París

Además de tener el nombre de ciudad más bonito del mundo, París es la capital de Francia y hoy ha dicho ‘No’ a la Constitución Europea. Desde todos los frentes el análisis es claro: bofetada a Europa, a la Unión. Hay quien ha dicho que la Constitución ha muerto…

Aquí se votó ‘Sí’ yo creo que más por respeto a la autoridad que por otra cosa. Lo decían los grandes partidos y España siempre ha estado cobijada por los fondos de cohesión, luego el ‘No’ tenía pocas opciones. Pero las constituciones nunca han sido muy sociales y (dicen, yo no la he leído, mal que me pese) ésta tampoco lo es.

Repito, aquí asentimos por respeto a lo establecido, pero París, pero Francia, como tantas veces, se ha desmarcado. Quizá para castigar a Chirac, pero se ha desmarcado. Ahora toca pensar qué hacer, claro.

Me gusta esa cualidad intrínseca de ‘lo francés’. Son como los gatos: muy suyos, independientes, en cierta manera fríos, pero a la vez leales, legales. París perdió la capitalidad mundial hace muchos años, en teoría, y no estamos ya en tiempo de revoluciones. Pero quien tuvo, retuvo; me gusta pensar, porque le tengo mucho apego, que a veces París despierta y es capaz de unirnos a todos. Me fío más de ellos que del Tío Sam.

Variedad

“Tiene que haber de todo para hacer un mundo”, o algo así, es una de esas frases recurrentes con las que se suele cerrar una conversación. Forma parte del elenco de tics con los que justificar algo precisamente de difícil justifiación. A mí es una frase que me ha salido hoy al ver esto. En realidad lo que primero he leído ha sido la rectificación que hace El País, diario que publicó el texto.

Más allá de la tremenda cagada, con perdón, del periódico, no me cabe en la cabeza que alguien pague por anunciar eso. Me gustaría saber de qué cerebro han salido perlas como ‘El SIDA y otras enfermedades de origen homosexual proliferarán’ o ‘Gays de todo el mundo buscarán refugio en España’, ambas supuestas causas de la aprobación de a Ley de Matrimonios Homosexuales.

Tiene que haber de todo, pero…

Showtime

Rajoy, Zapatero y Rajoy, y de nuevo Rajoy… y Zapatero… Son actores en busca de foco, nada de políticos. Siglo XXI, sociedad mediática. Estamos ya en la cuesta abajo, pasado el punto en el que los medios de comunicación dejaron de ser un apartado de la realidad para convertirse en una herramienta para construirla (¿alguien ha dicho ‘deformarla’?)

Lees El País, lees La Razón. Llegas a la conclusión, realmente, de que hay en la misma Tierra dos Españas, dos Zapateros y dos Rajoys. Y que cada periódico habla de una de ellas. Pero da lo mismo, lo que creo que queremos son unos políticos reales. De derechas o de izquierdas, pero de verdad. Que hagan cosas, mira que es fácil… Da la impresión de que a ninguno de ellos le interesa realmente lo que pasa en estos 504.000 kilómetros cuadrados; a unos les importa sólo lo que les dejen hacer con su parte, mientras que a otros les encantaría meter baza en el trozo ajeno.

Quizá no debiera extrañarnos. Al fin y al cabo, ser político no es más que un oficio, y los políticos son humanos y como todos los humanos trabajan para lucrarse. El problema es que el resto de los humanos estábamos casi seguros de que ser político implica trabajar para los demás y no para uno mismo. No les culpo en exceso: sé que yo no sería un político honrado.

Respecto a las ‘dos españas’, creo que desde siempre he visto al país como una gran manta remendada, hecha con retales de otras mantas, algunos más nuevos, otros más viejos… Una amalgama imposible si lo que se quiere es vender esa manta en unos grandes almacenes; pero si en lugar de venderla como nueva aceptamos otra posible naturaleza, la manta sí tiene sentido. Abriga. Sólo hay que aprender a combinar los trozos.