Hergé (y Tintín)

11 de Abril
2007

Georges Prosper Remi nació el 22 de mayo de 1907 en Etterbeek, Bélgica. Con 75 años de edad, murió en Bruselas en marzo del 83. Entre ambos momentos fue Hergé, y creó al personaje de cómic (seguramente) más reconocible de la historia: Tintín.

Hergé empezó pronto a dibujar, supongo que como la mayoría de artistas gráficos: en los márgenes de los cuadernos escolares. Su seudónimo viene de la inversión de sus iniciales (GR - RG), y de la pronunciación de éstas en francés: [ɛʀʒe], según el Alfabeto Fonético Internacional. A grandes trazos, su biografía profesional habla de periódicos en los que empezó haciendo de todo y en los que dibujaría las primeras tiras de Tintín. En ellos le pilló la Segunda Guerra Mundial. Acusado de colaboracionista con el régimen nazi, Hergé purgó sus pecados y durante dos años después del final del conflicto no tuvo relación alguna con la prensa. A partir de finales de los 40, Hergé pasa a estar más rodeado de colaboradores a la vez que su producción disminuye, y el fenómeno Tintín es ya mundial. Enfermo y en coma, Hergé muere con dos de sus deseos cumplidos: ser enterrado en el cementerio de Dieweg (que no acogía sepulturas desde treinta años atrás) e impedir que las aventuras de Tintín fueran retomadas por otro dibujante. Quedó así inacabado Tintín y el Arte-Alfa, el 24º álbum de la colección.

Tintín

Tintín fue la única gran creación de Hergé. Cuesta realmente razonar el éxito de un personaje vacío de matices, en absoluto complejo, sin tormentos ni crisis alguna, sin devaneos amorosos y con un entorno social reducido. Tintín es un chico sin edad, sin profesión (sabemos que es periodista, pero sólo parece ejercer en las primerísimas aventuras) y con una personalidad abiertamente plana. Es la encarnación del bien, de la buena fe y la valentía. Valores universales, sí, pero que sólo encontramos en otros personajes indiscutiblemente caducos: El capitán Trueno, por poner un ejemplo. Un Tintín tiene sentido en tiempos convulsos, como cuando fue creado en 1929, pero no parece normal que tenga un hueco a partir del último tercio del siglo pasado, cuando los héroes que triunfan tienen poderes (Superman), problemas (Spiderman), historias complejas o ricas (Akira, Corto Maltés), horribles pasados (Batman), o apelan directamente al humor (Ibáñez, Escobar, Jan…)

Quizá los tres pilares de Tintín sean la línea clara, la completa vinculación con la realidad (enriquecida con la ingente documentación) y uno de los mejores personajes secundarios creados: el capitán Haddock.

Haddock

Y un último factor: Hergé supo hacer evolucionar a Tintín. Los primeros álbumes nos presentan a un chico con trazos de egoísmo, racismo y una fea politización que se hace muy evidente en Tintín en el país de los Soviets. Y es que para sus primeros pasos, Hergé apenas realizaría un trabajo de documentación, con lo que los países que visita Tintín se nos presentan llenos de tópicos. Poco a poco, los lugares visitados por el reportero serían más fieles a la realidad (Estados Unidos, Suramérica, Oriente Medio, China…), aunque la guerra obligaría a rebajar las referencias. Aún así, Hergé hizo verdaderos malabarismos en el año 39 con la publicación de El cetro de Ottokar, un álbum en que la trama se centra en el intento de anexión del reino de Syldavia (¿Austria?) por parte de Borduria (¿Alemana?), y en el que el malo de turno es un tal Müsstler (¿Mussolini + Hitler?).

Con la incorporación de Haddock, el profesor Tornasol y los detectives Hernández y Fernández a la nómina de habituales, y Milú siempre presente, Tintín cede cierto protagonismo y las tramas son cada vez más ricas, con álbumes dobles (El secreto del Unicornio / El tesoro de Rackham el Rojo, Las siete bolas de cristal / El templo del sol, la saga lunar) o grandes títulos como El asunto Tornasol, Stock de coque o Vuelo 714 para Sydney.

Mención aparte para Tintín en el Tíbet, publicado en 1960. Llama la atención el nombre del álbum, que por primera vez desde 1939 (’versión uno’ de Tintín en el país del oro negro) incluye la palabra ‘Tintín’. Diría que es también la única aventura en que no son los problemas quienes van a buscar al protagonista, sino que éste va de cabeza a ellos. Tampoco hay enemigos. Además, contiene la mayor concentración de personajes reales: Tchang Tchong Yen y el Yeti. Creo que además de ellos sólo Al Capone, visto fugazmente en Tintín en América, tiene el honor de haber acompañado a Tintín. Hergé nos coloca a su héroe en una misión no sólo imposible sino ilógica, y vemos sus primeras lágrimas desde que visitara China 25 años atrás.

Finalmente, Hergé dio un penúltimo paso con Tintín y los ‘Pícaros’, donde encontramos un par de terremotos tintinescos: el reportero ha cambiado sus míticos pantalones bombachos por unos tejanos, va en moto con casco hippie incluido y practica yoga. Y lo mejor de todo: ya no es él quien busca los viajes, sino un Haddock maravillosamente trastocado por su nueva relación con el whisky…

En el tintero nos queda Tintín y el Arte-Alfa. La verdad es que éste fue el último golpe maestro de Hergé, que dejó el álbum interrumpido en el momento en que el malo de turno (de quien desconocemos la identidad pero sospechamos que es Rastapopoulos) encañona a Tintín con una pistola. Los rumores hablan de un verdadero final de las aventuras del reportero en este álbum, ya que al parecer Hergé meditaba hacer que Tintín muriera en la terraza de su casa. Nunca lo sabremos…

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Grog

5 de Abril
2007

Grog

Agua y ron, eso es grog. Claro que el post quedaría corto y pobre si nos quedáramos aquí, así que vamos a intentar descubrir la historia de lo que la RAE define como “bebida caliente hecha con ron u otro licor, agua, azúcar y limón”. Ese otro licor puede ser desde coñac hasta kirsch (aguardiente de cerezas), pero el auténtico grog está hecho con ron.

Su consumo generalizado comienza a mediados del siglo XVIII, y parece ser que fue un tal Edward Vernon, Vicealmirante de la Marina Real Británica, quien popularizó el uso entre su tripulación. “Mejor rebajar el ron con agua”, debió pensar el tal Vernon… El caso es que como solía usar una capa hecha de un material llamado grogam (no he encontrado traducción al castellano…), Vernon era apodado Old Grog, y de ahí el nombre de la bebida. O por lo menos así lo pinta una de las versiones…

Ésta es, segun la Wikipedia, la receta del grog (para cuatro personas):

· 3 huevos
· 3 cucharadas de azúcar
· 1/2 cucharilla de especias con pimienta
· Clavo, canela y nuez moscada
· 1/2 copa de brandy
· 1 copa de ron oscuro
· Agua, leche o café

Un tanto aparatosa… En cualquier caso, el grog no sería nada hoy en día sin la saga Monkey Island. Los que estamos en la veintena crecimos con los primeros juegos populares de ordenador, y entre los más grandes estaba la saga de Monkey Island: el protopirata Guybrush Threepwood, el pirata LeChuck, la gobernadora Elaine Marley, los duelos de insultos… y el grog, el brebaje preferido de los marinos, compuesto a base de:

· Ron (claro…)
· Queroseno
· Glicol propílico
· Edulcorantes artificiales
· Ácido sulfúrico
· Acetona
· Ácido para baterías
· Tinte rojo nº 2
· Grasa para ejes
· Scumm
· y/o pepperoni

El grog está actualmente en horas bajas: la versión de Vernon sólo parece tener cierto calado en Francia y la de LucasArts se quedó en la cuarta parte (pegó el frenazo en 2000 + versión PS2 en 2001). Así que el legado más tangible que nos deja hoy esta bebida es una palabra derivada: grogui, proveniente del inglés groggy, y ésta a su vez de grog.

No te acostarás…

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La cara oculta de la luna

31 de Enero
2007

Luna

Cuando era más joven escuchaba un precioso programa de radio: La Gramola, en M80. Lo recuerdo como una época muy bonita… El mecanismo era muy sencillo: petición de un oyente a través de carta, mail, contestador automático… y el amigo Joaquín Guzmán que ponía la canción en cuestión. Algo parecido me gustaría hacer a mí, de vez en cuando, en este blog: atender peticiones. Como en el programa las canciones eran solicitadas a la gramola (y ella respondía con aquello de Bienvenido a La Gramola, ésta es tu elección) a cambio de una moneda, yo he creado la categoría (tag, mejor dicho) ‘monedas‘. Monedas que deberán ser vuestras…

Hace muchos, muchos años, una especie de planeta chocó contra la Tierra (o lo que por aquel entonces aún era más bien un embrión de la Tierra) y del cristo que ser armó salieron dos cuerpos celestes: la futura Tierra y la futura Luna. Una pareja de baile bastante bien avenida, la verdad. Ésta es la explicación más aceptada hoy en día para dar sentido al origen de los dos únicos astros que el ser humano ha pisado. También se cree, de forma más segura, que durante cientos de millones de años la Luna ha estado alejándose lentamente de la Tierra, y de hecho lo sigue haciendo: cada año estamos 38 milímetros más lejos de las pisadas de Tintín y Neil Armstrong.

Una de las cosas más peculiares de la Luna, y de su relación con la Tierra, es que siempre vemos su misma cara, un mismo hemisferio. Así como no sucede lo mismo con el binomio Tierra-Sol (de otra manera no existirían los días y las noches), en el caso de nuestro satélite nos va a ser imposible, desde aquí, ver qué hay en aproximadamente el 41% de su territorio. Ese casi mitad de Luna es lo que se conoce, claro, como su cara oculta. De hecho, lo fue hasta los años 50…

En octubre de 1959, la nave soviética Luna 3 logró captar las primeras imágenes de la cara esquiva de nuestro satélite, y posteriormente Frank Borman, James Lovell y William Anders se convirtieron en los primeros hombres en ver, a finales de 1968, el hemisferio oculto con sus propios ojos a bordo del Apollo 8. Lovell sería después parte de la tripulación del famoso Apollo 13 (Tom Hanks, para más señas).

Al tema: ¿por qué siempre vemos la misma cara de la Luna? La razón está en las particularidades de la órbita lunar, forjada a base de años de relación con la Tierra. Así como nuestro planeta tarda 365 días en dar una vuelta al Sol y 24 horas en rotar sobre sí mismo, la Luna cuadra esas dos cifras: completa su movimiento rotación en el mismo tiempo que emplea en llevar a cabo su traslación alrededor de la Tierra. En otras palabras (supongo que mal dichas), que un año en la Luna dura lo mismo que un día.

¿Y eso qué tiene que ver? Arriba los puños. La izquierda es el Sol, la derecha la Tierra. Con el Sol quieto, la Tierra gira despacio a su alrededor, pero deprisa sobre sí misma (qué difícil es rotar un puño, coñe…) porque tiene que dar 365 vueltas antes de llegar al punto de partida. Si ahora la izquierda es la Tierra y la derecha la Luna, la cosa cambia: la Luna va más despacio en su rotación (sólo necesita dar una vuelta sobre su eje mientras da otra alrededor de la Tierra) y, oh maravilla, siempre está mirando a la Tierra. Para más claridad, dibujito al canto. En teoría, pues, deberíamos ver justamente la mitad de la Luna, pero podemos apreciar un poco más (ese 59% de antes) gracias a las libraciones. Este fenómeno de rotación sincronizada no es nada exclusivo de la pareja Tierra-Luna. Otros dúos en el propio Sistema Solar son Mercurio y el Sol, Marte con sus satélites Phobos y Deimos… y Plutón con Caronte. Éstos, además, forman un sistema recíproco: ambos se muestran siempre la misma cara uno al otro.

Ay, la luna…

Imagen :: wonsak / SXC.hu
Fuentes :: Wikipedia en varios idiomas
Moneda de :: princesa bacana

PD - Si alguien tiene, en el formato que sea, la voz de ¿Rosa? diciendo aquello de Bienvenido a La Gramola, ésta es tu elección, agradecería que me pegara un toque. ¡Gracias!

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