Sabina (II), los hoteles

A mediados de los 80 Joaquín Sabina ya ha dejado los trenes, símbolo de la clandestinidad. Lleva ya en España un tiempo, ha colocado su nombre en el mercado discográfico, se ha casado (un matrimonio casi por papeles, pero que nos dejó, por lo menos, Caballo de cartón) y está a punto de dar el gran salto, un salto llamado Joaquín Sabina y Viceversa en directo, disco grabado en el teatro Salamanca de Madrid los días 14 y 15 de febrero de 1986, con 37 añitos recién cumplidos. Este trabajo es el primer gran éxito comercial de Sabina y el pistoletazo de salida a un fin de década mágico.

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Sabina (I), los trenes

Cada poco tiempo descubro una canción, un grupo, un cantante nuevo que toma al asalto mi cabeza. Los escucho, los machaco, los exprimo, los encumbro… pero siempre, siempre, acabo volviendo a Sabina. Al JoaquiYa dije que era, para mí, el mejor narrador vivo en lengua castellana. Sus letras son preciosas y variadas: un mismo disco habla de drogas y vidas soñadas, de fiestas imposibles y de atracos a farmacias. Siempre, eso sí, con el amor como gran tema. Mejor dicho: con las mujeres. Quizá por mejor letrista que músico, a Joaquín le han faltado siempre melodías a la altura de sus versos. Me alegro, en parte, porque eso me ha permitido descubrir calamaros, drexlers y manolos. Aunque, en el fondo, siempre vuelva a Sabina

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Luces

Hay canciones que llegan por la espalda, que se sacan de vete a saber dónde un dedo para darte unos golpecitos en el hombro (pssst-pssst). Canciones con el don de la oportunidad por bandera, que probablemente en otro momento de tu vida habrían pasado desapercibidas. Canciones armadas de una cámara de fotos, a través de las cuales ves de alguna manera instantáneas de tu vida, aunque en realidad es pura imaginación porque nadie compone para ti. Pero, click, click, click, cuesta negarlo, y te preguntas en qué momento dictaste esos versos, o cuándo fue que te los robaron. Porque la voz es tu voz, o la suya, o las dos peleándose; es la noche más larga, la noche más intensa, la noche más esperada e inesperada a la vez, la noche que nunca volverá, como todas las noches, que nunca vuelven. Siempre intentamos recuperar las noches, pero jamás seremos capaces de capturarlas de nuevo. Y mientras lo intentamos seguimos bailando, que los pies no paren, por favor, que los pies no nos fallen, que la vida nos deje enlazar una canción y otra, que podamos mecernos a placer. Pero hay canciones que llegan por la espalda, pssst-pssst, y vienen de la mano de las luces y del telón. Y las odias de la misma manera que odias a tu madre cuando tiene razón…

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Sabina y Millás, ‘Conversaciones secretas’

Suele costarme elegir un solo libro o una sola canción, pero aún me cuesta más escoger un solo escritor o un solo músico. De entre los primeros quizá sería Juanjo Millás; aún vivo bajo el impacto de El mundo, un libro que deberías leer ya mismo. De entre los segundos casi seguro que me quedo con Joaquín Sabina, porque aunque le pongo cada vez más competencia siempre acabo volviendo a él. Millás y Sabina se han cruzado (y de qué manera) en Conversaciones secretas, un nuevo programa de entrevistas de Canal+ del que lo mejor que se puede decir es que se nota enseguida que es de Canal+. La cámara, el sonido, la idea, el ritmo y la pausa, todo… Por poner un ejemplo: ¿en qué otra cadena hubiese aguantado la emocionantísima De purísima y oro completa tras el montaje final? En Telecinco no, desde luego.

Si os gusta Sabina es posible que tengáis ante vosotros una hora larga de la mejor charla que se ha tenido con él. Relativamente cronológica, repasa la vida del Joaqui desde que empezó a trastear por La Mandrágora (en Tabernillas, con Lucía, aquella morena bajita que no estaba mal, qué magia es Rebajas de enero…) hasta que llegó la Jime y más allá. Bendita Jimena, qué mujer. Qué Rosa de Lima.

Una hora larga de charla entre dos hombres que no temen a la desnudez emocional y personal; de hecho, creo que son los máximos exponentes que conozco, y Sabina afirma en esta misma entrevista que el disco 19 días y 500 noches (¿su mejor disco?) es casi producto de las drogas.

Sabina, “un hombre de orden”, con un billar en casa. Francés, por supuesto… Millás, un personaje realmente curioso, con esa manera de hablar tan peculiar… Dos grandes.

Dale al play. Yo me voy a ver Choose Me


Manel y ‘10 milles per veure una bona armadura’

Portada del disco de Manel, 10 milles per veure una bona armadura

…y como la idea era hablar de Manel, de su segundo disco, pues aquí estamos. He esperado oportunamente a verlos en concierto, un directo que no me ha acabado de cautivar al 100%. La verdad es que suenan muy bien. Suplen con nota las carencias de contar con un máximo de cuatro o cinco instrumentos (lo que en canciones como Aniversari se paga), tienen química entre ellos y cierta gracia para conducir el hilo entre canción y canción, pero… Pero hay un pero, y no sé muy bien cuál es. Quizá es que son demasiado perfectos, demasiado asépticos, y están demasiado quietos, como ateridos, posiblemente masticando aún lo que supone llegar hasta donde han llegado, tan rápido.

Con el Romea como cancha, Manel tocaron todo su nuevo disco, las diez de 10 milles per veure una bona armadura. Un disco con dos canciones supremas, Benvolgut (Xicots, aneu fent lloc, que estem esperant) y El Miquel i l’Olga tornen (Ai, Verge Santa del Roser, volem el just per viure bé!); y al menos cuatro más buenísimas: La cançó del soldadet (i en tocar-se-la li queda tot el braç tacat de sang), Criticarem les noves modes de pentinats (abraçadet a una dona a qui quasi no hauré explicat qui ets), Flor groga (quan jo creia en tu) y La bola de cristall (Va, assumim-ho, els dies bons gairebé som invencibles!). Ah, y con la de momento única canción prescindible del grupo, al menos en mi opinión: Deixa-la, Toni, deixa-la. Por desgracia, parece ser que será la que usen para cerrar sus conciertos.

Respecto al concierto, empezó genial con El Miquel i l’Olga tornen, y siguió arriba con La bola de cristall, que a decir verdad no sonó del todo bien en directo. Tercera etapa para El gran salt y primer discurso de Guillem, que se hartó de dar las gracias a todos por todo. Después rescataron a sus benditos profesores con Pla quinquennal y volvieron rápidamente al presente vía Boomerang antes de sacar a pasar al quinto manel, el ukelele. Con él llegaron Dona estrangera y una estupenda En la que el Bernat se’t troba. Y un gran speech para introducir la maravillosa La cançó del soldadet con referencias a la mítica Big mediante. El batería hacía de Tom Hanks…

Más: Flor groga, irregular Aniversari y las niñas bonitas de la noche, que no podían ser otras que Al mar!, Ai, Dolors (impresionante en directo, con ese final alargado…) y Benvolgut. Quizá sus tres mejores canciones. Ya en los bises llegaron Criticarem les noves modes de pentinats, la pulpera La gent normal, Captatio benevolentiae y Deixa-la, Toni, deixa-la. Un final en descenso después de las tres joyas encadenadas…

Lo dicho: gran concierto, pero. Por suerte, hay verano y gira por delante para quitarse el ligero mal sabor de boca.

Dosceroonce

Sería bastante estúpido esconderle a mi propio blog que 2011 ha empezado de la manera más descorazonadora posible, así que no lo voy a hacer. La Wikipedia, ese faro del siglo presente, habla de que en 2011 celebraremos el Año Internacional de los Bosques y el Año Internacional de la Química, que Pete Postlethwaite ha muerto, que la New Horizons llegará a Urano en su camino a Plutón y alguna que otra cosa más. Pero cada uno se hace su propio calendario, sus propios terremotos, y aquí no hay Wikipedia que valga porque la única luz la pones tú, hijo mío. Al folio en blanco que es cada año que descorchamos le pido que se deje escribir de mi puño y letra. Que no es poco…

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Y Joaquín cantó

Sabina volvió el jueves a un radiante Sant Jordi para hacer lo que no pudo hace unas semanas: cantar. Y cerró la noche con dos horas y media de música, más cortas que la falda de la Magdalena. ¿Veredicto? Ay, Joaquín…

No he leído ninguna crítica (cuando acabe de escribir esto buscaré alguna), pero la sensación que me dejó el concierto fue de ay, Joaquín. Ay, qué mayores estamos. Ay, cómo cuestan algunas canciones (y lo digo claramente por La del pirata cojo, cortada y descafeinada). Porque sí, porque te vi algo encorsetado, te vi disfrutar poco de la noche, te vi con ganas de hacerlo bien, pero sin tanta pasión como otras veces. No sé si era porque echabas de menos al Nano, o si los grandes escenarios ya no tocan. Pero faltó un pelín de algo.

De todas maneras, como muy poco de Sabina es igualmente mucho, y como la fila dos es un auténtico lujo, la noche fue como para no quejarse. El Joaqui pasó de puntillas por Vinagre y rosas: Tiramisú, Embustera, Clicquot, Praga y creo que ya está… Yo eché de menos a Carmela, pero la verdad es que todos íbamos allí por los grandes clásicos. Y los hubo, claro: Princesa, Quién me ha robado el mes de abril, Por el bulevar de los sueños rotos, Aves de paso… Eso sí, ni rastro de Calle Melancolía y Ruido. ¡Imperdonable! Para compensar, se sacó alguna joyita de la manga. Qué grande ese Ganas de…, qué buenísimas las Pastillas para no soñar, qué redonda es Peor para el sol, qué grata sorpresa El caso de la rubia platino, qué guiño ese Contigo iniciado en catalán…

Eché también de menos a Olga Román. La nueva, Mara Barros, tiene voz y descaro, pero está un poco sobreactuada y sobre todo le falta la clase de Olguita. Especialmente en Una canción para la Magdalena… El resto de la banda estuvo correcta, y ya pueden ponerse las pilas porque por desgracia Sabina cada vez delega más. García de Diego se atrevió con Amor se llama el juego, una canción que tiene que cantar el Joaqui, sí o sí.

Por lo demás, magia pura. Sólo por oír cantar Medias negras, Noches de boda o Rosa de Lima a dos palmos ya merece la pena el año de espera, la cancelación y lo que se ponga por delante. Cuarenta y veinte son los que son, Joaquín, y se notan sobre todo en las miradas. Me quedo con tus ojos empañados al despedirte.

Ay, qué bueno eres

Don Andrelo

Dos años más tarde, volvía Andrés

Andrés Calamaro en concierto

Calamaro hace lo que le da la gana. Un día se borra el twitter de manera incendiaria, al siguiente se enfrenta al público de Razz mientras se casca un buen concierto. No excelente, sí bueno. Muy bueno por momentos. Pero.

Pero con fallos gordos, como empezar más de 20 minutos antes de lo previsto. Toda una grata sorpresa para los que llegan antes, pero una gran jodienda para el resto. Con un estado mental evidentemente alterado, por decirlo mojándome sólo el meñique (fue él quien dijo “ketamina”), Calamaro no tuvo su mejor noche vocal, no recorrió su repertorio como éste merece y no acertó a hacerse entender. El público, parte de él, tampoco ayudó. Pero bueno, dejemos la política y los toros de lado, que esto es mucho más importante. E interesante…

Muy bueno por momentos, decía. Los chicos y Tuyo siempre (deliciosa) fueron las primeras grandes coreadas; yo tuve mi momento con El día de la mujer mundial, una canción que siempre acabo perdiendo en los bolsillos, y rescato, y acabo perdiendo en los bolsillos de nuevo. Y me reconcilié con AC cuando versionó la canción: No woman, no cry. No era complicado mejorar el crimen de El salmón, pero he de reconocer que me gustó mucho que la tocara. Habrá quien maldiga las versiones en los conciertos, pero para los que no pudimos ver al tío Bob en directo se agradece poder disfrutar de ese himno en vivo…

Calamaro salió a los bises como al concierto: desconcertando. Mágicas Estadio azteca y Flaca, inesperada (pero oportuna, por aquello del reciente Argentina 4 – 1 España) versión de las Cuatro rosas de Gabinete Caligari, y anticlimática Canal 69. Y adiós.

La acústica de Razz roza lo cochambroso. Y Calamaro es mejor en los conciertos cuando olvida la guitarra y se parapeta tras el teclado. Pero aún así, con todo, Calamaro es grande. Y toca Todavía una canción de amor como nadie. Y canta Paloma

The bell

Grand piano
Reed-and-pipe organ
Glockenspiel
Bass guitar
Vocal chords
Two slightly sampled electric guitars
The venetian effect
Digital sound processor
and tubular bells

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Un genio…