El mundo de Millás

2 de Octubre
2009

Sé poco de El mundo: es un libro de Juan José Millás, y con él ganó el premio Planeta hace dos años. Cuando digo que sé poco quiero decir que sólo lo he leído. Normalmente suelo deglutir mucha información después de leer un libro (o ver una película, o escuchar una canción, o…) que me encante, pero esta vez creo que me quedaré así, sin buscar más referencias ni opiniones. Porque cuando uno acaba de leer El mundo de Millás, cuando uno sale del mundo de Millás, no sabe cuánta realidad y cuanta ficción hay en esa… ¿biografía? Había leído muchos relatos cortos de Millás, y una novela, pero El mundo es otra cosa. Es, en teoría, la historia de su vida, sin demasiadas ataduras cronológicas y con esa aura de irrealidad que siempre desprende Millás.

Cuando alguien escribe siempre se desnuda un poco, todo escritor asume cierto grado de exhibicionismo si somete su texto al ojo público. Da igual de lo que hables, siempre hay algo de ti mismo en todo. En el caso de una biografía, evidentemente, aún más: todo es desnudez. Pero nunca había leído, y creo que nunca leeré, algo tan extremo como lo que hace Millás en su novela. Se desnuda, se quita la piel y se retrata con una intensidad sólo comparable, claro, a la que él ve en su calle cuando la mira desde la casa del Vitaminas.

Es un libro espectacular por lo que cuenta, pero aún lo es más por cómo lo cuenta. El lenguaje de Millás es un átomo, él es el centro y las palabras que escoge son partículas que orbitan a su alrededor, y que se van cruzando en el momento justo, saludándote, dejándote con la boca abierta, porque sabe recuperar y mezclar las expresiones y las imágenes como nadie.

Hay que leer a Millás…

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Barcelona sí tiene quien la escriba

25 de Julio
2009

No hay nadie como Eduardo Mendoza para explicar qué es, cómo es Barcelona. Tanto si quieres conocer la ciudad porque nunca has estado como si vives en ella, Mendoza es tu hombre. Lo es a través de dos novelas: La ciudad de los prodigios y Sin noticias de Gurb.

La ciudad de los prodigios y Sin noticias de Gurb

La ciudad de los prodigios es una especie de historia de Barcelona entre los años de sus dos exposiciones universales: 1888 y 1929. Son los años de actividad de Onofre Bouvila, un chaval de pueblo que llega a la capital con una mano delante y otra detrás y acaba convertido en una de las personas más poderosas no solo de la ciudad, sino de todo el país. A través de ese ascenso conocemos de primera mano la evolución de Barcelona en esos 40 años. Mendoza mezcla realidad y ficción, y abarca aspectos políticos, sociales y culturales.

Sin noticias de Gurb es otro cantar: novela ligera (se publicó originalmente por entregas en El País durante un verano pre-olímpico), cargada de humor, aunque no por ello libre de crítica social. Gurb y su compañero, ambos alienígenas, aterrizan en Cerdanyola con la intención de investigar no-recuerdo-qué. El caso es que Gurb desaparece, y el protagonista se pasa todo el libro intentando dar con él. Cachondeo asegurado.

Ni uno ni otro tendrían sentido en otra ciudad que no fuera Barcelona. Los clichés burgueses, los lugares, la mezcla de pasado y futuro de la historia de Onofre Bouvila son muy barceloneses, mientras que en el segundo caso, personajes como el señor Joaquín y la señora Mercedes son imposibles en cualquier otro lugar. Volviendo al principio… posiblemente haya mejores cronistas de Barcelona que Eduardo Mendoza, quizá incluso las que yo digo no son siquiera las mejores novelas barcelonesas de Mendoza. Así que, por favor, se aceptan discrepancias. Pero eso sí, en cuanto tengáis un rato, leed a Bouvila y a Gurb.

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Los libros huidizos

28 de Enero
2009

Hay libros que desaparecen. No digo los que pierdes, los que dejas y nunca vuelven (la gente que no devuelve libros no tiene corazón), los que colocas debajo de la mesa para que no baile (supongo que hay gente que lo hace, y tienen aún menos corazón que los que no devuelven…), los que olvidas en el metro, los que se te mojan por descuido y mezclan sus palabras, quizá formando otro libro aún mejor. No, me refiero a libros que desaparecen, literalmente. Yo tenía unos cuantos libros que no tengo, y sospecho que se han ido. Han huido. No soy el único: el otro día una amiga detectó, demasiado tarde, la fuga de El Principito. Quizá esté en algún lugar de su casa, sí, pero también es posible que ande en busca de otros libros que le hagan compañía. Quizá un atlas universal que le ayude a hallar su planeta, quizá un cuento de hadas en que encontrar una princesa para su reino…

Reconozco que lo mío es aún más grave: he sido yo quien ha huido de sus libros. Siguen en mi antigua habitación. Seguro que unos pocos, pongamos por ejemplo los de Saramago, son conscientes del abandono y sus motivos, y lo llevan con ejemplar conducta; otros, los de Agatha Christie, seguramente, haya acabado deduciendo lo sucedido; los de Cortázar es posible que tarden más en echarme de menos, pero cuando lo hagan seguro que inventan un precioso cuento con que digerir la realidad; finalmente, la inmensa mayoría vivirá ajena a mi huida. Los iré recuperando poco a poco, deseando que el día de mañana no sean ellos los que hagan las maletas.

Recordad a los libros huidizos, y atadlos en corto. Si huyen los corazones, ¿por qué no iban a hacerlo los libros?

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No hay más ciego que el que no quiere ver

4 de Octubre
2008

Si entráis por aquí de vez en cuando sabréis que este otoño se estrena la película basada en el libro de José Saramago Ensayo sobre la ceguera. Para quienes no hayáis leído la novela, además de recomendar que lo hagáis rápidamente, os la resumiría más o menos así: una epidemia de ceguera se extiende por una ciudad sin nombre, comprometiendo la organización y el grado de civilización de sus habitantes. Imaginaos cómo sería un día en vuestra ciudad si de repente todo el mundo se fuera quedando ciego.

En realidad, el libro es una metáfora sobre la moral humana. Para cualquier persona con dos dedos de frente que lea el libro, la ceguera es un recurso narrativo. No es un libro sobre ciegos. Pero hay quien piensa que sí. El amigo Marc, lequerico fundador para más señas, me pasaba ayer esta noticia de La Vanguardia.

La Federación de Invidentes de ese país [Estados Unidos] ha pedido que se retire la película porque, en su opinión, “tanto el libro como la cinta tratan a los ciegos como incapaces de hacer cualquier cosa e incluso como adictos y criminales, por lo que es completamente absurdo”, manifestó el director ejecutivo de dicha organización, John Paré. En su opinión la película “probablemente llevará a que los ciegos tengan menos oportunidades e incluso pierdan empleos”. Desde su punto de vista la película puede generar repulsa contra los ciegos y rechazó la idea de que el film sea una alegoría. “Esa idea es ridícula”. Por eso quieren que se retire la película y que las 75 salas en donde va a ser estrenado se llenen de protestas.

Lo primero que me parece triste es que, tal y como se dice en la misma noticia, el libro, escrito hace 13 años, se publicase sin polémica alguna. Pero a la película sí. Parece que hay que hacerle más caso…

No sé si este buen hombre habrá leído el libro o visto la película. Quien sí lo haya hecho sabrá que los ciegos que lo eran antes de la epidemia tienen cierta ventaja sobre el resto, ya que están acostumbrados a vivir sin ver, y que un grupo de ellos se dedica a extorsionar a sus compañeros de internado. Nadie está diciendo que los ciegos auténticos sean malos, sino que pueden serlo. Es como si en Alemania pidiera retirar las películas sobre el Holocausto, no vaya a pensar alguien que todos los alemanes gustan de matar judíos…

No puedo dejar de pensar que estas cosas sólo pasan en Estados Unidos. Así que tampoco veo descabellado que el tal John Paré vaya a tener razón en lo de los despidos…

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Más impaciencia…

5 de Agosto
2008

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La caverna, Saramago

23 de Julio
2008

La caverna, de Jose Saramago

Ayer, por fin, acabé de leer La caverna. No es el mejor libro de Saramago, pero eso ya lo asumí hace tiempo. Creo que desde que cerré Ensayo sobre la ceguera supe que para leer algo tan grande tendría que volver a abrirlo. Pero La caverna no es un mal libro, ni mucho menos. Tiene todas las bondades y carencias de Saramago, lo cual ya justifica una lectura de casi 450 páginas.

Yo defenderé siempre a Saramago. Se puede decir, y se dice, que lo que cuenta en cuatro centenares de páginas lo puede contar en la mitad, y es cierto. Pero yo pienso que prefiero 200 hojas de paja, de buena paja saramaguiana, con sus refranes y sus reflexiones, que una historia directa. No es un escritor de acción, al fin y al cabo.

Se puede decir, y se dice, que sus personajes son demasiado sabios, y es cierto. Cipriano Algor, su hija Marta, Isaura Madruga, hasta el más gris Marcial Gacho o incluso el perro Encontrado son personajes absolutamente sabios. Saramago trata especialmente bien a sus mujeres, dotándolas de cualidades supremas como la inteligencia, la paciencia, la bondad… las dos de La caverna, Marta e Isaura, son claros ejemplos. ¿Personajes poco creíbles? No menos que cualquiera de casi cualquier otro libro. Lo de Saramago y sus criaturas es casi realismo mágico al nivel de la saga Buendía en Cien años de soledad, ese negro lunar en mi bibliografía…

Se puede decir, y se dice, que algunas obras del Nobel portugués son demasiado irregulares, inconstantes, y es cierto. La caverna alarga la introducción, aplazando el clímax del nudo hasta donde apenas nos queda sitio para el desenlace. Pero también es muy propio de Saramago, y muy respetable, dejar a sus personajes colgando. A los ciegos los dejamos con un mundo en reconstrucción que nunca sabremos cómo acaba; al club de la balsa de piedra los abandonamos cuando menos ganas teníamos; y lo mismo con esta peculiar familia de alfareros. También clama al cielo todo el espacio dedicado a describir las famosas seis figuras (juro haberlas visto ante mí, a veces en casa, a veces en el autobús… qué miedo el asirio de las barbas, leñe…), cuyo papel es equívoco; o el mismo perro Encontrado, cuya aparición parecía prometer más de lo que luego fue.

Se podrían lanzar muchas críticas, y probablemente estaría de acuerdo con todas. Pero leeré de nuevo La caverna dentro de algunos años, lo sé, y recomendaré leer a Saramago siempre. Me consuela saber que no todo es una buena historia, que la literatura no es un reloj suizo donde todo encaja milimétricamente, que una idea contada con mimo puede acariciar más los sentidos que decenas de giros y torceduras de guión.

Afortunadamente existen los libros. Podemos tenerlos olvidados en una estantería o en un baúl, dejarlos entregados al polvo o a las polillas, abandonarlos en la oscuridad de los sótanos, podemos no pasarles la vista por encima ni tocarlos durante años y años, pero a ellos no les importa, esperan tranquilamente, cerrados sobre sí mismos para que nada de lo que tienen dentro se pierda, el momento que siempre llega, ese día en el que nos preguntamos, Dónde estará aquel libro

Página 234 (de mi edición)

La caverna, de Jose Saramago

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Fiebre de libros

1 de Marzo
2008

Ignatius Reilly

Ya hace tiempo que me cuesta salir de una librería sin comprarme, claro, un libro. Me encanta ir a mirar, a chafardear: los grandes, los de bolsillo (mis favoritos), los comics, los de ajedrez, los de idiomas, las biografías… Y siempre acabo cogiendo uno que ya no suelto hasta casa. No es ningún problema, al contrario. La verdad es que es raro que me gaste más de diez euros en un libro porque tengo predilección por los de bolsillo, que son más cómodos de leer. La única pega es que no tengo tiempo para leerlos. Y cuantos más compro, menos tiempo tengo para absorber lo que voy comprando… Para colmo, lo más normal del mundo es que tenga un par, mínimo, de libros pendientes. Perdón, corrijo: lo más normal es que tenga varios pares pendientes… Ahora mismo, ya abandonados desde hace meses pero a media lectura, están:

  • Cien años de soledad, lo que ya tiene delito, porque es la segunda vez que lo interrumpo
  • Game over (no recuerdo exactamente el título), un libraco sobre la historia de Nintendo que compré por Amazon de segunda mano
  • …alguno más que me dejo

Estos ya los doy por perdidos, la verdad es que están muy bien, pero los fui dejando y ahora son irrecuperables. Los volveré a atacar desde cero algún día… También a medio leer, pero aún frescos, tengo los siguientes:

  • La caverna, que ya en su día interrumpí, aunque ahora lo he cogido con más ganas
  • Historias del calcio, ideal para tomar y dejar, porque es una recopilación de artículos de prensa (que, por cierto, recomiendo encarecidamente a quien le guste el fútbol)
  • Marie Curie y su tiempo, una biografía que no pinta demasiado interesante y que huele ya a cadáver

Y en la recámara, comprados esta misma semana:

  • La conjura de los necios, que ya leí en su día, luego presté a un amigo… y nunca más se supo; éste lo compré porque es un imprescindible
  • Poemas, de Ángel González; diría que es el primer libro de poesía que me compro… voluntariamente
  • Les misérables, así, dos mil paginillas en francés… este es un reto personal y tardaré en empezarlo, pero espero que me guste porque me encantaría leerlo del tirón

Y en el salón, esperándome, The Sandman. Llevo dos de diez y ya considero que es una de las mejores obras que he leído nunca.

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