Descubriéndose (I)

28/1/08

Tú tienes un hoyuelo volcánico en la mejilla izquierda, que salta cada vez que ríes
Yo guardo un guiño para cuando sé que te sacaré una carcajada
Tú sabes colocarte el pelo para que parezca vivo
Yo entrecierro la mirada para adivinarte
Tú acaricias el lóbulo de tu oreja con infinita gracia
Yo hincho las aletas de la nariz cuando me haces suspirar
Tú sacas la lengua justo antes de ruborizarte
Yo juego con las manos en el aire
Tú…

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Post sin título (III)

23/10/07

Corazón

Un día, algo hace click. Es curioso, porque, años después, raramente recordarás el porqué o el cuándo de ese momento. Sólo sabes que algo ha dejado de existir de una manera y ha pasado a ser de otra. Sólo sabes que lo que era una persona más, ahora es más que una persona. El mecanismo es tramposo: ni se puede provocar, ni se puede detener. Si se pudiera manipular, estarían en el paro todos los escritores del mundo y algún psicólogo. Y centenares de amigos… Otro rasgo que identifica al click es que nadie lo oye. Ni siquiera tú, que tardarás quizá un tiempo en darte cuenta de lo que está pasando. Tampoco el resto del mundo. Y mucho menos, por supuesto, quien lo ha causado. Si eso no fuera así, si el click fuera audible, el mundo sería un lugar más sencillo, pero de nuevo tendríamos varios gremios en el paro. Quizá estas consideraciones solidarias sobre las profesiones sean tan estúpidas como afirmar que no deberíamos derrotar el cáncer por respeto a los oncólogos, pero cuando hablamos de clicks se hacen difíciles las comparativas. Así pues, ese click que has vivido desde la ignorancia pero que empieza a reverberar en tu interior con el paso ya de los primeros segundos se irá haciendo, poco a poco, con el control de tu mundo. Y no, no podrás gobernarlo, porque a un click sólo lo apaga otro, y aún así no es tan simple, porque el segundo click debe ser tan parecido al primero en intensidad y frecuencia que únicamente los más afortunados son capaces de sentir como chocan y se neutralizan. Así que por fortuna, los clicks también mueren. Porque de lo contrario deberíamos ir jubilando a oncólogos, escritores y aún más profesionales para meterlos a psicólogos.

Imagen :: mayuh / SXC.hu

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Vida

17/10/07

Ella se levanta, se desayuna, se asea, se viste y se va a trabajar. Mañana hará lo mismo.

Él se levanta, se desayuna, se asea, se viste y se va a trabajar. Mañana hará lo mismo.

Lo que quede del día (tímido oasis) será su vida.

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Dos telones

5/9/07

…y entonces la búsqueda, el primer cabeceo suave que coloca las cabezas y que en un gesto de cabritillo acaricia sin manos, seguido del parlamento y discurso de los ojos, entre suplicantes y decididos, entre la acción y la recepción, y la caída del pelo, calculada al milímetro por alguna fuerza oculta, y la boca y las cejas que van de la mano, en una mueca de todo y nada a la vez, en una condensación imposible de palabras que los dientes no saben dejar salir y las cejas no alcanzan a impedir, y luego los labios, los labios, LOS labios, capaces de transformar los meses en segundos y dinamitar fortalezas de precaución, más cálidos que un verano mediterráneo, más acogedores que la cama después de la lluvia, que una vuelta a casa, breves y largos a la vez como si fuesen dueños del tiempo, mullidos, suaves, tocados por la gracia de un ser superior que un día me enseñó tu cara…

Donde estés, somos libres
ahora sé que somos libres…

Manolo García / Mientras observo al afilador

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Mi blog

22/5/07

Mi blog es mi espejo

Mi blog es la vela que espera al viento

Mi blog es lo que hay bajo la gabardina

Mi blog es lo que nunca seré

Mi blog es mi trampa

Mi blog es el único sitio donde mando

Mi blog es mi última esperanza

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Mamá

6/5/07

Mamá

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Post sin título (I)

20/3/07

Corazón

Cuando alguien dice ‘te quiero’, empieza la cadena. Esas dos palabras desatan una espiral de cambios orgánicos, mentales y sociales que muchas veces son independientes de la consciencia de quien los está sufriendo. Y es difícil valorarlos. En algunas ocasiones, ni siquiera hace falta que el ‘te quiero’ sea pronunciado: el lenguaje del cortejo habla por sí solo. En cualquier caso, lo que viene después de que el gatillo se apriete tiene, como todo en esta vida, su parte buena y su parte mala. Una persona que te quiere y que además te dice que te quiere está regalándote un pedazo de su vida, que no es poco, y un pedazo de futuro. Quizá minutos, quizá siglos; pero un pedazo de futuro. Te está regalando ilusión y pasión, o tranquilidad, puede que hasta paz interior. Te está regalando sentido a ciertos actos cotidianos y un motor para las cosas nuevas. Te está regalando una pizca de ego social, un puñado de ideas para sentir más y mejor, y una tarjeta de socio de esos exclusivos clubes para dos. Te está regalando mil cosas más, de golpe, y la oportunidad de descubrir otra nueva cada día, en un goteo de intensidad. Al mismo tiempo, te está regalando miedo. Te está regalando, posiblemente, un cierto odio hacia la idea de ti sin esa persona, y te está regalando una responsabilidad muchas veces mal entendida. Te está regalando cosas que un día puedes perder y pérdidas que, desgraciadamente, no se pueden cosificar porque son maravillosamente etéreas. Te está regalando motivos para no dormir, andenes en los que esperar y expectativas. Te está regalando plantas que, sí, hay que regar. Y jardines a los que un descuido puede llenar de malas hierbas. Pero la ecuación es clara y todos jugamos la carta ‘amor’ cuando podemos. Y si por algún motivo no podemos, quizá es porque estamos palpando esa imperfección, esa horrible capacidad del amor para fallar cuando aparentemente todo encaja.

Imagen :: mayuh / SXC.hu

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