No recuerdo cuándo me hice exactamente un fan de las series, pero a día de hoy puedo decir que juegan o han jugado un papel en mi vida. Algunas de las que sigo actualmente son, en mi opinión, obras infinitamente superiores a cualquier película o producción artística; otras, más antiguas, han sabido envejecer perfectamente. De modo que creo que todas ellas merecen un repaso…
La primera serie que recuerdo seguir con pasión, y que además con el paso de los años no me provoca cierto sonrojo (como sí lo hacen Padres forzosos, Salvados por la campana y demás joyas noventeras) es Aquellos maravillosos años, de la que ya he hablado en alguna ocasión. Sigo pensando que es de las mejores series de la historia de la televisión, y sigo esperando verla en DVD algún día de éstos. Donde sea, y en el idioma que sea… Como de ésta ya hay un post dedicado, paso de largo.
Bola de drac (no concibo Dragon Ball en otro idioma que no sea el catalán) es sin duda la mejor serie de animación que he visto nunca. Una serie de buenos y malos, con la curiosa condición de que los buenos siempre son buenos, pero los malos no lo tienen tan claro (excepto Freezer). No lo neguemos, los mejores personajes de Dragon Ball eran Satanàs Cor Petit (Piccolo) y Vegeta. Hasta el monstre Boo tenía su lado bueno. En realidad, no sé si era un malo con lado bueno o un bueno con lado malo… El caso es que la mezcla de acción, humor y épica era explosiva. Y como en toda gran serie, y más si llevaba el sello del maestro Akira Toriyama (véase también el Dr. Slump), la galería de personajes secundarios la llenaba de vida.
Quizá la siguiente etapa fue Ally McBeal. Me encanta como se escandaliza mucha gente cuando me declaro enamoradísimo del personaje que interpretaba Calista Flockhart… ¡Sí, estaba extremadamente delgada, pero no me gustaba su físico! ¡Sí, estaba como un cencerro, ¿y qué?! En fin… supongo que la serie me pilló en el momento justo. Recuerdo muchas noches hasta las mil, en aquella época en que Telecinco (supongo que lo sigue haciendo con otras series) disfrutaba emitiendo un capítulo de estreno a las 22.00 y varios centenares más acto seguido, hasta que Crónicas me mandaba a la cama. No hace mucho me dio un ataque de nostalgia y me hice con varios episodios de la serie. Digamos que no ha envejecido todo lo bien que debiera, pero Richard Fisk y Bizcochito siguen siendo dos personajes cómicos tremendos…
…y llegó Lost. Una de las mejores series que he visto nunca, tanto por su factura técnica e interpretativa, como por la calidad de sus guiones y, sobre todo, por el nivel de seguimiento que tiene. Un capítulo de Lost dura mucho más de tres cuartos de hora, y en mi caso, también por razones laborales, puede ser un ejercicio de teorización, discusión y debate. Piedra angular de Todoseries y Bharma, Lost ha merecido varios posts en este blog, y los seguirá teniendo. No hay duda: una de las tres series de mi vida.
¿Padre de familia o Los Simpson? Ambas podrían ser series de mi vida, pero la de los de Springfield se baja del carro por agotamiento. Es muy buena, pero no me ha marcado tanto, ni me ha hecho reír tantísimo, como las movidas de los Griffin. También ha tenido aquí su ración de posts, de modo que no insistiré. Pero certifico que la idiotez de Peter, la maldad de Stewie, la ingenuidad de Chris, la magia de Lois y el pesimismo de Meg me roban el corazón.
Rápido repaso a un trío de series made in Spain que, sin ser de mi vida, sí que me han tenido horas y horas cara a la televisión / ordenador: Los Serrano (defenderé ante quien haga falta que Fiti es uno de los mejores personajes cómicos de la televisión española), Hospital Central (en el fondo, cuando la empecé a ver, sabía que allí estaría Marian Álvarez) y Aquí no hay quien viva (guiones milimétricos, actores de campeonato)
Acabo con dos joyitas que aún están en emisión, seguramente menos conocidas que Lost, y que recomiendo encarecidamente. Un drama, Friday Night Lights, y una comedia, How I met your mother.
La primera narra la vida en un pueblecito de Texas donde lo más importante para la mayoría de la población es lo que sucede el viernes por la noche en el campo de los Dillon Panthers, el equipo de fútbol local. A través de lo que viven algunos de los jugadores, el entrenador y su familia y otros personajes de Dillon, vemos retratada la vida. No es un gran argumento, lo sé, pero hay algo en FNL que nos engancha irremediablemente. En mi caso, la mirada y la dureza del coach Taylor; la tremenda mezcla de firmeza y ternura de Tami, más capacitada que nadie para aunar errores y aciertos; la burbujeante relación entre Matt, quarterback de recambio y coleccionista de problemas, con Julie, que parece estar dando sus primeros pasos pero es toda una teenager; y el savoir faire de Lyla, y las ganas de manejar de Buddy, y el enorme personaje que, inesperadamente, acaba siendo Landry… Súmale una gran puesta en escena, un magnífico trabajo de cámara y una música perfecta. Voilà, Friday Night Lights…
En How I met todo es más relajado. Sólo hay que preocuparse de no perder el hilo de las rápidas bromas de Barney, personaje donde los haya. Después, y sólo después, podremos dedicarle un rato a Marshall, nenaza de los pies a la cabeza, y a su chica, Lily, un ángel bajado del cielo a patadas por su capacidad para gastar, entre otros pecados. Y al fondo, Ted y Robin. Prácticamente cada capítulo de How I met your mother (y digo casi porque los hay mediocres) es un genial ejercicio de coordinación, mezcla de gags, flashbacks, referencias a otros capítulos, a la cultura pop en general, y más gags. Como toda gran serie, presta mucha importancia a la correcta construcción de los personajes, y además tiene la gran virtud de meter todo es en poco más de 20 minutos. Un cóctel exquisito que hace que más de uno nos hagamos una pregunta: ¿importa realmente quién es la madre?
En fin… éstas son las series de mi vida, si no me dejo alguna en el tintero. Quizá no son las mejores series que he visto, seguramente no son las que más he visto, pero todas ellas son series que han marcado, aunque sea un poquito, mi manera de ver el mundo, de hablar, de pensar o de sentir.