‘Canción de hielo y fuego’, el triunfo del andamio

Espada. Jubón. Dragón. Bardo. Fuego valyrio, vidriagón, huargos, gatosombras…

Estas, y muchas otras que me dejo, son palabras que ahuyentarán a muchas de las personas a las que intentes recomendar la lectura de Canción de hielo y fuego, o Juego de tronos, como se conoce popularmente a la saga. Y erróneamente, porque Juego de tronos es solamente el nombre del primer libro de los siete totales que George R. R. Martin, ese “viejo gordo cabrón“, tiene previsto escribir. Al A Game of Thrones original le siguen, por este orden, Choque de reyes, Tormenta de espadas, Festín de cuervos… y de momento ya está. El quinto volumen, A Dance with Dragons, está publicado en inglés pero no traducido al castellano, lo que provoca sin duda que mucha gente tenga en mente a los familiares de Cristina Macía, la traductora. Y no precisamente para desearles felices fiestas…

Sigue leyendo

OmmWriter

OmmWriter

Estas son mis primeras palabras en OmmWriter. Ya ves, ¿qué puedo haber tardado en escribirlas? Unos segundos, ni llega al minuto todavía. Bien, pues en tan poco tiempo te puedo decir que si te gusta escribir… tienes que descargarte este programa. Es genial.

OmmWriter es un programa de tratamiento de textos, pero nada (o casi nada) que ver con Word, OpenOffice o similares. De hecho, no es un programa de tratamiento de textos: es un sitio donde escribir. Como si hubieras cogido al mítico bloc de notas y le hubieras puesto un personal shopper para presentarse lo más elegante posible a la recepción del embajador.

Lo mejor de OmmWriter, sin embargo, no es su elegancia. Ni el hecho de que sea gratis. Ni siquiera lo fácil que es instalarlo y usarlo. Lo mejor es que es un lugar ideal para escribir. En serio, pruébalo.

Don Andrelo

Dos años más tarde, volvía Andrés

Andrés Calamaro en concierto

Calamaro hace lo que le da la gana. Un día se borra el twitter de manera incendiaria, al siguiente se enfrenta al público de Razz mientras se casca un buen concierto. No excelente, sí bueno. Muy bueno por momentos. Pero.

Pero con fallos gordos, como empezar más de 20 minutos antes de lo previsto. Toda una grata sorpresa para los que llegan antes, pero una gran jodienda para el resto. Con un estado mental evidentemente alterado, por decirlo mojándome sólo el meñique (fue él quien dijo “ketamina”), Calamaro no tuvo su mejor noche vocal, no recorrió su repertorio como éste merece y no acertó a hacerse entender. El público, parte de él, tampoco ayudó. Pero bueno, dejemos la política y los toros de lado, que esto es mucho más importante. E interesante…

Muy bueno por momentos, decía. Los chicos y Tuyo siempre (deliciosa) fueron las primeras grandes coreadas; yo tuve mi momento con El día de la mujer mundial, una canción que siempre acabo perdiendo en los bolsillos, y rescato, y acabo perdiendo en los bolsillos de nuevo. Y me reconcilié con AC cuando versionó la canción: No woman, no cry. No era complicado mejorar el crimen de El salmón, pero he de reconocer que me gustó mucho que la tocara. Habrá quien maldiga las versiones en los conciertos, pero para los que no pudimos ver al tío Bob en directo se agradece poder disfrutar de ese himno en vivo…

Calamaro salió a los bises como al concierto: desconcertando. Mágicas Estadio azteca y Flaca, inesperada (pero oportuna, por aquello del reciente Argentina 4 – 1 España) versión de las Cuatro rosas de Gabinete Caligari, y anticlimática Canal 69. Y adiós.

La acústica de Razz roza lo cochambroso. Y Calamaro es mejor en los conciertos cuando olvida la guitarra y se parapeta tras el teclado. Pero aún así, con todo, Calamaro es grande. Y toca Todavía una canción de amor como nadie. Y canta Paloma

El reservado

No conocía El reservado hasta hace poco, algo normal si tenemos en cuenta que lo emiten en la televisión regional de Aragón. Se trata de un programa de entrevistas muy sencillo. Sin público, sin vídeos, sin música, sólo el presentador (Luis Alegre) y el invitado (gente del mundo del cine, la música, la televisión, la literatura, etc). Íntimo, como se suele decir en estos casos; yo creo que le pega más la palabra sobrio. Lo descubrí en un facebook ajeno que enlazó la entrevista a Leonor Watling:

En Youtube hay decenas de programas para ver, os recomiendo que le echéis un ojo para buscar algún famosete que os haga gracia porque seguro que la entrevista os encanta. Yo me quedo con las de Joaquín Sabina y Fernando Tejero.

Maus

Hay que leer Maus

Maus es un cómic, pero no tienes que asustarte: no es oscuro y friki. Maus habla sobre la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, los nazis y los judíos, pero no tienes que asustarte: no se parece a nada de lo que has visto o leído antes.

Maus es la historia de Vladek Spiegelman, judío polaco. De su familia, de su esposa, de sus amigos. A través de Vladek no sólo veremos una historia más (verídica) de las miles y miles que hay que contar de aquella época, sino que además conoceremos qué hay después de esas historias. ¿Qué queda después de Auschwitz, de Birkenau, de los ghettos, de meses y meses de vivir bajo una constante vejación y con la muerte volando sobre tu cabeza? Nada bueno. No queda nada bueno. El Vladek Spiegelman superviviente es una persona posiblemente muy diferente de la que cabría esperar. O no

Maus se narra en dos tiempos: vemos a Vladek en su día a día contemporáneo en Nueva York mientras le cuenta a su hijo Art, el autor, su vida en los años 40. La relación entre ambos es tremendamente significativa. No quiero estropear nada a quien todavía no lo ha leído, pero sí diré que el cómic incluye dentro otro, muy breve, que os dejará los pelos de punta.

La verdad es que Maus es un libro que uno no puede dejar, ni siquiera para dormir. Cuando dos de los ratones hablan de amor, te conmueve; cuando sufren, lloras. Poco a poco, a través de este relato compuesto de sufrimiento, humor y los desafíos cotidianos de la vida, uno queda atrapado por el lenguaje de una antigua familia del este de Europa, y es arrastrado por su ritmo suave e hipnotizador. Y cuando uno acaba Maus, se siente triste por haber abandonado ese mundo mágico…

Umberto Eco

Eco habla de ratones, ahora os explicaré el porqué. Spiegelman representa cada nacionalidad o etnia mediante una raza de animal diferente. Así, los judíos son ratones, mientras que los alemanes son gatos: la metáfora, claro, no es gratuita. Los polacos son cerdos, no sé si expresando su perfil rural o su traición. Muchos polacos no judíos denunciaron sistemáticamente a sus compatriotas judíos frente al invasor alemán… Los americanos son perros, los franceses ranas, los ingleses peces… Y, rizando el rizo, Spiegelman usa caretas, por ejemplo cuando un ratón (judío) se hace pasar por polaco (cerdo).

El dibujo de Maus, completamente en blanco y negro, es magistral. Las caras de los personajes, especialmente de los ratones, son apenas cuatro trazos sin expresión alguna, con unos ojos simplificados al máximo. Y, sin embargo, transmiten muchas más emociones que cualquier película…

Maus es un estremecedor relato en paralelo: el horror nazi y las heridas dejadas por éste, casi medio siglo después, en una tortuosa relación paterno-filial. Maus habla de ese horror, pero deja lugar a la esperanza: lo veréis cuando conozcáis la vida de Art Spiegelman.

Hay que leer Maus

Meme (XV)

Buceante, Arnau, la patata gigante… llámalo como quieras. Él y sólo él me ha pasado este meme con aroma (inevitablemente) a siglo XX. Sí, amigos, uno tiene que recurrir a la centuria anterior cuando quiere echar mano a sus series favoritas. Aaaay… Seguramente me haya dejado alguna, pero mi memoria es así de maja. En cualquier caso, las 30 me gustan, y algunas incluso me encantan. ¿Las reconocéis?

Meme de series miticas

Mmm, bueno, hay algunas bastante recientes, las verdad. Por cierto… me hubiera gustado ilustrar el post con fotos mejor buscadas, más frikis, pero 30 fotos son muchas, qué palo… Como siempre, si alguien quiere recoger el meme, es todo suyo.

Las series de mi vida

No recuerdo cuándo me hice exactamente un fan de las series, pero a día de hoy puedo decir que juegan o han jugado un papel en mi vida. Algunas de las que sigo actualmente son, en mi opinión, obras infinitamente superiores a cualquier película o producción artística; otras, más antiguas, han sabido envejecer perfectamente. De modo que creo que todas ellas merecen un repaso…

La primera serie que recuerdo seguir con pasión, y que además con el paso de los años no me provoca cierto sonrojo (como sí lo hacen Padres forzosos, Salvados por la campana y demás joyas noventeras) es Aquellos maravillosos años, de la que ya he hablado en alguna ocasión. Sigo pensando que es de las mejores series de la historia de la televisión, y sigo esperando verla en DVD algún día de éstos. Donde sea, y en el idioma que sea… Como de ésta ya hay un post dedicado, paso de largo.

Bola de drac (no concibo Dragon Ball en otro idioma que no sea el catalán) es sin duda la mejor serie de animación que he visto nunca. Una serie de buenos y malos, con la curiosa condición de que los buenos siempre son buenos, pero los malos no lo tienen tan claro (excepto Freezer). No lo neguemos, los mejores personajes de Dragon Ball eran Satanàs Cor Petit (Piccolo) y Vegeta. Hasta el monstre Boo tenía su lado bueno. En realidad, no sé si era un malo con lado bueno o un bueno con lado malo… El caso es que la mezcla de acción, humor y épica era explosiva. Y como en toda gran serie, y más si llevaba el sello del maestro Akira Toriyama (véase también el Dr. Slump), la galería de personajes secundarios la llenaba de vida.

Quizá la siguiente etapa fue Ally McBeal. Me encanta como se escandaliza mucha gente cuando me declaro enamoradísimo del personaje que interpretaba Calista Flockhart… ¡Sí, estaba extremadamente delgada, pero no me gustaba su físico! ¡Sí, estaba como un cencerro, ¿y qué?! En fin… supongo que la serie me pilló en el momento justo. Recuerdo muchas noches hasta las mil, en aquella época en que Telecinco (supongo que lo sigue haciendo con otras series) disfrutaba emitiendo un capítulo de estreno a las 22.00 y varios centenares más acto seguido, hasta que Crónicas me mandaba a la cama. No hace mucho me dio un ataque de nostalgia y me hice con varios episodios de la serie. Digamos que no ha envejecido todo lo bien que debiera, pero Richard Fisk y Bizcochito siguen siendo dos personajes cómicos tremendos…

…y llegó Lost. Una de las mejores series que he visto nunca, tanto por su factura técnica e interpretativa, como por la calidad de sus guiones y, sobre todo, por el nivel de seguimiento que tiene. Un capítulo de Lost dura mucho más de tres cuartos de hora, y en mi caso, también por razones laborales, puede ser un ejercicio de teorización, discusión y debate. Piedra angular de Todoseries y Bharma, Lost ha merecido varios posts en este blog, y los seguirá teniendo. No hay duda: una de las tres series de mi vida.

¿Padre de familia o Los Simpson? Ambas podrían ser series de mi vida, pero la de los de Springfield se baja del carro por agotamiento. Es muy buena, pero no me ha marcado tanto, ni me ha hecho reír tantísimo, como las movidas de los Griffin. También ha tenido aquí su ración de posts, de modo que no insistiré. Pero certifico que la idiotez de Peter, la maldad de Stewie, la ingenuidad de Chris, la magia de Lois y el pesimismo de Meg me roban el corazón.

Rápido repaso a un trío de series made in Spain que, sin ser de mi vida, sí que me han tenido horas y horas cara a la televisión / ordenador: Los Serrano (defenderé ante quien haga falta que Fiti es uno de los mejores personajes cómicos de la televisión española), Hospital Central (en el fondo, cuando la empecé a ver, sabía que allí estaría Marian Álvarez) y Aquí no hay quien viva (guiones milimétricos, actores de campeonato)

Acabo con dos joyitas que aún están en emisión, seguramente menos conocidas que Lost, y que recomiendo encarecidamente. Un drama, Friday Night Lights, y una comedia, How I met your mother.

La primera narra la vida en un pueblecito de Texas donde lo más importante para la mayoría de la población es lo que sucede el viernes por la noche en el campo de los Dillon Panthers, el equipo de fútbol local. A través de lo que viven algunos de los jugadores, el entrenador y su familia y otros personajes de Dillon, vemos retratada la vida. No es un gran argumento, lo sé, pero hay algo en FNL que nos engancha irremediablemente. En mi caso, la mirada y la dureza del coach Taylor; la tremenda mezcla de firmeza y ternura de Tami, más capacitada que nadie para aunar errores y aciertos; la burbujeante relación entre Matt, quarterback de recambio y coleccionista de problemas, con Julie, que parece estar dando sus primeros pasos pero es toda una teenager; y el savoir faire de Lyla, y las ganas de manejar de Buddy, y el enorme personaje que, inesperadamente, acaba siendo Landry… Súmale una gran puesta en escena, un magnífico trabajo de cámara y una música perfecta. Voilà, Friday Night Lights…

En How I met todo es más relajado. Sólo hay que preocuparse de no perder el hilo de las rápidas bromas de Barney, personaje donde los haya. Después, y sólo después, podremos dedicarle un rato a Marshall, nenaza de los pies a la cabeza, y a su chica, Lily, un ángel bajado del cielo a patadas por su capacidad para gastar, entre otros pecados. Y al fondo, Ted y Robin. Prácticamente cada capítulo de How I met your mother (y digo casi porque los hay mediocres) es un genial ejercicio de coordinación, mezcla de gags, flashbacks, referencias a otros capítulos, a la cultura pop en general, y más gags. Como toda gran serie, presta mucha importancia a la correcta construcción de los personajes, y además tiene la gran virtud de meter todo es en poco más de 20 minutos. Un cóctel exquisito que hace que más de uno nos hagamos una pregunta: ¿importa realmente quién es la madre?

En fin… éstas son las series de mi vida, si no me dejo alguna en el tintero. Quizá no son las mejores series que he visto, seguramente no son las que más he visto, pero todas ellas son series que han marcado, aunque sea un poquito, mi manera de ver el mundo, de hablar, de pensar o de sentir.

Manolo y Andrelo

Andrés Calamaro

Miércoles Andrés, viernes Manolo. No suelo ser animal de conciertos, porque sólo los disfruto si conozco la gran mayoría de las canciones, así que dos en una semana es una gran noticia…

Andrés Calamaro

Calamaro tocaba en Razzmatazz, lo que acabo siendo un pequeño inconveniente: mucho calor, acústica normalita. Quitando eso, el tío sabe lo que hace y se cascó un concierto impresionante, con temas de La lengua popular pero echando mano a bazas antiguas, tanto de su etapa en solitario como de Los Rodríguez. Por desgracia no recuerdo ni la mitad de lo que tocó; sí sé que se salió con Los aviones, con El día de la mujer mundial, con Estadio Azteca, con Flaca… y, por supuesto, con Paloma. Con Paloma cerró la noche de la mejor manera posible, guardándose en el bolsillo la cajita de cianuro.

Por cierto… ¿sabéis quién estaba en el concierto de Andrés? Manolo

Manolo García

Manolo jugó al revés que Andrés. Vino a presentar el disco a conciencia y tocó casi todas las canciones. Lógico, pero una lástima porque creo que este último es el menos bueno de sus trabajos en solitario, y creo que no soy el único que lo creo. El concierto estuvo apagadillo durante la primera media hora larga, casi durante la primera hora, pero luego arrancó y se pasó de frenada. Sin abusar de El último de la fila (juraría que sólo cayeron El loco de la calle, Insurrección y otra más, dos a lo sumo…), Manolo alargó hasta casi dos horas y media el show, con las joyas de Arena en los bolsillos y Nunca el tiempo es perdido. El escenario (recinto Fòrum) era inmejorable por la acústica, por ser al aire libre y por las barras (de bar) a las que Manolín se subió para cantar un trozo de A San Fernando. Delirio… Me faltó un Prendí la flor, o un Carbón y ramas secas, pero aún así fue un gran concierto.

Ahí va un vídeo de los dos monstruos: AC y MG.

Nueva York

Últimamente tengo claros cuáles son los países que quiero visitar. La lista no es muy larga, pero sí bastante ambiciosa: Japón, Nueva Zelanda, Islandia y Canadá. Las cuatro puntas del mundo, como quien dice… Estados Unidos estaba en un segundo plano, pero las circunstancias me han llevado allí este verano. No ha sido un viaje planeado con mucha antelación, como sí lo será el próximo (¿Islandia 2009?), pero la verdad es que nos hemos desenvuelto bastante bien. Sobre todo teniendo en cuenta que, a 48 horas de tomar el avión, no teníamos alojamiento en la Gran Manzana…

Marc y Dani en Nueva York

Pero como somos gente de recursos (oi, Marc?), lo solucionamos. A nuestra manera, pero lo solucionamos… Bueno, el caso es que con Marc pillamos la maleta y nos marcamos un atracón de vuelos: Barcelona-París-Boston, dos días en la capital de los Celtics, Boston-Nueva York, siete días en pleno Manhattan, Nueva York-Boston para cascarnos una mariscada histórica, y finalmente Boston-Amsterdam-Barcelona.

Boston es bonita, muy estética y cuidada. Una ciudad bastante europea, con sus casas antiguas (todo lo antiguas que pueden ser las cosas en USA), sus parquecitos, su pasión por el mar… Merece la pena dedicarle un par de días. Los campus de Harvard y del MIT son visita obligada, y supongo que aún más en septiembre-octubre, cuando el curso ya ha empezado. También la zona más cercana al puerto, con el Faneuil Hall y el Quincy Market, el parque Boston Common, o la siempre presente Little Italy, mucho más bonita que la de Nueva York. Casi obligatorio es pasarse por algún restaurante de los muchos que ofrecen seafood, es decir, marisco, y cascarse una señora langosta o, como en mi caso, un delicioso pastel de cangrejo. Tremendo…

Pero bueno, el plato fuerte del viaje no era ni la langosta ni Boston, sino Nueva York. Una ciudad a la que hay que ir, sin duda. ¿Qué tiene que la hace tan especial? Pues me pasa un poco como con Barcelona: que no lo tengo claro. Sé, por ejemplo, lo que me encanta de París: sus calles (desde los carteles hasta el diseño de los edificios, pasando por los adoquines), el olor que tiene por la mañana y la gente (sí, me gustan los franceses, qué le vamos a hacer…); con Nueva York no lo tengo claro. Quizá es la sensación de llevar dos días en la ciudad y sentirse casi-casi uno más, gracias a la gente, que es absolutamente educada y bastante acogedora, a la brillante disposición de las calles (yo tenía mis reticencias con eso de 42st St., 6th Av., etc, pero en menos de una semana ya sabes ubicarte perfectamente en una ciudad ocho veces mayor que Barcelona), a la tremenda multiculturalidad…

O quizá sea Central Park…

Central Park, versión selva

3,4 km2, con un lado largo de 4 km, 25 millones de visitantes al año, campos de beisbol, museos, estanques, enormes explanadas de cuidadísimo césped, castillos, Strawberry Fields…

Central Park, versión oooh, que bonito

Sorprende ver tanta naturaleza junta en medio del corazón del capitalismo, es realmente alucinante pensar cómo algo tan grande y jugoso permanece ajeno a la especulación inmobiliaria. Y se agradece, claro. Porque la sensación de meterse en mitad del parque y poder no oír ni ver coches y rascacielos es genial…

Imagine...

Más cositas, en breve:

  • Chinatown, y en especial Canal St., es espectacular de día. Supongo que es lo más parecido a un bazar turco que hay en los Estados Unidos…
  • La noche neoyorquina mola; más que por las discotecas (que a mí, limitado musicalmente, no me convencieron, aunque merece la pena conocer el percal), por el ambiente de pubs, de música en directo, de actuaciones…
  • …y es que de actuaciones saben un rato: en el metro, en un parque, en la calle, en el cumpleaños de una amiga, en cualquier sitio te puede saltar un americano con ganas de showtime, haciendo malabares, volteretas, ventrilocuismo, y siempre con una labia y un sentido del humor impresionantes… ¡puro showtime!
  • Tiendas, tiendas, tiendas… especial mención a los centros Apple, al Toys’r'us de Times Square y a la NBA Store
  • ¿Empire State Building o Top of the Rock? Top of the Rock, claramente; verás Central Park como nunca…
  • Ah, y se puede comer relativamente bien, sobre todo si te gustan las pizzas…

Escribir sobre Nueva York agota casi tanto como visitarla. Es una ciudad con montones de cosas sucediendo a la vez. Hay que ir a verla. Al menos una vez.