Dos años más tarde, volvía Andrés…

Calamaro hace lo que le da la gana. Un día se borra el twitter de manera incendiaria, al siguiente se enfrenta al público de Razz mientras se casca un buen concierto. No excelente, sí bueno. Muy bueno por momentos. Pero.
Pero con fallos gordos, como empezar más de 20 minutos antes de lo previsto. Toda una grata sorpresa para los que llegan antes, pero una gran jodienda para el resto. Con un estado mental evidentemente alterado, por decirlo mojándome sólo el meñique (fue él quien dijo “ketamina”), Calamaro no tuvo su mejor noche vocal, no recorrió su repertorio como éste merece y no acertó a hacerse entender. El público, parte de él, tampoco ayudó. Pero bueno, dejemos la política y los toros de lado, que esto es mucho más importante. E interesante…
Muy bueno por momentos, decía. Los chicos y Tuyo siempre (deliciosa) fueron las primeras grandes coreadas; yo tuve mi momento con El día de la mujer mundial, una canción que siempre acabo perdiendo en los bolsillos, y rescato, y acabo perdiendo en los bolsillos de nuevo. Y me reconcilié con AC cuando versionó la canción: No woman, no cry. No era complicado mejorar el crimen de El salmón, pero he de reconocer que me gustó mucho que la tocara. Habrá quien maldiga las versiones en los conciertos, pero para los que no pudimos ver al tío Bob en directo se agradece poder disfrutar de ese himno en vivo…
Calamaro salió a los bises como al concierto: desconcertando. Mágicas Estadio azteca y Flaca, inesperada (pero oportuna, por aquello del reciente Argentina 4 – 1 España) versión de las Cuatro rosas de Gabinete Caligari, y anticlimática Canal 69. Y adiós.
La acústica de Razz roza lo cochambroso. Y Calamaro es mejor en los conciertos cuando olvida la guitarra y se parapeta tras el teclado. Pero aún así, con todo, Calamaro es grande. Y toca Todavía una canción de amor como nadie. Y canta Paloma…