À tout à l’heure

17/8/07

Trozos de cristal

Fin de semana francés, que curiosamente, con lo suyos que son, ellos llaman week end… Nos leemos a la vuelta, un saludo a los fakires silenciosos. Allá donde estéis: cuidado con los pies. Y, como siempre, una canción para que me vigile el tinglado:

A veces de una letra mediocre se puede salvar una frase inmensa…

…y la realidad, trozos de cristal
que al final hay que pasar descalzo…

Imagen :: sibaudio

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Túnez

21/4/07

Túnez

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Hergé (y Tintín)

11/4/07

Georges Prosper Remi nació el 22 de mayo de 1907 en Etterbeek, Bélgica. Con 75 años de edad, murió en Bruselas en marzo del 83. Entre ambos momentos fue Hergé, y creó al personaje de cómic (seguramente) más reconocible de la historia: Tintín.

Hergé empezó pronto a dibujar, supongo que como la mayoría de artistas gráficos: en los márgenes de los cuadernos escolares. Su seudónimo viene de la inversión de sus iniciales (GR - RG), y de la pronunciación de éstas en francés: [ɛʀʒe], según el Alfabeto Fonético Internacional. A grandes trazos, su biografía profesional habla de periódicos en los que empezó haciendo de todo y en los que dibujaría las primeras tiras de Tintín. En ellos le pilló la Segunda Guerra Mundial. Acusado de colaboracionista con el régimen nazi, Hergé purgó sus pecados y durante dos años después del final del conflicto no tuvo relación alguna con la prensa. A partir de finales de los 40, Hergé pasa a estar más rodeado de colaboradores a la vez que su producción disminuye, y el fenómeno Tintín es ya mundial. Enfermo y en coma, Hergé muere con dos de sus deseos cumplidos: ser enterrado en el cementerio de Dieweg (que no acogía sepulturas desde treinta años atrás) e impedir que las aventuras de Tintín fueran retomadas por otro dibujante. Quedó así inacabado Tintín y el Arte-Alfa, el 24º álbum de la colección.

Tintín

Tintín fue la única gran creación de Hergé. Cuesta realmente razonar el éxito de un personaje vacío de matices, en absoluto complejo, sin tormentos ni crisis alguna, sin devaneos amorosos y con un entorno social reducido. Tintín es un chico sin edad, sin profesión (sabemos que es periodista, pero sólo parece ejercer en las primerísimas aventuras) y con una personalidad abiertamente plana. Es la encarnación del bien, de la buena fe y la valentía. Valores universales, sí, pero que sólo encontramos en otros personajes indiscutiblemente caducos: El capitán Trueno, por poner un ejemplo. Un Tintín tiene sentido en tiempos convulsos, como cuando fue creado en 1929, pero no parece normal que tenga un hueco a partir del último tercio del siglo pasado, cuando los héroes que triunfan tienen poderes (Superman), problemas (Spiderman), historias complejas o ricas (Akira, Corto Maltés), horribles pasados (Batman), o apelan directamente al humor (Ibáñez, Escobar, Jan…)

Quizá los tres pilares de Tintín sean la línea clara, la completa vinculación con la realidad (enriquecida con la ingente documentación) y uno de los mejores personajes secundarios creados: el capitán Haddock.

Haddock

Y un último factor: Hergé supo hacer evolucionar a Tintín. Los primeros álbumes nos presentan a un chico con trazos de egoísmo, racismo y una fea politización que se hace muy evidente en Tintín en el país de los Soviets. Y es que para sus primeros pasos, Hergé apenas realizaría un trabajo de documentación, con lo que los países que visita Tintín se nos presentan llenos de tópicos. Poco a poco, los lugares visitados por el reportero serían más fieles a la realidad (Estados Unidos, Suramérica, Oriente Medio, China…), aunque la guerra obligaría a rebajar las referencias. Aún así, Hergé hizo verdaderos malabarismos en el año 39 con la publicación de El cetro de Ottokar, un álbum en que la trama se centra en el intento de anexión del reino de Syldavia (¿Austria?) por parte de Borduria (¿Alemana?), y en el que el malo de turno es un tal Müsstler (¿Mussolini + Hitler?).

Con la incorporación de Haddock, el profesor Tornasol y los detectives Hernández y Fernández a la nómina de habituales, y Milú siempre presente, Tintín cede cierto protagonismo y las tramas son cada vez más ricas, con álbumes dobles (El secreto del Unicornio / El tesoro de Rackham el Rojo, Las siete bolas de cristal / El templo del sol, la saga lunar) o grandes títulos como El asunto Tornasol, Stock de coque o Vuelo 714 para Sydney.

Mención aparte para Tintín en el Tíbet, publicado en 1960. Llama la atención el nombre del álbum, que por primera vez desde 1939 (’versión uno’ de Tintín en el país del oro negro) incluye la palabra ‘Tintín’. Diría que es también la única aventura en que no son los problemas quienes van a buscar al protagonista, sino que éste va de cabeza a ellos. Tampoco hay enemigos. Además, contiene la mayor concentración de personajes reales: Tchang Tchong Yen y el Yeti. Creo que además de ellos sólo Al Capone, visto fugazmente en Tintín en América, tiene el honor de haber acompañado a Tintín. Hergé nos coloca a su héroe en una misión no sólo imposible sino ilógica, y vemos sus primeras lágrimas desde que visitara China 25 años atrás.

Finalmente, Hergé dio un penúltimo paso con Tintín y los ‘Pícaros’, donde encontramos un par de terremotos tintinescos: el reportero ha cambiado sus míticos pantalones bombachos por unos tejanos, va en moto con casco hippie incluido y practica yoga. Y lo mejor de todo: ya no es él quien busca los viajes, sino un Haddock maravillosamente trastocado por su nueva relación con el whisky…

En el tintero nos queda Tintín y el Arte-Alfa. La verdad es que éste fue el último golpe maestro de Hergé, que dejó el álbum interrumpido en el momento en que el malo de turno (de quien desconocemos la identidad pero sospechamos que es Rastapopoulos) encañona a Tintín con una pistola. Los rumores hablan de un verdadero final de las aventuras del reportero en este álbum, ya que al parecer Hergé meditaba hacer que Tintín muriera en la terraza de su casa. Nunca lo sabremos…

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Amsterdam

14/3/07

No es un sitio frío, no es caliente, no es pequeño, no es grande, el idioma te hace sentir extraño pero a la vez puedes comunicarte, suena a moderna pero huele a antigua…

Preciosa vista de Amsterdam

Schiphol. Bonito nombre, con las dos ‘h’ repartiendo juego… Es un aeropuerto feo, pero funcional, que al fin y al cabo es lo que cuenta. Es la primera vez que estoy en un país cuyo idioma no conozco, pero sé (y compruebo) que no será un problema. Todo el mundo habla un correctísimo inglés, desde el personal del mismo aeropuerto hasta el colectivo homeless en pleno. Algo que me hace pensar en cómo es posible que en España, segunda potencia mundial en eso de recibir turistas extranjeros, el conductor de un autobús que hace el recorrido entre el centro de Barcelona y el aeropuerto no sepa ni decir las horas en inglés…

Bandera de Amsterdam; me gusta

Damrak. La primera calle que piso es una avenida turística en la que localizo el primer McDonald’s de la tarde. ¡Bien, Nuggets a dos euros! Luego me siguen llegando estímulos a montones: a) el mar está en todas partes, lo que supongo que a su vez provoca que no haya mucho metro y sí tranvía, aunque no acabo de entender si éste es un medio de transporte o un método para controlar la inmigración; me explico: uno, barcelonés de adopción, está acostumbrado a torear en las calles con pocos peligros, siendo los más gordos i) los trileros y ii) las cagadas de perro, y por fortuna a ambos colectivos, con años de práctica, se les acaba identificando e incluso evitando (aunque a veces las cagadas de perro te atrapan cual arenas movedizas…), de manera que un ataque súbito de tranvía puede resultar mortal de necesidad para el recién llegado; b) la gente es muy guapa, y no estoy hablando sólo de las chicas; además, cuando van en pareja, los neerlandeses y neerlandesas (que así deben llamarse) son una especie de dioses nórdicos bajados del cielo, y para colmo los puñeteros y las puñeteras van siempre muy bien vestidos; el toque multirracial, una curiosa mezcla arabeasiática, abre las puertas a quienes que no quieran un armario de 1,90 en casa, o piensen que los ojos excesivamente claros son síntoma inequívoco de enfermedad crónica y contagiosa; y de paso, una buena noticia para mí, ya que esa mezcla étnica ha bajado (supongo) la media de altura nacional, con lo que no me sentí un enano entre tachenkos; eso y mi sentido arácnido me han hecho volver sano y salvo a casa evitando morir aplastado por un neerlandés ebrio o arrollado por un tranvía… Al final de Damrak se llega a Dam, una plaza que no está exactamente en Amsterdam, sino que aparece súbitamente cuando estás en Amsterdam: te la puedes encontrar en cualquier momento, siempre está allí. Muy curiosos sus bancos, con tableros de ajedrez dibujados encima. Las fichas las pones tú…

Vista aérea del centro de Amsterdam

Bicicletas. Bicicletas de una persona, bicicletas de dos personas, bicicletas de seis personas (lo juro), bicicletas sin persona (éstas estaban aparcadas), bicicletas-taxi, bicicletas de alquiler, bicicletas de paseo, más bicicletas de paseo, bicicletas con señor, bicicletas con señora, bicicletas y más bicicletas… a veces uno tiene la sensación de estar en la peli ‘Pájaros’. Nunca había visto tantísima bicicleta junta… Así, no es de extrañar que una tienda, no recuerdo en qué calle, tuviera en su puerta un rótulo con la frase ‘No bikes here!‘, un aviso que en España sería surrealista. Me recordó a aquel momento en que Guido le dice a Giosuè que pondrán en su librería un cartel impidiendo la entrada a arañas y visigodos…

Bicicletas...

Agua. Si una cosa hay en Amsterdam en mayor cantidad que bicicletas, es agua. Agua por todas partes y puentes por doquier. El conjunto es muy agradable y, qué narices, no me digas que no es mejor ir a buscar a tu novia en barco que en coche… Creo que es principalmente el agua lo que le da un toque especial a la ciudad. Y los edificios. Amsterdam tiene unos edificios preciosos de principio a fin. Me encantan…

Mapa de Amsterdam

Rincones. ¿Alguien estaba esperando que dijera algo del Barrio Rojo? Vale, pues llega el momento. Antes tengo que explicar que no planeé en absoluto este viaje; con esto quiero decir que no sabía nada de Amsterdam hasta que lo vi con mis propios ojos. Y una vez allí, lo único que hice fue comprar un mapa. Y, armado con él, echar a andar. Por suerte, rápidamente se distingue lo que es visitable de lo que no, esto es, las zonas residenciales del casco antiguo. Como en toda buena ciudad que se precie (y que tenga mar, claro), la vidilla está cerca del puerto. En ese sentido, Zeedijk (1) y alrededores son el punto neurálgico del viejo Amsterdam, de la ciudad pesquera de ayer, y también del Amsterdam liberal (prostitución y consumo de marihuana) de hoy. Repito: yo no sabía donde estaba el Barrio Rojo. Así que paseando, me metí de repente en una calle. Tiene guasa porque en teoría buscaba una iglesia y la calle tenía nombre de santa (C/ de Santa Ana - Sintannenstraat), cuando de buenas a primeras veo una casa normal, con una puerta normal, con una ventana grande (hasta el suelo) pero normal… y una señorita en tanga y sujetador dentro. ¿Mi primera reacción?: “Joder, ¿qué hace esta tía medio en pelotas en casa?” ¿Mi segunda reacción?: “Hostia, qué tonto eres…” Y eso, el resto de la calle, un verdadero escaparate de carne. Francamente, mejor así que en una esquina… Más insigne que las señoritas de Amsterdam es Anna Frank. Sinceramente, no sabía que su famoso diario había sido escrito en esa ciudad, perdonen la incultura. Así que pasee un buen rato por delante de ese pedazo de historia (2). En los puntos (3) y (4) están quizá los rincones que más me gustaron de Amsterdam. El primero es un patio de vecinos, formado por unas 30 ó 40 casitas, en pleno centro comercial. De hecho, está a tiro de piedra de la calle Kalverstraat, la más cara del Monopoly neerlandés y llena de tiendas-globalización de principio a fin. Pues bien, esta comunidad forma parte de lo que antiguamente fue una congregación de beguinas (no tenía ni idea de lo que era eso hasta que lo vi allí…), y realmente es como un remanso de paz en medio del jaleo, además de conservarse en un muy buen estado. Un rincón precioso. El punto (4) no tiene tanta historia: es, sencillamente, un banco. El sol de marzo, las magníficas vistas al Binnen Amstel y un poco de música hicieron el resto… Y para pasear, nada como la zona (5) conocida como 9 Straatjes, una ensalada de puentes, canales, gente, tranvías, tiendas… Amsterdam en estado puro.

Anochece

Cuantas más ciudades conozco, menos entiendo Barcelona…

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Enseguida vuelvo

11/3/07

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Meme (VII)

31/12/06

Dani - Evolución 2006/07 Navidad, ¿época de memes? Mi jefe me pasa uno, de modo que voy a responderlo. Se trata de anunciar los propósitos que uno tiene para el año que llega dentro de nada: 2007. Propósitos, no confundir con deseos (ésos serían otros). A ver qué sale…

1. Integrar el deporte en mi vida por una (casi) alarmante cuestión de salud
2. Lograr escuchar música por puro placer
3. Colocar mi economía en su sitio
4. Subir mis niveles de lectura y viajes
5. Querer cumplir 26
6. Volar del nido
7. Mimar más este blog

Me han salido siete, no está mal. Si para dentro de doce meses he tachado cuatro, me doy por satisfecho…

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West yard, un rincón…

25/11/06

Cuando volví de Londres tuve unos días un poco malos, que me hicieron escribir de esa manera en que escribo yo cuando me toca escribir lo que me gustaría en realidad decir. No importa. El caso es que me dejé en el tintero enseñaros el cachito de Londres que me traje:

West Yard - Camden - Londres

Es la zona de Camden, y concretamente una especie de plaza que (creo) se llama West yard. ¿Qué tiene de especial? Pues lo mismo que Las Ramblas: todo y nada. Unas cuantas paradas con comida multiétnica (Venezuela, Marruecos, Francia, etc), muy en plan tenderete, unas pocas tiendas (sólo entramos a una deliciosa librería de segunda mano), un canal… y mucha gente. Una plaza con encanto dentro de un bonito barrio de una inmensa ciudad…

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