Caminos

Un día se nos acabarán las migas de pan, o quizá dejemos de tirarlas nosotros. El camino quedará huérfano de huellas y posiblemente no habrá forma de deshacer los pasos, seguramente tampoco de cruzarnos al azar. De alguna manera, sin embargo, seremos mutuamente conscientes de nuestra presencia en el mundo. Y no se trata de magia, sino de la naturalidad de un caldo cocido con paciencia. Quedarán migas, en forma de cifras, palabras y melodías, pero serán migas huérfanas, migas de los márgenes, migas de pan ya duro. Quién sabe si mañana, en nuestra ruta por los caminos, habremos de encontrar unos paralelos, unos firmes y sanos, unos en que la barra del funámbulo sea herramienta de equilibrio. Unos, los que queremos, los que buscamos…

Descubriéndose (II)

Tú miras hacia el suelo cuando caminamos sin hablar
Yo cierro los ojos e intento seguir tu perfume
Tú no sabes dónde poner las manos
Yo insisto en guardar la mía en tu bolsillo de atrás
Tú prefieres fingir que te indignas
Yo me subo a un banco y grito que te quiero
Tú te ríes y me bajas a besos
Yo…

Sueños son

Dices que dormir boca arriba te produce pesadillas, y yo busco la manera de darte la vuelta para que cojas esa posición fetal de medio lado, que te hace derramar babilla en la almohada recién lavada, pero no me llega la mano desde aquí, y tampoco puedo recurrir al truco de frotarte con los pies helados, producto de una última visita a la nevera, furtiva, nocturna -claro- y perlada de cierto sentimiento de culpa por la incipiente tripa que tú, bendita, normalizas a base de besos y caricias, unos pies que helarían los tuyos sino fuera por la lana con que te los has tapado, dos cachitos de tela que esconden unos dedos -lo sabes- autónomos, y mientras espero que dejes de enfocar al techo pienso en darte la mano y apretarla con suavidad, para hacerme un hueco onírico a tu lado y colarme en tu noche, en tus pesadillas. Y convertirlas en sueños…

Somewhere…

Mundos

Hay un mundo en el que las servilletas siguen manchadas por trazos de bolígrafo, un mundo de tortugas, de casillas rosas y rojas, de almanaques cosidos a círculos, un mundo de tigres de peluche, de envoltorios fucsia, de magia…

Hay un mundo, en algún lugar, en el que tú y yo no estamos…

Hay mundos, mundos paralelos…

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Imagen :: nazreth / SXC.hu

Descubriéndose (I)

Tú tienes un hoyuelo volcánico en la mejilla izquierda, que salta cada vez que ríes
Yo guardo un guiño para cuando sé que te sacaré una carcajada
Tú sabes colocarte el pelo para que parezca vivo
Yo entrecierro la mirada para adivinarte
Tú acaricias el lóbulo de tu oreja con infinita gracia
Yo hincho las aletas de la nariz cuando me haces suspirar
Tú sacas la lengua justo antes de ruborizarte
Yo juego con las manos en el aire
Tú…

Post sin título (III)

Corazón

Un día, algo hace click. Es curioso, porque, años después, raramente recordarás el porqué o el cuándo de ese momento. Sólo sabes que algo ha dejado de existir de una manera y ha pasado a ser de otra. Sólo sabes que lo que era una persona más, ahora es más que una persona. El mecanismo es tramposo: ni se puede provocar, ni se puede detener. Si se pudiera manipular, estarían en el paro todos los escritores del mundo y algún psicólogo. Y centenares de amigos… Otro rasgo que identifica al click es que nadie lo oye. Ni siquiera tú, que tardarás quizá un tiempo en darte cuenta de lo que está pasando. Tampoco el resto del mundo. Y mucho menos, por supuesto, quien lo ha causado. Si eso no fuera así, si el click fuera audible, el mundo sería un lugar más sencillo, pero de nuevo tendríamos varios gremios en el paro. Quizá estas consideraciones solidarias sobre las profesiones sean tan estúpidas como afirmar que no deberíamos derrotar el cáncer por respeto a los oncólogos, pero cuando hablamos de clicks se hacen difíciles las comparativas. Así pues, ese click que has vivido desde la ignorancia pero que empieza a reverberar en tu interior con el paso ya de los primeros segundos se irá haciendo, poco a poco, con el control de tu mundo. Y no, no podrás gobernarlo, porque a un click sólo lo apaga otro, y aún así no es tan simple, porque el segundo click debe ser tan parecido al primero en intensidad y frecuencia que únicamente los más afortunados son capaces de sentir como chocan y se neutralizan. Así que por fortuna, los clicks también mueren. Porque de lo contrario deberíamos ir jubilando a oncólogos, escritores y aún más profesionales para meterlos a psicólogos.

Imagen :: mayuh / SXC.hu

Vida

Ella se levanta, se desayuna, se asea, se viste y se va a trabajar. Mañana hará lo mismo.
Él se levanta, se desayuna, se asea, se viste y se va a trabajar. Mañana hará lo mismo.
Lo que quede del día (tímido oasis) será su vida.

Dos telones

…y entonces la búsqueda, el primer cabeceo suave que coloca las cabezas y que en un gesto de cabritillo acaricia sin manos, seguido del parlamento y discurso de los ojos, entre suplicantes y decididos, entre la acción y la recepción, y la caída del pelo, calculada al milímetro por alguna fuerza oculta, y la boca y las cejas que van de la mano, en una mueca de todo y nada a la vez, en una condensación imposible de palabras que los dientes no saben dejar salir y las cejas no alcanzan a impedir, y luego los labios, los labios, LOS labios, capaces de transformar los meses en segundos y dinamitar fortalezas de precaución, más cálidos que un verano mediterráneo, más acogedores que la cama después de la lluvia, que una vuelta a casa, breves y largos a la vez como si fuesen dueños del tiempo, mullidos, suaves, tocados por la gracia de un ser superior que un día me enseñó tu cara…

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Donde estés, somos libres
ahora sé que somos libres…

Manolo García / Mientras observo al afilador

Mi blog

Mi blog es mi espejo

Mi blog es la vela que espera al viento

Mi blog es lo que hay bajo la gabardina

Mi blog es lo que nunca seré

Mi blog es mi trampa

Mi blog es el único sitio donde mando

Mi blog es mi última esperanza

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