¿Está escrito?

15 de Marzo
2007

Globo

A veces, en la vida, encontramos un globo. Está ahí, y nuestras reacciones pueden ser muy diferentes al ganar consciencia de su existencia, pero algo está claro: está ahí, y nosotros delante, compartiendo espacio. El globo puede ser verde, rojo, amarillo… quizá cambie de tono a cada momento. Sea del color que sea, un buen día empezaremos a hincharlo, unas veces sin querer, otras con todas nuestras fuerzas. Y cuanto más soplamos, más hinchamos, y mientras vamos soplando vamos dándonos cuenta: al hinchar no sólo estamos quedándonos sin aire, sino que además el globo nos está quitando espacio. El globo crece. Y aprieta. A veces duele, a veces asfixia, a veces sólo notamos su tacto blandito y únicamente nos apetece seguir soplando…

Convivir con el globo no es fácil, pero no queremos que explote. Queremos cuidarlo. Seguir hinchando es nuestro deber y deseo, y en ello ponemos nuestro empeño. En no soplar con demasiada fuerza, en no babear demasiado la boquilla, en no dejarnos vencer por el agotamiento y ver como, débiles, se nos escapa de las manos formando círculos en el cielo…

Un día, llega el día. El día del globo. El día en que el globo saldrá de nuestras vidas. Y entonces sabremos si nos ha reventado en la cara o si por contra hemos sido lo bastante buenos como para coger el nudo que teníamos en la garganta y colocarlo en el rabillo del globo para después, entre felices y expectantes, y con otro nudo en el estómago, dejarlo ir. Directo a las nubes.

Pero no quería contaros esto, que todos ya sabéis. Sólo quería recordarlo para ahora preguntarme si el destino del globo lo marcamos nosotros o ya está escrito.

Imagen :: juliaf / SXC.hu

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Un día guay

6 de Marzo
2007

Te levantas, te regalas una ducha caliente, te vistes con esa camiseta que tanto te realza la cara y justo cuando enciendes la radio suena esa canción que tanto te gusta, olor a café que degustas delante de esos ojos, mmm, no hay nadie delante de ti en la cola del súper, das una vuelta en coche por esas calles tan especiales, con risas en el ambiente, paseas con el sol pegando en la cara, hueles a playa, y sientes en las manos y luego en la cara el tacto de la toalla recién lavada, y cierras los ojos estirado, con el sonido de las olas y un dedo meñique como único nexo con el mundo, y de repente corres, con una de esas tormentas de verano descargando risas, y un poco más tarde te ves en la cama escuchando la lluvia, y esa persona te dice de repente lo guapo que te ve, y sonríes, y te encanta ver como ríe, y encargas a tus dedos enredarse en su cabello, y te duermes, y te despiertas en medio de la noche y te das cuenta de que todavía te quedan horas por dormir…

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Todo empezó en Navidad

26 de Diciembre
2006

El niño amaba la Navidad. Nadie le preguntó nunca porqué disfrutaba tanto en aquellas fechas, pero él tampoco hubiera sabido explicarlo: simplemente amaba la Navidad.

El niño amaba la Navidad, pero un año dejó de hacerlo. Da igual el porqué. Fue el año en que descubrió el desencanto, y se hizo un poco adulto.

El niño ya no amaba la Navidad, y pronto dejó de amar otras cosas. Definitivamente, se estaba haciendo mayor. Todo eso gustó mucho a los adultos. Ellos opinaron que era muy, muy inteligente.

El niño amó la Navidad porque fue niño.

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2006 que agoniza

25 de Diciembre
2006

Imagen de Dani - Autostop a 2007 Se nos va, se nos va… Otro añito que muere, como estaba previsto, el próximo 31 de diciembre. Cada uno tendrá su historia para resumir los últimos trescientos sesenta y pico días, y algunos quizá sólo quieran celebrar que llega 2007 con oxígeno. Personalmente, muchos lo sabréis, para mí 2006 ha sido un año de claroscuros; a 2007 le pido únicamente risas, tampoco hacen falta muchas, pero sí repartidas. Y también un pedazo de Los Rodríguez, ya se sabe, aquello de salud, dinero y amor… Quizá algo de tabula rasa… y que Spiderman sí pueda estar.

Este post quería haber sido un resumen de 2006, pero no puede. Primero, porque no me creo capaz de encontrar palabras, y segundo porque supongo que para eso ya está el propio blog, ¿no? Aunque reconozco que ése es un resumen sesgado… Aprovecho ésta, mi viñeta en el cómic de la vida, para daros las gracias a todas y todos los que en algún momento me habéis arrancado una sonrisa durante los últimos 25 años. Mi más sincera reverencia… Y feliz Navidad también, que es lo que toca hoy. Comed, bebed y abrazad todo lo que podáis y más, la avaricia con el cariño no cierra las puertas del cielo.

Apago la luz por hoy. Sólo me queda mandarle el beso más sincero del mundo a quien acuna a mi pollito, por todo, y para aquellos que quieran más, valga esta canción. Precioso cuadro…

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World Press Photo

13 de Diciembre
2006

Fotografía de Todd Heisler (Rocky Mountain News / Polaris Images)

Un día, un guante blanco (fina ironía) llamó a la puerta de Katherine Cathey. Era el Mayor Steve Beck. Cuando tienes 23 años y el padre de tu futuro hijo está en Irak, lo último que quieres es la visita de uno de sus superiores. Ya sabes lo que significa…

Hasta el domingo, en Barcelona, el CCCB acoge en una de sus salas el World Press Photo, el mayor y más prestigioso concurso anual de fotografía en prensa. Merece la pena echar un ojo. De entre todas las fotografías es complicado destacar una, aunque se puede decir que el tema principal es la crudeza. De las guerras, de las enfermedades, del ser humano en sí… Diferencias, mutilaciones, hambrunas… Hay de todo. Eso es la fotografía, la prensa, y por tanto, la realidad. Hay muchas fotos mejores y más representativas que la que yo he escogido para este post. Pero he escogido ésta… En parte, porque la vi en su día publicada en El País, y me rompió en dos. La chica de la foto (podéis ampliar la imagen haciendo click en ella) es Katherine Cathey.

Everything that made me happy is on that plane“, fue la frase de Katherine cuando el 757 se posó en Reno. James Cathey, como tantos otros, había muerto en Irak. Los daños colaterales: una viuda de 23 años y un niño que nacería huérfano. A su padre lo mató algo en un país que probablemente nunca visitará, que la mitad de sus compatriotas jamás sabrá colocar en un mapa, en una guerra que sólo el dinero justifica. El puto sueño americano provoca pesadillas en todo el mundo…

Katherine, y ahí es donde la foto cobra todo el sentido del mundo, veló el cuerpo de James la noche antes del funeral. Y lo hizo de la manera en que Todd Heisler captó: colchón y un ordenador portátil, el suyo probablemente, con el que intentar retener el tiempo a base de canciones, de sus canciones… Mil recuerdos, quizá de cuando se conocieron en el barrio. Quizá dos niños, quizá pareja siempre, quizá toda la vida juntos, quizá chicos de barrio…

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54

12 de Diciembre
2006

Ahora ya hace frío, y cuesta esperarte. Normalmente siempre lo hago de pie, hasta no hace mucho a la intemperie y desde unos días atrás cobijado, modestamente, bajo la marquesina. Nunca te acabo de pillar la hora, maldita sea… Y mira que estaría bien que nos pusiéramos de acuerdo, porque así todo sería más fácil, pero cuesta. Tú no tienes un tránsito muy regular y creo que a mí se me pegan las sábanas muy a menudo…

Dentro, lo primero que hago, religiosamente, es pasarte la tarjeta. Luego me siento y espero a que empieces a toser y en seguida a rodar. Tengo suerte: empiezas y acabas a pocos metros de casa y eso me asegura un sitio el 95% de los días. Prontito por la mañana se agradece, créeme… Con el culo puesto, llega la hora de decidir, si música o si libro. Tengo tristemente olvidado al periódico. Lo subsanaré, palabrita. Seguro que me queda mejor un periódico…

Nunca has sido un moderno. Sigues en la gama media y eso guarda un poco de encanto, una cierta sensación de inmovilidad. Como cuando, día a día, entran por la puerta las mismas personas, que van a los mismos lugares. Como tú… La cosa suele empezar con ese hombre, que tiene preferencia clara por el rincón de atrás, ventanilla, por favor, si es posible, y que lleva siempre un libro de la mano. Bajito, coleta, mediana edad… Silencioso menos cuando algún día le ameniza el trayecto esa chica, quizá de la misma quinta, quizá un poco más joven, que viste tan peculiar y lo mira todo desde unos ojos enormes. Sólo con ella le pone los cuernos a su libro, y sólo lo cierra cuando nos acercamos a Madrid y le toca (supongo) entrar a trabajar…

En esa zona trasera mandan los niños. Seis, siete, ocho años. Y sus padres. Treintañeros otoñales o cuarentones novatos en constante pelea con esos moquillos, esos desayunos que no entran, esas voces, berridos, lloros… Suyos, de padres, madres, hijos e hijas, son los tronos, los asientos cuádruples que permiten (ligeramente) el juego, esa música que amansa a las fieras. Está la madre con su niña, ambas graciosísimas, como dibujadas por un lápiz de manga antiguo, que congenian con aquella otra madre que siempre lleva la sonrisa en la boca pese a que el niño no para un segundo. Es diferente cuando toca el turno de guardia a los maridos, pulcramente sentados al lado de sus hijos, pero a la vez tan incómodos en el rol social que, durante quince o veinte minutos, han de asumir. Digamos que se encuentran en un gran ascensor. La excepción es ese padre, que suele llegar más bien apurado de tiempo, lengua fuera, y que acostumbra a convertirse en digno jefe de los boy-scouts. En muchos de esos casos dejo la mente volar: el veo-veo nunca estuvo hecho para discromatópsicos…

Al poco suben los teenagers, sentados juntos pero separados por la barrera digital autoimpuesta, al son de sus mp3 buscan la calle por la ventana, quizá finjan ese aire distraído, los dos o tres chicos quizá muriéndose por una mirada (un mundo), las dos o tres chicas acicaladas seguramente con esa fragancia que huele a dejarse querer. O al revés… A veces garabateando deberes de último segundo, a veces leyendo libros que un profesor hará que odien a base de una hoja en blanco y preguntas cronometradas, a veces de pie, las más sentados…

Y avanzas, y te llenas la tripa de currantes, de oficinistas, de estudiantes con piercing bajo el labio, de rubias de las que jamás dirías que leen tratados de informática en inglés, de jóvenes con barba de dos días, desaliñadamente pulidos y con no demasiado mal gusto para la lectura, maletín en mano, de algún que otro jubilado, y luego te vacías, poco a poco, y llegas a donde yo dejo de verte y entonces sí, entonces veo que empieza mi día…

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Escribir, ese sueño

31 de Octubre
2006

Creo que no hay nada más bonito en esta vida que ser feliz, estar a gusto y acostarte pensando en las ganas que tienes de que amanezca. Si se adereza con un aliento cercano, miel sobre hojuelas… A partir de aquí, cada cual tiene sus sueños particulares. Están bien, porque nos hacen diferentes. Uno de mis sueños es no pensar en el dinero. No tener que pensar en las estrecheces que supone carecer de él y no pensar en los problemas que suponen los superávits. Pienso esto y no me considero, sinceramente, materialista. Lo que pasa es que creo que el dinero es uno de los poquísimos valores universales comunes que hay. Eso que lo encumbró (ser un medio de intercambio común aceptado por todos) lo ha acabado pervirtiendo…

Otro sueño: escribir. Me encantaría escribir algo realmente valorable, sopesable… Me gusta la creatividad, y lamentablemente mis dotes para la música y el dibujo son nulas. En cierto modo, he escrito un libro durante algunos años de mi vida. Lo llevo en la cabeza y podría volcarlo fácilmente en algo más tangible. Pero, como dice Sabina, para ser comercial a esta canción le falta un buen estribillo, y supongo que a ese presunto libro también le falta un buen nudo. Porque la introducción es cojonuda y el desenlace, cuasi cinematográfico. El nudo es sublime, pero poco comercial… Le pasa como a la teoría de la relatividad de Einstein en su época, que sólo lo entenderían, pongamos, un par de personas en el mundo.

Y diréis, ¿a qué viene esto? A que mañana, día de Todos los Santos, víspera de Difuntos, elecciones autonómicas, estreno de mes, cambios, renovaciones, inviernos, fríos, vientos, orfandad de luz solar, bufandas, lana, lluvia y letargo… será también cuando el lápiz, porque seguro que ha sido un lápiz (bajito, regordete, extenuado en cierto modo pero insultantemente gracioso), ponga el último punto del libro, de ese libro…

Nos quedan los sueños, siempre nos quedan los sueños, y en mi caso me rompo una piedra en los dientes por tener una cabeza y dos manos y dos piernas y algo de ciencia y una pizca de fe para poder echar a correr detrás de ellos. Porque cuando te acuestas sin ganas y sin aliento cercano, el viento en la cara de esa carrera bien vale una misa.

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Dani (en tres actos)

13 de Octubre
2006

Aterrizar. Aterrizaje. Semana de aterrizajes, el primero el miércoles. La luz se ha apagado, encendido, vuelto a encender, vuelto a apagar. Es lo que tienen las tormentas: la luz oscila. ¿Verdad que da miedo? Mucho. Hacía algún tiempo que no esprintaba como hoy. Calle Caspe, 150 metros, lástima de semáforo en rojo… Necesitaba quemar. La luz ha oscilado en las últimas 48 horas al ritmo del teléfono, de los engranajes del cerebro, de la imaginación… Ahora que la luz se ha apagado y que tengo la boca llena de serpientes sólo me queda el consuelo de la verdad, pero la conciencia ha dejado de acompañarme, de modo que no es consuelo.

Amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a hacerse daño
Y cada vez peor
y cada vez mas rotos
y cada vez mas tú
y cada vez mas yo
sin rastro de nosotros
Ni inocentes ni culpables…

Daño. D-a-ñ-o. No sé si estamos en la ‘d’ o en la ‘o’… No busqué. Créeme, no busqué. Y pese a que encontré, siempre supe que jamás sería un viento para mis velas, pero supongo que me dio igual. En aquel momento tú eras roca aterciopelada. Pero 51 caracteres después dejaste de ser roca y volviste al barro, y la luz brilló apenas unos segundos, unos segundos a los que yo puse música, Pachelbel, y mil cosas más. Pero no. Roca somos y en roca nos convertiremos, y ahora ya ni con terciopelo, y yo corro, a ver si así se me cansa el cuerpo y se me duerme la mente, porque me da miedo lo que viene ahora, esa roca sin terciopelo, el purgar por no hacer nada, el amar, el querer, la barrera, la suciedad que se me supone, las operadoras, los horarios, las huidas, la culpa, la lepra…

Con el crudo en las bodegas
volveré a buscar
todo el tiempo vivido
que hemos perdido
sin protestar
Voy a probar primero
al olvido, a lo ajeno
voy a pasar a retiro
de un tiro
el culpable de mi soledad
No sé qué quiero
pero sé lo que no quiero
sé lo que no quiero
y no lo puedo evitar
Puedo seguir escapando
y aún lo estoy pensando
lo estoy pensando
pero estoy cansado de pensar
El marinero de río
no tiene calor ni frío
la ciudad no tiene puerto
y se siente muy vacío
(ay, qué pena)
últimamente ha perdido
su capacidad de sorpresa
en un vaso de cerveza caliente
fue que se la olvidó
(en un vaso de cerveza caliente
fue que se la olvidó)
Quiero elegir del mapa
un lugar sin nombre a donde ir
será el lugar donde viva
lo que quede por vivir
(eso es mucho tiempo)
Por eso de cada viaje
me traigo el equipaje perdido
por eso es que he decidido
nunca olvidar, nunca olvidar
No sé qué quiero
pero sé lo que no quiero
sé lo que no quiero
y no lo puedo evitar
Puedo seguir escapando
y aún lo estoy pensando
lo estoy pensando
pero estoy cansado de pensar
No sé lo que tengo
pero sé lo que no tengo
sé lo que no tengo
porque no lo puedo comprar
Puedo seguir cantando
pero sigo esperando
sigo esperando
pero estoy cansado de esperar…

La noche se pone cómoda en el cielo al mismo ritmo que el silencio en el ambiente, rotos apenas una por las linternas y otro por los roces de los pies y los brazos con la fina tela mientras buscan un sitio donde asentarse. Tres cuerpos hay, pero el protagonista es ese cachito blanco de paraíso que ha viajado en el anonimato para tener, quién se lo iba a decir, su minuto de gloria. El cachito blanco de paraíso aloja cuatro ojos que se deslumbran mutuamente y sueltan amarras mucho antes de que las cuerdas vocales hagan su corto pero efectivo trabajo. Esos ojos marcan el camino, de hecho. Serán los mismos que días después, sobre el banco hueco de madera, se vuelvan a encontrar. Serán los mismos que, dejando atrás el banco, guíen los cuerpos hasta la oscura seguridad del Edén. Serán también los mismos que además de mirar se cerrarán, acto de vital importancia, y dejarán paso a unas manos semitemblorosas para con la tarea que tienen: unas pieles nuevas. Pieles roncas de gritar, calmadas ahora por las caricias. Todo estaba escrito ya, porque la televisión que duerme a menos de dos metros finge ser un teleprompter telepático, un Platón para Aristóteles, un papá que calla y deja hacer sin quitar ojo. Ese fluir inunda de luz la oscuridad y de susurros y jadeos la noche, ese fluir lo llena todo y le da un significado a lo que está pasando, porque las cosas cuando son fáciles son mejores. Y muchos, muchos días después aquello es un vino viejo que jamás podrá volver a beberse, pero cuya etiqueta deslumbra a quien se atreve a mirarla. Nunca habrá un vino como ese, nunca más… Y las cosas, esas cosas, no son por sí mismas, son cubos semivacíos esperando un significado. Y la cara, mi cara, también espera…

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Antieclipse

8 de Agosto
2006

Un día volví a casa más a las once que a las diez. Y brillaba un poco sol…

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