Meme (V)

Imagen del libro de Joaquín Sabina - En carne viva

La cosa va de libros. De un libro, vaya. Ojo a las instrucciones:

1. Coge el libro que tengas más a mano, sin pensar cuál es
2. Ábrelo por la página 123
3. Busca la quinta frase o párrafo (yo he optado por la frase)
4. Postea el texto en tu blog junto a estas instrucciones

Y es resultado es… “Alguien se habrá enterado”. Bueno, el libro es uno de los que acostumbro a tener siempre a mano, casi nunca está en su sitio, siempre está encima de algo. La verdad es que resultado es un poco pobre, prácticamente cualquier frase tiene más jugo que esa, pero el juego es el juego… ¿Alguien se anima?

El Aleph

El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Sentí infinita veneración, infinita lástima.

Jorge Luis Borges / El Aleph

El cerebro del rey

Hay un libro, que no he leído, titulado “El cerebro del rey”. Lo escribió no hace mucho Nolasc Ascorín, un nombre que llama mucho la atención; a mí, no sé por qué, siempre me ha parecido más llamativo el título del libro. Cuando dice el rey, se refiere al ser humano, y si no tengo mal entendido intenta explicar cómo funcionan nuestras celulitas grises. Esto viene al caso porque hoy, mientras estaba trabajando, me ha venido una cosa muy de repente a la cabeza: ayer tenía que haber devuelto un libro a la biblioteca. Se me ha olvidado, hoy no me ha dado tiempo, así que mañana la señora me penalizará con tarjeta roja de dos días… Pero la cosa es que me he quedado extrañado: ¿por qué estando en el trabajo, pensando en cómo hacer esto y cómo hacer lo otro… ¡flash!, te viene a la mente algo que no tiene nada que ver?

En el mundo en el que estamos, cien por cien audiovisual, nos hemos acostumbrado a que nos mastiquen el conocimiento cada vez más a través de la imagen, y sobre todo de la imagen truculenta: gráficos, vídeos, infografías, etc. Es decir, nos cuesta yo creo cada vez más entender algo sin una representación gráfica al lado. Y a mí siempre me ha llamado la atención que tengamos una cosa ahí arriba que en teoría lo controle todo… pero que no hayamos conseguido descifrarla: nuestro cerebro, el del rey. Supongo que sería una especie de meta-ciencia, ¿no? Aprender sobre algo que es con lo que aprendemos… suena enrevesado. El caso es que yo seguiré sin saber por qué me he acordado de mi libro.