Madrugar de vacaciones siempre es menos madrugar. Nos vamos a Reykjavík, la ciudad fea (nos habían dicho), la ciudad grande, la ciudad de la catedral. Bueno, pues… ni fea, ni grande, ni catedral. Es una ciudad normal, la catedral no aparece (tampoco la estamos buscando) y lo de grande… definámosla. Reykjavík: 120.000 habitantes. Más o menos como Dos Hermanas o Mataró. El área metropolitana reúne a 202.000 personas, las mismas que Alcalá de Henares y Sabadell. El país, en conjunto, no llega a los 320.000 habitantes. Islandia es Valladolid.
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Islandia, día cero
Me compré una Moleskine. La he llenado con unas 500 líneas de texto y media docena larga de partidas de Uno. Son todo ideas sobre Islandia, y desde Islandia. Islandia es el país más bonito que he visitado nunca. Tiene unos paisajes espectaculares, muy variados, con mucho verde y con mucho desierto volcánico, con litros y litros de agua en costas, ríos, géisers, baños, piscinas y cascadas, con ovejas y caballos… Islandia es naturaleza en la palma de la mano, sin peajes, vallas, cobros, chiringuitos, controles, aglomeraciones, esperas. Un país amable y cómodo, y aunque su clima no deja de ser complicado, es muy tolerable en verano. Me ha gustado casi todo lo que he visto y espero volver dentro de diez años o así. Me sobran los motivos.
Mi primera toma de contacto real con Islandia no podía ser otra: un periódico. Fréttablaðið, gratuito, el diario con más difusión del país. La única colección que hago (tuve una de pins, más o menos por aquella época en que todo el mundo, o al menos toda Barcelona, coleccionaba pins, y luego empecé con tarjetas telefónicas, durante los pocos años en que se pusieron de moda) es precisamente de eso, de periódicos. Periódicos de cualquier sitio. Si viajáis por ahí, ya sabéis… En fin, que me desvío. Primera toma de contacto, Fréttablaðið. Siempre me ha divertido leer periódicos en idiomas que no conozco, pero es que el islandés ni tan siquiera se intuye. Da lo mismo, al saco. La segunda (la segunda toma de contacto) es la claridad. Una de las cosas que más atraen de Islandia cuando te planteas visitarla es la opción de vivir en un día casi perpetuo. A finales de agosto, por desgracia, la cosa ya flaquea y las horas de luz son, hora arriba, hora abajo, las mismas que en Barcelona. Desde la ventana del vuelo de Iceland Air podemos ver al fondo una penumbra prometedora. Me gustaría pasar un año allí (aún es allí, aún estamos volando por encima de la superficie del Atlántico… brrr, me aterra sobrevolar océanos, mucho más que sobrevolar tierra firme; creo que pocas cosas me darían más miedo que caerme en medio del mar, a kilómetros de la costa). Me gustaría pasar un año allí y probar los efectos del exceso y defecto de sol. Veranos con sol de medianoche, inviernos de luz apagada… Digo un año porque no creo que pudiera aguantar más, me considero bastante fan de la regularidad. Así que aquí estamos, a bordo de un avión lleno de azafatas vikingas, camino a la luz, Laura, Naiara, Sergio y yo.
Islandia nos ha recibido con una señora bofetada. No sólo hace frío o mucho frío, o mucho-mucho frío: hace viento. Viento polar. Gélido. Toda una experiencia salir de la terminal y cruzar el aparcamiento con uno de los mayores fríos de nuestras vidas antes de meternos en el calor del Grand Vitara que nos servirá de segundo hogar durante los próximos diez días. Y toda una experiencia llamar por teléfono a un señor mayor, que nos sale a buscar a bordo de su ranchera blanca en medio de la nada y nos lleva hasta casa, cuatro tímidas paredes de madera que, sin embargo, están perfectamente equipadas para las noches islandesas. Al menos las de verano, claro… Y fuera, en el porche, una especie de piscina (más bien un jacuzzi sin los chorros) que invita al baño, por mucho que sean casi las doce y bufe un viento impresionante. Hace exactamente doce horas que subíamos al taxi dirección El Prat… no está mal. Hora de dormir, arrullados por el viento, que parece decirnos algo así como soplaré, soplaré y tu casa tiraré. Tenemos un fabuloso coche, tenemos coronas, tenemos los mejores nórdicos del mundo y un gran plan para mañana. ¡Sí!
Máxima: 6º
Mínima: 6º
Lýðveldið Ísland
Ahora sí…
Xaló!
Nuevamente, siete de los mejores hombres del ejército de los Estamos Unidos tienen una misión: ¡que arda Xaló!
Islandia
Calculo que dentro de un mes estaré (estaremos) en algún lugar de la costa sudeste islandesa. Es de esperar que ya hayamos visto Geysir y Gullfoss, y muy posiblemente estemos a un día o dos de bañarnos en la zona de Myvatn. Ay, creo que llevo demasiado tiempo pensando en este viaje y lo que me queda hasta subir al avión se va a hacer larguísimo. Por suerte, Barcelona en agosto es simpática…
A lo que viene este post: plagiando a Marc (com ens agrada linkar-nos, eh?), me he comprado una Moleskine para ir anotando cosas del viaje y subirlas después aquí. Supongo que no haría falta, que en Islandia será fácil encontrar conexiones, pero no tocar una tecla también forma parte de las vacaciones. Así que la crónica del viaje será en diferido…
Repasando, creo que tenemos lo más gordo: vuelos, coche y alojamientos. Nos falta concretar del todo la ruta, un ritual que celebraré a golpe de mapa, post-its y Lonely Plantet en mi terracita alguna tarde tonta de agosto, y acabar de decidir las actividades. Snorkel y kayaks están la agenda, ¿alguna recomendación especial?
Vacaciones 09
Hoy ha empezado mi periodo intervacacional, es decir, las cinco semanas y media entre los viajes a Tenerife (hecho) e Islandia (finales de agosto). Dos viajes bien diferentes: el primero podríamos decir que casi improvisado, con el único y sano propósito de desconectar. Un poco de playa, un poco de piscina, bastante fiesta y muchas risas. Ocho días cambiando el ordenador por el periódico, lo cual ha sido un auténtico placer, ni os podéis imaginar cuánto… El segundo, planeado desde hace varios meses, aunque aún le faltan pequeños detalles. Tenemos el alojamiento, tenemos coche y tenemos vídeos como éste:
Posiblemente, el viaje con mejor pinta de toda mi vida, y el primero con el que podré empezar a tachar nombres de mi lista de deseos: Canadá, Islandia, Japón y Nueva Zelanda. Y, como el amigo Marc, también el primero del que espero poder escribir algo serio.
Nueva York
Últimamente tengo claros cuáles son los países que quiero visitar. La lista no es muy larga, pero sí bastante ambiciosa: Japón, Nueva Zelanda, Islandia y Canadá. Las cuatro puntas del mundo, como quien dice… Estados Unidos estaba en un segundo plano, pero las circunstancias me han llevado allí este verano. No ha sido un viaje planeado con mucha antelación, como sí lo será el próximo (¿Islandia 2009?), pero la verdad es que nos hemos desenvuelto bastante bien. Sobre todo teniendo en cuenta que, a 48 horas de tomar el avión, no teníamos alojamiento en la Gran Manzana…

Pero como somos gente de recursos (oi, Marc?), lo solucionamos. A nuestra manera, pero lo solucionamos… Bueno, el caso es que con Marc pillamos la maleta y nos marcamos un atracón de vuelos: Barcelona-París-Boston, dos días en la capital de los Celtics, Boston-Nueva York, siete días en pleno Manhattan, Nueva York-Boston para cascarnos una mariscada histórica, y finalmente Boston-Amsterdam-Barcelona.
Boston es bonita, muy estética y cuidada. Una ciudad bastante europea, con sus casas antiguas (todo lo antiguas que pueden ser las cosas en USA), sus parquecitos, su pasión por el mar… Merece la pena dedicarle un par de días. Los campus de Harvard y del MIT son visita obligada, y supongo que aún más en septiembre-octubre, cuando el curso ya ha empezado. También la zona más cercana al puerto, con el Faneuil Hall y el Quincy Market, el parque Boston Common, o la siempre presente Little Italy, mucho más bonita que la de Nueva York. Casi obligatorio es pasarse por algún restaurante de los muchos que ofrecen seafood, es decir, marisco, y cascarse una señora langosta o, como en mi caso, un delicioso pastel de cangrejo. Tremendo…
Pero bueno, el plato fuerte del viaje no era ni la langosta ni Boston, sino Nueva York. Una ciudad a la que hay que ir, sin duda. ¿Qué tiene que la hace tan especial? Pues me pasa un poco como con Barcelona: que no lo tengo claro. Sé, por ejemplo, lo que me encanta de París: sus calles (desde los carteles hasta el diseño de los edificios, pasando por los adoquines), el olor que tiene por la mañana y la gente (sí, me gustan los franceses, qué le vamos a hacer…); con Nueva York no lo tengo claro. Quizá es la sensación de llevar dos días en la ciudad y sentirse casi-casi uno más, gracias a la gente, que es absolutamente educada y bastante acogedora, a la brillante disposición de las calles (yo tenía mis reticencias con eso de 42st St., 6th Av., etc, pero en menos de una semana ya sabes ubicarte perfectamente en una ciudad ocho veces mayor que Barcelona), a la tremenda multiculturalidad…
O quizá sea Central Park…

3,4 km2, con un lado largo de 4 km, 25 millones de visitantes al año, campos de beisbol, museos, estanques, enormes explanadas de cuidadísimo césped, castillos, Strawberry Fields…

Sorprende ver tanta naturaleza junta en medio del corazón del capitalismo, es realmente alucinante pensar cómo algo tan grande y jugoso permanece ajeno a la especulación inmobiliaria. Y se agradece, claro. Porque la sensación de meterse en mitad del parque y poder no oír ni ver coches y rascacielos es genial…

Más cositas, en breve:
- Chinatown, y en especial Canal St., es espectacular de día. Supongo que es lo más parecido a un bazar turco que hay en los Estados Unidos…
- La noche neoyorquina mola; más que por las discotecas (que a mí, limitado musicalmente, no me convencieron, aunque merece la pena conocer el percal), por el ambiente de pubs, de música en directo, de actuaciones…
- …y es que de actuaciones saben un rato: en el metro, en un parque, en la calle, en el cumpleaños de una amiga, en cualquier sitio te puede saltar un americano con ganas de showtime, haciendo malabares, volteretas, ventrilocuismo, y siempre con una labia y un sentido del humor impresionantes… ¡puro showtime!
- Tiendas, tiendas, tiendas… especial mención a los centros Apple, al Toys’r'us de Times Square y a la NBA Store
- ¿Empire State Building o Top of the Rock? Top of the Rock, claramente; verás Central Park como nunca…
- Ah, y se puede comer relativamente bien, sobre todo si te gustan las pizzas…
Escribir sobre Nueva York agota casi tanto como visitarla. Es una ciudad con montones de cosas sucediendo a la vez. Hay que ir a verla. Al menos una vez.
NYC!

¡Hasta la vuelta!
Puigcerdà!
A veces no hay nada como la ligera improvisación. ¿Nos vamos? ¡Nos vamos!

A Puigcerdà mismo. Viaje bautizado como gastronómico (¡sobre todo para algunas!), entre las ganas de comer y el frío y la calma que llevábamos… la verdad, mucho-mucho no visitamos. Pero pudimos jugar con la nieve a altas horas de la madrugada, comer las mejores pizzas del mundo, encontrar unos mojitos muy decentes, oler un pajarraco, comprar cadenas, conocer al dueño de Luz de Gas, pasarnos por Llívia y reírnos mucho… ¡una gran escapada!

Quizá no las mejores, probablemente las más caras…
Carnaval 2008
…y aquí estábamos con Epi y Blas

Tras cuatro días por el sur, el balance es que Sevilla no me maravilla y que los carnavales de Cádiz son la fiesta padre. La gente se lo curra mucho con los disfraces y es una pasada ver cómo se monta un sarao sin nada más que las ganas de gritar, hablar, cantar… y beber, venga, no nos engañemos. Un saludo a las diablesas, a los chiquiprecios, a los y las Cálico electrónico, a Mario y Peach, a Ali G, a la novia de penalty, a los lanzapuros, a Doraemon… ¡y a Agatha Ruiz de la Prada!