Nueva York

27 de Agosto
2008

Últimamente tengo claros cuáles son los países que quiero visitar. La lista no es muy larga, pero sí bastante ambiciosa: Japón, Nueva Zelanda, Islandia y Canadá. Las cuatro puntas del mundo, como quien dice… Estados Unidos estaba en un segundo plano, pero las circunstancias me han llevado allí este verano. No ha sido un viaje planeado con mucha antelación, como sí lo será el próximo (¿Islandia 2009?), pero la verdad es que nos hemos desenvuelto bastante bien. Sobre todo teniendo en cuenta que, a 48 horas de tomar el avión, no teníamos alojamiento en la Gran Manzana…

Marc y Dani en Nueva York

Pero como somos gente de recursos (oi, Marc?), lo solucionamos. A nuestra manera, pero lo solucionamos… Bueno, el caso es que con Marc pillamos la maleta y nos marcamos un atracón de vuelos: Barcelona-París-Boston, dos días en la capital de los Celtics, Boston-Nueva York, siete días en pleno Manhattan, Nueva York-Boston para cascarnos una mariscada histórica, y finalmente Boston-Amsterdam-Barcelona.

Boston es bonita, muy estética y cuidada. Una ciudad bastante europea, con sus casas antiguas (todo lo antiguas que pueden ser las cosas en USA), sus parquecitos, su pasión por el mar… Merece la pena dedicarle un par de días. Los campus de Harvard y del MIT son visita obligada, y supongo que aún más en septiembre-octubre, cuando el curso ya ha empezado. También la zona más cercana al puerto, con el Faneuil Hall y el Quincy Market, el parque Boston Common, o la siempre presente Little Italy, mucho más bonita que la de Nueva York. Casi obligatorio es pasarse por algún restaurante de los muchos que ofrecen seafood, es decir, marisco, y cascarse una señora langosta o, como en mi caso, un delicioso pastel de cangrejo. Tremendo…

Pero bueno, el plato fuerte del viaje no era ni la langosta ni Boston, sino Nueva York. Una ciudad a la que hay que ir, sin duda. ¿Qué tiene que la hace tan especial? Pues me pasa un poco como con Barcelona: que no lo tengo claro. Sé, por ejemplo, lo que me encanta de París: sus calles (desde los carteles hasta el diseño de los edificios, pasando por los adoquines), el olor que tiene por la mañana y la gente (sí, me gustan los franceses, qué le vamos a hacer…); con Nueva York no lo tengo claro. Quizá es la sensación de llevar dos días en la ciudad y sentirse casi-casi uno más, gracias a la gente, que es absolutamente educada y bastante acogedora, a la brillante disposición de las calles (yo tenía mis reticencias con eso de 42st St., 6th Av., etc, pero en menos de una semana ya sabes ubicarte perfectamente en una ciudad ocho veces mayor que Barcelona), a la tremenda multiculturalidad…

O quizá sea Central Park…

Central Park, versión selva

3,4 km2, con un lado largo de 4 km, 25 millones de visitantes al año, campos de beisbol, museos, estanques, enormes explanadas de cuidadísimo césped, castillos, Strawberry Fields…

Central Park, versión oooh, que bonito

Sorprende ver tanta naturaleza junta en medio del corazón del capitalismo, es realmente alucinante pensar cómo algo tan grande y jugoso permanece ajeno a la especulación inmobiliaria. Y se agradece, claro. Porque la sensación de meterse en mitad del parque y poder no oír ni ver coches y rascacielos es genial…

Imagine...

Más cositas, en breve:

  • Chinatown, y en especial Canal St., es espectacular de día. Supongo que es lo más parecido a un bazar turco que hay en los Estados Unidos…
  • La noche neoyorquina mola; más que por las discotecas (que a mí, limitado musicalmente, no me convencieron, aunque merece la pena conocer el percal), por el ambiente de pubs, de música en directo, de actuaciones…
  • …y es que de actuaciones saben un rato: en el metro, en un parque, en la calle, en el cumpleaños de una amiga, en cualquier sitio te puede saltar un americano con ganas de showtime, haciendo malabares, volteretas, ventrilocuismo, y siempre con una labia y un sentido del humor impresionantes… ¡puro showtime!
  • Tiendas, tiendas, tiendas… especial mención a los centros Apple, al Toys’r'us de Times Square y a la NBA Store
  • ¿Empire State Building o Top of the Rock? Top of the Rock, claramente; verás Central Park como nunca…
  • Ah, y se puede comer relativamente bien, sobre todo si te gustan las pizzas…

Escribir sobre Nueva York agota casi tanto como visitarla. Es una ciudad con montones de cosas sucediendo a la vez. Hay que ir a verla. Al menos una vez.

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Amsterdam

14 de Marzo
2007

No es un sitio frío, no es caliente, no es pequeño, no es grande, el idioma te hace sentir extraño pero a la vez puedes comunicarte, suena a moderna pero huele a antigua…

Preciosa vista de Amsterdam

Schiphol. Bonito nombre, con las dos ‘h’ repartiendo juego… Es un aeropuerto feo, pero funcional, que al fin y al cabo es lo que cuenta. Es la primera vez que estoy en un país cuyo idioma no conozco, pero sé (y compruebo) que no será un problema. Todo el mundo habla un correctísimo inglés, desde el personal del mismo aeropuerto hasta el colectivo homeless en pleno. Algo que me hace pensar en cómo es posible que en España, segunda potencia mundial en eso de recibir turistas extranjeros, el conductor de un autobús que hace el recorrido entre el centro de Barcelona y el aeropuerto no sepa ni decir las horas en inglés…

Bandera de Amsterdam; me gusta

Damrak. La primera calle que piso es una avenida turística en la que localizo el primer McDonald’s de la tarde. ¡Bien, Nuggets a dos euros! Luego me siguen llegando estímulos a montones: a) el mar está en todas partes, lo que supongo que a su vez provoca que no haya mucho metro y sí tranvía, aunque no acabo de entender si éste es un medio de transporte o un método para controlar la inmigración; me explico: uno, barcelonés de adopción, está acostumbrado a torear en las calles con pocos peligros, siendo los más gordos i) los trileros y ii) las cagadas de perro, y por fortuna a ambos colectivos, con años de práctica, se les acaba identificando e incluso evitando (aunque a veces las cagadas de perro te atrapan cual arenas movedizas…), de manera que un ataque súbito de tranvía puede resultar mortal de necesidad para el recién llegado; b) la gente es muy guapa, y no estoy hablando sólo de las chicas; además, cuando van en pareja, los neerlandeses y neerlandesas (que así deben llamarse) son una especie de dioses nórdicos bajados del cielo, y para colmo los puñeteros y las puñeteras van siempre muy bien vestidos; el toque multirracial, una curiosa mezcla arabeasiática, abre las puertas a quienes que no quieran un armario de 1,90 en casa, o piensen que los ojos excesivamente claros son síntoma inequívoco de enfermedad crónica y contagiosa; y de paso, una buena noticia para mí, ya que esa mezcla étnica ha bajado (supongo) la media de altura nacional, con lo que no me sentí un enano entre tachenkos; eso y mi sentido arácnido me han hecho volver sano y salvo a casa evitando morir aplastado por un neerlandés ebrio o arrollado por un tranvía… Al final de Damrak se llega a Dam, una plaza que no está exactamente en Amsterdam, sino que aparece súbitamente cuando estás en Amsterdam: te la puedes encontrar en cualquier momento, siempre está allí. Muy curiosos sus bancos, con tableros de ajedrez dibujados encima. Las fichas las pones tú…

Vista aérea del centro de Amsterdam

Bicicletas. Bicicletas de una persona, bicicletas de dos personas, bicicletas de seis personas (lo juro), bicicletas sin persona (éstas estaban aparcadas), bicicletas-taxi, bicicletas de alquiler, bicicletas de paseo, más bicicletas de paseo, bicicletas con señor, bicicletas con señora, bicicletas y más bicicletas… a veces uno tiene la sensación de estar en la peli ‘Pájaros’. Nunca había visto tantísima bicicleta junta… Así, no es de extrañar que una tienda, no recuerdo en qué calle, tuviera en su puerta un rótulo con la frase ‘No bikes here!‘, un aviso que en España sería surrealista. Me recordó a aquel momento en que Guido le dice a Giosuè que pondrán en su librería un cartel impidiendo la entrada a arañas y visigodos…

Bicicletas...

Agua. Si una cosa hay en Amsterdam en mayor cantidad que bicicletas, es agua. Agua por todas partes y puentes por doquier. El conjunto es muy agradable y, qué narices, no me digas que no es mejor ir a buscar a tu novia en barco que en coche… Creo que es principalmente el agua lo que le da un toque especial a la ciudad. Y los edificios. Amsterdam tiene unos edificios preciosos de principio a fin. Me encantan…

Mapa de Amsterdam

Rincones. ¿Alguien estaba esperando que dijera algo del Barrio Rojo? Vale, pues llega el momento. Antes tengo que explicar que no planeé en absoluto este viaje; con esto quiero decir que no sabía nada de Amsterdam hasta que lo vi con mis propios ojos. Y una vez allí, lo único que hice fue comprar un mapa. Y, armado con él, echar a andar. Por suerte, rápidamente se distingue lo que es visitable de lo que no, esto es, las zonas residenciales del casco antiguo. Como en toda buena ciudad que se precie (y que tenga mar, claro), la vidilla está cerca del puerto. En ese sentido, Zeedijk (1) y alrededores son el punto neurálgico del viejo Amsterdam, de la ciudad pesquera de ayer, y también del Amsterdam liberal (prostitución y consumo de marihuana) de hoy. Repito: yo no sabía donde estaba el Barrio Rojo. Así que paseando, me metí de repente en una calle. Tiene guasa porque en teoría buscaba una iglesia y la calle tenía nombre de santa (C/ de Santa Ana - Sintannenstraat), cuando de buenas a primeras veo una casa normal, con una puerta normal, con una ventana grande (hasta el suelo) pero normal… y una señorita en tanga y sujetador dentro. ¿Mi primera reacción?: “Joder, ¿qué hace esta tía medio en pelotas en casa?” ¿Mi segunda reacción?: “Hostia, qué tonto eres…” Y eso, el resto de la calle, un verdadero escaparate de carne. Francamente, mejor así que en una esquina… Más insigne que las señoritas de Amsterdam es Anna Frank. Sinceramente, no sabía que su famoso diario había sido escrito en esa ciudad, perdonen la incultura. Así que pasee un buen rato por delante de ese pedazo de historia (2). En los puntos (3) y (4) están quizá los rincones que más me gustaron de Amsterdam. El primero es un patio de vecinos, formado por unas 30 ó 40 casitas, en pleno centro comercial. De hecho, está a tiro de piedra de la calle Kalverstraat, la más cara del Monopoly neerlandés y llena de tiendas-globalización de principio a fin. Pues bien, esta comunidad forma parte de lo que antiguamente fue una congregación de beguinas (no tenía ni idea de lo que era eso hasta que lo vi allí…), y realmente es como un remanso de paz en medio del jaleo, además de conservarse en un muy buen estado. Un rincón precioso. El punto (4) no tiene tanta historia: es, sencillamente, un banco. El sol de marzo, las magníficas vistas al Binnen Amstel y un poco de música hicieron el resto… Y para pasear, nada como la zona (5) conocida como 9 Straatjes, una ensalada de puentes, canales, gente, tranvías, tiendas… Amsterdam en estado puro.

Anochece

Cuantas más ciudades conozco, menos entiendo Barcelona…

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English rules!

22 de Octubre
2006

Un par de cosas curiosas sobre la lengua universal:

  • Hay más de 500.000 palabras en la lengua inglesa, pero ninguna rima con los colores silver, purple o orange
  • El inglés se utiliza como idioma oficial o co-oficial en más de sesenta países
  • Ninguna palabra en la lengua inglesa tiene tantas definiciones como set
  • La pronunciación puede llegar a ser bastante retorcida. Existen numerosas formas de pronunciar -ough, como en la siguiente frase: “A rough-coated, dough faced, thoughtful ploughman strode through the streets of Scarborough; after falling into a slough, he coughed and hiccoughed”
  • Pneumonoultramicroscopicsilicovocanoconiosis, con 45 letras, es la palabra más larga en los diccionarios de inglés
  • Fuente :: Nintendo

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Bjork, Gudjohnsen y los apellidos islandeses

8 de Julio
2006

No hace mucho me enteré de que Bjork (o Björk), el nombre de la cantante islandesa, no es un apodo, un nombre artístico ni nada por el estilo. Es simplemente su nombre. Y tampoco es que haya pocas Bjork en Islandia y se decidiera por ponerse ese nombre para vender discos, no… el caso es que en Islandia la gente se llama por el nombre, no importa su cargo o relevancia pública. Si Bjork fuera primera ministra islandesa seguiría siendo Bjork, y no Sra. Gudmundsdottir (que así se apellida).

Por otra parte, el Barça ha fichado al primer futbolista islandés (ya tuvo un balonmanista hace años) de su historia: Eidur Smari Gudjohnsen. Su padre se llama Arnór Gudjohnsen y también fue futbolista. Los dos fueron noticia hace años porque coincidieron en un partido profesional: el hijo entró al campo en sustitución del padre durante un Estonia-Islandia. Buscando información sobre el tema me volví a encontrar con rarezas en los nombres islandeses: resulta que el 90% de la población forma su apellido a partir del nombre del padre o de la madre (le añaden el sufijo -son), no heredándolo directamente como suele ser común en las sociedades occidentales. Curiosamente, los Gudjohnsen son parte del otro 10% que sí puede mantener el apellido de sus antepasados, gracias a que éstos adquirieron a principios del siglo XX el derecho legal a hacerlo. Por eso padre e hijo se apellidan igual (y además su apellido no acaba en -son).

En casi todos los idiomas existen sufijos que quieren decir ‘hijo de’: -ez en castellano, el mítico Mc de los escoceses, -son en la lengua inglesa, etc. En Islandia tienen el -son, pero lo usan de manera diferente. Por ejemplo: si los Gudjohnsen no tuvieran ese derecho a heredar el apellido, el jugador del Barça se llamaría Eidur Smari Arnórson, o sea, ‘el hijo de Arnor’. De ahí que no se llamen entre ellos por el apellido, porque no tiene información sobre tu familia, sino simplemente sobre el nombre de pila de tu más inmediato antepasado. Para las mujeres está el prefijo -dottir (daughter). Bjork se apellida Gudmundsdottir, lo que hace suponer que el nombre de su padre es Gudmond, ¿no?

La cosa se complica cuando, por lo visto, cualquier persona puede escoger entre apellidarse ‘hijo/a de’ papá o de mamá: una pareja formada por Thor Johnsen y Anja Smithsdóttir pueden tener un niño que se llame Eidur Anjason (hijo de Anja) y una niña que se llame Bjork Thordottir (hija de Thor). O sea, cuatro familiares y ninguno se apellida igual…

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Dinky

17 de Enero
2006

Admitámoslo: el castellano es una caca. Al menos para ciertas cosas. Me explico. Tengo un título (bueno, aún no, estoy esperando a que me lo firme Juanca) que me acredita como periodista. Oséase, que en teoría soy periodista. Una palabra que no me gusta. Como pedir para salir o, sobre todo, darse un pico. Algún día atraparé al que inventó lo de darse un pico y… ufff, no sé qué pasará, pero nada bueno.

El caso es que el castellano es poco flexible. Alguien tenía que decirlo. Yo no quiero ser periodista, ¡es una palabra muy antigua! En cambio, el inglés me permitiría ser, por ejemplo, un mass-media worker. Tendría sus inconvenientes, porque pasaría en breve a ser MMW (lo de las siglas lo dejamos para otro día), pero me sentiría más cómodo.

Los ingleses (y los franceses también; desconozco otros idiomas) tiene un idioma tremendamente flexible. La generación que sube ahora son los screen-agers, neologismo formado por screen y agers, como en teenagers. ¿Una chorrada? Sí, pero útil: define perfectamente que su vida (educación, ocio, etc) está marcada por las pantallas. ¿Como sería en cristiano? No lo intenten en sus casas…

El nuevo palabro, ojo al dato, es dinky. Sirve para designar a las parejas de moda hoy en día: jóvenes trabajadores ambos que se arrejuntan y tardan en tener hijos. Es un acrónimo de Double-Income, No Kids Yet (Ingresos dobles, sin hijos aún).

Yo podría ser dinky, pero teniendo en cuenta mi sueldo quizá soy más bien kinky… En cualquier caso, ¡¡antes mass-media worker que periodista!!

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