que el tema principal es la crudeza. De las guerras, de las enfermedades, del ser humano en sí… Diferencias, mutilaciones, hambrunas… Hay de todo. Eso es la fotografía, la prensa, y por tanto, la realidad. Hay muchas fotos mejores y más representativas que la que yo he escogido para este post. Pero he escogido ésta… En parte, porque la vi en su día publicada en El País, y me rompió en dos. La chica de la foto (podéis ampliar la imagen haciendo click en ella) es Katherine Cathey.

Everything that made me happy is on that plane“, fue la frase de Katherine cuando el 757 se posó en Reno. James Cathey, como tantos otros, había muerto en Irak. Los daños colaterales: una viuda de 23 años y un niño que nacería huérfano. A su padre lo mató algo en un país que probablemente nunca visitará, que la mitad de sus compatriotas jamás sabrá colocar en un mapa, en una guerra que sólo el dinero justifica. El puto sueño americano provoca pesadillas en todo el mundo…

Katherine, y ahí es donde la foto cobra todo el sentido del mundo, veló el cuerpo de James la noche antes del funeral. Y lo hizo de la manera en que Todd Heisler captó: colchón y un ordenador portátil, el suyo probablemente, con el que intentar retener el tiempo a base de canciones, de sus canciones… Mil recuerdos, quizá de cuando se conocieron en el barrio. Quizá dos niños, quizá pareja siempre, quizá toda la vida juntos, quizá chicos de barrio…

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Historia de un beso

Cerca del ayuntamiento de París (el ‘Hôtel de Ville’) se tomó la que seguramente es una de las imágenes más icónicas del S.XX. Se llama Le Baiser de L’Hôtel de Ville, y realmente su historia tiene miga.

Le Baiser de L'Hôtel de Ville

La leyenda urbana cuenta que la pareja protagonista no era consciente de estar siendo fotografiada, que en realidad no eran pareja-pareja sino amantes, que la popularidad de la instantánea provocó un gran problema a la chica cuando su pareja oficial la vio y que posteriormente demandaría al fotógrafo, Robert Doisneau. Bien, pues nada de eso es cierto. De hecho, el propio Doisneau demostró muy buen ojo en 1992, cuando declaró esto en una entrevista: “Jamás me habría atrevido a fotografiar a una pareja así en la calle. ¿Amantes besándose en público? Raramente tienen una relación legítima…”

La historia real empezó en 1950, cuando Doisneau estaba sentado en la terraza de un café buscando la inspiración para cumplir con lo que acababa de pedirle la revista Life: un reportaje sobre los ‘amoureux‘ de París. Doisneau vio a una pareja pasar y les abordó. Resultaron ser dos estudiantes de arte dramático: Françoise Bornet y Jacques Carteaud. Les preguntó si estarían dispuestos a posar y de ahí salió la famosa fotografía. ¿Verdad que pierde magia cuando uno sabe que no es una imagen espontánea? Por otro lado, la gana porque la pareja nos hace creer que son ajenos a la cámara.

Con esta y un puñado más de fotos, Doisneau publicó su trabajo y la primera parte de la historia acabó. ‘Le Baiser de L’Hôtel de Ville’ se quedó durante más de tres décadas en un cajón, de ahí que si Bornet hubiera tenido otro novio o marido, como afirmaba la leyenda urbana, para éste hubiera sido difícil ver la imagen. No fue hasta mediados de los ochenta cuando alguien tuvo la feliz idea de convertir la fotografía en poster, transformándola en un superventas del mundillo. Si lo normal es que una buena foto llegue a vender alrededor de 15.000 copias, ésta ya ha sobrepasado el medio millón.

Y con la fama llegó la segunda parte de la historia. Varias parejas reclamaron ser las protagonistas de la imagen. Jean y Denise Lavergne tuvieron incluso el morro de presentarse en un programa de televisión en el año 1992. Ojo, porque estamos hablando, como mínimo, de sexagenarios… Entre tanto jaleo apareció la verdadera besada (o besante), Françoise Bornet, y lo hizo con la fotografía original que Doisneau le remitió en los 50, zanjando así el asunto. El último capítulo también lo escribió ella: Bornet decidió subastar la foto en 2005 para financiar una productora cinematográfica junto a su marido… que no es Carteaud, embarcado en la producción de vinos durante su vida y ya fallecido. Sin embargo, el affaire de la fotografía sirvió para que se reencontraran. Ah, y para ganar 155.000 euros, que es lo que un ciudadano suizo pagó por el beso y toda la historia que tiene detrás, que también lo vale…

Uno mira la foto y no puede dejar en cierta manera de suspirar y de entender que sí, que se merece un sitio en alguna parte, aunque quizá no por 155.000 euros… La posición de Doisneau, en cierta manera voyeur semiescondido, la gente pasando como si el mundo no se estuviera parando, el gris inmenso, el pelo despeinado de él, la dispersa silueta de París al fondo, la forma en que ella desmaya el cuerpo, una mano que pende y la otra que sujeta segura, la silla vacía, el obsoleto romanticismo del cigarro entre los dedos… Uno ha besado en París, que queréis que os diga…