21 de Noviembre
2006
Hace un rato he terminado de engullir la segunda temporada de Padre de familia. 28 episodios que en su mayoría me han hecho reír mucho, e incluso a veces sentirme mal de tanto reír… Los que conozcan el humor de la serie entenderán el porqué.

La serie, para quien no la haya visto, nos habla de la vida de la familia Griffin, de sus vecinos, sus lugares de trabajo, su ciudad… sí, muy en la línea de Los Simpson, otra pedazo de serie. De hecho, siempre ha habido críticas sobre si aquélla era una copia de ésta. Pero los Griffin, a diferencia de los Simpson, son seis. Peter es el padre, y a su lado Homer es poco menos que un cerebro andante. A sus 42 años, el patriarca Griffin trabaja en una fábrica de juguetes como supervisor, y es un apasionado de la televisión y la cerveza Pawtucket Patriot. Peter está casado con Lois, ama de casa y profesora de piano, inteligente, atractiva y dotada de dosis sobrehumanas de paciencia. Si Marge destaca por su inverosímil peinado, de Lois llama la atención su pintoresca nariz, con la que Peter se mete en algún que otro momento. Y es que sí, el ácido humor de la serie no entiende de matrimonios…
Los Griffin tienen tres hijos. La mayor es Meg, adolescente a la enésima potencia. Enamorada de Luke Perry, es todo lo contrario a lo que se suele denominar ‘chica popular’. Intenta gustar a todo aquél que se le ponga por delante, pero sólo el nerd Neil Goldman le hace caso. A veces, incluso su familia tiene bastante mala leche con ella…. El segundo hijo de Peter y Lois es Chris, regordete como su padre y con un nivel intelectual sobradamente inferior. Las reacciones de Chris, que vive permanentemente en su mundo parelelo, suelen ser dos, la risa (con su característica carcajada) o la semidepresión (plasmada en un “Oooh…” marca de la casa). Especialmente dotado para el dibujo, vive aterrorizado por el malvado mono que vive en su armario y que sólo él ve. La gran pasión de este mono, por otro lado, es aparecer de vez en cuando con una sonrisa maligna, enseñando los dientes, y señalar a Chris con un gesto de odio. Pero nunca ha ido más allá…
El benjamín de la casa es Stewie. Pese a su corta edad (cumple su primer año durante la primera temporada), el bebé de los Griffin tiene ya un objetivo en la vida: asesinar a su madre, a la que tacha de tirana y otras lindezas. De nuevo pese a su corta edad, Stewie es capaz de inventar máquinas de tiempo y armas de destrucción masiva (para los fans del Dr. Slump: es una especie de Turbo, pero en malo…), y es el personaje con un lenguaje más rico, quizá únicamente igualado por el bohemio Brian, que resulta ser… el perro. Stewie ama (y domina) profundamente el arte del insulto y la vejación, y al menos un par de veces en cada capítulo amenaza de muerte a su madre o califica de “gordo seboso” a su padre. Sin embargo, el mundo de los adultos no ve más que “cosas de niños” en las palabras del bebé; o sea, todos pasan de él… Aunque pocas, Stewie sí tiene realmente algunas “cosas de niños”, como por ejemplo caer hipnotizado con una serie similar a los Teletubbies o rendirse sumisamente al influjo adormecedor del chupete. Pero generalmente parece un adulto… Además, es un verdadero pozo de contradicciones, pese a que parece el personaje con el carácter más forjado.
El último de la fila es Brian, el perro bípedo de los Griffin. Brian es eso, un perro, y todo el mundo es consciente de ello. Sin embargo, habla y se relaciona con los demás como si fuera un humano. Separado de su madre al nacer para que pudiera tener “una vida mejor”, Brian ha ido a la universidad, visita asiduamente al psicólogo y es un amante de los martinis y de cualquier bebida (alcohólica) en general. Si es leyendo el periódico, mejor… Está enamorado de Lois, pero se contiene por respeto a Peter, su mejor amigo. Los demás personajes de la serie son tanto o más brillantes que la familia Griffin. Quagmire, Joe y Cleveland son los tres vecinos y amigotes de Peter. El primero es un soltero muy salido, cuya única función en la serie es tirar la caña de la manera más animal posible; Joe, pese a ir en silla de ruedas, es policía y el héroe local, además de tener a su mujer en un estado permanente de excitación (y de embarazo); Cleveland aporta la cuota afroamericana del cuarteto y se podría decir que es el más normal de todos… La lista de secundarios es muy extensa: los ácidos presentadores de las noticias locales, Tom Tucker y Diane Simmons, la mismísima muerte, el alcalde ¡Adam West! (sí, el Batman más freak de la historia, aquél de los “Kapow!)…
Un par de aspectos más hacen de la serie algo grande, además, claro está, de su humor, a veces negro, a veces en la línea Drebbin, a veces incluso ‘inteligente’… Esas dos cosas son, por un lado, la tremenda calidad de los doblajes, y por otro, el recurso de los flashbacks. Los doblajes, y más en series con tantas referencias a la cultura pop de EEUU, son complicados. En este caso, se resuelven de manera correcta pero van algo más allá de la media gracias a las voces de algunos personajes. El malhumor de Stewie aumenta gracias al autoritarismo de su tono, la risa de Peter es impresionante, Cleveland y Brian se definen casi tanto por sus voces como por su comportamiento… y Lois y Chris tienen un doblaje sencillamente genial. Hay una cosa que sí se ha perdido en el doblaje: el acento de Stewie, claramente británico, algo incomprensible y precisamente por eso muy propio de la serie…
Respecto a los flashbacks, son el punto más descabellado e incongruente en una serie en que eso ya es de por sí la tónica general. Nos sirven para ver a las decenas de antepasados famosos de Peter, para conocer cómo era este o aquel personaje en sus años mozos, etc. Cada vez que alguien dice “¿Recuerdas aquella vez que…?”, el buen fan se frota las manos ante un flashback.
En resumen… ¡larga vida a Padre de familia! Y, como siempre, más info en la Wikipedia…
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