Don Andrelo

Dos años más tarde, volvía Andrés

Andrés Calamaro en concierto

Calamaro hace lo que le da la gana. Un día se borra el twitter de manera incendiaria, al siguiente se enfrenta al público de Razz mientras se casca un buen concierto. No excelente, sí bueno. Muy bueno por momentos. Pero.

Pero con fallos gordos, como empezar más de 20 minutos antes de lo previsto. Toda una grata sorpresa para los que llegan antes, pero una gran jodienda para el resto. Con un estado mental evidentemente alterado, por decirlo mojándome sólo el meñique (fue él quien dijo “ketamina”), Calamaro no tuvo su mejor noche vocal, no recorrió su repertorio como éste merece y no acertó a hacerse entender. El público, parte de él, tampoco ayudó. Pero bueno, dejemos la política y los toros de lado, que esto es mucho más importante. E interesante…

Muy bueno por momentos, decía. Los chicos y Tuyo siempre (deliciosa) fueron las primeras grandes coreadas; yo tuve mi momento con El día de la mujer mundial, una canción que siempre acabo perdiendo en los bolsillos, y rescato, y acabo perdiendo en los bolsillos de nuevo. Y me reconcilié con AC cuando versionó la canción: No woman, no cry. No era complicado mejorar el crimen de El salmón, pero he de reconocer que me gustó mucho que la tocara. Habrá quien maldiga las versiones en los conciertos, pero para los que no pudimos ver al tío Bob en directo se agradece poder disfrutar de ese himno en vivo…

Calamaro salió a los bises como al concierto: desconcertando. Mágicas Estadio azteca y Flaca, inesperada (pero oportuna, por aquello del reciente Argentina 4 – 1 España) versión de las Cuatro rosas de Gabinete Caligari, y anticlimática Canal 69. Y adiós.

La acústica de Razz roza lo cochambroso. Y Calamaro es mejor en los conciertos cuando olvida la guitarra y se parapeta tras el teclado. Pero aún así, con todo, Calamaro es grande. Y toca Todavía una canción de amor como nadie. Y canta Paloma

Islandia, año uno

Hace justo un año me iba al (hasta ahora) mejor viaje de mi vida: Islandia. A uno de los cuatro lugares del mundo que no me quiero morir sin pisar y con una compañía espectacular. Islandia sigue siendo un recuerdo maravilloso, un país que siempre estará ahí, y al que espero volver por lo menos una vez. Es un país especial. La historia de Jón Gnarr lo demuestra

Jón Gnarr es actor, humorista y, desde el 15 de junio, alcalde de Reykjavík. El vídeo de arriba es un cachito de su campaña electoral, basada en una premisa: da igual lo que prometamos, no lo vamos a cumplir. Un poco como los políticos de verdad, pero sin pelos en la lengua. En cualquier otro lugar del mundo probablemente Gnarr no hubiese pasado del centenar de votos; pero en la Islandia seriamente sacudida por la crisis financiera, desengañada y valiente (habrá quien diga inconsciente), su Best Party logró la mayoría en las elecciones a la alcaldía. Se hizo con 20.666 votos, casi el 35%, y con ellos obtuvo seis escaños que le dieron la palabra para negociar.

Gnarr había prometido en su programa electoral sandeces del tamaño del Vatnajökull: toallas gratis en las piscinas públicas, un Disneyland a las afueras de Reykjavík, liberar de drogas el Parlamento (pero en 2020, eh, sin prisas…), un oso polar para el zoo de la ciudad (¿?), exiliar a los delincuentes financieros en un barco anclado en medio del mar… Y cuando la gente le votó, cuando llegó la hora de pactar con los partidos de verdad, no se detuvo. Lanzó otro órdago, negándose a pactar con todo partido cuyos miembros no hubieran visto The Wire, la serie de David Simon. Y aquí cito al maestro Casciari, porque yo (perdona Hernán, perdona Jón) tampoco he visto The Wire:

Un visionado de The Wire debería ser obligatorio. Una serie que es mucho más que una serie: es un tratado sociológico acerca de la corrupción humana desde las ópticas del tráfico de drogas, las aduanas portuarias, la enseñanza, la Justicia y los medios de comunicación. La vida misma, en cinco entregas

Echo de menos Islandia…

El reservado

No conocía El reservado hasta hace poco, algo normal si tenemos en cuenta que lo emiten en la televisión regional de Aragón. Se trata de un programa de entrevistas muy sencillo. Sin público, sin vídeos, sin música, sólo el presentador (Luis Alegre) y el invitado (gente del mundo del cine, la música, la televisión, la literatura, etc). Íntimo, como se suele decir en estos casos; yo creo que le pega más la palabra sobrio. Lo descubrí en un facebook ajeno que enlazó la entrevista a Leonor Watling:

En Youtube hay decenas de programas para ver, os recomiendo que le echéis un ojo para buscar algún famosete que os haga gracia porque seguro que la entrevista os encanta. Yo me quedo con las de Joaquín Sabina y Fernando Tejero.

Bienvenido, Zlatan

Pues vale, igual tiene un carácter complicado, quizá es un fiestero, un egocéntrico, es posible que dinamite el vestuario y el verano que viene lo estemos vendiendo por la mitad… pero sólo pensar que puede meter un golito como éste:

36 kilos por Overmars, 35 por Saviola… ¡Bienvenido, Zlatan, has salido barato!

United & Tyldesley

Escoger un momento en los más de cien años de historia del fútbol es imposible. Pero, sin duda, en los candidatos al título estaría esa final de la Champions League ganada por el Manchester United

Mayo de 1999, Camp Nou, Barcelona. Manchester United y Bayern de Munich se ven las caras en el partido de fútbol más importante del mundo en años impares. Los ingleses, sin Roy Keane y Paul Scholes, buscan su segundo título; los alemanes el cuarto. Lothar Matthaus, capitán del Bayern, quiere ganar más que nadie: perdió su primera Copa de Europa en 1987 (ya llevaba el brazalete), en una final contra el Oporto que los alemanes ganaban a falta de un cuarto de hora. En un suspiro, en los minutos 78 y 80, Madjer y un tal Juary se llevarían la copa a Portugal.

No pinta mal la noche para Matthaus: Mario Basler marca en el minuto 6 y el Bayern está justo donde quiere. Con el capitán y cuatro más atrás (Babbel, Kuffour, Linke y Tarnat), y el doble pivote Jeremies-Effenberg, Hitzfeld cede la iniciativa al United. Pero los ingleses no están afinados de cara a puerta. En la última media hora, Ferguson mueve ficha. Saca a Teddy Sheringham y a Ole Gunnar Solskjaer, dos delanteros, dos cambios cruciales para la historia de esa noche. Ellos van a dar la vuelta al marcador, ellos van a grabar a fuego los minutos 91 y 93 en la memoria de los aficionados de ambos equipos.

La otra parte de la historia es Clive Tyldesley, uno de los locutores deportivos con más nombre en el Reino Unido. Él puso voz al partido para la cadena ITV, dejando algunos de los mejores comentarios que recuerdo…

Podéis ir directamente al minuto 89:45 de partido, momento en que el cuarto árbitro anuncia tres minutos de prolongación. Momento en que la hinchada del United ruge con un saque de banda inofensivo. Momento en que algo se pone en marcha. Beckham, Neville, corner. Los ingleses lo celebran como si fuera gol. Tyldesley, premonitorio, se pregunta: Can Manchester United score? They always score! Effenberg resopla. Schmeichel, el portero danés del United, sube a rematar el centro de Becks. Ni la huele, pero Giggs, quién sabe cómo, acaba metiendo un balón al área que Sheringham acierta a rematar. Empate a uno, 36 segundos por encima del minuto 90, qué gol más feo…

Al saque del Bayern, el Manchester responde con un robo rápido y un pelotazo arriba de Neville que recoge Solskjaer. Tapado por Kuffour, no se lo piensa dos veces y saca un centro. “O la meto a la olla, o se va a corner”, se dice. Pues eso, a la esquina. Se repite la escena: Beckham bota el corner, pero esta vez no buscará a Schmeichel porque, claro, el portero se ha quedado en su área. Y entonces, Tyldesley: Is this their moment? Beckham… into Sheringham… and Solskjaer has won it! Después, unos segundos de silencio, magnífico silencio para oír las voces de miles de ingleses, para ver la celebración de Schmeichel y la cara de los alemanes. Y luego, la frase: Manchester United have reached the Promised Land.

El resto es imaginable. Kuffour, quién lo iba a decir, llora; un metro y noventa y tres centímetros de Jancker también. Atónito, Lennart Johansson, presidente de la UEFA, ordena cambiar los adornos de las orejas de la Copa, que ya lucían los colores del Bayern. Lothar Matthaus, sustituido en el minuto 81, se muere un poco en la banda. Aguantará una temporada más en el club, con la idea de ganar, por fin, la Champions, pero el Real Madrid será demasiado rival en las semifinales del año 2000. En 2001 el Bayern sí ganará la Copa, pero Matthaus ya estará en el retiro dorado, en el Metrostars de la MLS.

El Manchester United tiene su pedazo de historia imborrable, y Tyldesley también. ¿No sería justo que mañana nos tocara a nosotros?